(Primera persona – April) La abuela Mónica y yo llegamos al centro de detención preventiva pasadas las diez de la mañana. El edificio era gris y frío, con rejas altas y custodios armados en la entrada. Yo llevaba un suéter grueso porque no podía dejar de temblar. La abuela apretaba mi mano como si temiera que me desmayara. —Venimos a ver a Ricardo Stuart —dijo ella con voz firme al oficial de la ventanilla—. Es mi hijo. Somos familia directa. El custodio miró la pantalla, luego a nosotras, y negó con la cabeza. —Lo siento, señora. Orden directa del fiscal. Nadie puede verlo hasta nuevo aviso. Caso de abuso a mujer embarazada. Restricción total de visitas. Intenté hablar, pero la voz se me quebró. —Por favor… solo un minuto. Es mi tío. Necesito saber si está bien… El hombre ni siquie

