Devora
Al otro día de la pelea en el bar sentí cada una de las cosas que dije, cada uno de los tragos que bebí y cada uno de los pelos que perdí.
Entre mis planes para sanarme física y anímicamente estaba quedarme todo el día en cama, pero antes de las once de la mañana Allison llegó con agua y una aspirina para despertarme de la manera más agradable que pudo.
Lanzándome la mitad del agua en la cabeza.
—¡Hey, hey, hey! —salté como cuando Pirata era rociado con agua. Ahora lo entendía, no era agradable y dejaría de hacérselo—. ¿Estás demente? ¿Quieres matarme de pulmonía?
—En realidad, la pulmonía te mataría, yo no—volví a sentarme porque mi cabeza seguía retumbando y dolía muchísimo—. ¿La idea era medir tus límites?
—Jamás he tenido esa intención, no soy s*****a—valientemente me levanté y pasé la aspirina por mi garganta junto con el resto del agua—. Gracias por ir a buscarme.
—La próxima vez no iré—levanté mi mirada hacia ella y me di cuenta de algo terrible: había empacado todas mis cosas—. Hace menos de dos días me prometiste aferrarte a esto y terminaste peleando por esa chica. De nuevo.
—Espera, yo no...
—Sí. Tú sí. Peleas por ella siempre y no solo a los golpes. Les repites a todos que la has dejado atrás, pero ¿Lo haces para creértelo tú misma? —abrí la boca para defenderme, pero ella me lanzó mi ropa—. Si es a ella a quien quieres, ve por ella, pero no creas que puedes jugar conmigo.
—Cariño, no estoy jugando contigo. Estaba ebria.
—Ya basta—alejó mis manos de su rostro y dio dos pasos atrás—. Y largo.
Me encogí de hombros porque simplemente estaba harta de cada una de las mujeres en mi vida así que no haría un escándalo al respecto. Tomé mis cosas y caminé al baño, no sin antes toparme con Cody en el camino.
—Allison ¿Estás loca? ¡No puedes echarla! —Cody corrió hasta Allison y la golpeó en el estómago varias veces y, por primera vez, Allison le levantó la mano y lo cacheteó. No tan fuerte como cacheteó a Katherine, pero fue igual de sorprendente—. Tú...estás loca.
—Tú no debes meterte en esto, Cody.
Iba a interferir, pero Cody se levantó molesto y sin ningún indicio de lágrimas.
—¡Estúpida! Hice que Katherine saliera de nuestras vidas y ahora se la estás entregando otra vez.
El silencio se esparció y compartí solo una mirada con Allison antes de volver a ver a Cody y entender todo.
—¿Qué hiciste, Cody?
Después de eso, Cody me siguió por minutos, sin descansar y sin rendirse.
Desde que se delató a si mismo me dio sus razones diciendo que estaba molesto, que sabía que la madre de Katherine también se iba a molestar y que Katherine lo estaría aún más cuando descubriera que el mensaje había llegado del número mío. Era una pequeña mente criminal, había que darle crédito por eso, pero yo no lo haría.
Estaba tan herida, a pesar de que sabía que solo era un niño y que estaba arrepentido, pero ni siquiera podía verlo sin sentirme triste y decepcionada. Así que tomé mis maletas y las lancé en el auto de Joe apenas apareció para ir a rescatarme de la molesta de Allison y el maldadoso de Cody.
—¿Puedes creerlo? —Joe estuvo muy sorprendido al saber la maniobra de Cody, luego solo se burló haciendo que me molestara más.—. Hey, no es gracioso.
—Ni siquiera es un adolescente y ya sabe manipular todo a su alrededor, cielos. Será una pesadilla a los dieciséis—asentí y calmé a Grey que seguía aullando en el asiento de atrás. El traidor se había acostumbrado al gran patio de Allison—. Supe que anoche le regalaste un encabezado en el periódico a Kitty's Bra.
—Esos editores son unos pervertidos, chicas peleando y ¡boom! Encabezado en un diario. Hay cosas más importantes de las cuales informar.
—No puedes seguir haciendo esas cosas, Devora. Ya no tienes dieciocho años y definitivamente no estamos en Jersey Shore.
Antes de que se estacionara en los departamentos me volteé a verlo seriamente.
—Pasaré por alto el hecho de que me comparaste con Snookie y te preguntaré esto ¿Crees que puedes decirme qué hacer o no hacer? —me devolvió la mirada y abrí la puerta de su auto apenas estacionó—. Todos creen que soy una niña o de su propiedad. No tienen derecho a darme órdenes.
—No son órdenes, son sugerencias.
—Antes de ser de cualquier otra persona me pertenezco a mí misma. ¿Lo entiendes? Si quiero molerle la cara a golpes a alguna zorra, lo haré. Tú ve y trata de controlar a tu novia porque yo soy como el viento, hermano.
