Él se trataba de un hombre de cabello medio largo, de barba y ojos negros. Su sonrisa logró hacer que volviera a sentir su corazón, solo que en esta ocasión no había dolor, sino cierto entusiasmo que no conocía en absoluto.
— ¿Se encuentra bien, señorita? Me ha dado tremendo susto, se quedó en blanco y luego se desplomó. El doctor viene en camino para revisarla, así que va a tener que esperar un poco, ¿Cómo se llama?
— Soy Sophie, le agradezco sus atenciones y me disculpo por las molestias que he dado. No es necesario que venga el doctor, me desmaye debido a que tengo varios días que no como, creo que los motivos son muy claros, no me apetece entrar en muchos detalles.
— No es necesario que lo haga, supongo que se encuentra deprimida por la muerte de sus parientes, lamento escuchar que ha pasado, por tanto, en este tiempo.
Las puertas fueron abiertas de par en par y sin siquiera tocar, una mujer con un peinado recogido, vestido n***o largo y una mirada llena de preocupación, entró sin esperar a que la invitarán a pasar; en su mano derecha llevaba un rosario que sostenía fervientemente y movía cada cuenta nerviosamente.
— David, las empleadas me han dicho que mandaste a llamar al doctor, ¿Qué sucede? — sus ojos se posaron en Sophie — ¿Quién es esta mujer y qué hace en tu cama?
— Hola mamá, no te tienes de qué preocupar que el médico no es para mí sino para Sophie. Ella se desmayó en el cementerio y la he traído a casa para que un doctor la revise, aunque no es necesario, su desmayo se debe a que no ha comido nada, así que creo que es una buena idea que se quede a comer con nosotros.
— Pero cariño, no la conocemos y por su ropa se nota que no es de nuestra clase social. No sabemos con qué mañas viene de la calle.
— Mamá, por favor no seas tan grosera. Muy bien, no pienso forzarte a que le des dé comer, pienso invitarla a algún sitio para que almorcemos juntos.
A la habitación entró el mismo hombre que se encontraba interesado en la virginidad de Sophie, pero que le fue negada por un desconocido, en el momento que él la miró fue que sonrió como si se tratará de un lobo astuto.
— ¿Qué sucede aquí? Tu madre se ha vuelto loca cuando supo que habías pedido que el doctor viniera, ¿Quién es esta jovencita tan linda?
— Hola papá, ella es Sophie y la traje a casa, ya que se desmayó en el cementerio. Fui a visitar a mi abuela y al escuchar un llanto tan desgarrador decidí buscar el origen, se desplomó delante de mí y decidí traerla aquí. Le estaba pidiendo a mamá que pusiera un plato más en la mesa, pero se está negando e incluso fue odiosa, entonces saldré con ella a comer fuera.
— ¿Acaso piensas dejarnos a nosotros, tus padres, por una recién aparecida? — la madre de David dio un paso adelante — apenas estás regresando de Londres y sales con esto, por favor no te pongas en esa posición y come conmigo además de tu papá, no tienes idea lo mucho que te extrañamos cariño y tenemos tantas cosas que hablar.
— Lo siento mamá, pero mi sentido de la moral me impide dejar que una señorita como Sophie se vaya así como por así sin comer nada, ya tendremos tiempo para hablar de mi estancia en Londres que es un sitio como cualquiera.
David se acercó a Sophie y la tomó con delicadeza de su brazo, ella sonrió al ver la actitud tan protectora de este hombre, una vez que estuvieron en pie decidieron irse, pero la madre de este hombre se atravesó en el camino y miró con desprecio a la mujer que su hijo sostenía.
— No, tú no vas a ir a ningún lado con esa mujer. Soy tu madre y me debes obediencia, lo dicen las leyes de Dios; pídele a un chófer que se la lleve y la deje donde vive.
— Mujer, deja de actuar de esa forma — el padre de David intervino — tú misma has dicho que nuestro hijo lleva mucho tiempo lejos de nosotros y para evitar que él se vaya debes de darle gusto, solo pon un bendito plato en la mesa y permite que Sophie coma con nosotros.
Ella al ver que no había salida llamó a una empleada que fue ordenada a que pusiera un plato en la mesa, Sophie junto con David salieron de la habitación y dejaron a los jefes de la casa.
— A mí no me engañas, Antonio — la mujer se acercó mientras movía las cuentas de su rosario con total calma — sé que estás interesado en esa mujerzuela, en 25 años de matrimonio me has puesto los cuernos a tu antojo con cuanta mujer se te pusiera de frente y la tal Sophie no es la excepción.
— Si tan solo pasarás menos tiempo de rodillas en la iglesia y más tiempo de rodillas delante de mí, no tendría por qué ponerte el cuerno, queridita.
