Capítulo 5

2542 Words
Me despierto al haber soñado con esos ojos rojos, estoy cansada. Ayer en la noche no dormí muy bien, el insomnio decidió apoderarse de mi sueño. Miro la hora en el reloj de pared son las ya 6 de la mañana, me levanto al saber que no voy a conciliar el sueño, no lo hice durante la noche, ahora no creo que venga a mí. Entro al baño y abro el grifo del lavamanos, pongo las manos llenandose de agua para echarla en mi rostro, el agua está fría y me ayuda a despertarme mejor, pero no a disimular las ojeras. Me doy una ducha y me visto con un vestido floreado y unas sandalias planas. Peino mi cabello en una trenza y tapo mis ojeras con un corrector que encontré en el tocador. Tomo mi celular y bajo las escaleras, mi mamá como todos los días se encuentra tomando su café matutino y leyendo el periódico. -voy a salir a caminar un rato, no me demoro -le digo y ella asiente. Abro la puerta y camino por las calles del pueblo Dumber, todo se encuentra en silencio, algunas personas están con bolsas de comida, otras están haciendo aseo. Camino sin ningún lugar fijo hasta que llego a la carretera y justo al frente está el bosque. Lo miro reparando la entrada. En la noche vendré y está vez espero poder encontrarle. > No lo sé, ni siquiera sé porque me estoy plantando la posibilidad de venir hoy en la noche. Me devuelvo a casa sintiendo mi estómago rugir. Cuando llego paso la puerta y me sirvo el desayuno, como mirando mi plato. Cuando termino voy al baño y lavo mis dientes, me siento en el escritorio a hacer tareas. Me siento en el escritorio y apoyo el lapicero para empezar a escribir. El olor a húmedo y el frío suelo, es lo primero que puedo sentir, tengo miedo y a la vez necesito entrar en calor porque siento que me congelo, puedo sentir la muerte en mi cuerpo y en mi mente... El ardor y luego, el líquido frío y espeso fluyendo por mi mejilla, hace que siente un dolor inmenso... Tan inmenso, cómo mis ganas de querer todo esto acabe, que la herida latente en mi rostro y el ardor en él, termine. Que la pesadez en mis ojos me abrume por completo y el frío de la noche, me acompañe junto a mi muerte. -¡DEJA DE JUGAR CON MI CABEZA! -grito asustada, sintiendo como todo el sudor desciende por mi frente. Mi mamá entra rápidamente y yo respiro intranquila, trato de controlar mi respiración pero no me deja, por lo que luzco muy inquieta. -¡Cielo! ¡¿Qué te ocurre?! -mi madre me sujeta el rostro y logro apaciguar un poco mi pulso nervioso, al ver sus ojos. -n-no sé -las lágrimas se descienden por mi rostro. Ella besa mi cabeza y me estrecha en sus brazos. Por slguna extraña razón no logro calmarme, el recuerdo llega una y otra vez a mi mente, reproduciéndose una y otra vez. Tengo miedo de no poder tener una vida normal y tranquila, luego de lo que me pasó. -tranquila Cony -mi mamá se separa y lo único que mis ojos ven, es la penumbra negra que nublaba mis ojos. Los cierro inmediantamente, sintiendo mi corazón latir fuertemente y los nervios a flor de punta. -Cielo -las manos de mi madre posadas en mis hombros, hace que me salga del trance de pensamientos. Los abro y veo que todo está en mi mente, que solo fue un recuerdo de esa horrible y fea noche. Respiro profundo, inhalo y exhalo, una y otra vez, hasta lograr calmarme. Mi mamá asiente y me abraza, logro sentirme en paz y calma, a pesar de que todavía no se van esos tortuosos recuerdos. Nos separamos y mi mamá me mira esperando una respuesta de mi comportamiento. -no quiero hablar de eso -quito mis manos de las suyas, mirando la pared blanca frente a mis ojos. -hija, no puedes seguir reprimiendo todo. Si necesitas ayuda con un profesional, solo dímelo y te apartaré una cita -dice con preocupación. Trago saliva negando. -no quiero ir con un psicólogo ma, por si no es evidente, yo estudio psicología y creo que puedo manejar muy bien mi mente para que esto no vuelva a pasarme -la miro dejándole clara las cosas. Ella bufa resignada y se endereza. -está bien Cony, pero espero que no se te olvide que todos necesitamos ayuda. Por lo menos una vez en la vida -me observa con paciencia-. Así que no te sientas mal por eso. Sale de la habitación y yo llevo mis manos a mis ojos, cubriéndolos. -maldito -digo con odio -no voy a descansar hasta encontrarte y descubrir todos tus secretos, te odio. -tiro todo con rabia, mirando el dibujo de los ojos rojos, haciéndome mofa en la esquina del escritorio. °°°°°°°°°°°°°°°••••••••••••°°°°°°°°°°°°°°° La