—Si, a veces ahogas, maldita lunática.
Saqué todas mis cosas y a mis mascotas y me las arreglé muy bien para levantarle ambos dedos del medio.
Subí las escaleras rápidamente y miré con un poco de melancolía mi viejo departamento. Tanto había pasado ahí en los últimos meses e incluso, si me enfocaba bien, podía sentir cada uno de los olores.
La vainilla, el chocolate y la fresa. Todos los aromas y sabores de Katherine, solo debía pensar en ellos y los recordaba como si aun estuviesen a mi lado.
Caminé hasta el cuarto seguida por mis fieles animales y miré la cama. Las sábanas blancas estaban desordenadas y sonreí antes de jalarlas al suelo porque sabía muy bien con qué me encontraría ahí.
Unas bragas de Katherine.
Las tomé con delicadeza y me senté en la cama. Los recuerdos de la noche llovieron sobre mí y aún veía cómo esa chica la había reclamado como suya. Era doloroso imaginar a Katherine dejándose tocar por otra o solo la idea de ella sintiendo algo por otra persona, algo como lo que sentía por mí.
Apreté con fuerza la tela entre mis manos y la arrojé lejos. Entre la furia del momento sostuve mi celular y leí su mensaje una vez más.
Si aun tienes un poco de respeto por mí, mantente alejada.
El problema es que ella no entendía que eso iba mucho más allá del respeto. Estaba mi honor en juego y también mi corazón. Probablemente le jugué mal al irme con Allison, pero yo ni siquiera me había ido con ella con motivos románticos. ¿Y si ella se había acostado con esa estúpida?
Bajé corriendo las escaleras y me encontré de golpe con Rita. Noté que estaba igual de sorprendida de verme, pero me sorprendí más al ver su creciente barriga. Intentó hablar, pero le evité el discurso.
—Olvídalo, Rita—la abracé sin dejar que dijera algo más—. Soy la mayor perra del mundo.
—Lo eres—sonreí y la solté para verla emocionada hasta las lágrimas—. Te he extrañado tanto.
—Y yo a ti. No he visto crecer esa barriga como quería.
Joe se había ido al trabajo mucho antes de que yo bajara así que acompañé a Rita en el departamento para recuperar el tiempo perdido en que pude estar engordando junto con ella.
Extrañaba verla cocinando descalza, bailando al ritmo de Bob Marley y creando conversaciones de la nada. Ni Katherine, ni Allison, ni ninguna otra chica me agradaba tanto como Rita dentro de su cotidianidad.
Era divertida y respetuosa dentro de lo posible. No preguntaba mucho ni se entrometía en tu cabeza, pero siempre sabía que pasaba ahí porque simplemente sabía leer las señales y reconocía tus problemas mucho antes de que tú los pudieras descifrar.
Mi querido amigo Joe se había sacado la lotería con esa chica. Yo probablemente me la había sacado con los dos.
Necesitaba convencerlos de hacer un trío y que nos casáramos.
Ew, Joe que asco.
Rita preparó una muy exquisita lasaña, su especialidad. Desde el sillón le sonreí porque comentó lo mucho que extrañaba a su pequeño Garfield, o sea yo. Yo extrañé a mi gran Jon Arbuckle.
—Joe dice que volverás a la universidad—le asentí mientras me servía otro trozo de lasaña. Podía comer muchos más, siempre podía—. ¿A cuál irás?
—Northwestern—al momento en que lo dije, sus reflejos fallaron y dejó caer un trozo de lasaña. Yo solté un grito de espanto al ver a Leiah devorándolo—. Maldición. Pude comerlo yo.
—Tú... ¿Northwestern?
—Ajá—mastiqué mi trozo y vi que seguía mirándome como si fuera un fantasma—. ¿Qué? Ahí hice mis primeros tres años de arte. Charlé con los profesores y ellos me dieron las indicaciones y los trámites que debía hacer para retomar la carrera.
—No, está bien. Estoy feliz de que tuvieras esa oportunidad, pero... —levanté una ceja sin entender a dónde iba todo ese balbuceo. Ella suspiró soltando el cuchillo—. Katherine está ahí.
Sonreí ampliamente y toqué mi barriga con orgullo. Al parecer el destino quería que efectuara mi venganza.
—Eso hace todo mejor.
—¿Qué? Pensé que tú no querías verla más.
Me levanté y le quité el plato con la lasaña de sus manos. No podía dejar que esa delicia peligrara en las manos de esa torpe mujer.
—Sí, eso quería hasta que supe que tu dulce amiguita está con otra—me miró y le entregué su celular. Ella me lo quitó molesta—. Qué bueno que sigan tan unidas.
—No vas a hacerme una escena de celos por esto. Sabes que me hubiera puesto de tu lado si solo supiera qué diablos pasaba. Por cierto ¿Como demonios me quitaste el celular del bolsillo?