— Suéltame — ella se soltó del agarre de su esposo — una sola vez accedí a acostarme contigo y fue porque quería tener un hijo, sabes bien que me casé a la fuerza y no por amor. No te amaba y nunca te amé, deseaba consagrar mi vida a Dios, sin embargo, los planes de mi padre eran otros y me entregó a ti como si fuera una esclava. Quiero que David sea un sacerdote, de esa forma va a ser alguien libre de pecado y podrá cumplir su sueño.
— Estás loca, el sueño de David no es ser sacerdote, es el tuyo. Ahora te aguantas a tu nueva realidad y obedeces a tu esposo como lo dicta la biblia, ve a la cocina que ese es uno de tus lugares, el otro es la cama, pero no puedes hacerlo a cabalidad, eres una esposa a medias.
Sophie se sentó en la mesa con ayuda de David, ella sonrió y le agradeció por su amabilidad. Los jefes de la casa bajaron como si nada hubiera pasado y Antonio se sentó en la cabecera de la mesa.
— Por favor que sirvan el almuerzo — ella ordenó a la empleada y miró a Sophie — espero que nuestra comida sea de tu agrado, probablemente si, después de todo, no creo que comas lo que nosotros tan seguido.
El consomé fue servido, Sophie no encontraba qué cuchara usar, ya que habían muchas a la disposición y se sentía un poco pérdida, por educación tomó la más pequeña porque no deseaba tomar grandes porciones de comida.
— Eres un completo desastre — la madre de David se llevó la mano a su frente — esa es la cuchara para postre, eres una ignorante total, no puedo creer que me hagan compartir la mesa contigo y todo porque mi hijo es como San Francisco de Asís, le gusta recoger a los animalitos del bosque, al menos espero que no se te ocurra comer con las manos, ya que para eso hay cubiertos.
— ¡Mamá! No entiendo por qué eres tan grosera con ella — David se levantó de la silla y le extendió la mano a su invitada — pienso comer fuera y espero que reflexiones sobre tus actitudes, vamos Sophie, voy a invitarte a comer a cualquier otro sitio.
David ignoró los gritos de su madre y se fue con Sophie, él decidió conducir su carro y subió a la mujer. Ellos llegaron a un restaurante que se encontraba en la plaza y fueron guiados por un mesero a una mesa que se encontraba un poco alejada de las otras.
— Lamento lo que sucedió, no lo quería avergonzar u ocasionar problemas con su madre. Soy demasiado torpe y no entiendo cuál es la función de cada cubierto, además no entiendo la necesidad de tantas cosas, se come con el tenedor y se bebe con la cuchara.
— Si mi madre te escucha, en definitiva te mata — David rio con naturalidad y miró palidecer a Sophie — no te preocupes, ella no es tan mala persona y creo que se encuentra un poquito celosa.
— ¿Celosa? ¿Por qué?
— Porque nunca antes había invitado a comer a una mujer y menos una que es tan hermosa — él tomó la mano de Sophie y la besó — ni siquiera en Londres pude encontrar la belleza que tú tienes.
Las mejillas de Sophie se sonrojaron como dos tomates maduros, ella apartó su mano rápidamente y aclaró su garganta mientras movía sus pies con nerviosismo.
— No te preocupes por los cubiertos, estoy muy de acuerdo contigo al decir que tantas cosas son innecesarias y bien se puede comer con tres o cuatro como mucho, no olvides el cuchillo.
— Hay muchas personas allá afuera que mueren de hambre y no tienen ni siquiera un pan duro para comer, mientras nosotros aquí estamos hablando de los cubiertos con los que vamos a alimentarnos, la vida es cruel e injusta muchas veces.
— Tienes razón, mi mamá pertenece a una asociación, se llama Las Damas de la Caridad, ¿Has escuchado de ellas? — Sophie negó ante la pregunta — qué raro, supongo que no estás tan necesitada como para que ellas te ayuden.
— O quizás es lo contrario y me encuentro tan en la miseria que incluso tales damas ignoran mi presencia. Hay muchos estratos sociales y supuestamente el último son los pobres, pero no es así, existen los miserables y en ese sitio es al que yo pertenezco, aquel en el que te preguntas si hasta el mismo Dios se olvidó de ti y es en ese momento donde pierdes las esperanzas.
El mesero llegó a la mesa y tomó la orden de estas personas, Sophie trató de ser lo más cuidadosa que pudo para no avergonzar a David. Ellos salieron del restaurante y empezaron a dar un paseo por la plaza, él le compró un helado a su acompañante y se sentó a su lado.
— Me gustaría saber donde vives, quiero llegar de visita y conocerte un poco mejor. Me pareces una mujer preciosa, pero sobre todo interesante, muy pocas personas tienen tu manera de pensar; claro está, si tú lo quieres así…