POV THEO
Cuando llego a casa, únicamente mi mayordomo está esperándome.
- La señorita está en su habitación – me informa – Lleva bastante tiempo allí, creo que está dormida.
- Gracias Meyers.
- Un gusto tenerlo de vuelta – lo veo desaparecer con mi maleta por las escaleras. Me sirvo un trago para poder calmar mi mente, pero no pude detenerme en uno. Necesité casi toda la botella. Cuando siento el efecto del alcohol en mi sangre, subo a la habitación en donde ella está plácidamente dormida en la cama. Me recuesto junto a ella, acaricio su cabello y observo su rostro. Es hermosa y yo lo he jodido todo. Me acomodo, sintiendo el calor proveniente de su cuerpo, cierro los ojos y por primera vez en meses, mi mente se calma y puedo dormir tranquilo.
- ¿Theo? – su voz interrumpe mi sueño – Theo…
- Durmamos un poco más – pido acomodándome en la almohada impregnada con su olor.
- ¿No tienes hambre? Puedo pedir la cena para la habitación – me obligo a abrir los ojos.
- Estoy bien.
- Puedo sentir el olor del Wiskhy – me reprende – Tienes que cenar.
- No tengo apetito, Sicilia – vuelvo a acomodarme; hace mucho que no dormía así de bien.
- Como quieras – siento como se levanta de la cama
- Regresa aquí – pido extendiendo mi brazo, invitándola a regresar a la cama.
- Yo si tengo hambre – es lo único que dice para después de salir de la habitación. Me siento sobre la cama, algo contrariado pero aliviado. Su comportamiento me indica que no ha recibido ninguna foto, ahora solo debo esperar a ver que es lo que esta persona busca. Me levanto y tomo una ducha, mientras me pongo ropa cómoda; repaso mentalmente la lista de personas que me odian y querrían que este matrimonio no se haga, pero necesito pruebas para poder actuar.
- ¿Le sirvo la cena? – pregunta Meyers cuando tomo mi lugar en la mesa
- No – me sirvo otro trago.
- Trae la cena del señor, por favor – Sicilia se pone de pie y me arrebata el vaso – No más alcohol hasta que cenes – me reprende.
- No tengo apetito.
- ¿Pero si quiere beber? – no respondo, me limito a observarla.
- ¿Cómo van los preparativos? – pregunto
- Todo listo.
- ¿Segura? Podría…
- Dije que todo está listo – su tono es glacial.
- ¿Estas molesta por lo de hace un par de semanas?
- No, ¿Por qué lo estaría?
- ¿Entonces es porque te deje sola durante los planes de la boda?
- No
- ¿Qué sucede Sicilia? – ella levanta su mirada
- No pasa nada – regresa la vista a su plato. Cuando sirven el mío, me obligo a comer un poco y luego sigo a Sicilia hasta nuestra habitación. La encuentro cepillando sus dientes, me acerco a ella y la abrazo por la espalda, viendo su rostro a través del espejo.
- Te extrañé – susurro mientras hundo mi rostro en la cavidad de su cuello.
- ¿Enserio?
- Claro que sí – la abrazo con más fuerza, pero ella se aparta.
- Voy a la cama – la veo meterse entre las sábanas; cepillo mis dientes y luego la acompaño en la cama. La abrazo por la espalda nuevamente y cierro mis ojos, no quiero que esto termine; no quiero perderla. Pasamos los dos días siguientes de la misma manera, con ese muro invisible que ya es costumbre entre nosotros; aun sabiendo que la boda es en tres días, me he refugiado en la oficina.
- Ya tiene una hora de retraso – me informa Dan
- Aún tengo cosas que…
- Es mejor que vaya a la fiesta – su voz es dura, suspiro dándome por vencido y me encamino al dichoso restaurante. Cuando llego, las risas y la música suenan por todos lados.
- ¡Por fin! – Khai me saluda y luego me guía hasta la mesa en donde Sicilia, Eleonor y Suhelem bailan… literalmente sobre la mesa, todos las observan mientras las tres chicas se divierten con la música y sospecho que con alcohol.
- Me alegro que ya se entiendan bien – comento
- Solo siéntate y disfruta – me indica Khai – Pero por tu bien, mantén la vista en tu chica – así lo hago. Tomo una copa de vino y la observo mover el precioso cuerpo que tiene de manera sensual. Durante varias canciones, mueve su cadera y ríe ruidosamente con las chicas; tomo el teléfono y llamo a mi chofer.
- Prepara el auto – pido y luego cuelgo. Me pongo de pie para acercarme a ella – Sicilia, es hora de irnos – Ella me dedica una mirada de molestia.
- Acabas de venir – señala - ¿Y ya te quieres ir?
- Estas ebria Sicilia ¿no te has dado cuenta?
- Sí quieres irte hazlo, yo me quedo – se gira dándome la espalda.
- Nos vamos – la tomo en brazos para poder sacarla.
- ¡¿Qué haces?! – empieza a patalear y sacudir sus brazos - ¡Suéltame! ¡Quiero divertirme!
- Vamos a casa – insisto, logro visualizar el auto a través de la puerta de salida.
