Citas...

2341 Words
POV THEO - ¿Y cual es tu comida favorita? – la chica frente a mi habla hasta por los codos – Porque la mía es la pasta – responde - ¿Sabes? La verdad es que me resistía mucho a la idea de una cita a ciegas arreglada por mi madre, pero creo que tu y yo hemos formado una linda conexión en esta cita – eso me sorprende porque apenas y he participado en la conversación – Y si por mi fuera, podríamos casarnos este mismo fin de semana – la veo mientras retengo una risa – Creo que nuestros padres estarán muy felices con la noticia ¿o crees que es muy apresurado? No nos daría tiempo suficiente para planear una enorme boda en el centro de la ciudad y… - Disculpa – la detengo porque ya me duelen los oídos de escucharla hablar tanta tontería – Me tengo que ir – digo haciendo que se sorprenda – Y no creo que la boda sea buena idea – respondo poniéndome de pie. - ¡Pero… - Sé que encontraras a alguien que te logre entender… o que quiera escucharte – suelto mientras salgo lo más rápido que puedo del restaurante, sin darle tiempo de responder ante mi comentario malicioso, pero alguien tenia que decírselo; enserio le hacia falta. En mi camino a la salida, siento mi teléfono vibrar – No estoy de humor – respondo y escucho su risa burlona. - No me digas que tampoco es la indicada. - Esto es ridículo – me quejo – Llevo más de ocho meses de citas a ciegas y te juro que esta era la última en la lista de mamá – la risa de Kavin atraviesa el teléfono irritándome más- ¿Cuándo vuelves? – lo cuestiono - Aun tengo mucho trabajo con Logan, así que no lo sé. - Te importa más ese tipo que yo – me quejo – Necesito a mi compañero de fiesta. - Soy un pésimo compañero de fiesta… y la verdad es que quería decirte algo que…. - Espera – veo una cabellera castaña que me llama la atención y luego la reconozco de inmediato – Te llamo después – y sin darle ninguna explicación cuelgo la llamada. Me acerco a la chica sobrevestida que se encuentra en una banqueta de la acera, llorando como una magdalena mientras sangra – Oye ¿estas bien? – me acerco más para poder examinarla - ¿Estas sola? ¿tuviste algún accidente? – ella sigue llorando – Responde, ¿estas bien? - ¡¿Te parece que estoy bien?! – responde molesta - Solo intento ayudarte – me defiendo – Debes tratar esa herida - ¿Por qué? – me interroga dejándome confundido - ¿También crees que lo único que vale de mi es mi rostro? ¿Crees que solo soy linda y que no sirvo para nada? – pareciera odiarme en verdad - No creo que seas linda – le suelto sincero – Y no te conozco lo suficiente como para poder juzgar lo demás. - Idiota - ¿necesitas ayuda o no? - Sigue tu camino, déjame en paz – suspiro frustrado - Como quieras, juguito – digo para luego girarme y regresar por donde vine. Recibo las llaves de mi auto. - ¿Usted conoce a la dama? – pregunta el portero - No - Es peligroso que esté allí en esa condición – suelta irritándome más - No podemos ayudar a quien no lo quiere – respondo, subo a mi auto e intento meterme al tráfico… pero simplemente no puedo. Salgo de nuevo del auto - ¿Podría abrir la puerta del copiloto? – pido y me apresuro de nuevo hacia la chica – Vamos – digo dándole la mano - Creí haber sido clara – afirma - No se que es lo que te pasa y no me interesa en lo absoluto, pero no puedes quedarte aquí; es peligroso. Enserio necesitas tratar esas heridas – eso parece romper un poco su escudo de hielo – O vienes o te llevo a la fuerza – me inclino para tomarla en brazos, pero ella es más rápida y se pone de pie. - Puedo caminar – afirma y luego se apresura hacia mi auto y entra - Gracias – le digo al portero mientras le doy propina extra - Un gusto – responde éste. Está vez, un poco más tranquilo; me incorporo en el trafico - ¿Quieres ir al hospital? - Nada de hospitales – pide - Bien – acelero y no vuelvo a decir nada, ella tampoco lo hace; no tengo idea de lo que le sucedió, pero parece ser grave. Cuando llegamos