Valentina
Ha pasado tres días desde que mi jefe y ex crush me llevo a mi departamento, y lo cerca que estuvimos, la tensión se podía palpar, si no hubiese llegado el ascensor, quizás me hubiese lanzado encima de él.
La verdad el hombre está como quiere, ya no lo amo, pero tengo ojos y esta como quiere.
En la oficina todas las mujeres lo miran con deseo, pero nadie es capaz de acercarse por qué tiene un muy mal carácter.
Lo que más me molesta es que hoy ha decidido que todo lo que necesitemos que firme o apruebe debo ser yo la encargada de llevárselo.
Eso me molesta, por qué mi intención al venir aquí es mantenerme lo más alejada que pueda de él, pero creo que lo hace a maldad.
Estoy en mi computadora, mirando un sistema que se implementará nuevo, lo trajo desde china y quiere que lo revisemos antes de implementarlo en los aparatos.
— Valentina, llévale está carpeta al jefe para que lo revise, lo esperas por qué necesito enviar ese pedido hoy mismo— me dice Isabella y yo la miro cansada.
— Ya la llevo—
Son las tres de la tarde y todo el mundo tiene cara de cansancio y ganas de irse, ayer tuve que esconderme del jefe de recursos humanos, Robert y yo nos hemos visto varias veces y no fue nada mal en la cama, pero cómo todos piensan que quiero una relación, ya no hallo cómo decirle que no voy a repetir, la pasé bien, pero ya no quiero tener sexo con él.
Mi mejor amiga me invitó un trago y por supuesto invité a mi mejor amigo, son mi gran apoyo, aunque no se lleven bien, los quiero a los dos y por mí deben compartir el mismo aire.
Llego a la oficina del jefe y tocó la puerta, su voz desde adentro me hace erizar, tan varonil y gruesa.
Paso y la imagen que tengo delante me seca la boca, está sin la chaqueta del traje, la camisa arremangada hasta los codos y los primeros tres botones desaprovechados, que dejan ver un poco su piel y la tinta que cubre ese espacio.
No disimulo por qué miro fijamente esa área, pero luego reaccionó y hablo.
— Señor permiso, Isabella necesita que lea y firme estos documentos—
Le coloco los papeles en frente, pero él no los mira, solo mira mis ojos fijamente.
Tenemos una batalla hasta que yo bajo mi mirada y él la posa en los papeles, no dice nada, pero Lee concentrado, por unos 10 minutos, en los que no entiendo cómo mis piernas soportan no caer, quiero comerme las uñas, pero aguanto ese instinto.
No me percató de que se a levantado de su puesto, ya que estoy concentrada en mis pensamientos.
Siento su presencia, ya que tiene un cuerpo musculoso, es muy alto y su perfume huele exquisito, tanto así que nubla un poco mi mente.
Coloca el papel en mis manos y yo alzó mi rostro para sorprenderme de lo cerca que estamos.
— Ya están firmados, dile a Isabella que necesito que está semana esten listos los sistemas que le pedí— Yo asiento, y quiero comenzar a caminar, necesito salir de aquí.
— Valentina, te dije algo y espero una respuesta, o te comieron la lengua, sé acerca mucho más, pero se a lo que está jugando—
Lo esquivo, pero me acorrala en la pared detrás de mi, cuando siento que se va a colocar más cerca, tocan la puerta.
Saben esa expresión de salvada por la campana, yo lo viví.
El se acomoda en su escritorio— Adelante—
En eso entra Robert y cuando me ve sonríe.
— Hermosa, disculpa Valentina como estás—
La cara de Frederic se transforma en una mueca.
— Señor Robert, creo que sí está en mi oficina es por que vino hablar conmigo o a ponerse al día con Valentina—
El jefe de recursos humanos se puso pálido al oír a Frederic enojado, yo disimuladamente miro al hombre, y su cara de pocos amigos está intacta.
