POV THEO
Mientras investigo al propietario de los terrenos que colindan con los nuestros, logro encontrar fotos antiguas en las que mi padre aparece junto a varios jóvenes más. Logro reconocer al tío Asher, y al tío Liam; todos parecen muy jóvenes en ese entonces. Al leer el pie de la foto, logro descifrar el nombre de los otros en la foto. “Daniel Taylor, William Thomas, Harry Brown, Asher Davies, Jacob Ferith y Liam Abernathy; Polo Club Royals” Parece que la negociación de los terrenos, serán fáciles si el dueño es amigo de mi padre, miro la foto un poco más, todos parecen felices en ella.
- Espero que hayan mantenido el contacto – susurro. Al parecer el hombre es un importante inversionista, parece alguien decente y alegre, se ve imponente con ese porte y su apariencia.
- ¡Señor! – Dan se adentra en mi oficina, parece preocupado.
- ¿Qué pasa? – pregunto aun viendo un reportaje del tal Harry Brown - ¿Es sobre la compra de la fábrica?
- Eso ya está resuelto – dice – Hemos logrado comprarla.
- Entonces, ¿por qué la cara?
- Es sobre la señorita Sicilia -. Al escuchar su nombre, levanto la vista; prestando toda mi atención a lo que tenga que decir – Al parecer cuando se enteró que su padre tenia en venta la fábrica, decidió ir a su casa. Simón acaba de informarme que en este momento se encuentra en uno de los hospitales del centro.
- ¡¿Qué?! – pregunto poniéndome de pie
- Simón solo sabe que entró a la casa y luego salió inconsciente en brazos de alguien, la trasladaron al hospital y aún está allí.
- Pídele la dirección – tomo mi saco y salgo corriendo en dirección a la salida
- En seguida – Dan se apresura tras de mi – Yo conduciré – dice. No me opongo, con mi nerviosismo, no es prudente que yo conduzca el auto. Siento que cada minuto se alarga demasiado, el tráfico no parece avanzar y empiezo a desesperarme; este sentimiento es nuevo y no me agrada para nada.
- Date prisa – digo a Dan mientras aprieto mis dientes debido a mi sentimiento raro… ¿Es desesperación? No lo sé, lo único que sé es que no me gusta.
- El hospital está enfrente – dice
- Para aquí, voy a caminar – digo y en cuanto frena, abro la puerta y corro hacia el hospital. Al llegar, busco el área de información – La señorita Sicilia Giannoli - digo a la enfermera - ¿Dónde está?
- Un momento – busca en su computadora haciendo que me impaciente.
- ¿Cuál es su relación con la paciente?
- Soy su prometido – empiezo a perder la paciencia.
- Uuuhhhmmm eso es imposible – dice viéndome como si tuviera algo en la cara
- ¿Por qué?
- Aquí dice que la persona que la internó es su prometido – aprieto mis puños
- Supongo que fue Anthon York – digo
- Así es.
- Él es su ex prometido – aclaro
- Joven, no tengo forma de comprobar eso y…
- Dime ¿Dónde está mi prometida?
- Voy por mi supervisor – dice y se va a buscarlo. Me inclino hacia el mostrador aprovechando mi altura y logro ver el número de habitación; no la espero y me adentro en los pasillos del hospital. Me vuelvo loco mientras busco la bendita habitación 105, con un poco de trabajo, logro visualizarla; ingreso sin tocar y la imagen que hay frente a mí, no me agrada para nada. Sicilia está en la camilla mientras Anthon permanece inclinado sobre ella, claramente se están besando.
- Creo que después de todo, no es algo grave – mi voz hace que se separen alarmados. Anthon me ve confundido y Sicilia parece avergonzada.
- ¿Theo? – pregunta como si no me viera parado frente a él - ¿Qué haces aquí?
- Me informaron que mi prometida estaba hospitalizada y vine lo más rápido que pude – miro a Sicilia- Pero parece que no era una emergencia, después de todo; tienes mucha energía – digo y ella desvía su mirada
- ¿Tú eres su prometido?
- Si – avanzo dentro de la habitación.
- ¿Cómo pudiste hacerme esto? – pregunta
- No entiendo a qué te refieres – le explico calmadamente – Cuando nos comprometimos, ella era una mujer libre y tu… un hombre casado; con su hermana – la indignación parece crecer en él.
- ¡Sabes mis motivos!
- Deja esa patética excusa de una vez por todas ¿quieres? – pido - Te hace ver ridículo – esa parece ser la gota que desborda su paciencia. Su golpe llega fuerte y lleno de furia, golpeando mi mandíbula.
- ¡Anthon, detente! – pide Sicilia. Pero parece no querer hacerle caso, por lo que lanza otro gancho; esta vez no planeo dejar que me golpee. Esquivo su puño y se asesto un rodillazo en el estómago, haciendo que caiga al suelo.