hora del almuerzo llega, bajo cuando escucho a mi madre gritando que baje desde la planta baja. Voy a por mi almuerzo y me siento al lado de ella, ignorando un poco su presencia. -¿Cómo van esas calificaciones? -pregunta, queriendo iniciar un tema de conversación. -todo bien -respondo sin más probando mi comida. -¿Cuándo entras en exámenes? -pasa los canales, hasta dejarlo en las noticias. -justo la semana que viene. -bueno tienes que estudiar. Asiento, siempre me recuerda lo mismo. Termino y lavo el plato. Lo que queda de medio día me la paso viendo un programa de novias con mamá, cuando llega mi padre lo recibo con un beso en la mejilla. -¿Cómo te fue? -pregunto abrazándolo. -bien, bien. Me despego y lo dejo para que coma, subo las escaleras y le mando un mensaje a Violeta preguntando cómo estuvo todo y diciéndole que me cuente todos los detalles de ayer. Ella me cuenta todo, al final las miradas que le dedicaba la madre del novio se terminaron, cosa que dejó a mi amiga tranquila. Su novio la acompañó a su casa y se despidieron con un beso, mi reacción fue de alegría cuando me contó todo esto, en parte me alegraba que ella si podía vivir su romance universitario. Su relación es más que perfecta, a ambos los tengo como el tipo de relación ideal. No pelean casi, y si lo hacen no llega a ser para tanto, tienen una buena comunicación y se aman, ¿Qué más se le puede pedir a eso? Recuerdo mi primer beso en la secundaria, todo un asco porque fue forzado, en esos típicos juegos de la botellita que te tocaba besarte con alguien. Me recuerdo haber apretado los labios no queriendo, por lo que se puede decir que fue un casi beso. Ahora me doy cuenta que no he dado exactamente ese primer beso, lo cual no me angustia ni preocupa, "las cosas suceden en su debido momento", cómo decía mi abuela. Salgo de mis pensamientos al escuchar música en la calle, miro por la ventanilla de mi habitación, al frente están arreglando todo para una fiesta, ahí es cuando veo mis planes arruinados para esta noche. No, no se pueden arruinar, sea como sea tengo que intentar encontrarle el rostro a los ojos rojos de mis pesadillas. Salgo del cuarto y bajo de nuevo a pasar la tarde con mis padres, viendo películas. Al cada rato miro el reloj y me sorprendo por las ansias que tengo de que sea la noche ya, las manecillas de este se mueven con lentitud. Pasan 4 horas y mis padres ya tienen sueño, les miento diciendo que yo también tengo y ellos suben a las escaleras a dormir. Me levanto y apago los focos, subo las escaleras y también dejo mi habitación a oscuras, al notar que ya mis padres tienen la luz de su recamara apagada. Cierro la puerta y busco una linterna con la linterna del celular, no me voy arriesgar a que se pierda el celular, así que no lo llevo. Solo tomo la linterna. La música sigue sonando y cuando abro la ventana veo que hay personas bailando y tomando, salgo y me apoyo en la rama del árbol, camino encorvándome para que no me noten los vecinos. Me aferro al tronco del árbol y bajo lentamente, mi respiración se vuelve normal cuando las plantas de mis pies tocan el suelo. Empiezo a caminar y cruzo varias cuadras hasta llegar a la carretera, la cruzo y prendo mi linterna adentrándome en el bosque. Creo que ya esta será la última vez que venga, si no lo encuentro hoy, me voy a resignar y dejaré pasar esta situación. A medida que voy avanzando, noto un gran frío, me arrepiento de haber traído un vestido y las sandalias no me ayudan, ya que se llenan de tierra. Apunto la linterna en varias direcciones, el sonido de los bichos es lo único que escucho. No sé cuánto tiempo he pasado caminando y no encuentro ni una pista que me indique que está aquí. Suspiro y rindiendome me volteo caminando hacia la salida del bosque. -tan rápido te rindes -una voz me paraliza en mi lugar, una voz que no conozco pero me hace voltear nuevamente al otro lado. No lo veo, miro hacia todos lados y cuando me volteo en dirección contraria, mi cuerpo se tensa y mi vellos se erizan, producto de su imponente presencia. Y ahí está él, el acechador del bosque, el asesino, el de los ojos rojos. Su rostro está cubierto todo de n***o y lo único que noto son sus ojos rojos, al igual que los de sus labios. Su ropa también es negra y lleva guantes. Puedo notar que su piel es blanca al ver un poco al lado de sus ojos. -se te comió la lengua, juguete -dice acercándose con una sonrisa aterradora en sus labios, reacciono dando un paso atrás. Abro la boca para hablar pero no sale nada. Sigo retrocediendo hasta que mi espalda toca el tronco de un árbol. Mierda. -te estoy hablando, contesta. -este...