4 | Sensaciones peligrosas

1404 Words
Everly No vuelvas a acercarte a mí. Pasaron dos días desde ese momento y no veo a Amos desde entonces. Dudo que mis palabras hayan tenido alguna clase de poder sobre él así que, aunque me mantengo en calma, no bajo la guardia porque sé que en cualquier momento querrá continuar con su juegito, algo me dice que no es de los que se rinden fácilmente. Luego de cenar paso por la biblioteca del señor Bernard para devolver el libro que tomé hace unos días e intercambiarlo por otro. El silencio reina en la habitación y se ve tenuemente iluminada por las luces de los candelabros, los ventanales no tienen cortinas así que se puede ver el manto oscuro que cubre el cielo junto a algunas estrellas. Después de dar unas vueltas termino escogiendo uno de literatura clásica de Dostoyevski, pero se encuentra en un estante superior al que no alcanzo incluso cuando me pongo de puntillas, es entonces cuando una figura esbelta lo toma con facilidad y me lo tiende. Me cruzo de brazo. —¿Qué quieres ahora, Amos? —¿Acaso no puedo ir a dónde quiera en mi propia casa? Lo ignoro y trato de pasar por su lado olvidándome del libro pero en un movimiento él me hace retroceder, acorralándome contra uno de los estantes, con sus manos a cada lado de mi rostro. —No dije que podías irte. Por supuesto que regresaría por más. Al parecer no necesito estar en su territorio para que decida acorralarme como un depredador a un cervatillo. —Y yo recuerdo perfectamente cuando te dije que no volvieras a acercarte a mí —Me cruzo de brazos. —¿Y crees que me importa si quiera un poco lo que quieras? —él inclina su rostro hacia el mío—. No tienes ninguna clase de poder, pequeña Everly. —¿Qué ocurre contigo, Amos? Yo no te he hecho nada. Pero él no dice nada y aumenta mi molestia. Trato de empujarlo pero él toma mis muñecas con una de sus manos empujandolas contra mi pecho, con el movimiento un mechón de cabello cubre mi rostro y con una suavidad impropia de él levanta su mano y desliza el mechón detrás de mi oreja, su dedo siguiendo el camino por mi cuello, erizando mi piel. Lo miro extrañada. —¿Crees que es necesario que hagas algo para que decida jugar contigo? Por supuesto que se trata solo de un capricho. —Estás muy jodido —escupo con rabia entre mis dientes apretados. Sus iris se oscurecen de la forma en que las nubes grises cubren el cielo anunciando una fuerte tormenta. —No tienes una maldita idea. Y todo es tu culpa. Mi ceño se frunce. —Dijiste que no hice nada, ¿por qué no eres claro? ¿o simplemente un día despertaste y decidiste ser un imbécil conmigo por diversión? —Tal vez —suelta sin más, entonces desliza una de sus manos entre las hebras castañas de mi cabello obligándome a mirarlo cuando acerca amenazadoramente su rostro al mío —. ¿Pero sabes que es seguro? —su tono desciende como si de un secreto se tratara, o una promesa— Que no voy a dejarte ir, Everly. —Vete al Infierno. Él sonríe de una forma oscura, —Solo si vienes conmigo y tal vez podamos arder juntos. Sus palabras me desconciertan, empujan algo dentro de mi pecho que pone a mi corazón a latir con fuerza. Aún no me decido si Amos es un enigma o solo un imbécil. Mis sentidos se alertan cuando escucho deslizarse las puertas corredizas que interconectan la biblioteca con la oficina de Bernard. Mis ojos se abren de más y de pronto sí quiero salir huyendo, si me descubren así estaría jodida, ¿qué excusa inventaría? Pero en ese mismo instante Amos tira de mi brazo escondiéndonos detrás de uno de los muebles, mi espalda queda contra la madera y mis manos van a su pecho cuando su cuerpo queda a centímetros del mío, tanto que si alzo el rostro mi naríz rozaría su pecho. No intento huir ni emito sonido, porque si nos descubren escondiéndonos verdaderamente estaría arruinada. Mi rostro permanece de perfil mientras