Adhara no supo exactamente cómo sucedió, pero al llegar a casa, terminó encerrándose en su habitación, mientras buscaba en el diario de su hermana un evento en particular.
“¿Recuerdas la primera vez en que estuvimos juntos? Fue justo encima de esa mesa, Adriana. Y me dijiste de todo, menos que te daba asco. ¿O es que necesitas que te refresque la memoria?”, las palabras de Oliver seguían resonando en su mente y necesitaba sacarse una duda de la cabeza.
“Nuestra primera vez…”, decía el título de aquella página del diario de su hermana.
Adhara sintió que estaba a punto de hurgar en algo muy privado, pero necesitaba saber qué pensaba Adriana de todo esto. ¿De qué magnitud había sido su amor por Oliver? ¿Fue alguna vez feliz a su lado? ¿Todo había sido malo o hubo momentos buenos? Quería creer que, justo como había dicho Oliver esa tarde, no todo había sido un infierno, que en realidad su hermana llegó a sonreír, aunque sea un poco…
“No estaba lista para esto. El señor Oliver me llamó a su oficina, se suponía que necesitaba informarme sobre una llamada importante que debía hacer, pero entonces algo extraño sucedió. La oficina se llenó de una inusual energía, sus ojos grises me miraron tan fijamente que mis piernas temblaron. A pesar de que ya llevaba más de un mes trabajando para él, seguía causándome los mismos estragos. Me aclaré la garganta y le pregunté, sobre esta llamada en particular, qué más debía hacer o saber. Entendía que era importante para concretar la firma de unos negocios, pero el señor Oliver no parecía dispuesto a explicarme más al respecto. Él… se acercó a mí y entonces me dijo que tenía unos ojos muy hermosos. Mi corazón se llenó de dicha, no era la primera vez que me lo decían, pero escucharlo de él causó que mi corazón latiera desbocadamente. Luego me acarició el cabello y mis ojos se cerraron solos. Sentí su suave toque en la mejilla y, un instante después, sus labios cubrieron los míos. Fue un beso hermoso. Un beso que escaló rápidamente, sus labios recorrieron mi cuello y me hicieron enloquecer. Cuando me di cuenta, ya estaba sobre su escritorio, desnuda y disfrutando del día más feliz de toda mi existencia.”
Para cuando Adhara terminó de leer, las lágrimas corrían por su mejilla al imaginarse el momento exacto en el que su hermana dio rienda suelta a todas sus ilusiones.
Este diario era una fuente inagotable de determinación, quizás leer un fragmento a diario le ayudaría a conseguir la fuerza que necesitaba para seguir adelante. Su hermana necesitaba justicia y se encargaría de que todos los que la hirieron pagarán con creces.
[…]
Era la una de la madrugada, cuando el celular de Adhara sonó por una videollamada entrante.
La mujer, que acababa de conciliar el sueño, bostezo viendo de quien se trataba. Era Luke.
Por la diferencia horaria, en Inglaterra debían ser las diez de la noche y era igualmente tarde.
Adhara se enderezó y se arregló su bata de dormir, pasó las manos por su cabello acomodándoselo ligeramente y luego atendió la videollamada. Era importante, así que no podía darse el lujo de rechazarla.
—Luke —saludó con una mueca, que pretendía ser una sonrisa.
El hombre del otro lado se disculpó de inmediato al verla en pijama.
—Oh, Adhara, ¿no me digas que te desperté?—parecía ligeramente arrepentido—. Acabo de terminar una reunión, pero se me ha olvidado que hay tres horas de diferencia entre Reino Unido y Moscú. Lo siento mucho. Volveré a llamar en la mañana.
—No, Luke. Ya me desperté —se apresuró a añadir—. Por favor, continuemos con la conversación.
Luke asintió. Y, sin perder tiempo, comenzó a relatarle un plan que parecía ser perfecto para lograr su objetivo final.
—He considerado las opciones y creo que la idea de hacer que firmen algunos contratos desfavorables parece ser la más indicada —comenzó a explicar—. Podríamos colocar cláusulas de penalización muy altas y difíciles de cumplir. De esta manera se verán obligados a pagar multas exorbitantes que afectarían su liquidez. Además, estuve hablando con algunos conocidos en Moscú, la competencia estaría encantada de recibir información confidencial. Así que, ya que estás infiltrada en la empresa, podrías desviar un poco de esta información. ¿Qué te parece?
Adhara lo miró ligeramente sorprendida. Al parecer, Luke se estaba tomando muy en serio el hecho de ayudarla. Era un hombre guapo y de verdad le gustaba como ser humano, pero no sabía si recibir tanta ayuda de su parte era algo bueno o debía preocuparse. Eso sin considerar que también pretendía llevar a cabo algunas cosas ilegales.
—Espero tu respuesta, Adhara —le presionó al ver que se quedaba en silencio.
—Bueno, la verdad, no tengo mucho que decir —reconoció entonces—. Tú pareces saber más que yo sobre esto, así que confío en ti, Luke. Sé que me ayudarás a cumplir con mi objetivo sin importar el precio.