—Cálmate, traidora. Estás embarazada—respiró profundo e intenté quitarle importancia—. Como sea, en serio es genial que sigan siendo amigas así que debo hacerte una pregunta terriblemente importante.
—No, Devora. Katherine aún no ha tenido sexo con Rose—solté el aire y me relajé un poco, pero no dejé que Rita lo notara—. ¿En serio es eso lo que te importa?
—No te iba a preguntar eso—Rita soltó una risa y caminó a la cocina—. En serio que no. Era sobre la conexión del cable, no me funciona y... ¿Cómo sabias que te iba a preguntar eso?
—Hasta aquí escuchaba tus gritos y maldiciones. Fue muy gracioso de escuchar, creo que hasta grabé un audio.
Le fruncí el ceño y volví al lanzarme al sofá.
—Bueno, asumo que no te ha dado la buena nueva.
—No, no hemos hablado hace un par de días.
—Genial, yo te la daré—le sonreí diabólicamente porque así me sentía—. Voy a destrozar a tu amiga y su estúpida relación y, cuando esté débil y triste, me la voy a follar como nunca he follado a nadie y después la dejaré.
Mientras no analizaba los pro y contras de mi plan, ella soltó el plato haciéndolo añicos contra el suelo. Con mi pie alejé todos los trozos cercanos a ella ¿Qué demonios le pasaba con la gravedad? La vajilla de ese piso corría más peligro que mi salud mental.
—No estás hablando en serio.
—De hecho, si lo hago—me agaché a sus pies y recogí con mis manos los trozos más grandes y los dejé sobre el periódico. Incluso me quité mis zapatos y se los ofrecí a Rita que los aceptó aun en estado de shock—. Oh vamos, Rita. Se lo merece. Ni siquiera me dio tiempo para explicarle las cosas y ya me reemplazó.
—No, no se lo merece. Es una chica buena—a pesar de sus regaños, la guie por donde no había trozos y moví los que podían estar cerca—. No hagas nada, Devora.
—Ya lo decidí, Rita—la ayudé a sentarse en el sofá y di un paso atrás para luego soltar un grito al sentir un trozo entrando en mi pie—. ¡Maldito desgraciado!
Arranqué el trozo y Rita comenzó a gritar al ver la sangre saliendo de mi pie.
Para ser novia de un doctor, era muy inútil, así que solo supo llamarlo para que él me atendiera. Debido a lo pésimo que era en su trabajo y la cercanía de este, Joe apareció en menos de diez minutos. Desde la puerta analizó la situación y luego de muchas miradas finalmente puso los ojos en blanco.
—Sabía que tu regreso iba a ser sangriento, pero en serio esperaba que solo estuvieras menstruando—le enseñé mi hermoso dedo del medio y comenzó a abrir el botiquín para sanar mi pie—. Gracias por haberte preocupado de Rita.
—Es nuestra chica, cariño. Debo protegerla—me frunció el ceño y solté una risa—. Pero deberías darle algo para los nervios, está...
—¡Loca! —Rita gritó llamando la atención de Joe y dejando un pitido en mi oído malo—. ¿Te dijo sus planes? Quiere vengarse de Katherine porque simplemente intentó avanzar y está con otra. Ella está como... —se peinó todo su cabello hacia un lado y se colocó en una postura muy extraña: pechos hacia adelante, manos en la cintura, una ceja levantada y sonrisa de lado—. Voy a destruirla y me la voy a follar.
Joe soltó una risa al mismo tiempo en que yo asimilaba que toda esa postura extraña era una vulgar imitación mía. Aun así, no reclamé porque fue gracioso y me daba ideas de lo bien que me veía.
—Ella puede hacer lo que quiera, Rita. Sabes que nuestras opiniones no cambiarán eso—miré a mi embarazada amiga y le levanté las cejas con orgullo—. Recuerda que Katherine no solo la dejó, nos dejó a nosotros también.
—¿Éramos una orgía?
Joe me ignoró y continuó su discurso mientras vendaba mi pie.
—De todos tus revolcones, Katherine era mi favorita, independiente del imbécil de su hermano, pero después de esa noche no quiero volver a verla. Ni siquiera la quiero cerca de Rita.
Ups, mi viejo amigo Joe se había puesto de mi lado y al parecer no tenía idea que su amada novia seguía en contacto con mi amada exnovia. Miré a Rita y ella juntó sus manos en forma de plegaria para que yo no le contara a Joe. La tenía justo donde quería así que sonreí para que también lo entendiera.
Luego de una vaga conversación sobre inyecciones y mariachis, dejé el departamento de mis amigos y volví al mío para encontrarme con Molly/la loca de los gatos/mi vecina del lado.
