¿Y yo qué gano?...

1504 Words
POV SICI Su mirada al principio es de desconcierto, pero cambia rápidamente y me siento como una conejita en la cueva de un lobo. Lucho para que ese sentimiento no se trasmita hacia él. - Así que quieres mi protección – lo veo dar unos golpecitos con sus dedos sobre la fina madera de este escritorio. - Sì – logro decir evitando el temblor en mi voz. - ¿Algo más? - Estaremos comprometidos, veremos como avanzan las cosas y si es necesario; podemos casarnos – esta vez es él quien suelta una risita - ¿Estas escuchando lo que dices? - Sì, acepto la propuesta que me hiciste en la boda de Anthon. - ¿Qué pasa si ya no quiero eso? – mis manos empiezan a sudar frio, sabía que esto podría pasar. - Dijiste que querías hacerte responsable por el rumor. - Sì, pero hay otras formas de solucionar esto y lo sabes. - ¿Qué quieres que haga? – pregunto – Haré lo que esté en a mi alcance para poder ganar tu protección. - ¿Lo que sea? – arquea una ceja - Sì – afirmo, esperando que no sea un depravado - No me toleras ¿Por qué haces esto? - Ya te lo dije, necesito protección. - Muchos hombres podrían dártela. - Pero a Carys le importas más que su propio esposo – afirmo – Y mi padre… te odia – su sonrisa se ladea – Si puedo irritarlos, aunque sea en lo más mínimo ¿Por qué no hacerlo? - Entonces, si es por venganza. - Un poco, pero es más porque con una extensión de la influencia de tu familia; puedo defender lo que me pertenece y lo que le pertenece a mi madre. - Entiendo – se acomoda en su silla -¿Y yo que gano? - Ya te dije… puedes pedir lo que quieras. - Sì, lo dijiste. Pero, no tienes nada especial; puedo conseguir lo que quiera, de quien quiera – en este punto, quiero abofetearlo. - No te comprendo; fuiste tu quien lo propuso primero. - Y me mandaste al diablo – me recuerda - Entonces ¿te estas vengando? – me pongo de pie – Si no quieres hacerlo, está bien. Puedo pensar en otra cosa – estoy dispuesta a irme cuando su voz me detiene - Espera; no hemos resuelto nada – me giro para verlo - Solo olvida lo de los rumores, no importa. Se desvanecerán con el tiempo. - Siéntate – pide - ¿Para qué? - Solo hazlo. - Bien – me siento de nuevo - Sì acepto todo esto ¿En verdad serás mi prometida? - Sì - No quiero una prometida solo de nombre y si aceptas, serás solo mía – lo veo directamente - ¿Me estas diciendo que te atraigo sexualmente? – pregunto incrédula - No me llamaría hombre si no me atrajeras ¿Te has visto en un espejo? – no sé si sentirme alagada o no; sobre todo, viniendo de él – Si tan solo no tuvieras esa personalidad tan irritante. - ¡Mira quien lo dice! - La pregunta es… ¿Estas dispuesta? - Sì, pero… paso a paso – aclaro – No me obligarás a nada ¿verdad? - ¿Qué clase de hombre crees que soy? – lo veo analizarme – Para que estes más tranquila, te prometo que; solo daremos el paso, sí tú lo deseas. - ¿Qué pasa si no lo deseo nunca? O ¿Qué pasa si deseo a otro hombre? - En ese caso, me lo dirás y te juro que no me opondré; terminaremos amistosamente, pero sin infidelidad. - ¿Y si a ti te gusta otra? - También te lo haré saber y terminaremos – aclara - Me parece justo. - Bien, por el momento; actuaremos como una hermosa pareja enamorada frente a los demás y trataremos de llevarnos bien en privado. - Claro - Te quedaras aquí, a menos que desees ir a otro lado. - El lugar es grande, creo que puedo quedarme. - Como desees. - ¿Alguna otra cosa? - Ahora eres mi prometida, te presentaré a mi circulo social, amistades y mi entorno laboral. Temo que también el familiar, debes entender que no puedo andar por allí con mi prometida sin haberla presentado ante mi familia. - Comprendo – mi corazón late a mil. - En los eventos sociales, no debes despegarte de mi lado y harás lo que sea para alejar a otras mujeres de mi ¿Entiendes? - ¿Quieres que actúe como una novia loca? - Sì, una novia loca por su hombre. - No pensé que tuvieras