Devora
No era rabia, pero apretaba mi garganta como si lo fuera y no quería soltarme.
Katherine acababa de ponerse ambos anillos, usó las puntas con los malditos diamantes para rasgar el plástico y luego solo los arrojó en su bolso como si no fuera nada importante. Como si no le hubiera entregado todo en esos simples anillos.
Cuando Aurelie tocó mi hombro me di cuenta de que estaba tensa y si, retiro lo dicho, era rabia y más cuando vi a Katherine mirando orgullosa lo que había hecho. Claro que podía responder a mis ataques, pero había límites. Para empezar ese auto era de su madre y ella estaba viva, los anillos que le di eran tradición de mi madre muerta.
Respiré hondo varias veces hasta que Maria y Oksana llegaron a mi lado. Esta última se afirmó de mis hombros juguetonamente como había acostumbrado a pesar de que le dijera que no me gustaba.
—Hola, cariño—dijo—. ¿Nos vamos?
—Bésame—le susurré muy despacio, esperando no hacer obvio lo falso que eso sería—. Ahora.
Oksana sonrió encogiéndose de hombros, pasó sus manos por mi cuello antes de acercar sus labios y darme el beso más ardiente que me habían dado. Incluso olvidé que la besaba para conseguir la rabia de Katherine.
Oí a Maria y Aurelie riendo, pero solo de eso fui consciente. Ni siquiera podía abrir los ojos, estaba demasiado hipnotizada por la manera en que Oksana movía su lengua contra la mía. La chica era un ángel, uno muy malo.
Cuando finalmente me soltó quedé un poco en las nubes mirándola. Ella sonrió y arrugó su nariz.
—Cariño, vuelve al personaje.
El comentario de Maria me trajo a tierra y me volteé a ver a Katherine que presionaba sus llaves y terminaba de sacar el papel fingiendo que no me había visto. Sabía que lo había hecho si se estaba desquitando con el papel al que hizo una bola antes de subir y acelerar lejos.
—Bueno, bueno. Esto me parece más que una simple venganza, Dev—Auriele me entregó el resto de papel y lo lancé a un basurero—. Esa chica en serio te importa ¿Por qué te estás vengando exactamente?
—No es una venganza, es más un anzuelo—solté una risa y me volteé a ver a mis vecinas/amigas/cómplices—. ¿Nos vamos?
—Sí, pero quiero que me dejes conducir tu Harley—levanté la ceja hacia Auriele y ella me entregó sus llaves—. Tú conduce la mía.
—Si conduces mi moto te va a gustar demasiado y luego querrás intercambiarlas y no tengo motivo para cambiar mi hermosa moto por...la tuya. Es realmente fea.
Mentí. Yo amaba mi moto, sí, pero la Aprilia Stingray de Aurelie era fantástica, manejarla debía sentirse como estar en el futuro. Por otro lado, Auriele definitivamente valoraba el pasado de mi Harley Davidson haciéndola parecer lo único bueno que se creó en Estados Unidos y honestamente, lo era. Así que un cambio no sonaba tan loco como yo quería hacerle creer.
De todas formas, se rindió y subió a su moto con Maria atrás. Yo subí a la mía y Oksana seguía mirándome coquetamente y esperando ser invitada como la princesa que creía ser.
—Así que ¿Crees que puedes usarme para sacarle celos a esa niñita? —solté una risa y apagué el motor para escucharla mejor—. Yo no soy un postre. Soy el plato principal, cariño.
—Cariño, sabes muy bien qué clase de plato principal me gusta comer—le indiqué su propia entrepierna con mis ojos—. He pasado por alto tu coqueteo porque yo también me considero un plato principal, no un experimento.
En los pocos días que llevaba saliendo con esas chicas había descubierto mucho de cada una. Aurelie era muy ruda, podíamos hablar de motores y sentido común luego de que me pidiera acompañarla a las carreras clandestinas en el viejo puente de la ciudad. Maria era dulce y encantadora, cocinaba como la diosa que era y se llevaba increíble con Rita debido a los adjetivos en común.
Luego estaba Oksana, probablemente mi versión rusa, pero las tres tenían algo en común: manifestaban un profundo amor por los hombres y especialmente por sus miembros. A pesar de que Oksana estaba constantemente haciéndome cuestionar mi radar, no creía ni por un segundo que estaba interesada de esa forma en mí.
