CAPÍTULO 12

1290 Words
—Yo... ¡Me tengo que ir! ¡Me llaman! Cobarde, cobarde, cobarde... se replicó mientras salía corriendo, contestando a la llamada que Maya, quién le había avisado del teléfono. El teléfono, por Dios, que mala excusa. Bien habría podido decir que llamara después, pero tenía que reconocerlo, era una persona cobarde, que había salido huyendo. ¡Uff! ¿Y cómo no iba hacerlo después de aquella... Proposición? Le temblaban las manos, y las palabras de Kaleb resonaban en su mente. ¿Le había propuesto algo más formal? ¿Novios? No recordaba la última vez que había utilizado aquella palabra... Novio. A lo mejor... quizá la propuesta había sido para salvarla de Maya... quizá había pensado que si le decía a su hermana que era algo más formal, no la interrogaría. Pero lo haría, quería saber todo, cada detalle. —¿Quién es? — preguntó a la cobriza, cogiendo el teléfono inalámbrico. —Nadie, pero como no venías, decidí meterte un poco más de prisa. —¿Qué? ¡Oh Maya eres una asquerosa! ¿Cómo lo haces? —Creo que tengo derecho hacerlo — replicó la cobriza, sentándose y cruzando las piernas. —Ya... —No te quejes, y ahora... has el favor de decirme lo que hacías... en la piscina con mi hermano — exclamó abriendo los brazos. — Bueno no, no, no y no. No me lo cuentes, tuve bastante con presenciarlo.. Sólo... hmm... bueno ya sabes, cuéntame los detalles de cómo pasó. Vale se sonrojó. —No sé cómo llegamos a ese momento... sólo pasó. —¡Oh! Interrumpí vuestra primera vez. — se quejó — ¡Mierda! —No te preocupes Maya — murmuró la chica — No era la primera vez. —¿Qué? ¡Oh, eres una maldita, Valentina! ¡Te has acostado con mi hermano y no me has dicho nada! —Joder Maya, hablas como una maldita novia celosa... No tenía porqué decirte nada. —¿Ah, no? ¡Soy tu mejor amiga desde hace años! ¡Tu compañera de casa!, tu confidente, como tu eres la mía... ¡Venga hombre, no lo contamos todo! Esto no es una excepción. —Es tu hermano — se quejó ella —¿Y? Sigo queriendo saberlo... me intereso por ti. —No. Lo que eres es una cotilla de cuidado. —Me voy a tener que sentir ofendida... — se quejó ella, sombría. —¡No te enfades! — dijo la castaña abrazándola y mojándola toda. —Valentina — gritó.— Mi ropa, ¡Que me la vas a estropear con el maldito cloro. —Lo siento, lo siento — se disculpó la castaña alejándose un poco y echándose a reír. —No tiene gracia. —Perdóname. —Con una condición. —¿Cuál? — preguntó enarcando una ceja. — Que me cuentes... todo. Vale soltó un suspiro y se resignó, si al final, se lo iba a contar. —Vamos al cuarto de baño, creo que necesito una ducha. *********** — Y pues eso es todo lo que pasó. —Finalizó Valentina después de relatarle toda la "historia". La que por cierto no había sido toda. Vale se había ahorrado todos los detalles morbosos, no pensaba contarle a su amiga lo que era "todo" Ni cuántas veces había pasado ese "todo" ni lo magnífico que había sido... al fín y al cabo había contado lo importante. —¿Y eso es todo? ¿No me vas a contar nada más? A ver, enumero; primero: Sé sentó en el lugar donde habías quedado con Jacob... y acabó trayendote a casa —No se presentó — la corrigió su amiga — estaba allí de casualidad. —Bueno.... —Y fue muy arrogante ¿A tu hermano no le han enseñado que no siempre lleva la razón? Casi me obligó a ir con él y espantó a Jacob — obviamente, evitó contarle a su amiga que ella se había llevado casi toda la cita hablando de Kaleb y que cuando este se presentó Jacob casi había huido de allí. Una sonrisa picaresca se asomó a la boca de su amiga. —¿Fue muy arrogante, eh? — preguntó con intriga. —Mucho — determinó la castaña. —Le debes de gustar mucho Vale... sobre todo si se molestó tanto en hacer que fueras con él, mi hermano no es de los que hacen del rogar. —No se hizo del rogar. —Claro que sí.. — la interrumpió su amiga — Pero bueno eso lo discutimos después. Uno, te rescató de las garras del maleducado de Jacob que te dejó la cuenta. — su amiga asintió — Después se quedó cuidando de ti al día siguiente... Ese sería el punto número dos. —No te confundas, no se quedó cuidando de mí. Se tiró encima mío en el sofá. —¿Pero estaba en casa no? — preguntó Mia. —Claro, no era su espíritu que se lanzó sobre mí. —Pues eso es que se quedó cuidando de ti. —¿Tú de que parte estás? — preguntó su amiga sombría. —De ninguna, simplemente evalúo la situación desde un punto externo. Verás... si te digo que se quedó a cuidarte es que se quedó. Mi hermano jamás se queda en casa una mañana. —No sé si había salido, a lo mejor acababa de regresar. — la interrumpió su amiga. —Lo dudo. Tecero; te llevó a comer y a la playa... —Después de romper la puerta del baño y entrar como un energúmeno. — se mofó Valentina. —E hicieron una tregua — continuó Maya como si no la hubiera oído — Y después te besó... — añadió con ensoñación romántica. — Le debes de gustar muchísimo — dijo Maya emocionada — Mucho, mucho. Valentina salió del cuarto de baño con la toalla enrollada en su cuerpo, se había pasado un rato con la toalla puesta, sobre todo, cuando discutía con Maya. No había recordado vestirse ni de nada. Simplemente de discutir con su amiga, la que se empeñaba a poner a su maldito hermano como un romántico empedernido, cuando lo único que había habido entre los dos había sido un glorioso sexo. Magnífico. —¿Dónde vas? — preguntó Maya siguiéndola. —¡A un lugar dónde tú no estés! ¡Vaya ayuda eres Maya, si te lo conté es porque no me dejas en paz! No para que me digas una sarta de estupideces —¿Perdona? — preguntó su amiga divertida — ¿Una sarta de estupideces? Vale ... ¿No te estarás...? —¿Qué? — preguntó mientras se ponía unas braguitas con la toalla puesta. —Enamo... —¿Qué? — volvió a preguntar, mientras la interrumpia — ¡No! ¿Qué dices? —Ya... — su amiga se miró las uñas y Vale quedó en silencio mientras se terminaba de vestir. ¿Enamorada? , ¿su amiga estaba loca o qué? ¡Enamorada! ¡Ja! ¿Ella de él? ¿De Kaleb? ¿Pero porqué iba a estar enamorada? Definitivamente su amiga estaba loca. Se giró y miró a Maya que tenía una mueca en la boca, por intentar ocultar una sonrisa. —¿Quieres dejar de mirarme así?— pidió casi en un grito. —¿De qué forma? —Como si yo estuviera loca — refunfuño — y no supiera lo que digo. —¿Y lo sabes? Otra pregunta ¿No estás loca? Yo creía que sí. —Muy graciosa Maya. Y sí, sí te lo digo. No estoy enamorada de Kaleb, no, no y No. —¿Te estás oyendo Valentina? —¿Qué pasa ahora? — preguntó enfandándose. Y realmente, no sabía por qué. —¿A quién intentas convencer?.
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