POV THEO
Después de tomar mi ducha y prepararme para dormir, salgo del closet y encuentro a Mi Nopalito sentada al pie de la cama, al parecer también está lista para dormir. Me acerco a ella y me arrodillo; recostando mis antebrazos a su alrededor, encima de la cama. Ella me ve fijamente, algo sorprendida por mis actos.
- Lo del beso… - digo - ¿Significa que ya puedo besarte? – pregunto
- Sí así lo deseas – dice casi en un susurro
- ¿Me besaste porque te sentiste culpable del golpe?
- No
- ¿Entonces? – la interrogo, estoy lleno de curiosidad.
- Lo hice porque eres hermoso y adorable – su respuesta me sorprende – Y porque tenía unas enormes ganas de hacerlo. Por eso lo hice.
- No soy adorable – niego con un movimiento de mi cabeza
- Lo eres – afirma - Eres adorable – mis mejillas se calientan - ¿Te estas sonrojando? – pregunta, para luego tomar mi mandíbula entre sus dedos índice y pulgar, la veo acercar su rostro al mío – Estás sonrojado – afirma y mis mejillas arden con más intensidad.
- Claro que no – insisto – Y no soy adorable, soy un hombre fuerte y varonil – afirmo
- Sí, lo eres; pero también eres adorable – cierro los ojos al ver aproximar esos hermosos labios a los míos; me besa suavemente sumergiéndome de nuevo a ese sabor a algodón de azúcar que probé hace rato; carajo, es jodidamente divina. Respondo a su beso, me levanto un poco para poder acariciar su cabello, meto mis dedos entre él y luego la sujeto de la nuca, profundizando nuestro contacto. Meto mi lengua en su boca, en busca de todo lo que tenga para darme; rozamos nuestras lenguas de manera suave, sensual y carajo; esto es delicioso, no quiero que termine. Siento sus manos en mi cabello, incluso juraría que sentí como tiró de varios de mis mechones – Espera… - me aparta suavemente, ambos estamos jadeando. Su mirada parece llena de sorpresa y confusión, lo cual me preocupa.
- ¿Qué sucede? – no quiero parar, quiero agregar. Pero creo que no está lista para más.
- Nada, es solo… siento un cosquilleo – dice
- ¿Dónde? – pregunto con una sonrisa en mi rostro; ella me ve y luego me empuja, poniéndose de pie.
- ¿Dormiremos en la misma cama? – pregunta, evadiendo el tema.
- No, si tu no lo quieres.
- ¿Dónde dormirás tu? – pregunta – El sillón es muy pequeño para ti.
- Puedo ir a otra habitación – digo
- Pero tus amigos pueden sospechar que algo raro pasa – veo que hay una lucha interna en ella.
- Estará bien, les diré que discutimos y listo.
- No, después de todo lo que nos hemos esforzado; no podemos echarlo a perder – suspira profundamente – Podemos dormir en la misma cama, después de todo es enorme y no haremos nada que no sea dormir.
- ¿Segura? – la veo acercarse a la cama y luego meterse bajo las sábanas.
- Sí – afirma envolviéndose
- Okay – me dirijo al otro lado de la cama y me acomodo – Descansa, Preciosa.
- Descansa – responde. Cierro los ojos intentando limpiar mi mente de cualquier pensamiento, necesito descansar. Pero puedo sentir su perfume, escuchar su respiración y me dan ganas de abrazarla o hacerla gemir en mi oído; quiero tomarla desenfrenadamente. Giro mi cuerpo, decidido a alejar todos esos pensamientos; ella es quien debe decidir eso… - ¿Theo? – una voz suave hace que el velo del sueño se levante poco a poco – Despierta – siento como me sacude suavemente; me obligo a abrir los ojos y allí está, el motivo de todos mis deseos carnales – Buenos días – saluda, noto que tiene el cabello húmedo. No respondo a su saludo, la tomo del brazo; arrastrándola de nuevo a la cama, y luego introduzco mi mano en su cuello para sujetarla firmemente, la beso… un beso que expresa lo necesitado que estoy de ella. La siento responder a mí, acaricia mis mejillas con sus manos mientras ambos nos entregamos en la boca del otro, pero cuando el beso sube de tono; la siento alejarse y despegar sus labios de los míos.
