Capítulo 24: Sombras del Oasis

1612 Words
Capítulo 24: Sombras del Oasis ESCENA 1: LA LLAMADA DEL FORENSE INT. LABORATORIO FORENSE - MADRUGADA El forense Doctor Vargas separa con cuidado los documentos personales de Rodrigo, el hermano de Almonte, mientras el Teniente Ríos espera en silencio a su lado. Entre los papeles doblados y las notas apresuradas, aparece una pequeña tarjeta de color n***o con letras doradas: "OASIS DEL PLACER - Bar & Lounge". —Teniente —dice el Doctor, extendiendo la tarjeta—. La encontré entre sus pertenencias, escondida en un compartimiento secreto de su cartera. Parece importante. Ríos toma la tarjeta, observándola con atención antes de sacar su teléfono. —Gracias, Doctor. Esto podría ser la pista que necesitamos —contesta, marcando el número de Tyler con los dedos rápidos. INT. CALLEJÓN CERCA DEL BAR OASIS - MOMENTO DESPUÉS Tyler camina por la calle mojada, repasando en su mente la conversación que tuvo con Valeria minutos antes, cuando su teléfono suena. —Tyler, soy Ríos —dice la voz del teniente por el otro extremo—. El forense encontró algo en los documentos de Rodrigo: una tarjeta de un bar llamado "Oasis del Placer". Es un lugar de mala muerte en el centro de la ciudad. —Oasis del Placer —repite Tyler, mirando hacia el bar que está a unas cuadras de donde se encuentra—. Ríos, estoy justo cerca de ahí. Acabo de salir de un bar llamado Oasis, pero no sabía que se llamaba así completo. —¿Ya estás allí? —pregunta Ríos con sorpresa—. Ten cuidado, Tyler. Parece que Rodrigo tenía relación con ese lugar. Según lo que hemos averiguado, trabajan prostitutas ahí, y parece ser un punto de reunión de la gente de Rubén Darío. —Ya he hablado con una chica que trabaja ahí, Valeria —dice Tyler, bajando la voz mientras camina hacia la entrada del bar—. Ella conocía a Almonte y a Rodrigo. Te cuento todo cuando llegues. Ven rápido, esto es importante. —Estoy en camino. No hables con nadie más hasta que llegue —advierte Ríos antes de colgar. ESCENA 2: BAR OASIS DEL PLACER INT. BAR OASIS DEL PLACER - NOCHE El establecimiento está tenuemente iluminado con luces parpadeantes y susurros suaves que se mezclan con el melancólico sonido del jazz. Tyler se acerca a la mesa donde Valeria sigue sentada, nerviosa, jugando con un mechón de su oscuro cabello. —Valeria, tengo que irme, pero antes necesito que me cuentes todo lo que sabes —dice Tyler, inclinándose cerca y escaneando la habitación con la mirada nerviosa—. No puedo arriesgarme a ponerte en peligro, pero el forense encontró la tarjeta de este lugar en los documentos de Rodrigo. —Pero Tyler, no tienes que dejarme así. ¡Puedo ayudarte! —dice ella, agarrando su brazo con fuerza—. Ya sé que encontraron la tarjeta. Rodrigo la guardó porque se acordó de lo que le dije cuando vio que mataron a Almonte. —¿Qué le dijiste? —pregunta Tyler, negando con la cabeza cuando intenta hablar más alto—. ¡No! Baja la voz. Es demasiado peligroso aquí. Enviaré a Mauricio mañana. Es de confianza, mi mano derecha. Solo espéralo. Te llevará a un lugar seguro. —¿Y si no me encuentra? Eres el único en quien confío. ¡Prometiste que me protegerías! —su voz tiembla mientras mira a su alrededor, temiendo que alguien los escuche. —Lo sé, pero esto es más grande que nosotros —suspira Tyler, pasándose una mano por el cabello—. El hombre que mató al Capitán Almonte… es peligroso, Valeria. Necesito que seas inteligente y te mantengas oculta. —No puedo quedarme de brazos cruzados mientras arriesgas tu vida —insiste ella—. Dijiste que el asesino está conectado con la caída de Almonte. Sabes algo, ¿verdad? Tyler se acerca más y baja la voz a un susurro: —Escucha, no te estoy pidiendo que hagas algo imprudente. Solo dime qué sabes de él. ¿Quién es? Valeria mira nerviosa a su alrededor, bajando aún más la voz hasta que apenas se escucha: —Lo que sé es peligroso, Tyler. He oído susurros… el capitán tenía un rival, alguien que quería verlo fuera del camino. Lo llamaban ‘El Lobo.’ Se mueve entre las sombras, nunca permanece en un solo lugar por mucho tiempo. Pero te lo digo más: El Lobo no es más que el sicario de Rubén Darío. Es quien le hace los trabajos sucios a él. —¿El Lobo? He escuchado el nombre, pero no sabía que trabajaba para Rubén —contesta Tyler, sorprendido—. ¿Dónde lo encuentro? Debes saber algo más. —Hay un viejo almacén en los muelles —continúa Valeria, echando otro vistazo a su alrededor—. Ahí trabajaba mi hermano antes de que… ya sabes. Dicen que El Lobo tiene un escondite allí. Pero está vigilado, Tyler. No puedes entrar solo. —Encontraré la manera —insiste Tyler—. Si espero hasta mañana, ¿y si te encuentran antes? ¡No puedo arriesgarme! —¡No! Si vas ahora, puede que no vuelvas, Tyler. Necesitamos un plan —la desesperación se refleja en su rostro mientras lo sujeta con más fuerza. —Necesito que me ayudes —dice Tyler, retirándose con determinación en los ojos—. Si te quedas escondida esta noche, podré reunir lo que necesito y luego vendré por ti. Pero necesito que confíes en mí. Valeria asiente lentamente, mordiéndose el labio: —Confío en ti, pero me asusta. ¿Y si no vuelvo a verte? —Me verás —suaviza su voz—. Vamos a salir de esta juntos. Solo mantén la cabeza baja y no llames la atención. Mauricio estará aquí por la mañana. —Está bien —dice ella con resolución—. Solo… ten cuidado, Tyler. No quiero perderte por culpa de ‘El Lobo.’ Tyler se levanta, dándole una sonrisa tranquilizadora: —Volveré antes de que te des cuenta. Mantente a salvo. Se da la vuelta y camina hacia la salida, mientras una figura desconocida lo observa desde un rincón del bar. Valeria contiene el aliento, con el corazón latiendo con fuerza. —¡Tyler! —lo llama suavemente. Él se detiene y mira hacia atrás. —¿Sí? —Más te vale volver —sus ojos se encuentran con los de él, llenos de determinación—. Almonte me dijo que lo iban a matar, que Rubén Darío no perdonaría que él quisiera salir del negocio. Por eso se lo conté a Rodrigo, para que fuera a la policía. Pero Rodrigo se acordó de mi advertencia solo cuando vio que mataron a su hermano. —Lo sé —dice Tyler con una promesa en la mirada—. Volveré. Y haré justicia por Almonte y por Rodrigo. Mientras sale a la noche, las sombras lo envuelven, pero su determinación es más fuerte que nunca. La batalla apenas comienza. ESCENA 3: EN CAMINO AL HOTEL La noche se había adueñado de la ciudad, y las luces parpadeantes de los neones se reflejaban en los charcos de la calle. Tyler se sentía aliviado tras la conversación con Valeria, pero también con la nueva información que le había dado el Teniente Ríos. Sus palabras habían sido un faro en medio de la oscuridad que lo envolvía. Sabía que El Lobo, el asesino de Almonte y Rodrigo, no estaba lejos. La información que había conseguido le daba una dirección clara, un hilo del que tirar en su búsqueda. Mientras caminaba hacia el hotel, su mente se llenaba de imágenes del capitán de su avioneta, un hombre que había sido más que un simple compañero de vuelo. Almonte había sido un mentor, un amigo, y aunque al principio pensó que había traicionado a todos, ahora sabía que solo quería escapar de Rubén Darío y proteger a su hermano. El Lobo no solo había robado su avión y la mercancía, sino que había despojado a Tyler de su confianza en el mundo. Ahora, con cada paso que daba, la determinación crecía en su interior. La madrugada se deslizó lentamente, y el cansancio comenzaba a hacer mella en su cuerpo. Sin embargo, su mente seguía activa, repasando cada detalle de la información que había recopilado: El Lobo trabajaba para Rubén Darío, tenía un escondite en los muelles, Valeria conocía el lugar porque su hermano había trabajado ahí. Sabía que el sicario tenía un patrón, un lugar donde se sentía seguro. La ciudad estaba llena de sombras, pero había un rincón donde la oscuridad parecía más densa, donde los secretos se escondían a plena vista. Al llegar al hotel, el ruido del ascensor resonó en sus oídos como un eco de su propia ansiedad. Se detuvo en su piso y caminó hacia la habitación, sintiendo el peso de la noche en sus hombros. La cama lo llamaba, pero su mente seguía en alerta. Mañana sería un día complicado, tendría que reunirse con Ríos y Mauricio, preparar el plan para ir a los muelles y proteger a Valeria. Estaba listo para enfrentarlo. No podía permitirse el lujo de rendirse. Se sentó en la cama, sacó su cuaderno y comenzó a anotar sus pensamientos. Cada palabra era un paso más cerca de la verdad, un paso más cerca de encontrar a El Lobo. La imagen de Almonte y Rodrigo lo acompañaba, y con cada trazo, prometía vengar sus muertes. La noche se deslizaba hacia el amanecer, y Tyler sabía que el tiempo se estaba acabando. El Lobo debía ser encontrado, y él sería quien lo atrapara. La caza había comenzado.
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