CAPÍTULO 14

1363 Words
—Tengo 26 años Kaleb — dijo ella — Me he pasado la vida sin creer en las relaciones y no voy a comenzar ahora ¿Vale? —¿Me puedes dar un motivo para eso? —El único amor que creo es el de las telenovelas. —Eso no es una respuesta. —Si lo es, sí para mí — contestó orgullosa. Sí lo era, se había pasado toda su vida sin creer en el amor, el único en el que creía cómo había dicho era en el de las telenovelas. En las cuáles los hombres son atentos y se enamoran de verdad, hombres que harían cualquier cosa por aquella mujer que adoraban, hombres que no existían en la vida real. Había crecido en una familia rota. Dónde habían peleas, gritos y el amor simplemente no existía, porque no había. Ni entre sus padres, ni entre sus hijos, los únicos unidos eran su hermano y ella. Su hermano, el cuál se había casado 5 veces, y en esos 5 matrimonios no había sido feliz, era obvio que su familia no estaba destinada a un amor eterno y duradero. Y ella no iba a hacer la excepción. Además lo tenía comprobado. —Valentina... ¿Por qué te empeñas? —¿En qué? — preguntó ella mirándolo. —En rechazarme. —Kaleb ¿Por qué no dejas el tema? Mira si te vas a poner pesado lo dejamos aquí y ahora, no relación seria, ni sexo, ¿Ok? Tú decides. —No me lo puedo creer que estés diciendo esto — sé río él acercándose a ella. ¿Aquello era real? Era la primera vez oía eso de la boca de una mujer, y era la primera vez que deseaba decir se acabó. Pero no lo iba hacer, porque no pensaba dejarla. Sí ella se había dedicado a construir un muro a lo largo de su vida, él se iba a encargar de derribarlo, y entonces ella sería suya, cómo lo había deseado, enterró los dedos en el cabello de Valentina y acercó sus rostros, su boca cerca de la de ella, sus alimentos acariciándose, ella entreabrió los labios para él. —Estoy esperando tu respuesta — susurró ella. —¿Y cuál crees que es? — preguntó él y cubrió la boca de Valentina con un beso profundo e intenso, cómo había deseado hacer minutos atrás. *** —¡Oh mira esos zapatos! — exclamó pegando la nariz al escaparate, Maya la siguió haciendo exactamente lo mismo que ella. —Son preciosos, ¡me los compraré, y los usaré para cuando mi hermano y tú se casen! El otro día vi un vestido que le vienen.... Su amiga quién seguía con la nariz pegada al escaparate consiguió analizar las palabras de su amiga. —¿Qué has dicho? —Que el otro día vi un vestido... ¡Era monísimo Valentina! Ya verás cuando me lo compre — exclamó su amiga emocionada — Era así como... —Para tu carro cobriza. No me refiero a eso, eso lo oí me refiero a lo otro... —¿Qué otro? — preguntó su amiga mirándose las uñas, para así poder esquivar a su amiga. —Lo de la boda, Maya, no te hagas la tonta, ¿Vale? Las dos sabemos que no se te ha olvidado ni media palabra de lo que has dicho. —¡Ok, si lo dije! —Pues explícate, ¿Por qué lo dijiste? — le pidió su amiga — No sé a qué viene semejante comentario. —¡Oh Vale! No te enfades, ¿Quieres? Quizá me he adelantado un poco, a los hechos, pero es cuestión de tiempo que tú y mi hermano.... —¡NO! — gritó ella, la gente la miró y se controló para no gritar de nuevo. — No, no y no — repitió comenzando andar. —¿Pero a dónde vas? ¡No me he comprado los zapatos! — se quejó la cobriza alcanzándola. —Eres el colmo Maya — exclamó la castaña. —No lo soy ¿Vale? — contestó su amiga caminando a su lado. — Sólo lo dije para darle un poco de humor, que por lo visto, tú no tienes. Valentina la