Katherine
A pesar de haber tenido tantos, el primer día de clases nunca dejaba de ser intimidante. Vivía con la sensación de que no sabía nada y no era lo suficientemente buena como para estar ahí.
Como apoyo moral, tuve a Teresa diciendo que iría a visitarme de vez en cuando. Sabía que lo decía solo para calmarme porque su facultad quedaba a una distancia considerable de la mía y en sus recesos prefería comer en lugar de buscarme.
La entendía, yo preferiría lo mismo.
Agradecí que Rose me hubiese presentado a algunos de los que serían mis compañeros y agradecí el doble que ellos me unieran y me recordaran al verme entrar al salón. Me caían bien, a pesar de que había dos parejas y solo otra soltera, no se sentía incómodo estar junto a ellos.
Eran personas unidas, sabía que me tenían tachada como la novia de Rose y eso, de cierta manera, me aliviaba. No porque me daba un título un poco apresurado, sino porque no me llevaba a sentirme incómoda respecto a mi sexualidad.
—Y dinos, Katherine—le sonreí nuevamente a Jeff que seguía enfocándome con su cámara y seguía haciendo voz de reportero—. ¿Qué esperas de este semestre?
—Espera que no le entierres el lente en un ojo—Cassie, su hermana, le quitó la cámara y le di una mirada de agradecimiento. No me gustaba para nada la atención, mucho menos la masculina—. ¿Rose y tú van bien? Se ven muy lindas juntas.
Asentí sin querer dar muchos detalles. Rose y yo éramos una cosa, pero no sabía realmente si íbamos bien o no. Al parecer sí, porque ya podía besarla sin sentir que estaba mal hacerlo. Antes no podía, seguía viendo a Devora frente a mí como si le hubiese enterrado una daga en el pecho.
Lo peor era que, a pesar de no sentirme culpable, seguía esperando sentir sus labios. Porque si, extrañaba tanto sus besos.
Pensando en esos agridulces recuerdos, miré el resto de la facultad. Estábamos en el área artística: bailarines, músicos, fotógrafos, dibujantes y diseñadores. No se parecía para nada a la facultad de derecho, donde los estudiantes eran tan serios como la carrera y demasiado alocados fuera de los ámbitos académicos. Teresa era el vívido ejemplo.
Por mucho tiempo yo me metí en los libros para olvidar que estaba viviendo una mentira y ahora que miraba hacia atrás me sorprendía haber resistido tantos años.
— ¿Katherine? —salí de mi pequeño flashback y miré a Caitlyn que esperaba mi respuesta muy atenta, pero yo no la había escuchado—. ¿Nos muestras tus fotos?
— ¡Oh, eso! Claro—rápidamente saqué mi cámara y con un poco de miedo e inseguridad se la entregué—. No son muy buenas. Solo estoy empezando.
—Cariño, yo comencé fotografiando a mi tía Betsy que era capaz de comerse quince hamburguesas en menos de diez minutos: no hay peor comienzo que ese.
Sonreí ante el comentario de Matt y vi cuando se reunieron a ver. La ansiedad me estaba matando mientras oía el sonido de la cámara al paso que avanzaban las fotos. Ellos estaban solo un semestre más adelante que yo, tal vez no eran profesionales, pero sus opiniones eran importantes.
—Son muy buenas, Katherine. Los retratos se te dan muy bien y…oh, ¿Quién es esta? —todos los chicos parecían muy sorprendidos y salté sobre ellos para quitarles la cámara. Se habían pasado del límite que ni siquiera marqué—. Cuidado, lo siento.
Los chicos siguieron insistiendo en que les dijera quien era la sexy chica de cabello n***o y tatuajes del mismo color. Las chicas se permitieron la incomodidad porque sentían cierta fidelidad a Rose y de seguro los chicos no entendieron nada. Seguían absortos con la imagen de Devora envuelta en sábanas blancas y sonriendo abiertamente.
Y cielos, los entendía.
Pero aun así me sentí avergonzada frente a las chicas. De seguro querían saber quién era esa chica y si les contaba nada explicaría el porqué de conservar las fotos. Intenté borrarlas, en serio lo intenté, pero fue imposible. Temía a que si las borraba también se borrara la evidencia de que fue real.