—Bueno, Devora. Tanto hablar de platos me dio hambre. Llévame de aquí—asentí y esperé que subiera, pero una vez que lo hizo se movió demasiado rápido. No se aferró de mi cintura, ella se fue de inmediato a mis pechos—. Nunca me habían besado así, ningún chico.
Solté una risa y encendí el motor.
—En teoría, ese beso fue tuyo y tendrás que conformarte con eso, cariño—bajé sus manos a mi cintura y la vi de reojo haciendo un puchero—. Es por tu bien. No soy el juego de nadie, ni siquiera de hermosas rubias de ojos cielo.
Mi conciencia casi gritó que, en efecto, si lo era, pero solo de una.
Conduje a los departamentos y una vez ahí Oksana siguió a sus amigas, no sin antes despedirse con un apretado beso en la boca. Volví a advertirle que las cosas no irían en esa dirección, pero fingió que no escuchaba y me dejó sonriendo todo el camino a la casa de Allison.
Debía admitir que tenía muchísimo miedo. No había hablado con ella desde que me echó de su casa y menos lo había hecho con Cody. Esperaba que las cosas estuvieran en paz, pero mi ciega fe no duró ni un minuto desde que me bajé y vi el desastre en el basurero donde todas nuestras fotos estaban destrozadas.
Me molesté, obviamente, esos marcos los había comprado yo. Así que golpeé con fuerza la puerta y la mamá de Allison abrió.
Otra cosa que debía admitir: jamás me había llevado bien con esa bruja cabeza de zanahoria en descomposición. Aun así, debía evitarme el conflicto de siempre.
— ¡Exsuegra! —grité emocionada y estirando los brazos solo para ver a la mujer poniendo sus ojos en blanco de la misma manera en que Allison lo hacía—. No se emocione tanto, puede darle un infarto.
Intenté pasar, pero la mujer se interpuso cada vez. Decir que la odiaba no empezaba a cubrirlo.
—No te dejaré pasar, ya no eres bienvenida aquí, Devora. Allison no te quiere ver.
—Que venga a decírmelo ella—la mujer se permitió lucir un poco más exasperada que otras veces, quizás ya estaba lista para lanzarme un hechizo—. ¡Llámela ahora!
Estaba casi gritando cuando Allison se asomó en su mejor pijama. Miré la hora porque eran casi las tres de la tarde y ella era la clase de chica madrugadora que estaba fabulosa incluso cuando lavaba los platos.
— ¿Qué quieres, Devora?
—Venía a verte, a Cody y a ti, pero ya sabes, este ogro al que llamas madre no me deja pasar.
—Yo no quiero verte, Devora—puse los ojos en blanco ¡Qué día me estaba ganando! —. Mañana si quieres puedes ir por Cody a la escuela.
—Así que vete—su madre, como siempre, se interpuso en donde nadie la había llamado y fue tanta la molestia que la tomé de la mano y la jalé hacia afuera—. ¡Bestia!
Cerré la puerta en su rostro y miré a Allison que seguía mirando la puerta, impactada por el favor que nos acababa de hacer.
— ¿Qué te sucede? —negó con la cabeza varias veces e intentó escapar de mí, pero la sostuve de la cintura y la miré a los ojos—. No me digas que has estado llorando por esta pobre diabla.
Le hice un puchero y soltó una risa, pero lo que parecía divertido se fue al carajo cuando se zafó de mi agarre. La miré detenidamente en su camino a la chimenea en donde sostuvo una botella del mejor whisky de Tennessee.
—¿Por quién más podría llorar? Eres la única que me hace tan bien y luego tan mal—no lo vi venir en su actitud, pero cuando levantó la botella y la lanzó hacia mí rápidamente me agaché y cubrí mi rostro. Aún era lo más preciado que tenía—. ¡Largo de mi casa!
— ¿Estás bebiendo? ¡Qué irresponsable! —al decir eso, me lanzó la copa y también la evité. Los años de experiencia me daban ventaja—. Tu puntería era mejor.
Iba a lanzarme una lámpara para comprobar que no había perdido el toque, pero sus pies fallaron y cayó sobre sus rodillas junto al sofá. Rápidamente corrí hacia ella y me arrodillé a su lado.