esos gustos. - Si deseas mi apoyo en algo, debes decírmelo – él ignora mi comentario – Sì está en mis manos, te ayudaré. Comeremos juntos mínimo en el desayuno y cena, debes acoplarte a mi estilo de vida y darte tu lugar ¿Entiendes? - Sì, lo intentaré. - Si hay algo que te incomoda o quieres saber, solo debes decírmelo. La comunicación es la base de todo. - Lo haré, sabes que no soy el tipo de chica que se quede callada. - A menos que no te convenga hablar – dice y sé que es mucho más inteligente de lo que aparenta. - No tienes que preocuparte, serás el primero en saber si algo malo me sucede. - Bien. Tendremos una cena con mis amigos la próxima semana y antes de eso, tenemos que ver a mis padres ¿Estas bien con eso? - Sì, no hay problema; solo avísame con tiempo. - Lo haré. - Bueno, supongo que por el momento; nuestra charla termina aquí – lo veo ponerse de pie, así que yo hago lo mismo – Vamos, te mostraré tu habitación. Mi Nopalito. - Recuerdo pedirte que dejaras de llamarme de ese modo. - ¡Que extraño! A las chicas les encantan los sobrenombres – lo sigo mientras salimos del despacho - Nos encantan cuando el sobrenombre es lindo, pero; tu me llamas Nopal – le recuerdo. Él se ríe por lo bajo. - ¡Pero es ideal para ti! Y lo digo con cariño; en diminutivo… nopalito. - Dije que no. - Está bien, está bien… entonces; vamos, preciosa; te mostraré tu habitación – me detengo en seco, justo en medio de una enorme sala. - ¿Es necesario que tengas un sobrenombre para mí? - Todas las parejas tiene uno – aclara, mientras sigue caminando – Sería extraño que nosotros no tengamos uno. - Eso significa que puedo ponerte uno – ahora es él quien se detiene. Da media vuelta y me dedica una mirada divertida. - Claro – afirma- Muero de curiosidad ¿Ya tienes uno en mente? - Varios, pero no creo que te agraden – afirmo, lo veo enarcar una ceja - Cuando te decidas, por favor; házmelo saber inmediatamente; mi precioso nopalito. – reprimo un insulto y me dedico a seguirlo por este ridículamente enorme departamento. Caminamos por unos minutos más hasta llegar a la habitación que tiene designada para mi – Entra – pide abriendo las puertas. El lugar es precioso, la imagen de la ciudad por la tarde llena la enorme ventana que llega hasta el techo. Es tan espaciosa que mi antigua habitación cabria dos o tres veces en este lugar – El baño está por allí – señala una puerta que queda justo en la pared de enfrente, a la derecha – El clóset – señala otra puerta a la izquierda – El balcón conecta directamente con mi habitación – le dedico una mirada de suspicacia – Oye, yo no diseñé este lugar – se defiende- El intercomunicador está al lado de la cama, cada botón dice el nombre de la habitación; si quieres algo, solo debes pedirlo. - Quieres decir que, si quiero café, solo debo pedirlo por aquí – digo señalando el intercomunicador pegado a la pared. - Sì, pediré que suban tus cosas y que las acomoden; solo trajiste una maleta ¿Estas segura que no necesitas nada más? - Si llego a necesitar algo, me las arreglaré – le aclaro – Es por eso que, si necesitas que asista a algún evento, debes notificarme con tiempo. - Entendido, preciosa. - ¿Podrías madurar? – pido - Tienes que acostumbrarte a escucharlo – aclara – Bien, me voy. Nos vemos en la cena; puedes descansar si gustas. - Claro, gra… gracias – aun me cuesta mucho darle palabras de agradecimiento; la verdad es que necesitamos trabajar mucho en nuestra mala relación. - De nada – dice saliendo de la habitación. Miro a mi alrededor mientras el silencio me consume; decido explorar el lugar, notando que jamás podría lograr llenar ese clóset. Es enorme… salgo al balcón y observo la ciudad; debo acoplarme a esto, para poder sacar a mi madre de las garras de papá y poder recuperar lo que nos pertenece. Cuando lo logre, dejaré a Theo y podré seguir con mi vida.
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