a nuestro destino, ella me dedica una mirada acusadora. - ¿Me trajiste a un Club? – pregunta - ¿Qué diablos pasa contigo? - No querías ir a un hospital y pensé que esta era la mejor opción – explico - ¿Y que planeas hacer? – me pregunta - ¿Pedir un whiski y tirármelo a la cara para desinfectar la herida? - Eso seria un desperdicio de Whiski – respondo molesto ¿Cómo es posible que una sola persona sea tan irritante? - Igual que tu cerebro – respiro intentando calmarme - Mi madre es dueña del lugar – explico – Ella puede ayudar – eso parece sorprendida - ¿Tu madre es dueña del Triunvirato? - ¿Te sorprende? - Pues… no – responde por fin - Bien, entremos – salgo del auto y me apresuro a abrir su puerta, le ayudo a salir del mismo para luego entrar en el club. Parece que alguien está usando el lugar, ya que las luces están encendidas y hay bailarinas en una tarima. - Es un lugar interesante – Veo a la chica observar el lugar con curiosidad - Sí, es bueno – respondo mientras busco a mi madre – Espera aquí, voy por alguien que pueda ayudarnos – ella asiente y se queda en una mesa mientras sigue viendo alrededor. Me escabullo entre las mesas, hasta encontrarla. - ¡Madre! – grito para llamar su atención - ¿Theo? – pregunta sorprendida – Hijo… ¿Qué haces aquí? – me abraza apretando mis costillas y luego me examina - ¿Estas bien? ¿Has comido algo? - Acabo de salir de la cita – explico - ¿Y que tal? ¿Te gustó? - No es la indicada – ella se cruza de brazos - Hijo… ¿Ahora que hizo la pobre chica? – me mira de manera acusatoria – Siempre logras encontrar un defecto en ellas; que muy bajita, muy delgada, muy callada, demasiado habladora…. - Mamá… me encantaría escuchar tu regaño, pero tengo una emergencia – la corto – Hay una chica que necesita tu ayuda. - ¿Una chica? - Sì, la encontré sangrando en la calle y no quiso ir a ningún hospital - ¿Sangrando? – pregunta alarmada - ¡Marvin, tráeme el botiquín! – grita a uno de sus empleados - ¿Dónde está? - En el primer piso – ella sale disparada hacia el lugar indicado y decido seguirla. - ¡Ay por Dios! – suelta al verla – Tu mejilla – veo como el empleado del Club acerca el botiquín a mi madre- ¿Estas segura de que no quieres ir a un hospital? – pregunta preocupada mientras la examina - Sì estoy segura, no se preocupe tanto; la sangre es escandalosa, no es tan grave como se ve – se excusa - Puede que arda, pero debes aguantar - ella asiente y mi madre empieza a limpiar su herida, la veo apretar sus puños, pero no emite ni un solo lamento de dolor. El sonido de la música me distrae y giro la cabeza, veo a varias bailarinas en el pequeño escenario montado en el primer piso; una en especial es preciosa, la cintura más bella que he visto y esas caderas. Me acerco atraído por su belleza y cuando empieza a mover ese perfecto cuerpo, quedo totalmente hipnotizado por ella, su largo cabello castaño cae hasta sus caderas mientras sigue moviéndose. Y su sonrisa, su sonrisa es preciosa… - ¡Oye! – llamo a uno de los camareros - ¿Si joven? - ¿Quién es ella? - Es la nueva bailarina principal del espectáculo del Club – me informa - ¿Cómo se llama? - Hilary Matt – me informa - Gracias – me quedo viendo embobado a la chica, hasta que el ensayo termina y la veo retirarse a los vestidores. Me aventuro tras ella, en busca de conocerla mejor. Al llegar a la puerta, golpeo mis nudillos contra la madera para hacerme notar. - Adelante – su voz es fina, suave y me encanta; abro la puerta y allí está, se gira para verme de frente, lleva un moño recogiendo su cabello, lo que le da un toque despreocupado; pero, aun así, luce preciosa. - Lamento la interrupción – me excuso – Vi tu ensayo, lo haces muy bien. - ¿Y usted quién es? – pregunta algo desconfiada - Mi nombre es Theo… Theo Ferith – me presento - ¿Eres algo de Ayse? – pregunta - Ella es mi madre – aclaro - Un gusto, Hilary Matt – se presenta, dándome esa sonrisa perfecta - ¿En que puedo