—Vete, Devora.
—Jamás—la abracé con fuerza y la dejé llorar unos segundos más antes de que decidiera volver a asesinarme—. Sabes que lo siento, lo sabes.
—Yo te amo—lo dijo entre sollozos y aun intentando separarse de mí. No debía ser más obvia respecto a lo mucho que odiaba sentirse así y hubiese deseado quitarle todo ese dolor porque no se lo merecía—. Te amo tanto.
Los golpes en la puerta se detuvieron y asumí que la madre bruja se había largado a hacer la vida imposible a otro cuento de hadas. Lo que fuera extendió mi tiempo así que sostuve el rostro de Allison entre mis manos y la besé en la frente.
—Ven cariño, vamos a la cama.
Luego de una larga charla, Allison finalmente se durmió y la miré mientras lo hacía. Pensé que todo sería más fácil si se pudiera elegir a quien amar porque elegiría a Allison otra vez, a la que en verdad me amaba a pesar de todo lo que había pasado. La elegiría si supiera que yo era lo mejor para ella, pero ya no lo era y no podría serlo.
No con mi corazón en manos de otra persona.
Me levanté de la cama y caminé hacia la cocina. Llorar me daba mucha hambre así que tuve que iniciar una búsqueda exhaustiva para conformarme con unos cereales. Pensaba que ya era momento de irme, pero me encontré con Cody de golpe y casi me ahogué con los cereales que le acababa de robar.
—Devie...yo...
Por unos segundos olvidé que ese pequeño diablillo había arruinado mi relación con Katherine. Robarle los cereales no era tan grave después de lo que él me había hecho.
—Voy a comprar más cereales. Me comí todos los que te quedaban—sacudí mis manos en la parte trasera de mi pantalón intentando llenar el silencio de alguna manera. Él solo me miraba y yo me sentía estúpida por siempre estar intimidada por ese mocoso—. Entonces...ya me iba.
—Lo siento ¿Sí? —no dejé que la sorpresa me dominara, de inmediato saqué mi celular y desesperadamente intenté desbloquearlo. Malditos patrones—. ¿Qué haces?
—Espera, espera. Debo grabar esto—celebré cuando encontré la grabadora de voz y presioné el botoncito rojo antes de poner el celular cerca de su boca—. Continúa.
Él se permitió poner los ojos en blanco igual que su madre y abuela. ¡Demonios! Sería millonaria si me pagaran por recibir tantos ojos en blanco.
—Lamento haber enviado ese mensaje. Creí que estarías mejor con nosotros, pero ahora solo me doy cuenta de que, si tú no estás, Allison llora y si estás, tú lloras. No podemos estar juntos y yo...debo aceptarlo.
Casi me ahogué en mi propia saliva ¿Cody sabía decir "lo siento"? ¡Era más maduro que yo!
—Tú...
—Solo no me odies, Devie.
Apagué la grabadora y me arrodillé frente a él. Sentí mi corazón subir y bajar como en una jodida montaña rusa. Ese pequeño mocoso era mi dueño, simplemente nadie me doblegaba como él y los días que estuve sin hablarle habían sido peores que todos los meses sin Katherine.
Él era mi todo.
—Nunca voy a odiarte, Cody—lo abracé y de inmediato me respondió—. Te amo más que a nadie en el mundo.
—Y yo te amo a ti, mamá.
Intenté controlar mi llanto, pero fue tan inútil. Solo me senté en el suelo y él envolvió sus delgadas piernas alrededor de mi cintura.
Cody siempre les decía a todos que éramos sus mamás. Estaba muy orgulloso de eso, pero jamás nos llamaba así personalmente, él entendía muy bien que su madre estaba muerta y nosotras solo éramos sustitutas.
Tal vez por eso era tan rebelde, pero teniéndolo ahí entre mis brazos el sentimiento fue igual al que tuve cuando lo sostuve la primera vez. Tenía solo unos minutos de vida y yo era demasiado joven como para saber qué diablos hacer con un bebé, pero él llegó a salvarme. Nunca fue al revés.
Lo cargué en mis brazos hasta su cuarto en donde me mostró cada uno de sus cuadernos mientras me hablaba de la escuela, de sus amigos y como todo era tan emocionante. El pobre inocente adoraba la escuela y todo lo que eso conlleva, pero me hizo sentir melancólica porque ya nada sería como antes.