Agradecí que nadie insistió y rápidamente levantaron una charla sobre qué hacer después de clases. Me integré casi con naturalidad, pero justo antes de levantarnos un motor conocido retumbo en mis oídos. No era experta en motores ni en nada que estuviera vinculado al tema, pero sabía que incluso yo había hecho rugir ese y era mucho más consciente de que había alguien que lo hacía mejor.
Devora.
Con miedo miré por encima de mi hombro. Deseaba estar equivocada, pero mi piel se hizo de gallina cuando vi la moto y luego a ella. No solo había atraído mi atención, atrajo la atención de todos, chicos y chicas sin importar su orientación s****l y ¡Dios, ella ni siquiera se había sacado el casco!
Cuando lo hizo, su cabello flameó como una hermosa y brillante bandera negra y luego cayó elegantemente por su espalda. Estaba más largo y sentí puntadas en las yemas de mis dedos ante el recuerdo de tocarlo y el deseo de volver a hacerlo.
La miré detenidamente mientras bajaba de su amada Harley. Acomodó el casco en su mano y no tuvo ningún problema en arreglar su braga por debajo de sus jeans. Solo negué con la cabeza, seguía estando celosa y odiaba su capacidad de provocar a todas las criaturas a su alrededor.
Finalmente dejó la moto y comenzó a caminar por el patio. Seguían mirándola y podía asegurar que muchos, incluyéndome, mirábamos la sensacional manera en que el cierre de su crop top se perdía entre sus pechos y luego emergía hacia arriba dándole toda la atención a esa bronceada copa C.
Estaba por voltear y ocultar mi rostro entre mis piernas cuando vi la panorámica entera. Una increíblemente bellísima chica bajó de la moto y casi corrió hasta Devora antes de saltar a su lado y pasar su brazo sobre sus hombros de una manera posesiva que ni yo había usado.
Debí cambiar considerablemente de color.
Escuchaba los susurros de cada persona y no eran para nada erróneos. Era una gran panorámica, en especial cuando se les unieron dos chicas más igual de sorprendentes y exóticas para nuestros estándares norte americanos.
Estaba igual de consternada que los demás y me hacía dos grandes preguntas ¿Quiénes eran? Y ¿Por qué demonios aún me importaba?
Intenté callar la voz de mi conciencia que respondía muy bien a ese comentario y solo la miré cuando se acercaba a mi espacio. Su mirada pasó fugazmente de su compañera hasta mí y cada bello de mi cuerpo se erizó y, si antes causaba una fuerte ola de calor en mí, ahora era frío.
Entre chicas, sabemos muy bien cómo responden algunas partes de nuestro cuerpo ante el frío.
A pesar de su poder, ella pareció un poco sorprendida al verme, pero duró una décima de segundo antes de que volviera a su actitud de perra.
—Hola, Katherine—susurró al mismo tiempo en que se detuvo y, como ella, también las atractivas moscas que la seguían—. ¿Cómo estás?
Dudé en responder solo por miedo a qué diría luego. Podía dejarme en evidencia frente a los amigos de Rose sin mucho esfuerzo.
—Bien—asintió esperando algo más y pude desviar la mirada de ella para ver a la rubia platinada aferrando su mano en su hombro—. ¿Y tú?
—Excelente, cariño. Será un buen semestre—asentí y la miré mientras encendía el cigarrillo entre sus dientes y me daba un último vistazo—. La pasaremos bien.
Estaba por discrepar, pero solo me guiñó un ojo y sostuvo a la rubia de la cintura antes de que ella riera y, con más ganas, siguiera aferrándose.
Basta decir que cualquier plan con los chicos se arruinó.
Prácticamente corrí hasta la facultad de Teresa. Estaba ahogándome ¿Qué demonios hacia Devora en la universidad? ¡Ella la odiaba! Jamás hubiera vuelto a no ser de...
—La venganza—Teresa se quitó sus gafas de lecturas y cerró de golpe su libro haciéndome saltar—. Amo decir esto: te lo advertí. No puedes jugar con una jugadora profesional y lo hiciste y, para variar, le rompiste el corazón. El juego será horrible para ti ahora.
Maldije para mis adentros y me senté en la banca a su lado sin saber en qué pensar.
—Ella no puede hacerme esto, Tess. Quiero decir...pasamos por mucho.
