**Capítulo 38: La verdad que quema**

1150 Words
(Primera persona – April) El teléfono vibró sobre la mesita de noche mientras me cepillaba el cabello frente al espejo del baño. Era un número desconocido, pero el mensaje que apareció en la pantalla hizo que el cepillo se me cayera de la mano y golpeara el piso con un ruido seco. “April, sé que no quieres saber nada de mí. Pero mereces la verdad. Tyler no te la va a decir. Así que te la digo yo.” Adjunto: una foto. La abrí con dedos temblorosos. Ahí estaba Tyler, desnudo sobre una cama deshecha, y Alice encima de él, también desnuda, en una pose que no dejaba lugar a dudas. Sus manos en el pecho tatuado de él, su cabello cayendo sobre su espalda, la intimidad fingida o real —no importaba—, era suficiente para destrozarme. La fecha en la metadata: hacía un mes exacto. La noche en que desapareció seis horas y llegó oliendo a alcohol y mentiras. Luego llegaron dos notas de voz. Toqué la primera con el corazón en la garganta. Voz de Alice, calmada, casi dulce: “April… sé que esto duele. Pero pasó. Hace un mes, en el bar Eclipse. Tyler estaba borracho, yo entré por casualidad. Me invitó un trago. Terminamos en la suite del hotel arriba. Hicimos el amor. Fue intenso. Él me besaba como antes… como si aún me quisiera. No fue solo un error. Y ahora… estoy embarazada. De él. El ultrasonido está en la siguiente foto. No le dije antes porque tenía miedo. Pero él lo sabe desde hace días. Y no te lo cuenta. Porque no quiere perderte. Pero tú mereces saberlo. Lo siento.” La segunda nota de voz fue peor. Más larga. Más cruel. “April, no soy la villana aquí. Tyler es. Me drogó o se drogó solo, no sé. Pero pasó. Y el bebé es real. Mira el ultrasonido. 12 semanas ya. Pronto se notará. Mis padres no saben todavía, pero pronto tendrán que enterarse. Tyler dice que no recuerda nada, que fue una trampa. Pero las fotos no mienten. Y él no te lo dijo. ¿Por qué? Porque te quiere a ti… pero también me quiere a mí. O al menos, esa noche me quiso. Piensa en eso. Piensa si puedes seguir viviendo con un hombre que te miente en la cara. Si quieres hablar… estoy aquí. Pero no esperes que él te diga la verdad. Nunca lo hace.” Luego llegó la foto del ultrasonido: un feto pequeño, borroso, con la fecha de hace un mes. Y otra imagen más: Alice tocándose el vientre ligeramente abultado, con una sonrisa triste en la cara. Me quedé mirando la pantalla hasta que se oscureció. El baño se volvió borroso por las lágrimas que no podía contener. Sentí náuseas, no de embarazo, sino de rabia y dolor puro. Tyler no me había dicho nada. Nada. Dos días atrás me abrazó en la cama y me dijo que me amaba. Y todo el tiempo llevaba esto dentro. Salí del baño con el teléfono en la mano. Tyler estaba en la sala, sentado en el sofá con la laptop abierta, fingiendo trabajar. Me miró cuando entré, y su expresión cambió al instante: vio mis ojos rojos, las lágrimas, el teléfono temblando en mi mano. —April… ¿qué pasa? No dije nada al principio. Solo le lancé el teléfono al pecho. La pantalla aún mostraba la foto de él y Alice. —Explícame esto —dije, voz quebrada pero firme—. Explícame por qué Alice me mandó fotos tuyas follando con ella hace un mes. Explícame por qué dice que está embarazada de ti. Explícame por qué tú no me dijiste una mierda. Tyler palideció. Tomó el teléfono, miró la foto, luego las notas de voz. Cerró los ojos un segundo, como si el peso lo aplastara. —No es lo que parece… —¿No es lo que parece? —grité, la voz rompiéndose—. ¡Estás desnudo debajo de ella, Tyler! ¡La estás tocando! ¡Hay fotos! ¡Y un ultrasonido! ¿Me vas a decir que es Photoshop? ¿Que no pasó nada? Se levantó, intentando acercarse. Retrocedí. —April, escúchame. Esa noche… desaparecí seis horas. Llegué drogado, confundido. No recuerdo nada. Nada. Creo que me pusieron algo en la bebida. Fui al bar a ver a Mauricio, pero nunca lo vi. Alice me interceptó. Me drogó. Me llevó al hotel. Las fotos son reales… pero yo no estaba consciente. No la besé. No la quise. No la follé. Fue una trampa. Lo miré fijamente, el pecho subiendo y bajando rápido. —¿Y por qué no me lo dijiste? ¿Por qué me dejaste creer que todo estaba bien? ¿Por qué me abrazaste en la cama hace dos noches y no me dijiste que Alice te había dicho que está embarazada de ti? Tyler bajó la cabeza, voz ronca. —Porque no quería perderte. Porque no tenía pruebas. Porque pensé que podía investigarlo, encontrar la verdad, y luego contártelo sin que doliera tanto. Pero… fui un cobarde. No quise que vieras esto. No quise que pensaras que te traicioné. Las lágrimas me corrían por la cara sin control. —¿Y ahora qué? ¿Qué hago con esto? ¿Cómo te miro a la cara sabiendo que ella lleva un hijo tuyo? ¿Que esa noche, aunque no recuerdes, pasó? ¿Que tu cuerpo estuvo con ella? Tyler dio un paso adelante, desesperado. —No es mío. No puede ser. Yo no… April, por favor. Créeme. Vamos a hacer una prueba de ADN. Vamos a investigar el bar, las cámaras, al bartender. Todo. Pero no me dejes. No por una mentira de Alice. Me limpié las lágrimas con rabia. —No sé si puedo creerte, Tyler. No sé si puedo quedarme aquí viendo cómo intentas arreglar algo que quizás no tenga arreglo. Necesito tiempo. Necesito irme. Me di la vuelta hacia el dormitorio. Empecé a sacar ropa del armario, meterla en una maleta pequeña. Tyler se quedó en la puerta, viéndome sin moverse. —No te vayas —susurró—. Por favor. Lo miré una última vez, con el corazón hecho trizas. —Me voy a casa de mi abuela. No me busques hasta que yo te busque. Necesito pensar. Necesito respirar sin sentir que me ahogo. Cerré la maleta. Pasé a su lado sin tocarlo. Abrí la puerta del departamento. —Y Tyler… si ese bebé es tuyo… no sé si alguna vez podré perdonarte. Salí. La puerta se cerró detrás de mí con un clic suave que sonó como el final de todo. En el pasillo, sola, me apoyé en la pared y lloré hasta que no quedó nada. No sabía si volvería. No sabía si podía. Pero una cosa sí sabía: Alice había ganado esta ronda. Y el juego apenas empezaba.
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