- Levántate – pido – Pero recuerda que nunca has podido ganarme en una pelea.
- ¿Por qué? – pregunta – Eres mi amigo, sabes lo que ella significa para mi – lo veo levantarse con dificultad
- Al parecer, no significa lo suficiente como para dejar tu empresa.
- Tu habrías hecho lo mismo – dice viéndome a la cara
- No, yo me hubiera largado con ella. Después de todo, tengo el coraje para salir adelante solo – él me observa y sé que esto le duele. Pero estoy furioso y eso ayuda que no le tenga lastima.
- Anthon, por favor vete – pide Sicilia desde la cama – No provoques más problemas.
- Sici… ¿En verdad lo quieres? – ella no responde a la pregunta
- Vete – pide de nuevo
- Que no respondas me hace pensar que todavía tengo posibilidades.
- ¿De que posibilidades hablas? -lo cuestiono -Estas casado con su hermana.
- No lo estaré por mucho tiempo – afirma
- Anthon…
- Tranquila, ya me voy – sale de la habitación, no sin antes darme una mirada de ira. Cuando nos quedamos solos, observo a Sicilia en silencio.
- ¿No dirás nada? – pregunta. Yo me asomo a la puerta y verifico Anthon se haya marchado, luego regreso y me paro lo más lejos que puedo de ella.
- Sicilia… no me gustan los juegos – digo – Cuando salgas del hospital, ve y recoge tus cosas.
- Theo… no se volverá a repetir – dice sentándose en la cama – Esto no es un juego, lo sé. Entiendo que estes molesto, pero…
- ¿Pero qué? – pregunto – Tú estuviste de acuerdo con esto. Aclaré que no quería una prometida solo de nombre, sabes que eso significa que me debes fidelidad.
- Lo sé.
- Si tanto lo amas, entonces espera a que se divorcie de tu hermana y regrese contigo – declaro – O sé su amante, haz lo que quieras; pero lejos de mí.
- ¡No! – la veo bajarse de la cama – No quiero eso. Escucha, me aseguraré que sepa exactamente cuál es tu posición en mi vida, no volverá a pasar – se posiciona frente a mi – Mis deseos no han cambiado y creo que te lo he demostrado.
- Y, sin embargo, lo besaste.
-
Cuando se dio cuenta del anillo en mi dedo, empezó a hacer muchas preguntas – explica – Y cuando me negué a dar tu nombre, enloqueció; tomo mi rostro entre sus manos y me besó.
- ¿Por qué debería creer eso?
- Porque es la verdad – noto como sus manos empiezan a temblar, está más pálida que de costumbre.
- Regresa a la cama.
- No, dime que me crees – pide – No dejaré que él se vuelva a acercar, no estaré a solas con él.
- Regresa a la cama – pido de nuevo, pero ella se rehúsa – Sicilia, vuelve a la cama – la veo molesto y ella obedece por fin. La veo acomodarse en la camilla sin quitarme los ojos de encima - ¿Me dejarás?
- Lo estoy pensando.
- ¿Cómo puedo demostrarte que voy enserio con nuestro acuerdo? – decido molestarla un poco más.
- Soy un hombre muy activo y ya que nuestro acuerdo nos obliga a ser exclusivos el uno con el otro – ella parece comprender por donde van mis intenciones. Me acerco lentamente a la camilla – Cuando salgas de este lugar y estes recuperada; te quiero en mi cama – su mirada llena de miedo casi hace que la furia en mi interior desaparezca… casi.
- Dijiste que ese paso, sería mi decisión.
- Es tu decisión – aseguro – Tu decides; llegas a casa a llevarte tus cosas o… llegas directo a mi cama; la decisión es tuya.
- No sabia que eras este tipo de hombre.
- ¿Intentas hacerme sentir mal? – pregunto sentándome en la orilla de la camilla – Eres tu la que besó a otro hombre.
- Actúas como si en verdad te doliera; o ¿es por tu orgullo de macho?
- Por lo que sea… fuiste tu la que rompió mi confianza. Pregúntate ¿Qué gano yo con todo esto? ¿Quién necesita a quién?
- No das puntada sin dedal – asegura, tan lista como siempre – Sé que estas sacando alguna ventaja de todo esto.
- Sabes perfectamente que lo mío tiene solución; y fuiste tu la que te ofreciste a recuperar mi confianza – ella no dice nada, así que salgo de la habitación en busca de un médico. Me encuentro a Dan en la sala de espera.
- ¿Todo bien? – pregunta al verme
- Sí – digo y me dirijo a buscar el médico. Sé que ella es enfermiza y necesito saber su estado para poder cuidarla como es debido.