No amas a nadie...

1648 Words
POV THEO Me levanto temprano y cuando salgo, ella aún está dormida. Deposito un beso en su cabeza y salgo en dirección a la oficina. Empiezo a adelantar todo lo que puedo para no recargarme de trabajo después. Escucho cuando Dan toma su lugar en el escritorio de afuera, puntual como siempre. Cuando la puerta se abre bruscamente levanto la vista molesto y dispuesto a regañarlo por su comportamiento, pero para mi sorpresa no es Dan quien entra. - Esta inversión no se aprueba – taja mi padre, dejando una carpeta en mi escritorio – Busca nuevos inversores, no voy a autorizar esto – lo veo confuso. - Pero el Sr. Brown es ideal para este proyecto y sus ideas sobre la construcción son muy acertadas. - ¿No escuchaste lo que acabo de decir? – pregunta molesto - Te escuché perfectamente, pero necesito una razón valida para poder rechazarlo, ¿Puedo saber por qué te niegas de esta manera? - ¿Desde cuando cuestionas mis decisiones? – pregunta - ¿Te sigues viendo con él? - Es una persona muy agradable; pero eso no tiene nada que ver con el proyecto. Lo elegí porque es la persona ideal para esto. - No, no lo es. Harry Brown jamás formará parte de esta empresa y te pido que dejes de juntarte con él. - ¿Por qué reaccionas de esta manera? Creí que eran amigos. - Éramos, tiempo pasado – su voz tiene el mismo tono con el que habló durante la fiesta. - Escucha, no tengo idea de lo que sucede o sucedió entre ustedes; pero no tiene porque afectar los negocios… solo son negocios, padre. - Dije que no y más vale que te mantengas alejado de él ¿has entendido? - Ya estoy grandecito como para decidir con quien hago amistad. - ¿Amistad? - Sì, es mi amigo – la ira parece crecer dentro de sus ojos. - Entiéndeme bien Theo Ferith; no te volverás a ver con ese hombre, nunca – y tras decir eso, se marcha de mi oficina molesto por algo que no tengo ni idea. Vuelvo a sentarme en mi lugar, cansado de todo esto. Ahora tengo que empezar de nuevo con toda la búsqueda y yo que quería adelantar algo de trabajo. La mañana se me alarga más de lo pensado y cuando el reloj marca las doce del mediodía, me levanto y salgo de la oficina. - Tienes la tarde libre – le informo a Dan quien me regresa una mirada sorprendida. - ¿Estoy soñando con esto de nuevo? – se pregunta y luego se pellizca – Oh, no es un sueño. - No seas payaso – digo acomodando mi saco – Sal… necesitas una vida – digo para luego dirigirme al ascensor. Le envío un mensaje a Sicilia con la dirección del restaurante en donde almorzaremos antes de la practica de nuestro primer vals como pareja casada. La tarde está fresca mientras el sol se filtra por las ventanas del restaurante. - ¿Desea ordenar? – la mesera se acerca - Estoy esperando a alguien – digo y ella asiente, para luego retirarse. Al ver que casi es la una de la tarde, llamo a Sicilia para saber si llegará pronto; pero no responde mi llamada. La práctica de baile es dentro de una hora y si no aparece ahora, llegaremos tarde. Pero algo no me cuadra; me levanto y dejo una propina en la mesa, aunque no haya ordenado nada. Pido mi auto y los minutos se me hacen eternos hasta que me pongo tras el volante, acelero a fondo por la carretera hasta llegar a mi edificio. Tomo el ascensor y al entrar a la estancia de mi hogar, únicamente veo a las personas de servicio; corro hacia mi habitación, pero no se encuentra allí. - ¿Sicilia? – grito llamándola con cierto pánico en mi voz. Entro en su habitación sin tocar, pero está igual de vacía que la mía. Estoy a punto de cerrar la puerta cuando noto algo sobre su cama; me acerco y la sangre se me hiela al ver las fotos… se las han enviado – No, no, no… - las tomo con las manos temblorosas, parece que les han escrito algo encima. “Tu no amas a nadie” es su letra, es la letra de Sicilia; ¡carajo! Tomo mi teléfono y marco su número desesperadamente, pero nada… no responde. Corro hacia su closet, pero todo está en su lugar; todo lo que yo le compré, ella es orgullosa; no se llevaría nada. Bajo corriendo las escaleras - ¡Meyers! – grito buscando a mi mayordomo. - ¿Señor? - ¿Dónde está Sicilia? – pregunto - La señorita salió a media mañana. - ¿Llevaba maletas? ¿Se veía mal? - Únicamente llevaba un bolso, pero no tan grande para considerarse una maleta. - Carajo – tomo mi teléfono nuevamente mientras le hago señas a mi mayordomo para que se retire. - ¿Theo? – responde