Y como a mi me gusta molestar, me acerco a Robert le doy un beso en la mejilla y le susurro.
— Llámame para que cuadremos para vernos—
— Yo te llamo, preciosa—
Salgo rápidamente antes que la furia caiga sobre mi, rio por la cara del amigo de mi padre, seguro piensa que debe proteger a la hija mojigata de su amigo.
Me carcajeo y subo al ascensor para llegar a mi piso de trabajo, voy hasta donde está Isabella y le doy el papel.
Recojo mis cosas, ya que falta poco para la hora de salida y me veré con mis amigos en un bar, ya mañana es fin de semana, así que no tengo trabajo y me podré relajar y pasar mi resaca, el domingo si haré avances de mi trabajo de pasantías.
Hoy no traje mi auto por eso pedí un taxi por la aplicación, estoy en recepción esperando que llegue cuando siento una gran presencia.
— Valentina, no tiene como irse a casa, yo la puedo llevar, no es problema—
— Frederic, ya pedí un taxi, no voy para mí casa, gracias de todas maneras— Aprieta su mandíbula.
— Para donde va, si puedo saber—
— No es su problema, ya terminé mi horario de trabajo y soy una mujer libre que se va a divertir—
Me quito el suéter, me suelto el cabello, el maquillaje de noche me lo aplicaré en el taxi.
El hombre me mira serio, pero con un brillo que no halló cómo interpretar, el vestido rojo que elegí me queda perfecto, lo subo un poco para que no se vea tan formal.
— Deberías dejar de tomar tanto, eres una mente brillante— Me dice para persuadir me.
— Soy brillante, pero me gusta el alcohol, divertirme y si te acercas te puedo decir un secreto—
El se acerca y no sé de dónde viene mi valentía, pero pensar en todos estos años sufriendo por el, me hace odiarlo un poco.
— Me gusta el sexo duro, que hagan conmigo lo que quieran, y que me dejen hacer lo que yo quiera, no todo puede ser perfecto, tengo mi lado dañado— Sus ojos se dilatan, cuando me quiere decir algo, el portero me llama.
— Señorita, su taxi ya está aquí— Miro al hombre con mirada que no se desifrar.
— Ya llegó mi taxi, disfrute su fin de semana, que yo si que disfrutare el mio—
Camino rápidamente y oigo cuando me llama.
— Valentina, venga acá, Valentina—
Sonrió y camino más rápido. Si me devuelvo es capaz de llevarme a qué mi papá y entre los dos encerrarme en la torre más alta.
Creo que mi infancia viendo películas de princesas me afectó.
Subo al taxi y el hombre me mira raro, por estar riendo sola.
Llegó al club, insomnio.
Es un club demasiado espectacular y cuesta mucho dinero la membresía, pero vale la pena, tiene mucha seguridad y venden el mejor alcohol de la ciudad.
Frederic
La veo irse, apesar de que la llame, me ignoro.
Sus palabras todavía resuenan en mi cabeza.
Me gusta el sexo duro, que hagan conmigo lo que quieran, y que me dejen hacer lo que yo quiera, no todo puede ser perfecto, tengo mi lado dañado.
Esas palabras me calentaron como a nadie lo ha logrado con solo palabras, sentía el calor, mi pantalón de sentía apretado, pero luego toda la excitación se convirtió en rabia, que otro hombre la toque y le haga todas las cosas que pasaron por mi sucia mente.
No debería interesarme con quién se acuesta, pero ella es la hija de mi amigo y debo cuidarla aunque no es mi responsabilidad.
O eso me digo a mi mismo para hacer la locura que estoy haciendo.
Me subo rápido a mi auto y sigo el taxi, en camino llamo a Lucas.
— Aló, que quieres—
— Te enviaré una dirección, nos vemos allá.
No lo dejo responder y cuelgo.
No voy a permitir que esa chiquilla cometa más locuras.