Ya no tendría que disfrazarme de Darth Vader y recibir los golpes de su espada láser. Ya no jugaríamos a la escondida en casa y ya no pintaríamos la cara de Allison mientras dormía. Él tendría otros amigos y, a medida que creciera, solo seríamos sus madres, no sus mejores amigas.
Lo dejé en su cuarto y caminé de regreso al de Allison. Cerré la puerta despacio y cubrí mi boca para no dejar que ningún llanto se escapara. Dolía mucho verlo crecer y aceptar que las cosas habían cambiado. Creer que nunca lo iba a hacer y que siempre estaríamos para protegerlo era de soñadoras, en especial ahora que ya había salido al mundo y le encantaba.
—No he estado llorando solo por ti ¿Entiendes? —Allison que ya estaba duchada y peinada, fingiendo demencia a lo que había pasado hace unas horas—. He pasado ocho años cuidándolo, pero ¿Qué haré ahora? Estaremos juntos en la escuela, pero luego empezará a hacer planes con sus amigos, se va a alejar y en un abrir y cerrar de ojos será adolescente. No me dejará entrar.
Negué con la cabeza y caminé hacia ella.
—Tiene apenas ocho, no tengas miedo. Te quedan muchos años para mimarlo, pero si a lo que realmente le temes es a estar sola, debes salir.
Allison se hizo de rogar mucho tiempo, incluso mientras conducíamos a casa de Damian para dejarles a Cody el fin de semana. Yo le conseguiría una cita a esa chica, de hecho, ya tenía elegida a la suertuda.
—Devora, no puedo—la hice callar mientras golpeaba la puerta de mi padre y se encendía la luz de la entrada—. No he salido con nadie hace demasiado tiempo. No sabría qué demonios decir.
—“Hola nena, tengo un diplomado en ciencias y también soy una diosa usando mi…”—Magdalena abrió y se me quedó viendo un poco extrañada. Le sonreí ampliamente y apunté a Allison que estaba cubriendo su rostro por la vergüenza—. Buenas noches, madrastra amorosa. Esta es Allison Harris, la otra madre de Cody.
Magdalena y Allison estrecharon sus manos antes de que el grito de Avril nos hiciera saltar.
— ¡Devie! —sonreí y me incliné para levantarla en mis brazos, pero su atención y sorpresa iba para Allison—. Hola, maestra Harris.
—Aw. Me haces recordar los juegos de roles.
Avril me miró confundida y, antes de preguntar, Allison volvió a atraer su atención para no tener que explicar nada de adultos.
—Hola, Avril. ¿Cómo estás?
—Muy bien, aunque aún no hago la tarea. ¿Vino Cody? —le apuntamos el auto en donde su abuela loca lo abrazaba y tapaba de besos—. Oh, iré por él.
Avril corrió hasta el auto y la miré mientras se presentaba con la mujer de la cabeza de comida de conejo. La anciana obviamente la miraba impactada, de seguro por el parecido conmigo. Debía asumir que era igual de diabólica.
— ¿A qué debemos el honor? —papá se acercó a la puerta y Magdalena comenzó a ordenar rápidamente el desastre de Avril—. ¿Esta es Allison?
Compartieron un saludo formal y me cuestioné el hecho de que aún no los hubiera presentado, pero ahí estábamos.
—No la distraigan, por favor. Vamos en dirección a la villa del sexo. No entre nosotras—papá puso los ojos en blanco y apuntó a mis espaldas en donde Avril y Cody jugaban y la madre de Allison me miraba furiosa—. Lamento decírselo, señora Harris. Su hija ya no es virgen.
Dejamos a todo ese grupo de adultos mayores y manejamos hacia el bar. A veces la adelantaba en mi moto solo para ver sus nervios y como apretaba el volante haciéndome reír.
—Muy bien, cariño. Nadie muere en una cita, aunque una vez una chica sufrió un infarto en la silla del frente y no supe qué hacer. Después de eso tomé clases de reanimación—Allison me abrió los ojos sorprendida y le di un leve empujón para calmarla—. No estés nerviosa, Kelly es increíble. Y, por cierto, la chica no murió.
