No quería que se fuera, no quería, pero se acabaría yendo.
Los dos lo sabían.
Gimió cuando él le soltó la parte de arriba del bikini, dejando sus pechos libres de la tela y jadeó cuando él le acarició los pezones.
—Estamos en la piscina — repitió ella roncamente.
—Pero yo quiero hacerte el amor — susurró él contra su oído.
—¡Kaleb!
—¿Alguna vez te han hecho el amor en el agua Valentina? ¿Alguna vez te han amado en el agua?
—Kaleb... — volvió a susurrar ella negando con la cabeza.
—Seré el primero — dijo — El primero... me hubiera gustado más hacerlo en la ducha, pero no me dejaste...
—Jaja — se quejó ella — muy gracioso.
—No es gracioso... sólo son deseos y los cumpliré. Te enjabonaré la espalda y todo el cuerpo con mis manos... te tocaré dónde te gusta, y escucharé mi nombre de entre tus labios.
La respiración de Valentina se incrementó, un calor intenso se apoderó de ella, un calor líquido se alojó entre sus piernas, y al ser consciente se frotó contra Kaleb, moviendo las caderas contra él, exitándolo.
Él soltó un gemido con los labios aún sellados, se inclinó un poco y tomó los dulces labios de la castaña.
Sus bocas se acariciaron, sus lenguas jugaron.
Sus manos ansiosas comenzaron acariciarse el uno al otro.
Valentina se sentía como una cría, aquella adolescente, que se iba a la piscina con su novio, con el que se enrollaba en una esquinita a escondidas, temerosa de que alguien los pillara o les dijera algo, y excitada por el mismo motivo.
Pero ella ya no era una adolescente, y aquella no era una piscina en la que hubiera más gente, no había que hundirse en el agua para jugar sino querían y nadie los iba a pillar.
Un calor intenso inundaba su cuerpo, su mano bajó por la espalda de Kaleb hasta llegar a alcanzar su bañador.
—¿Nos bañamos desnudos? — había preguntado él en plan de broma, antes de meterse a la piscina.
—Mejor que no — había contestado ella picaresca.
Si se hubiesen bañado desnudos... lo que estaban haciendo en ese momento, lo hubieran empezado un rato atrás, pero en ese momento se arrepentía de no tenerlo totalmente desnudo y a su merced.
Introdujo sus pequeñas manos bajo la tela del elástico y llegó a sus nalgas.
Le encantaba aferrarse a ellas, las podría estar manoseando el día completo.
Rodeando su cintura, dejó que sus manos llegarán hasta delante, alcanzando así el m*****o excitado de Kaleb.
Le mordió el labio cuando ella cerró una de sus manos alrededor, mientras que con la otra tocaba sus testículos.
Valentina rompió el beso, y comenzó a besarle el cuello, el pecho y aunque hundía su nariz en el agua, no le importaba.
—¿Sabes Kaleb? —preguntó ella con un brillo especial en la mirada.
—Me da miedo ese tono cariño...
—Me pregunto... ¿Cómo sabrás dentro del agua?
Y antes de que él pudiera darse cuenta de sus intenciones, Valentina se había sumergido delante de él, su bañador se había bajado lo suficiente como para que su m*****o estuviera libre de tela y su boca caliente y estrecha lo había comenzado a tomar.
¡Dios santo, qué calor hacía! Kaleb echó la cabeza hacía atrás, intentando contener un gemido, y se mordió el labio, buscó la cabeza de Valentina para hacerla salir, no quería que se ahogara.
Ella salió, pero volvió a hundirse en el agua. Antes de que él pudiera proponerle salir de la piscina.
—Oh... — gimió cuando sus labios lo acariciaron de arriba abajo. —Valentina, Val, Valentina — Jadeó.
—¿Quién? —Los ojos se le abrieron como platos, el cuerpo se le congeló, miró a su hermana en la puerta que daba al jardín mirándolo con curiosidad — Valentina has dicho? — de pronto la susodicha salió del agua con la cara roja y jadeante —Oh — fue lo único que se escapó de la boca de Maya que se puso colorada y se giró antes de comenzar a reírse.
—¡Dios mío!... ¡Dios mío!... ¡Dios mío! ¡Oh Dios mío!.
Su boca no era capaz de decir otras palabras, su mente no era capaz de razonar, ella sólo era capaz de ver a su amiga Maya salir de allí entre risas, mientras que ella estaba medio desnuda, excitada y había sido pillada... comiéndosela a su... ¿Su qué? ¿Qué era él? ¿Qué eran ellos?
Mierda.
Para colmo no sabían ni que eran, ¿Un rollo? ¿Unos amigos con muchísimos derechos?