observo la sombra de Bernard caminar por la biblioteca como si buscara algo, pero de reojo puedo notar la mirada penetrante de Amos sobre mí y mis labios se entreabren en busca de aire sintiendo algo pesado en mi pecho, repentinamente siento la boca seca. Entonces ocurre algo que nunca hubiera imaginado, un sonido escapa de mis labios pero es amortiguado por la mano de Amos cuando esta cubre mi boca, en el momento en que siento sus labios sobre mi mejilla. ¿Qué jodidos está haciendo? Su boca se desliza con besos suaves por mi mentón y mi mano cubre la suya, intentando quitarla para protestar en voz baja. Sus labios acarician mi oreja y la piel se me eriza, —Si no haces silencio van a descubrirnos, ¿quieres eso? Cierro mis ojos por un instante. Esto no puede estar pasandome. Sus besos descienden por mi cuello y cuando me remuevo él desliza su mano por el lado contrario al que está besando y siento sus dedos aferrándose a mi nuca entre los mechones de mi cabello. —Quieta —murmura. El calor de su boca y sus besos en mi piel son el detonante de algo que nunca antes había sentido, algo acelerándose dentro de mi pecho, un calor arremolinándose en mi vientre y deslizándose hacia mi entrepierna. Santo Dios. Exhalo por la naríz sintiendo algo calentándose en mi pecho como si me sofocara. Maldito cuerpo traidor, se supone que debo detestarlo. Mis dedos se presionan en su pecho, arrugando su camisa, mientras él continua con su ataque silenciosa y letal, provocando una molestia en mi entrepierna. ¿Qué malditamente estaba haciendo y por qué estaba afectandome de esa forma? Cuando finalmente escucho las puertas cerrarse y la sombra de Bernard desaparece comienzo a retomar el control de mi cuerpo traidor y empujo a Amos que no opone resistencia. Salgo de allí a paso rápido, sin fuerzas para luchar, no solo me encontraba embriagada por la explosión de nuevas sensaciones en mi cuerpo sino también porque me dejé llevar. Malditamente cedí. Y lo que más me asusta es que incluso cuando estoy en la seguridad de mi habitación o lista para dormir, aquella sensación no abandona mi cuerpo, es molesta y aclama por más, y no puedo querer más, no de Amos. No cuando seguramente es lo que busca. No puedo darle esa satisfacción. Él no va a ganar. Pero sobre todo, yo no puedo perder. ━━━━━━━━━━━━━━━━ Amos Es una jodida fantasía. La piel cremosa de Everly es suave y tiene impregnado un aroma dulce, tan jodidamente dulce y adictivo, al igual que ella. Este momento va a repetirse en mi mente como una maldita tortura hasta que pueda obtener más de nuevo, pero lo quiero bien, quiero me mire a los ojos, que me enfrente, quiero todo de ella. Luego de que Everly abandona la biblioteca salgo detrás suyo y allí está Aaron como si le hubiera puesto un jodido rastreador en el brazo para saber dónde está a cada instante. Cuando estoy por pasar de él su mano en mi pecho me detiene y observo el agarre con una mueca de disgusto. Detesto que me toquen y más de esta forma. —¿Qué le hiciste? Mis cejas se fruncen cuando lo miro pero estoy a punto de reír. ¿Ahora malditamente va a reclamarme cosas? —A Everly, Amos, ¿qué le has hecho? —Iinsiste. —¿Por qué crees que me acercaría a ella? —aparto su mano de mi pecho. —No te hagas el idiota, Amos, si traes algo entre manos… —¿Qué? Doy un paso amenazador invadiendo su espacio personal y él retrocede aunque no agacha la mirada. —¿Harás algo al respecto, hermanito? —su rostro adquiere un tinte de molestia pero no dice nada y un sonido burlón abandona mi boca—. Eso creí. Tan jodidamente patético. Si tuviera que pelear por Everly no me malditamente acobardaría. Lo dejo y continúo con mi camino hacia mi habitación, necesito una ducha fría y distraerme con algo antes de ceder a mis impulsos de regresar por la castaña.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD