Hace dos años…
Mi primer día de Universidad, un nuevo ciclo, el comienzo de una vida pre-adulta, la verdad estoy algo nerviosa, nunca he sido buena para crear conversaciones con personas que no conozco, y ahora me encuentro dentro de cuatro paredes mirando a mi alrededor y analizando a todos los que serán mis nuevos compañeros de trabajo y estudio; ya todos se encuentran hablando y riendo, por el momento prefiero quedarme tranquila y mirarlos nomas.
Los siguientes días transcurren normal, y ahí me encuentro yo, haciendo todo lo que puedo en las mañanas y preparándome para llegar a tiempo a mis clases en las tardes, siempre he sido una persona que no conoce las calles del lugar donde vive y que teme algún día perderse > así que toma taxis para llegar rápido a su destino, ya he hecho amigos aún sin fijarme cómo, solo ha sucedido. Este día nos informan un trabajo en equipo, somos seis compañeros y estamos sentados todos juntos presentándonos con timidez. Mis compañeros son geniales y amigables, todo lo contrario a lo que pensaba que eran, siempre dicen que la primera impresión habla mucho de ti, pero yo creo que eso no es cierto, porque una persona nunca se mostrará como es, solo te dejará ver lo que quiere o lo que tú quieres ver.
Estaba mirando uno de mis apuntes y pensando no sé en qué, cuando una voz me saca de mis pensamientos, al dirigir mi mirada a quien me había hablado me doy cuenta que era un compañero de mi grupo que la verdad no había notado, él tenía una presencia imponente, no sé cómo no lo había notado antes, tal vez mis pensamientos en aquel momento eran más fuertes, aquella persona era muy alta y se notaba que se la pasaba metido en el gym, su vestimenta impecable formal, usa lentes que le da un aire intelectual, que claro ya después nos mostraría que no sólo era un simple “aire de intelectualidad”.
“Una mariquita” - dijo mientras me miraba, (me quedé en blanco en ese momento y solo pude articular una simple pregunta)
“¿Dónde?” –pregunté.
Acto seguido señala mi reloj, y sí, algo raro en ese momento pero cargaba un reloj n***o que tenía una gran mariquita en una esquina (hasta el sol de hoy conservo aquel reloj como un tesoro sagrado), al ser consciente de que no tenía sentido esa conversación solo le respondo un simple “Ah sí” después de haber observado mi reloj por unos segundos seguí leyendo e inundándome de nuevo en mis pensamientos. Ahora que lo pienso tal vez esa fue su única forma de hablar conmigo y ser amigable en ese primer encuentro, y que yo simplemente ignoré.
Aquel personaje se convirtió en nuestro líder del grupo ya que había demostrado ser capaz y por su inteligencia y conocimientos que nos recalcaba día a día poseedor, muy engreído para mi gusto.
Recuerdo que para aquel trabajo nos pidió colaboración con información y que me “felicitó” por haber sido la única en mandar una buena investigación, recalcándole a los demás que ya eran “universitarios” como para mandar trabajos mediocres, en ese momento pensé que exageraba pero preferí limitarme a no decir nada, era muy pronto como para ponerme a pelear por cosas irrelevantes.