Capitulo 21: No necesitas un hombre enamorado. —Margot. —Repitió por decima vez Margaret, entonando exageradamente las silabas. Tom suspiró, y ver el restaurante fue una excusa para volver a esquivar a la mujer. —Llegamos. —Informó, señalando el lugar. Era un restaurante rustico al aire libre, con mesas sobre la arena –ya solida como tierra- y luces colgando como guirnaldas sobre ellas. El gentío se dividía en culturas e idiomas, volviendo el ambiente alegre y colorido. Margaret se aferró al brazo de Tom, y lo arrastro a la barra, con un hambre voraz. —Vamos, vamos. El hombre se dejó llevar, envuelto por su emoción. Una mujer de cabello corto y belleza exótica, los recibió con una sonrisa apenas pisaron el territorio. —Buenas días, ¿Una mesa para dos? Tom asintió.