«¿Pero realmente estaba dispuesta a pagar cualquier precio?», se preguntó en silencio.
—Cuenta con eso—una sonrisa de dientes blancos iluminó el rostro de Luke Jones, dándole un aspecto más guapo y joven.
Los dos se quedaron mirando un momento más, antes de que la diferencia horaria les recordara nuevamente por qué aquella no era una buena hora para llamar.
—Nos vemos —dijo Adhara colgando la llamada.
Entonces se dejó caer en la cama con un fuerte suspiro, pensando en el desastre que se avecinaba…
[...]
Ese día comenzaba una segunda fase de su plan: desviar información a la competencia.
El imperio Volkov era conocido por sus empresas automotrices, se dedicaban a la creación y ventas de autos de lujos, que eran exquisitos a la vista y los más rápidos de todo el mercado. En toda Rusia no había una mejor empresa que esta, por lo que sus competidores, seguramente estarían muy felices de conocer unos cuantos secretos.
Adhara sonrió maliciosamente, mientras se dirigía a la salida de la mansión. Tenía una ruta en mente y su primer objetivo de ese día, era acercarse al director de tecnología, recordaba haber escuchado su nombre en alguna ocasión, pero en ese justo instante no lograba recordarlo.
Sabía que pedir un cambio de puesto seria demasiado sospechoso, así que debía conformarse con hacer una amistad con ese sujeto…
Adhara soltó un grito ahogado, cuando se encontró de frente con la menuda figura de Irina Volkov.
—Usted…—la miró como si fuera una aparición. Realmente no sabía de donde había salido.
—Te veo muy feliz —señaló la mujer observándola muy fijamente. Sus ojos estaban cargados de malicia.
—¿Y eso es un problema? —le preguntó en su tono de voz más retador. No la soportaba.
—Pues teniendo en cuenta que Oliver no ha dejado de pasearse por la casa con Anastasia, es demasiado sospechoso —sus palabras estaban cargadas de cizaña—. La Adriana que conozco debería estar llorando en un rincón.
—Al parecer la gente no entiende que las personas pueden cambiar, que los sentimientos pueden desecharse —respondió con poca paciencia, como si aquella mujer no fuera más que un estorbo, que lo era—. Señora, entiéndalo de una vez, su hijo no es el único hombre que existe en el planeta, ni mucho menos el más apetecible de todos. Lo que llegue a sentir por él, murió. Y ya no hay nada que pueda resucitarlo. Así que si quiere verme llorando por su amor, lamento decirle que no lo conseguirá—sonrió triunfal.
Alguien tosió detrás de Adhara, haciendo que esta se girara para encontrarse con los ojos grises de Oliver, el hombre la miraba con una extraña expresión, mientras Anastasia se colgaba de su brazo.
—Bueno, veo que la familia está completa —dijo con asco, al saberse cerca de esos tres—. Me retiro.
Y mientras Adhara salía de la mansión Volkov, pensó en lo tentador que sería hacer que la prensa se enterara de que Oliver había metido a otra mujer a vivir a la casa, cuando su esposa seguía habitando bajo el mismo techo.
—Seguramente las acciones se desplomarían… —susurró para sí misma, considerándolo.
Pero sabía que aún no era el momento… debía guardar el golpe de gracia para después.
[…]
Unos lentes negros y una capucha, hicieron que la identidad de Irina Volkov quedara completamente oculta para los ojos curiosos.
La fachada del imponente edificio de aquel hotel la recibió, cuando con la elegancia que la caracterizaba bajó del auto que usaba para este tipo de encuentros. Era un modelo viejo y discreto y nadie se esperaría que la flamante Irina Volkov, poseedora de una empresa automotriz, estuviera a bordo de semejante cacharro.
Pero era perfecto, justo lo que necesitaba para pasar desapercibida.
En la recepción, la recibieron con un pomposo saludo e indicándole que su cita ya se encontraba en la habitación de siempre.
Aquel era el momento favorito de su semana, era todo lo que necesitaba para mantenerse equilibrada.
—Hola —saludo entrando en la recámara.
El hombre se encontraba recostado en la cama, con las piernas abiertas y con su m*****o erecto a la vista. Era de un tamaño considerable. Mucho más grande y grueso que el de su difunto esposo.
La mujer no tardó en deshacerse de la capucha y de toda esa ropa innecesaria que llevaba encima. Tenía un poco más de cincuenta años, pero se sentía joven. Sus huesos aún soportaban de estas deliciosas faenas.
Se subió a la cama y rodeo con sus piernas a aquel musculoso cuerpo, mientras guiaba su virilidad dentro de su cavidad. Con movimientos tentativos comenzó a moverse y, un par de minutos después, sus extremidades viajaron de vuelta al pasado, de vuelta a esas noches donde se dedicaba a cabalgar a hombres por un poco dinero.
Irina Volkov no pertenecía a la alta sociedad. Fue sacada del abismo de un burdel por un hombre que lucho por ella, por un hombre que lucho por darle un lugar en el mundo y por hacerla respetar.
Pero ahora Arsenio Volkov ya no estaba, así que la vida debía continuar…