- Buenos días – respondo por fin
- Es tarde – responde – Nos trajeron el desayuno a la cama – señala una mesa llena de comida.
- ¿Ya has desayunado?
- No, tenemos que comer juntos ¿recuerdas? – estiro mi cuerpo, aun entre las sábanas – Ponte de pie, muero de hambre – me pide
- Come primero – respondo; saliendo de la cama- Voy a ducharme – el agua caliente me relaja en grande, pero, aunque quiero permanecer bajo el agua durante al menos media hora; decido salir rápidamente y prepararme.
- ¿A que hora nos iremos? – Pregunta cuando salgo
- A medio día – respondo, sentándome en la silla frente a ella.
- Esto está delicioso – dice mientras devora unas tostadas.
- Come todo lo que quieras – digo feliz de verla de tan buen humor. Comemos tranquilamente y luego salimos de la habitación en busca de mis amigos. Cuando los encontramos sonrío al ver su nueva travesura.
- ¿Son ellos? – pregunta
- Sí – respondo mientras veo como uno de mis amigos gira en el aire, sosteniéndose de una cuerda que está atada a la palanca de una maquina quita nieve. Mi amigo da vueltas en el aire alrededor de la maquina mientras ríe como un niño.
- Eso se ve peligroso – opina
- No te preocupes, la nieve está suave. No morirá si se cae.
- A menos que lo aplaste la máquina – opina Kaleb acercándose – Buen día – saluda
- Buen día – responde Sici
- ¿Qué hace ese tonto allí? – pregunto
- Nos divertimos – responde como si nada.
- Espera a que Suhelem lo vea – digo riendo cuando cae de la cuerda y se estampa en la nieve, de cara - ¡Hazlo otra vez! – pido riendo
- ¿Estará bien? – pregunta Sici preocupada
- No te preocupes, ha hecho peores cosas – digo intentando calmarla - ¿Y las chicas?
- Fueron a un paseo en moto, pero no quisieron molestarlos – explica.
- Igual, es tarde. No iremos en una hora – informo
- Lo sé, también debo volver – Kaleb mira la hora en su reloj – No me gusta estar lejos de los niños – y tras decir eso, se marcha dentro de la casa.
Cuando las chicas regresaron, tomaron a Mi Nopalito y se la llevaron quien sabe a dónde, por lo cual terminamos saliendo todos juntos de la casa; llegamos a casa pasada la medianoche.
- ¿Trabajaras mañana? – pregunta Sici mientras caminamos hacia nuestras habitaciones.
- Te prometí que iríamos a tu casa, así que será mejor que vayamos de una vez – ella me sonríe
- Muchas gracias, me encargaré de todo. ¿Te parece bien una cena?
- Por mí no hay problema, así puedo atender algunas cosas durante el día.
- ¡Gracias! – se acerca depositando un beso en mi mejilla y luego corre hacia su habitación. Estoy muerto de cansancio, tomo una ducha y me dejo caer en mi cama quedándome profundamente dormido en el momento que mi rostro toca la almohada… … Dan me ve molesto desde su escritorio cuando llego a la oficina pasadas las 10 de la mañana.
- No contestó mis llamadas todo el fin de semana – dice mientras me persigue hacia mi oficina.
- Te dije que iba a estar ocupado.
- Pero tiene cosas importantes que atender y… ¡La reunión! – dice – La Reunión con el Señor Harry Brown es dentro de una hora – ve su reloj – Debemos irnos inmediatamente – pide
- ¿Por qué no me lo dijiste antes?