¿Quién eres? -exclamo cuando logró recuperar mi habla. ¡¿Qué rayos?! Es obvio que es un asesino. -creo que ya lo sabes... Pero te lo voy a recordar -toca mi mejilla y me quedo mirando sus ojos, al no haber visto ningunos iguales a esos, ¿Serán falsos? -soy el acechador del bosque. Efectivamente es él, de hecho ya lo sabía cuando ví sus ojos. Su mano desciende en una caricia por la piel de mi mejilla, sus fuertes dedos se presionan bastante a mi piel, por lo que creo que me va a quedar las marcas de ellos. Pero, a la vez termina en una caricia, estremeciendome por completo. ¿Estoy loca? ¿Por qué me gusta su toque y por qué no me aparto? Baja por mi cuello y cuando quiere descender más abajo de mi clavícula, me aparto. -¿Por qué me dejaste viva? -inquiero. No es que no quiera vivir, pero esa pregunta ha estado rondando por mi cabeza todo este tiempo, si mata a todo el mundo, ¿Por qué a mí me dejó viva? -no lo sé... Tal vez te deje aquí viviendo un poco más tu miserable vida. Claramente luego de divertirme y jugar un rato contigo -la mitad de sus dientes se muestran, en una media sonrisa. Aparto mi mirada, cuando no soporto lo macabra que es y, me niego a creer que esto me está atrayendo y gustando. -¿Eso quiere decir que me vas a matar luego? -si -menciona con voz ronca, dando un paso al frente. Siento los ojos aguados. -¿Por qué me haces esto? -mi vista se nubla por las lágrimas. Se echa reír y su risa me eriza la piel del pánico. -no soy de compartir muchas palabras con mi víctima, así que resérvatelas. -no. Aquí la que sugiere soy yo. -digo tratando de parecer fuerte -tú solo respondes. En un pestañeo, su rostro se encuentra a centimentros del mío. Posa sus manos enguantadas en mis hombros, apretándolos fuertemente, haciéndome sacar un gemido de dolor. Sonríe cuando ve mi expresión de sufrimiento. -musica para mis oídos -quita una mano y pasa su dedo índice por la mitad de mis labios. Respiro agitada cuando noto como mi cuerpo empieza a reaccionar ante lo que me está haciendo. Comienzo a sentirme nuevamente hipnotizada. Me zafo rápido para no caer de nuevo en sus hechizos. -basta. Me coloco de espaldas, evitando mirar mis adoloridos hombros. -no tienes nada que hacer aquí, Cony -me paralizo cuando menciona mi nombre. -te hice una pregunta -le recuerdo-. Y no me voy a ir de aquí, hasta que la respondas. -Placer. -¿Placer? -me volteo y respiro nerviosa, su presencia logra descontrolarme en todos los sentidos. Pero no sé si para bien o para mal. -si, placer. Ver sangre alrededor de un bello rostro o de un... Me tapo los oídos y él se ríe. Me alejo y cuando veo que para de reírse, destapo mis oídos. ¿Cómo alguien puede sentir placer al matar a alguien? No me cabe en la cabeza eso. -pero yo no soy tu víctima en estos momentos. ¡Necesito más respuestas! -le exijo furiosa. -no, pero pronto lo serás, ahora lárgate que estorbas mi próxima presa. ¿Va a matar a alguien ahora? "La pregunta ofende." -no me voy a ir, no hasta que me muestres tu rostro. -me armo de valor. Se echa a reír nuevamente. -¿Y quién te va a complacer en eso niñita? No le añadas más heridas a tu rostro y márchate... Antes de que esté bosque esté inundado de sangre y gritos. Sus palabras me provocan escalofríos y me hierven la sangre al notar su tono de burla. -vete a la puta mier... Se acerca quedando a centímetros de mi rostro. A pesar de la tela que lo cubre siento su aliento de chocar contra mi nariz. Aprieta mi cuello cortándome la respiración y el pánico de hace rato, llega a mí, sintiéndome angustiada de nuevo. -dije que te vayas, ¿Quieres que te mate también? Asiento, prefiero que lo haga conmigo a qué se lo haga a otra pobre joven. Siento que el aire se me corta poco a poco cuando creo que me quedo sin aire me suelta. Toso desenfrenadamente, siento mi cara roja, lo miro devuelta. -¡VETE! -me grita con sus ojos al rojo vivo y corro a la salida, como la cobarde que soy. Cruzo la carretera y llego al árbol, trepo en él como puedo y un medio grito se escapa de mis labios, cuando caigo de la rama, entro por la ventana y la cierro cuando paso por ella. Controlo mi respiración, sintiendo el miedo y la ansiedad mezcladas con la curiosidad, la excitación y las ganas de querer saber más.
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