- ¡No, me quiero quedar! – sigue pataleando intentando liberarse de mi agarre, pero la sostengo más fuerte. Al llegar al auto, la obligo a ingresar al asiento trasero para luego entrar yo - ¡Eres un bruto! – se queja
- Puede ser, pero esta no es forma de actuar – señalo
- ¡Esto es una mierda! – se queja, me mira furiosa - ¿Qué diablos te pasa?
- ¿A qué te refieres?
- Hoy era nuestro primer ensayo del baile para la boda ¡me dejaste plantada!
- Carajo – resoplo, lo olvidé por completo.
- Te arrepentiste ¿verdad? – la veo fijamente – Es por eso que actúas de esta manera, tan distante, indiferente…
- No actúo de esa manera.
- ¡Claro que lo haces! ¡Incluso me llamas por mi nombre completo! – señala – Si ya no quieres la boda, solo debes decirlo.
- Quiero casarme contigo, no hay dudas sobre eso. – aclaro
- Tus actos dicen otra cosa – se acomoda para poder estar frente a mi – No tienes porque sentirte obligado a casarte.
- ¿De que diablos hablas? Nos casaremos dentro de tres días, eso no se discute.
- Entonces dime ¿Qué te sucede?
- Estoy bien.
- Claro que no, desde que regresaste actúas de manera extraña, bebes más de lo normal, casi no estas en casa y cuando estás, te la pasas acariciando a Lunes. Haces hasta lo imposible por evitarme.
- Sicilia…
- ¿Ves?
- Escucha…
- Retrasemos la boda – me quedo callado – Creo que no estamos listos para esto. Podemos retrasarla un par de meses, para estar un poco más tranquilos.
- No la retrasaremos, nos casaremos el domingo; fin de la discusión.
- Quiero retrasarla.
- Dije que no.
- Pues entonces, cásate solo dentro de tres días; no voy a ir.
- Deja de actuar como una niña.
- ¿Yo? ¡Eres tu el que actúa de esa manera! – sus ojos se cristalizan y al próximo segundo, sus lagrimas ya recorren sus mejillas – Por favor, retrasemos la boda – me acerco a ella, la levanto levemente y la coloco en mi regazo para luego abrazarla.
- No la retrasaremos, podemos hacerlo. No dudes de nosotros.
- Theo… - levanta su rostro, aprovecho para secar sus lagrimas con el dorso de mi mano – O la retrasas o no habrá boda.
- Sicilia, por favor.
- Tú decides – su mirada es firme y sé que no puedo ganar esta batalla.
- ¿Cuánto tiempo quieres retrasarla?
- Un año
- No, es demasiado.
- Seis meses.
- Tres – la miro de la misma manera – Tres meses, es lo más que estoy dispuesto a acceder.
- Está bien, tres meses serán – regresa a su asiento y enfoca su mirada en la ventana. La frustración que siento no es nada comparado con el silencio que llena nuestro entorno y nos persigue hasta casa.
- ¿A dónde vas? – pregunto cuando se separa de mi
- A mi habitación, quiero dormir allí – cierra la puerta dejándome parado como un tonto. Sé que merezco este comportamiento de su parte, pero… si no hago algo, ella se irá. Al entrar a mi habitación, el vacío que siento se hace enorme cuando me meto en la cama. Se siente… horrible. Después de pasar dos horas dando vueltas en la cama, me pongo de pie y salgo directo a la habitación de Sicilia; abro la puerta con extremo cuidado y me escabullo en la oscuridad en busca de ella - ¿Qué haces aquí? – casi choco con su mesa de noche debido al susto.
- ¿Dónde estás? – las luces se encienden, iluminando la habitación. La veo sentada en un sillón junto a la ventana – No podía dormir – confieso – Te necesito a mi lado y… no quiero dormir si estamos enojados.
- Tampoco puedo dormir – ante su declaración, me acerco de manera cautelosa y luego me siento frente a ella.
- ¿Quieres hablar ahora? En verdad no quiero retrasar nada.
- Lo prometiste, solo… son tres meses.
- ¿Para que necesitas tres meses? – pregunto - ¿No estas segura de nosotros?
- Es solo… has estado actuando de…
- Lo sé, lo siento. Pero… no lo volveré a hacer. En verdad quiero casarme contigo; no puedo vivir sin ti – confieso – Yo… te amo – la veo levantar la vista sorprendida por mi repentina declaración - ¿No lo ves? Ni siquiera puedo dormir sin ti.
- Theo… - tomo su rostro y la beso, sus labios suaves calman esta desesperación que me mata por dentro. Ella es todo lo que necesito.
- Casémonos el domingo, por favor – suplico; me estudia y a través de sus ojos veo correr todos sus pensamientos.
- Está bien – sonrío de oreja a oreja – Casémonos el domingo
- Gracias – beso su rostro en repetidas ocasiones, al fin un poco de alegría – Mañana saldré a medio día de la empresa y pasaremos toda la tarde juntos, practicaremos el baile y haremos lo que quieras – declaro feliz. La tomo en mis brazos y la recuesto sobre la cama; tomo sus labios invadiendo su boca, mis manos empiezan a recorrer sus piernas; quiero sentirla y borrar todo rastro impuro de mi cuerpo.
- Espera… - me aleja empujándome suavemente - ¿Podemos solo dormir juntos hoy?
- Claro – una leve punzada de decepción me atraviesa el pecho. Pero obedezco, me recuesto a su lado y la abrazo para luego abrigarnos a ambos – Descansa Mi amor.
- Descansa…