miró fusilándola con la mirada, ¡Claro que no tenía humor! Ella había hecho un comentario demasiado absurdo, ¡Por Dios era su amiga, no debería decir semejantes idioteces! Debería de apoyarla. —¿Y qué si no estoy de humor? — preguntó casi echando humo. —¡Mira castaña, a gruñir a otra parte! Yo no tengo ganas de aguantar tus tonterías ¿Vale? Sabes que soy tu amiga, y qué te adoro, pero sinceramente no me da la gana que pagues conmigo tus mosqueos. — ¿Ya has terminado el discurso? — preguntó Valentina mirándose los pies. Maya refunfuñó. —¡No!, No he terminado. Mira Valentina, no pretendía enfadarte, sólo di mi opinión, o más bien hice un comentario de algo que quería que se cumpliese, porque a pesar de que tú no quieras, ya quieres a mi hermano, él es un buen hombre, ¡Fíjate si lo es que es capaz de soportar te! Con tus continuos cambios de humor, por Dios, ¡Ni que estuvieras embarazada! — exclamó — te pones insufrible, no lo entiendo y sinceramente no tengo ganas de aguantar nada de eso. Te ofendí, lo siento... Pero reconoce que te estás pasando. Maya alzó la vista hacia Valentina a la que no había notado por su enorme discurso que le había echado, mirando de un lado a otro, paseando brevemente alrededor de su amiga, la que estaba ahora mismo pálida y más blanca cómo un papel. —Valentina, ¿Estás bien? — preguntó acercándose a ella, para agarrarla un poco parecía que se iba a desplomar — Oye Vale, contéstame. —OK, ok— la voz débil de su amiga la tranquilizó un poco. — Te contesto. Se sentía terriblemente mal, de pronto se había mareado y los pies no le respondían, ni los pies, ni la voz, ni ninguna extremidad del cuerpo. Sentía cómo si hubiera estado flotando pero poco a poco había bajado, y todo por las palabras de su amiga que la habían golpeado con fuerza, la verdad siempre duele. —Vale me estás asustando, ¿Seguro estás bien? —Qué si, cada vez mejor... Ambas llegaron a una especie de escalón y se sentaron, después de estar un rato sentadas y casi en silencio por algunas preguntas tontas, Valentina se encontró mucho mejor, había recuperado el color de la cara y ya sonreía. —Nos podemos ir cuando quieras — dijo la castaña. —¿De verdad estás bien? —Que sí... — ambas se pusieron en pie. — Maya —¿Sí? —Perdóname —¿Qué? No, perdóname tú a mí, no debería de haberte lanzado semejante discurso. —Me lo merecía — contestó ella. —Bueno, un poco sí, concedió su amiga, encogiéndose de hombros y sonriendo — Si lo dije es porque me parece que hacéis buena pareja.... —No empieces por favor... —Pero ¿Por qué? — se disgustó Maya — De verdad no lo entiendo, llevan más de dos meses durmiendo en la misma cama... bueno, quién dice dormir lo dice por decir, porque vaya tela. —¡MAYA! —Es la verdad y no es todo, llevan dos meses durmiendo juntos, viviendo juntos, es cómo si fueran una pareja que convive. —Pero no lo somos — dijo Valentina con sencillez — Y tú lo sabes — añadió —Y también sé, es que si no lo son es porque tú no quieres serlo. Te juro Valentina que de todos los años que llevo siendo hermana de Kaleb jamás lo había visto tan integrado... No sé cómo decírtelo, está enamorado de tí... ¡ESTÁ ENAMORADO DE TÍ! —Exclamó. —No digas tonterías — se quejó su amiga. —Y tú estás enamorada de él — añadió Maya. — —¡No digas tonterías! — repitió su amiga. —No lo son — contestó con sencillez — Es la verdad y quizás cuando te despiertes cuenta sea demasiado tarde…
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