POV SICI
Theo permaneció conmigo hasta el día siguiente, no cruzamos palabra en toda la noche; pero pude sentir su furia. Es totalmente entendible que esté molesto, pero siento que su condición es irracional. Maldigo internamente el momento en el que me desmaye, si tan solo no fuera tan débil, esto no habría pasado ¡ni siquiera tuve oportunidad de decirle lo de la fábrica! En este momento ya debe ser muy tarde, seguramente mi padre ya la vendió. Me pongo de pie y miro el paisaje tan conocido de este hospital; no noto que estoy llorando hasta que siento una lagrima deslizarse por mi cuello. ¡Esto es un asco! Pero no puedo dejar que Theo se aleje, necesito actuar antes que mi padre empiece a vender lo demás. La fábrica ya es suficiente pérdida; pero ¿podré hacerlo?. No, no me lo cuestionaré... lo haré.
- ¿Estas lista? – pregunta Theo desde la puerta
- Sí – seco mis lágrimas antes de dar media vuelta y salir de la habitación con dirección a casa de Theo. Tampoco hablamos en el camino al edificio, es como si fuéramos unos desconocidos de nuevo.
- Trata de descansar – dice cuando llegamos – Iré a la oficina.
- Claro, gracias por traerme – digo mientras ingresamos a la sala
- Todo el personal estará pendiente de ti, pero si necesitas algo extra; puedes pedírselo al mayordomo.
- Entiendo – y tras decir eso, se marcha. Miro a mi alrededor y decido dormir un poco; al llegar a mi habitación veo a una chica del servicio.
- Buen día – me saluda – Estoy ordenando su armario – aclara – Ya ha llegado toda su ropa – me acerco para poder ver los atuendos que la señora Claire me envió.
- Es mucha ropa – comento
- También recibimos, perfumes, zapatos, joyería…
- ¿Lo has ordenado todo sola?
- Sí, casi termino – la observo. Parece más joven que yo. Me acerco al apartado del clóset en donde las joyas se exhiben en terciopelo.
- ¿Te gusta alguna en especial? – la cuestiono
- Oh… bueno, al ordenarlas. Note que todas son bellas. ¿Busca alguna para un evento en especial?
- No, solo… no las había visto – aclaro. Tomo un collar en forma de hoja con lo que parecen ser diamantes - ¿Qué te parece este?
- Es precioso, le lucirá bien con un vestido – comenta
- Ten – digo extendiéndolo
- ¿Qué?
- Te lo regalo – digo – Ordenaste todo esto tu sola, debió ser cansado.
- No, yo no podría.
- Si no lo tomas, me molestaré – ella se acerca tímidamente y lo toma – Puedes usarlo o venderlo, lo que te parezca mejor – digo
- Muchas gracias- veo como sus ojos se ponen vidriosos
- Tranquila, no es para tanto.
- Sí lo es – afirma, la veo y una sonrisa se asoma a mi rostro.
- ¿Puedes terminar mañana? Quiero descansar y estar sola.
- Claro – dice saliendo
- Oh ¿Cuál es tu nombre?
- Soy Olga – se presenta
- Sicilia- digo presentándome también - ¿te puedo pedir un favor?
- Si, lo que sea.
- Cuando venga Theo, ¿puedes avisarme?
- Lo haré en cuanto ponga un pie en casa – afirma
- Gracias – y sin decir más; se marcha dejándome sola en el armario gigantesco. Exploro un poco la ropa y como si fuera una señal del destino. Encuentro mi ropa interior, hay una variedad enorme de lencería, parece que la señora Claire; sabe los gustos de Theo cuando se refiere a este tipo de atuendos. Rebusco entre ellos y me decido, por un conjunto de encaje muy revelador. Aunque soy virgen, tener sexo no debe ser nada del otro mundo; sé que puedo hacerlo y vale la pena teniendo en cuenta lo que puedo perder. Paso todo el día tratando de hacerme a la idea de lo que me espera; empiezo a leer libros explícitos, imágenes que me perturbaron al principio; pero todo lo que logré investigar apunta a que es algo muy placentero y decido aferrarme a eso. Aunque la idea de tener algo dentro de mi… no se oye muy placentera, sobre todo… en esa parte del cuerpo. Y para mi sorpresa ¡También usan sus bocas para… bueno, para eso! ¿Cómo es eso posible? ¿A quién se le ocurrió hacer eso?. Cuando se llega la tarde, dejo mi investigación de lado y empiezo a prepararme; tomo una ducha, me depilo entera, aplico crema, perfume, la poca ropa que usaré para la ocasión y arreglo mi cabello. Me maquillo un poco y cuando el reloj da las siete de la noche, empiezo a sudar frio; pero ya estoy lista para lo que sea, menos para darme por vencida.
- ¿Señorita? – es Olga
- Entra – pido ya que estoy envuelta en una bata de seda
- El joven señor acaba de llegar – me informa
- ¿En dónde está?