- ¡No se atreva a culparme si llegamos tarde! – por mi propia seguridad, no digo nada y me limito a seguirlo y aguantar su berrinche hasta que llegamos a las oficinas del tipo – Sea cuidadoso con sus palabras, escuché que es un ogro – me advierte
- ¿Dijiste el motivo de mi reunión con él?
- Sí, pero anteriormente no especificamos que era usted quien quiere esos terrenos.
- Pero ya se negó en una ocasión, seguramente aceptó esta reunión para dejar en claro su posición – no me gusta eso; pero haré lo que sea por esa tierra. Llegamos justo a tiempo al lugar. Las oficinas son más grandes de lo que esperaba, pero por la fama que tiene; este espacio debe ser necesario.
- Puede pasar – dice su secretaria después de que Dan nos presente – Pero solo usted – dice cuando Dan intenta entrar conmigo.
- Espérame aquí – pido e ingreso con ella a la oficina.
- Señor Brown, su cita de las 11.30 – hay un hombre rubio sentado frente a una computadora, parece sumergido en sus pensamientos y cuando alza la vista; su mirada llena de molestia cambia por una de sorpresa.
- Gracias, Clara; puedes retirarte – dice sin despegar la mirada de mí. Lo veo ponerse de pie y acercarse a mí.
- Harry Brown – dice estrechando la mano
- Theo Ferith – me presento, él no suelta mi mano – Un gusto – digo y tiro de mi mano para poder liberarme.
- ¿Ferith? – pregunta - ¿Tienes algo que ver con Jacob Ferith?
- Así es – afirmo – Soy su hijo – aclaro
- ¿Su hijo mayor?
- Así es – él sonríe
- No puedo creerlo – su expresión es de confusión y euforia – Por favor, siéntate – me ofrece uno de los sillones que están justo en la ventana desde donde puedo ver toda la ciudad - ¿Deseas algo para tomar?
- Estoy bien – digo rechazándolo; él se sirve un trago de Whisky para luego tomárselo de un tirón.
- No puedo creer que tenga al hijo de Ayse frente a mi – se sienta frente a mi
- Me alegra ver que aun recuerda a mis padres.
- ¿Ellos te contaron sobre mí?
- No, solo… vi unas fotos de usted con mi padre – digo sincero – Y veo que también conoce a mi madre.
- La conozco más de lo que esperas – por la forma en la que lo dice, parece que eran muy cercanos; lo raro es que mi madre nunca lo ha mencionado y mi padre mucho menos.
- ¿Le informaron el motivo de esta reunión? – pregunto
- Sí, ¿Por qué estas interesado en esos terrenos?
- Verá, nosotros tenemos una propiedad que colinda con la suya; allí funciona una fábrica que mi padre quiere obsequiar a mi prometida.
- ¿Te casarás? – pregunta sorprendido
- Así es y… queríamos agrandar la productividad de la fábrica; es por eso que necesito esos terrenos; será su sorpresa en la fiesta de compromiso que realizaremos – opto por decirle la verdad, tal vez con un motivo tan personal y al ser amigo de mis padres; acceda.
- Pues felicidades – dice
- Gracias.
- Aunque es una intención dulce; temo que mi respuesta es la misma. No puedo vender ese terreno – la decepción me golpea el estómago – Está en una posición muy oportuna en la ciudad y la verdad, venderla sería una pérdida.
- No está utilizando la tierra – afirmo
- Lo sé, pero la mejor inversión del mundo es la tierra; en el futuro, ese lugar valdrá oro.
- Estoy dispuesto a pagar lo que sea.
- Lo sé muchacho. Pero mi repuesta no cambiará.
- ¿Puede pensarlo mejor?
- Chico…
- En verdad quiero esas tierras y…
- Hagamos algo – dice – Déjame pensarlo mejor y te doy la respuesta en la fiesta de compromiso. Puedo ir ¿Verdad? – su pedido es algo repentino – La verdad, extraño a mis viejos amigos y será la oportunidad perfecta para hablar con ellos.
- Claro, será un placer que asista – digo sin salida alguna para poder negarme.