—Lo sé, cariño—Teresa dejó su libro de lado y me abrazó—. Puedes simplemente decírselo.
—Llegó con otra chica—Teresa me levantó una ceja y continué—. De hecho, con tres.
— ¿Eso es nuevo? A las chicas les encanta Devora. Por algún motivo y, seguramente, por carencias afectivas, les gusta.
Asentí y respiré hondamente. ¿Eso me dejaba como alguien con carencias afectivas? Como fuera, debía relajarme y tratar de evitar a Devora con todas mis fuerzas.
Mi plan funcionó un día porque lastimosamente estábamos en la misma facultad. La segunda vez que la vi estaba sentada en una banca rodeada de chicos y chicas de su clase y era el centro de atención, rasgo típico de su naturaleza.
No me sorprendía la popularidad que había conseguido en menos de dos días. Después de todo, era la clase de chica que sigue a cincuenta personas en i********: y otras mil la siguen a ella. Negué con la cabeza cuando me miró a la distancia y presioné el botón para dejar de seguirla.
—Dios ¿Ella es tu ex? —Caitlyn se acomodó a mi lado y miró hacia donde yo miraba—. Es muy...
— ¿Popular?
—Sí, y sexy—miré a Caitlyn de reojo y ella peinó nerviosamente uno de sus mechones cafés—. No me malinterpretes, me gustan los chicos, pero si alguna vez quisiera experimentar con una chica, sería con ella sin lugar a duda.
—Entonces tu experimento sería un camino sin retorno—cuando lo dije vi a Devora levantándose de su lugar y haciéndose paso en dirección hacia mí—. Demonios, demonios. Caitlyn, actúa como si estuviéramos hablando y arrástrame de aquí.
—Pero si estamos hablando—le fruncí el ceño y me quedé mirándola para no ver a Devora de pie a nuestro lado. Ahora el centro de atención nuevamente, pero de mi compañera—. Hola...soy Caitlyn.
Puse los ojos en blanco al verla sonriendo y estirándole la mano.
—Un absoluto placer, Caitlyn. Muy lindo nombre—se sonrojó y solo ante la idea de que su nombre era lindo cuando al menos la mitad de la población femenina lo tenía—. Casi tan lindo como ese par de ojos ¿Qué color es?
Puse los míos en blanco. Ya me sabía de memoria esa técnica, era la misma que usaba para conseguir cupones con las cajeras de los supermercados.
—Oh, son...—Caitlyn sonrió nerviosa y busqué con la vista un lugar con mucha tierra para poder correr ahí, excavar y cubrirme el resto del año—. Es...gris. Creo.
—Magníficos—miré a Caitlyn solo para verla soltar su respiración y cruzarse de piernas. Ni siquiera quería imaginar cómo la estaba mirando Devora—. Podría mirarlos por horas, pero ahora dame solo unos segundos para ver los azules de tu amiga.
Instintivamente agarré la mano de Caitlyn, pero ella obedeció a Devora y se largó de ahí ¡Con un...!
—Demonio—no levanté la mirada ni siquiera cuando ella se sentó a mi lado. Miré mis manos intentando convencerlas de que dejaran de temblar. Me avergonzaban—. Yo...
—Tranquila, cariño. Solo te traía esto—finalmente, levanté mi mirada y vi la pequeña cajita que traía envuelta en papel de regalo rosa chicle—. Te tenía esto desde mucho antes de navidad. Debí dártelo cuando los compré, pero, ya ves, creí que duraríamos al menos un mes más.
Cuando dijo eso la miré a los ojos y ella se encogió de hombros quitándole importancia. No funcionó porque yo aún guardaba su regalo ignorando siquiera que ella tenía uno para mí así que recibí el suyo sin saber qué decir.
—Yo...
—No digas nada, solo ábrelo.
Asentí y, por primera vez desde que nos vimos en Kitty's Bra, le sonreí de felicidad. De la auténtica, esa que podía identificar solo por haberla vivido con ella.
El papel era suave y, como una loca, lo acaricié unos segundos. Con ese pequeño detalle que fue pensando en buenos momentos pude sentirme feliz, pero la magia acabó a la hora de abrirlo.
Una pequeña caja forrada en terciopelo tenía adentro dos anillos dorados con una delicada joya en cada uno.