- En su habitación – dice
- Bien, gracias. Puedes retirarte – ella me obedece, respiro profundamente y me veo por ultima vez al espejo - ¡Tu puedes! – me animo y sin titubear, salgo de mi habitación y entro en la de él sin tocar la puerta. Lo encuentro sin camisa, parece que se estaba cambiando la ropa. Al verme se queda totalmente estático.
- Sicilia…
- Me quedaré – afirmo; deshago el nudo de mi bata y la deslizo por mis hombros, dejándolo ver mi atrevido atuendo en lencería de encaje n***o.
- ¿Estas segura? – Su voz es muy suave; pero su mirada quema cada poro de mi piel.
- Sí, no daré paso atrás – afirmo. Lo observo tragar saliva mientras me observa con un brillo en los ojos que jamás había visto en un hombre. Me enfoco en ver su torso desnudo, en verdad es un hombre precioso – Solo… te pido que seas cuidadoso, es… mi primera vez en esta situación – explico con mi rostro ardiendo por la vergüenza. Lo veo acercarse lentamente, como si fuera una pantera apunto de lanzarse sobre un conejo. Me obligo a no moverme y sostenerle la mirada.
- Eres el Nopalito más hermoso que he visto en mi vida- susurra tomando mi mentón, acercando nuestros rostros. Puedo ver el color azul brillante de sus ojos.
- Nunca pensé que me sentiría aliviada de escuchar esa palabra- digo sincera – Eso significa que ya no estas molesto – Desde que me vio con Anthon, solo me ha llamado por mi nombre completo.
- Eso significa que estoy a punto de disfrutarte, entera – siento su mano subir por uno de mis brazos, acariciando todo a su paso y mi piel se eriza. Luego baja su rostro a mi cuello, depositando un beso; la sensación es extraña… se siente bien. Cierro mis ojos intentando relajarme mientras sus labios bajan por mi pecho, mi abdomen hasta mi monte de venus. Abro los ojos inmediatamente cuando las imágenes que investigué durante el día vienen a mi mente, lo observo y él me sonríe mientras se agacha ante mí; deposita un beso en mi zona intima y otro escalofrío me recorre, la sensación… es húmeda. Theo recorre mis piernas con sus manos hasta llegar a mis tobillos en donde mi bata descansa. Lo veo tomarla y luego ponerse de pie – Pareces aterrada – dice y luego me cubre con la bata.
- ¿Qué haces?- pregunto
- Regresa a tu habitación.
- Pero…
- La verdad, no pensé que serias capaz de hacer esto. Pero esto es mas que suficiente como para demostrarme que vas enserio – el ultimo sentimiento que pensé que iba a sentir hoy se posa en mi pecho; la decepción.
- ¿No te gusto lo suficiente? – la verdad, me esforcé mucho en lucir bien para este idiota.
- Mírate, estás petrificada – dice – No voy a hacer nada si es de esta manera.
- Pero dijiste…
- Sé lo que dije – empiezo a molestarme – Pero, para mí; esto es suficiente. Lo haremos cuando estes lista.
- ¡Estoy lista! -me quejo
- ¿Es por eso que tiemblas como una hoja en el viento?
- Solo estoy nerviosa – aclaro
- No quieres hacerlo, solo admítelo y regresa a tu habitación- pide
- ¿Y si no lo hago? – lo reto. Lo veo acercarse más a mí. Toma mi mano y la coloca sobre su entrepierna, retiro mi mano al sentir algo duro.
- Si no lo haces, te tomare sobre esa cama – señala su cama – Quitaré hasta la ultima pieza de encaje de ese cuerpecito y me enterraré en ti tan duro como pueda; hasta el fondo – aclara – Ya viste lo que me provocas solo con verte vestida así ¿Te imaginas lo que me harás hacer si estas desnuda, retorciéndote bajo mi cuerpo?
- Si me voy, ¿Aun estarás molesto conmigo? – pregunto acobardándome al verlo
- Ya no estoy molesto contigo – afirma
- Entonces ¿Todo bien entre nosotros? – lo veo suspirar
- No lo estaremos si no sales en los próximos veinte segundos – afirma. Ante la advertencia, me giro y salgo corriendo en dirección a mi habitación, cierro la puerta con seguro y me adentro en el baño. Al ver mi reflejo en el espejo me obligo a darme pequeñas bofetadas en el rostro.
- ¿Por qué estas decepcionada de que no quiera hacerte nada, tonta? – le pregunto al reflejo. Solo de pensar en esos brazos fuertes, su pecho y abdomen hace que mi cara se ponga roja y por alguna razón; siento un cosquilleo en mis pezones – Piensa cosas puras… cosas puras – repito y me meto de nuevo a la ducha en un intento de calmar mi calor físico y mi saturación mental.