—¡Molly! —le estiré los brazos y ella puso los ojos en blanco. Muy en el fondo me adoraba porque dejó que la abrazara y no me lanzó ningún gato como advertencia—. ¿Cómo va ese travieso tumor hecho de pelo de gato?
—¿Cómo va la depresión luego de ser botada?
—Touché, mujer de los gatos—sonrió y miró a mis espaldas. La imité solo para ver que la puerta del sesenta y ocho estaba abriéndose—. ¿El viejo Terrence logró vender ese cuchitril?
—Ofrecieron remodelarlo—asentí cuando vi a una curvilínea chica salir de él. Fue como una invitación a ir a darle la bienvenida—. Devora...no.
—Te llaman tus gatos, Molly.
Ni siquiera me despedí de mi vecina del setenta. La del sesenta y ocho se veía más interesante.
Caminé hacia ella y sonreí cuando la vi cerrar y acomodarse en la puerta esperándome. Su cabello era liso, muy largo y tan n***o como sus ojos. Me sonrió cuando estuve al frente de ella y pensé muy bien en qué decir.
—Hola, soy tu vecina del sesenta y nueve—demonios, eso resumía mi presentación—. Me llamo Devora.
Ella sonrió y estiró su mano. La sostuve y la mecí esperando una respuesta, pero solo me sonreía.
—Soy María. Estamos por el intercambio.
El acento portugués casi hizo que cayera sobre mis rodillas, pero mantuve la cordura. Tener una vecina extranjera era, probablemente, lo más emocionante que había pasado por ahí desde que alguien llamó por una alerta de bombas en el quinto piso.
—Es un placer, María—finalmente solté su mano y sus últimas palabras se repitieron en mi cabeza—. ¿Dijiste "estamos"?
Como por arte de magia, la puerta volvió a abrirse y dos chicas comenzaron a salir. Una muy alta y de corto cabello rubio se adelantó emocionada para entregarle una chaqueta a María. Le sonreí eventualmente.
—Auriele, ella es Devora—la chica sostuvo mi mano y sonrió—. Nuestra vecina del sesenta y nueve.
Seguí sonriendo como estúpida. Portugal, Francia y aún faltaba la gran revelación.
—Muchos nos advirtieron de la del sesenta y nueve—me volteé para ver a ese sueño hecho realidad. Cabello rubio claro, casi blanco como su piel y un brillante par de ojos grises y atrevidos—. Dicen que eres una fiesta, Devora Wigmore.
—Jamás había oído eso.
Estiré mi mano, pero ella se afirmó en mis hombros y pegó sus labios en los míos varios segundos en los que sus amigas reían. Cuando me soltó solo pensé que, si yo era una fiesta, esa chica era un carnaval.
—Así saludamos en Rusia.
Sonreí cuando mis pies volvieron a su nacionalidad y fingí que no estaba nerviosa.
—Bienvenidas a América—escuché cuando Grey ladraba por atención y me obligué a olvidarme de esa perfecta imagen europea—. Si quieren azúcar o lo que sea, solo golpeen mi puerta. Por favor, háganlo.
—Gracias, Devora—María me sonrió antes de caminar al ascensor seguida Auriele, pero la rusa se quedó sonriéndome y me limité a sonreírle de vuelta—. ¿Te nos unes, Oksana?
—¿Te les unes, Oksana?
Me encantaba como sonaba su nombre con mi voz y a ella también debió gustarle porque me sonrió aún más feliz que antes. Ni siquiera se volteó a ver a sus amigas.
—Me les uno...esta vez—asentí dejando de lado todos los mensajes ocultos que nos mandamos solo en esos segundos y abrí la puerta de mi departamento—. Nos estaremos viendo, Devora.
—Nada suena mejor que eso, Oksana.
La chica se dio la vuelta y siguió a sus amigas. Yo las miré esperando que las puertas del ascensor se cerraran, pero Oksana se interpuso en el cierre y me indicó con la cabeza que me les uniera. No estaba lista para tanta acción así que usé a Grey como excusa apenas intentó escapar.
Evité a tres europeas para quedarme en mi departamento ordenando todo. Sin duda había perdido el toque, tanto que terminé arrodillada frente a una caja llena de cosas de Katherine.
Una vez más volví a analizar mis planes y, a pesar de que sabía que no era lo correcto, algo me gritaba que debía hacerlo para olvidar el dolor. Me repetí frente al espejo que ella me había dejado, que me culpó de algo que jamás hubiese hecho y que, para variar, ahora estaba con otra. Ante ese espectáculo, Grey me miró lastimando el hecho de que yo fuera su dueña.
El resto de la tarde le di todo el volumen a Kings Of Leon y repetí varias veces la misma canción, Cold Desert. Junto con ella también me repetí la pregunta que me atormentaba.
¿Quería una venganza o una reconciliación?