—Tranquila, no son de compromiso. Cuando tenía doce mamá me contó sobre los Anillos de Ilusión. Son antes de los de compromiso y matrimonio, solo simbolizan el deseo de un futuro con la persona a la que se lo das. De todas formas, mamá me hizo prometer jamás usarlo dos veces: solo debía entregárselo a la persona que quería entregarle mi futuro para que se entrelazara con el suyo.
En ningún momento dejé de mirarla a los ojos. No sabía qué decir, solo deseaba poder devolver el tiempo y poder estar en navidad con ella para haberlos abierto ahí. Quería pensar que ella sentía lo mismo cuando sonrió y bajó la mirada para continuar hablando.
—Tal vez solo es cosa de suramericanos, pero siempre me fascinaron que no fueran de compromiso y tuvieran un significado aun más fuerte.
—Es hermoso. Yo...—rocé los anillos con la punta de mis dedos y negué con la cabeza—. No puedo aceptarlos.
—Tienes qué—compartimos una mirada y ella se levantó—. Hice una promesa, los daría solo una vez y a la única persona con la que quería estar por el resto de mi vida—abrí la boca para responder, pero ella se preparó para irse—. Sin presión, cariño.
Luego de que ella volviera a su club de fans me quedé varios minutos mirando los anillos sin saber qué hacer. Deseaba tanto devolver el tiempo, porque justo ahora no tenía idea qué hacer con mi presente.
Y ahí estaba, llorando en los baños y con Teresa abrazándome y dándome leves golpes en la cabeza. A veces no tan leves.
—Solo díselo, Kate. Dile que la amas y que dejarías a Rose por ella.
—No puedo hacer eso. Rose y yo...
— ¡Oh, vamos! —Teresa dejó de abrazarme y parecía molesta—. No hay un "Katherine y Rose" y lo sabes muy bien. La chica solo es un pequeño clavo intentando sacar a la estaca que es Devora.
— ¡No es así! —caminé rápidamente al espejo y limpié los rastros de que había llorado—. Si me gusta Rose.
— ¡Pero amas a Devora! —Teresa caminó hacia mí y me afirmó de los hombros para luego sacudirme—. Vas a empeorar todo si sigues con Rose. A Devora no le gusta la competencia.
— ¿Y qué? No tengo que hacer lo que a ella le guste—Teresa negó con la cabeza decepcionada y luego me soltó—. Las cosas son así, Teresa. Estoy sufriendo lo que merezco y no importa que quiera a Devora...
—Amas a Devora.
—...porque ella solo quiere su venganza. Incluso esto es la parte más sádica de toda su venganza—miré los anillos en la caja y la cerré violentamente antes de lanzarla dentro de mi bolso—. Yo seguiré con Rose.
—Es sobre eso ¿No? —miré con duda a Teresa y ella soltó una risa—. ¿Quieres ponerla celosa? ¿No te bastó con la paliza que le dio a Rose en el bar?
—No quiero eso. Es sobre mí con deseos de avanzar—acomodé el bolso en mi hombro y le di una última mirada sabiendo que estaba juzgándome—. Y no le dio una paliza, fue un empate.
Diciendo eso salí del baño y me preparé para caminar a la salida. El día había acabado, pero al parecer la venganza no descansaba.
Mi auto estaba cubierto en varias capas de un papel transparente. Lo rasguñé y maldije mientras buscaba algo con filo en mi bolso. En ese proceso, oí la risa de Devora y otras más. Levanté mi mirada para ver su moto y la de "Auriele", la chica francesa que estaba todo el tiempo con Devora y las demás. Evidentemente estaba confabulada.
—Les dije a esos vagos que no le hicieran nada a tu auto, pero lucían tan dedicados que no pude detenerlos.
La francesa rio ante el comentario y ágilmente subió a su moto. Devora se quedó mirándome con una burlesca sonrisa en su rostro y retándome a que dijera o hiciera algo. Oh, chica. Me quedaría corta.
No iba a darle lo que quería. Ese juego podía jugarse de a dos así que saqué uno de los anillos y toqué la punta donde el pequeño diamante brillaba. Vi de reojo cuando dejó su posición de seguridad y me miró entre asustada y sorprendida.
De seguro creía que yo no podría hacer eso.