Miro a Kaleb que se acercaba a ella, pero se alejó un tanto.
—Tranquilízate, Valentina — dijo Kaleb mientras la veía como una loca colocándose mal, la parte de arriba del bikini, que para colmo, se había puesto medio al revés, sus manos temblorosas luchaban por hacer el nudo.
—¿Qué me tranquilice?— preguntó con la voz rota, mientras seguía luchando por abrocharse aquél pequeño trozo de tela y cubrirse. — ¿Cómo carajos quieres que me tranquilice? ¡Mi amiga me acaba de pillar comiéndote...! ¡Tu hermana me acaba de pillar! ¡Oh Dios mío! — dijo soltando un gemido — ¿Que voy a decirle a ahora? — preguntó saliendo del agua.
—A ver... susurró él tranquilamente y se acercó a ella, la hizo girarse y ponerse de espaldas a él, la ayudó abrocharse la parte de atrás del bikini en condiciones. — para empezar... — Siguió acariciándole los hombros muy suavemente antes de coger los otros cordones para atarle el nudo detrás del cuello. — Ambos somos personas adultas. Tú eres responsable de tus actos, y no tienes por que darle explicaciones a nadie. — continuó diciendo mientras terminaba de abrocharle el nudo, después la giró para que lo mirase a la cara. — Segundo, lo que estábamos haciendo no está nada mal... de hecho estaba muy bien, Maya... Maya solo llegó en un mal momento.
—¡Y qué mal momento! — exclamó ella, y recordó el episodio — ¡Oh Kaleb!
—¡Cálmate por favor! — pidió él.
—No puedo, ¿Que voy a decirle?
—¿Por qué narices tienes que decirle nada?
—¡Porque es mi amiga!, ¡Porque es tu hermana! ¡Porque me ha pillado.... digamos, en una situación comprometida!
—Pues dile que... no sé, que no es de su incumbencia, que no hay nada que contar.
—¡Jaaa! ¡Kaleb es Maya! ¡MAYA! ¡No, es tu hermana, sabes perfectamente como es! Además, sigo sin saber que decirle, ¿Que le digo Kaleb?
Él se pasó las manos por el cabello húmedo, Valentina lo estaba poniendo nervioso.
¿Por qué tenía que complicarlo todo?
Ellos no estaban haciendo nada malo, sólo que su hermana había decidido aparecer de un modo muy inesperado, quizá demasiado... Podría haberse esperaso a que terminara... pensó haciendo una mueca.
Miró a Valentina salir de la piscina, el cabello castaño, ahora más oscuro por el agua, se le pagaba a la espalda, y él pensó en lo guapa que era, su rostro húmedo dejaba mostrar su nerviosismo.
Y para ser sincero, aunque fuera consigo mismo, la comprendía.
Su hermana era una bomba de cotilleos y además era curiosa, y cuando afilaba la lengua... ¡Dios mío! gimió internamente.
Salió del agua y se acercó a Valentina.
—Tranquilizate, ¿Sí? — acarició sus hombros, y e hizo amago de abrazarla, pero ella se puso tensa. Soltó un suspiro y la miró a los ojos.
—Si quieres hablamos los dos con Maya.
—¡No! — exclamó ella. Él hizo una mueca.
—¿Y por qué no?
—¿Y qué le vamos a decir Kaleb? No somos nada, solo dos personas que han decidido pasarla bien, y como comprenderás para decir eso, prefiero hacerlo sola.
—Valentina... me insultas
—¿Por qué? ¿Por decirle la verdad? Tú sabes que eso es lo que somos, nosotros no hemos dicho nada más, no somos nada Kaleb... admítelo.
Valentina se giró para irse, y Kaleb la miró, era verdad.. pero...
La sujetó por el brazo, y la hizo girarse, mirándola a los ojos, le tomó la mano.
—¿Y si yo quisiera ser algo más que una persona que se lo pasa bien? — preguntó imitando sus palabras.
Algo extraño, algún tipo de sentimiento se apoderó de Valentina.
Algo la hizo estremecerse y temblar, algo que hizo que su corazón galopase con fuerza, y su sangre ardiera, algo que la hizo querer sonreír, pero a su vez, el miedo la poseyó.
—Yo... — se había quedado muda, aquello era... ¿Una sorpresa? ¿Algo que esperaba oír?
No, desde luego que no se lo esperaba.
Lo que no sabía era si lo quería escuchar.
Quizás lo estuviese deseando escuchar.
Pero de todas formas le había pillado desprevenida. Tanto que no sabía qué decir.
—¿Tú...? — la pregunta de Kaleb fue lenta, muy lenta, una palabra eterna.
—Yo...
—¡Valentina el teléfono!...