Kelly estaba dejando su turno cuando me puse frente a ella haciéndola gritar.
— ¡Demonios, Devora! ¡No puedes vivir asustando a la gente así!
— Lo siento, pero no deja de ser divertido—la hice reír y rápidamente pasé mi brazo por sus hombros—. ¿Recuerdas a esa vikinga de cabello rojo que pasó por mí la otra noche?
—No recuerdo a ninguna vikinga, pero si a una chica increíblemente guapa y que...—antes de que terminara, miró a Allison afirmándose en la barra—. Y ahí está.
—Sí, es real. Les organicé una cita y empieza en.…cinco minutos si terminas ese burrito. Puedo ayudarte.
— ¿Qué? No puedo, yo...—ella comenzó a arreglar con desesperación su cabello y ágilmente le quité el burrito—. Es muy...
—Te ves radiante, pequeño rayo de sol. Solo recuerda: ella es vegetariana y es activista en PETA. Que ni siquiera se te ocurra patear a un perro, aunque este sacándote la pierna. No le hables de Barack Obama, lo odia por algún estúpido motivo que no es r*****o. Ella es muy Hillary Clinton así que asumo que odiará a cualquiera que esté al poder si no es una mujer. Adora leer porquerías románticas, pasa metida en sus libros. Sus favoritos son los de Nicholas Sparks, perdí la cuenta de las veces que la encontré llorando abrazada a una manta. Le gusta la primavera y los temas de jardín más que cualquier cosa. Su flor favorita es el tulipán, pero que no sea blanco, le recuerdan al funeral de su primera mascota. Su música favorita es todo lo que sea indie o folk. Odia el rock y el metal y muchas veces la odié por eso, pero si quieres gustarle, solo dile que sí a no ser que ella quiera recibir un no. Irás aprendiendo en la marcha.
—Es mucho para asimilar, Devora. Yo...—la miré a los ojos y ella suspiró—. Muy bien, estoy lista. Iré por mi bolso.
La miré mientras se dirigía a la bodega y yo caminé orgullosamente con mi medio burrito, pero las sonrisas se acabaron cuando vi a Allison revisando mi celular. Rápidamente lo saqué de sus manos y le di una mirada reprobatoria.
—Eso es violación a mi privacidad ¿Qué esperábamos de Cody si tiene tu mal ejemplo?
— ¿Qué le estás haciendo a Katherine? —la hice callar o al menos eso intenté—. No puedes hacerle daño porque sí. Ya madura.
— ¿Es en serio? ¿Ahora la defiendes?
— ¿Qué consigues con lastimar a la gente, Devora? ¿Así olvidas el daño que te han hecho?
Guardé silencio y vi cuando Kelly llegaba ignorante de la discusión que estaba creciendo. Allison se quedó mirándome en silencio, pero furiosa y yo solo quedé en blanco. No podía creer que después de todo siguiera cuestionándome.
De seguro ni le interesaba Katherine, sino que le molestaba el recuerdo de lo que había hecho con ella.
—Buena suerte, chicas—evité el tema porque si alguien le daba al clavo era Allison y no solo le daba, ella lo enterraba con fuerza—. Yo me voy.
—No dejaré que le hagas lo mismo que me hiciste a mí.
Diciendo eso, Allison subió al auto y le indicó a Kelly que subiera a su lado.
Por mi parte, jamás había manejado tan molesta. Se me juntó todo el día en esos segundos y las palabras de Allison fueron las gotas que rebalsaron el vaso de la poca cordura que me quedaba. Y demonios, solo podía pensar que hace más de nueve meses no tenía sexo y eso era de las pocas cosas que me mantenían cuerda y con un propósito.
Una vez en el departamento me topé a Rita en el camino al ascensor. Me regañaba por haber molestado a Katherine, pero no la escuché, solo subí esperando controlarme por alguna vez. Fue justo cuando las puertas se abrieron y me encontré con las chicas que iban bajando.
Intenté saludarlas con naturalidad, pero preferí darles un asentimiento y pasar de largo. Como ya era normal, Oksana estaba dándome su muy evidente coqueteo y me detuve antes de que las puertas del ascensor se cerraran. Me volteé a mirarla e incliné la cabeza con dirección a mi departamento y ella, naturalmente, me siguió.
Esa noche no me importaría ser un experimento.