mi llamada - Cole, necesito tu ayuda. - ¿Qué sucede? – creo que ha notado mi tono desesperado - Es Sicilia… ha desaparecido, no la encuentro; por favor, ayúdame. - Cálmate amigo. ¿Estas seguro? ¿Hace cuanto no la ves? - Estoy seguro, tienes que enviar a tus hombres al aeropuerto, la estación de buses… a donde sea. Solo… tráela de vuelta. - Me pondré en movimiento, ¿tienes alguna idea de dónde puede estar? ¿Con un familiar o algo? - Yo me ocupo de su familia, tu busca en otro lado. Sea como sea, no dejes que se marche ¿entiendes? - Sì, tranquilo hermano – cuelgo la llamada. Respiro profundamente tratando de tranquilizarme y luego regreso al ascensor, necesito visitar a mi suegra; seguramente ellas están juntas. Después de un par de minutos ya estoy en la carretera, esta vez con una motocicleta; no quiero lidiar con el tráfico en esta situación. Conduzco temerariamente hasta llegar al departamento situado al otro lado de la ciudad; entro al edificio como alma que lleva el diablo hasta estar frente a la puerta. Digito el código de acceso y agradezco haberla ayudado a encontrar este lugar. Para mi alivio, la puerta se abre con un clic. - ¿Señora Giannoli? – la llamo, pero el lugar está silencioso… demasiado. Recorro los pasillos, abriendo las puertas de manera violenta hasta asegurarme – No hay nadie…- susurro, tiro mi casco rompiendo una pequeña mesa de cristal en el proceso. Me dejo caer en el sillón más cercano debido a que mis rodillas tiemblan; respiro profundamente, necesito calmarme, no voy a ganar nada alterándome de esta manera. Tengo que buscarla, tengo que explicarle… ¿Qué le voy a explicar? ¿Qué es verdad?. Ella no va a aceptar ninguna de las patéticas excusas que tengo para darle, pero no quiero dejarla ir. ¿Estoy siendo egoísta? ¿Posesivo… obsesivo? Claro que sí, pero no me importa. Me levanto, recogiendo mi casco para salir de nuevo a la carretera; voy a barrer las calles yo mismo si es necesario, pero no voy a darme por vencido, al menos no antes de que me escuche y si quiere dejarme, podré verla a los ojos cuando me lo diga. Recorro la ciudad como un loco, buscando cualquier indicio, revisando cada silueta parecida a la de ella; pero cuando el sol se ha ocultado horas atrás, me doy por vencido. Regreso a casa con la desesperación amenazando con hacerme vomitar. - ¡Theo! – Artemis y los chicos se abalanzan sobre mi cuando el ascensor se abre. - Luces horrible – comenta Atena al verme; busco a Cole con la mirada. - ¿Alguna noticia? – lo interrogo - Ninguna, pero mis hombres están por toda la ciudad; no te preocupes, la encontraré. - Gra… Gracias – avanzo y me siento en el suelo, en donde Lunes duerme apaciblemente; lo tomo entre mis brazos aunque protesta debido a que lo he despertado. - Theo… - La voz de Artemis es suave, como si le hablara a un niño - ¿Ya cenaste? – no respondo, acaricio al gato entre mis brazos. Al notar mi actitud, me rodea con sus brazos – La encontraremos – me asegura. - ¿Te comentó algo? – pregunto con mi vista fija en la ciudad a través de la ventana. - No – aun no rompe su abrazo - Si te contacta… ¿Me lo dirás? - Theo… - Prométemelo, no importa lo que te diga; no importa que no quiera verme. Me ayudarás a recuperarla – ella no dice nada – Promételo Artemis. - Lo prometo – suelto el aire que contenía en mis pulmones, aliviado. - Gracias, gracias a todos. - Aquí estamos – todos se sientan en el suelo a mi alrededor, intentando subirme el ánimo. Me alegra que no pregunten nada, solo que me apoyen. Nos quedamos así, los veo caer dormidos uno por uno, pero no se marchan de mi lado. Veo el amanecer a través de la misma ventana y luego los observo ponerse de pie uno tras otro. - Dame al gato – pide Atena - No – me niego a soltarlo - Tienes que desayunar – Selena intenta razonar – Necesitaras energía para buscarla. - No quiero… - ¡Levántate! – me ordena Artemis; sin esperar respuesta me arrebata al gato y luego dos de los chicos me obligan a ponerme de pie. - Enserio no quiero… - siento la bofetada de lleno en mi rostro – Golpearme no servirá de nada Artemis. - Lo haré hasta que vuelvas a tus sentidos – me mira preocupada – Arréglate, vamos a salir a buscarla. - Vamos – Ed y Archie me obligan a moverme a la mesa y tras digerir algo de comida, me escoltan a mi habitación para arreglarme y poder salir.
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