ayudarte? - Solo quería felicitarte por ese bello espectáculo y quería presentarme – me acerco un poco más. - Eres muy amable – vuelve hacia su tocador – Pero no creo que sea necesario que vengas personalmente. - ¿Y por qué no? - Noté como me observabas – comenta – Y quiero aclarar que no salgo con niños y menos, si son hijos de mi jefa – suelto una pequeña risa - Primero que nada, no soy un niño – aclaro – Y segundo, no veo porque ser el hijo de tu jefa es un impedimento para que podamos conocernos mejor. - Nos llevamos mínimamente cinco años de diferencia en edad y para mí sí es un impedimento que seas hijo de mi jefa – me acerco lo suficiente como para poder sentir su perfume, ella me observa a través del espejo de su tocador. - Créeme, no lo será – tomo un mechón de su cabello que cae suelto del moño que retiene a todos los demás, inhalo su olor frente a ella; quien no hace nada para detenerme, siento como contiene el aliento – Nos veremos después – me despido y luego salgo de la habitación con una sonrisa en el rostro; ella es la primer mujer interesante que encuentro en mucho tiempo. Regreso a el primer piso en dónde mi madre y esa chica aún siguen hablando, esta vez la sangre solo está en el vestido, ella lleva una venda en el brazo y un pequeño parche en su mejilla. - ¿Todo bien? – pregunto acercándome a ellas - Sì, ya he terminado de limpiar la herida y con un poco de cuidado, ella estará como nueva – afirma mi madre – Es una chica encantadora cariño. - ¿Enserio? – pregunto mientras observo a la pálida y delgada chica irritable, poco amigable y desesperante que conozco. - Sì, es una lindura. Espero volver a verte – la chica sonríe - Claro – responde – Sería un gusto. - Bueno, lo mejor será que vayas a casa – mi madre se pone de pie – Theo, llévala a casa y asegúrate que esté bien. - No es necesario – dice la chica, cuyo nombre no recuerdo - Sì lo es – insiste mi madre - ¿Verdad, Theo? - Yo te llevaré a casa – aclaro, ya que; si digo lo contrario mi madre me matará - Bueno… gracias. - Anda, ve a descansar – mi madre se despide de ambos y luego salimos del Club. - Tu madre es muy linda – comenta mientras le abro la puerta del auto - Sì, eso me han dicho. - Gracias por ayudarme. - Cualquiera lo hubiera hecho – digo sin darle importancia - No, no cualquiera… - ¿Vas a entrar o no? – pregunto ya que sigo sosteniendo la puerta - ¡No puedes estar un solo minuto sin actuar como un imbécil ¿verdad?! - ¿Ahora me insultas? - Claro que no, solo te digo la verdad - Entra ya – pido - Olvídalo, puedo llegar por mi cuenta. - ¿Quieres que desobedezca a mi madre? - Solo haz como si me hubieras llevado y olvidemos el asunto – ella intenta caminar por la acera, pero la detengo - La paciencia no es una de mis virtudes, entra al auto; ahora – pido. Ella resopla molesta, pero me obedece - ¿Ves? Fue sencillo – suelto mientras cierro la puerta y luego subo al auto - ¿En dónde vives? - En las afueras, lado Este. - Bien – conduzco mientras ella me va guiando en todo el camino hasta llegar a un lujoso vecindario. - Puedes dejarme aquí – dice y detengo el auto - ¿Segura? - Sì, gracias – me bajo del auto y abro su puerta - Una casa preciosa – comento viendo la mansión - No es para tanto – ella sale del auto – Gracias… de nuevo y será mejor que te marches – al parecer tiene prisa porque me vaya, pero no por entrar a la casa. - Sea lo que sea… piensa con la cabeza fría – digo – Haz únicamente lo que te convenga y defiende lo tuyo – no sé porque le digo esto, pero esos cortes no parecen accidentales. Una chica igual de castaña que ella sale de la casa y veo como ella se pone nerviosa. - Mejor vete, gracias por todo – y sin decir más se apresura a entrar a la casa sin saludar a la chica quien nos ve interesada. Es hora de marcharme, no quiero enredos con nadie… y, además; tengo que visitar el Triunvirato esta noche.
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