(Primera persona – Alice)
La habitación se sentía más pequeña de lo normal esa tarde. La luz del sol se filtraba por las cortinas entreabiertas y dibujaba rayas doradas en el piso de mármol, pero a mí me daba igual. Estaba sentada en el borde de la cama, con una mano en el vientre y la otra apretando el borde de la bata de seda como si eso pudiera mantener todo en su lugar. El moretón en la sien aún dolía cuando lo tocaba, pero el dolor real era otro: el que sentía en el pecho cada vez que pensaba en cómo se me había salido todo de las manos.
La puerta se abrió de golpe. Vanessa entró sin tocar, con la cara pálida y los ojos muy abiertos, como si hubiera corrido desde el otro lado de la ciudad. Cerró la puerta detrás de ella y se apoyó en la madera un segundo, respirando agitada.
—Alice… te descubrieron.
Esas palabras me golpearon como un balde de agua fría. Me quedé mirándola, sin parpadear.
—¿Qué?
Vanessa se acercó rápido y se sentó a mi lado, bajando la voz aunque estábamos solas.
—Tu padre sabe. Todo. Que el bebé no es de Tyler. Que las fechas no coinciden. Que Marco confesó. Tyler lo secuestró anoche, lo obligó a hablar en un almacén. Tiene una grabación completa: cómo le pagaste por drogar a Tyler, cómo le echaste el Rohypnol en el whisky, cómo llamaste a Luis y Carlos para subirlo al hotel, cómo yo tomé las fotos. Todo. Armando ya lo sabe. Mandó a su médico personal a revisarte. Mañana te llevan al hospital para una ecografía oficial. Si confirma que el embarazo tiene más de un mes… se acabó.
Sentí cómo el aire se me escapaba de los pulmones. El vientre se me contrajo por instinto, como si el bebé pudiera sentir el pánico que me subía por la garganta.
—¿Y Marco? —pregunté, voz temblorosa—. ¿Dónde está ahora?
Vanessa negó con la cabeza.
—Tyler lo dejó atado en el almacén. Le dijo a tu padre que se lo entregaría con la confesión grabada. Armando va a interrogarlo él mismo. Alice… esto se te fue de las manos. Tu padre está furioso. Tu madre también. Si la ecografía sale mal… te van a cortar todo. Tarjetas, autos, la mansión. Te mandan a Europa o a algún lugar donde no puedas hacer más daño. Armando no amenaza en vano.
Me levanté de golpe, paseando por la habitación con pasos cortos y nerviosos. El suelo frío me mordía los pies descalzos.
—No puede ser. Tyler no tiene pruebas reales. Las fotos son reales. El ultrasonido es real. Puedo decir que fue esa noche… que el médico se equivocó con las fechas.
Vanessa me miró con una mezcla de lástima y miedo.
—Alice… no. Tu padre ya no te cree. Lo escuché hablar con tu madre. Dice que si esto es verdad, te corta todo. Que has ido demasiado lejos. Que destruiste a April por celos y mentiras. Y ahora… el bebé no es de Tyler. ¿Qué vas a hacer ahora con un bebé que no es de Tyler?
La pregunta me detuvo en seco. Me giré hacia ella, sintiendo cómo la rabia empezaba a reemplazar el miedo.
—¿Qué voy a hacer? Lo mismo que siempre. Mentir. Decir que fue un error con otro hombre. Que Tyler me obligó. Que las fotos fueron consensuadas. Que el bebé es de él aunque las fechas no cuadren. Mi padre me va a creer. Siempre me cree.
Vanessa se levantó también, cruzando los brazos.
—¿Y si no? ¿Y si Armando te obliga a decir la verdad? ¿Y si te hace una prueba de ADN antes de que nazca? Alice… esto no es como antes. Esta vez hay grabaciones. Hay testigos. Marco habló. Y yo… yo tomé las fotos. Si tu padre me pregunta…
La miré fijo, los ojos entrecerrados.
—¿Y tú qué? ¿Vas a traicionarme ahora? ¿Vas a correr con mi padre y contarle todo para salvarte?
Vanessa retrocedió un paso.
—No quiero ser parte de esto más. Si Armando pregunta… diré la verdad. Que seguí tus órdenes. Que tú me pediste que tomara las fotos. Que tú planeaste todo. No voy a hundirme contigo.
La rabia me subió como bilis.
—Eres una cobarde. Siempre lo has sido. Me ayudaste porque te convenía. Porque te gustaba el drama. Y ahora que huele a problemas, sales corriendo.
Vanessa negó con la cabeza, ya caminando hacia la puerta.
—No, Alice. Salgo corriendo porque no quiero terminar como tú. Sola, sin nada, con un bebé que no pediste y un padre que te odia. Piensa qué vas a hacer mañana cuando te lleven al hospital. Porque si la ecografía dice la verdad… se acabó el juego.
Abrió la puerta y salió sin mirar atrás. El clic de la cerradura sonó como un disparo.
Me quedé sola en la habitación, respirando agitada. Me acerqué al espejo y me miré: el vientre redondeado, el moretón en la sien, los ojos rojos. Toqué el vidrio con la mano, como si pudiera borrar lo que veía.
—¿Qué voy a hacer ahora con un bebé que no es de Tyler? —susurré para mí misma.
No tenía respuesta. Solo rabia. Y miedo. Mucho miedo.
Mañana me llevarían al hospital. Mañana se acabaría la mentira.
O empezaría otra peor.