Esta vez, tras tantas depresiones, fue el helado quien me sirvió de hombro en el que llorar. Después de la desesperación por entrar en aquella universidad, un pozo de 20.000 euros fueron los que me dejaron de una patada en el mundo real.
Y mientras que el helado se derretía en mi boca, y en mi ropa, las telenovelas alemanas eran la segunda compañía que tenía ese día en el apartamento.
Fueron dos horas las que me pasé allí, sin ánimos ni para comer, aún más. Todos decidieron ir a celebrar sus éxitos, por ejemplo, los mellizos entraron en la facultad de derecho, y la tierna pareja pronto comenzarían a vivir juntos. Sin nadie que los molestara, ni robara su helado, aunque de esto último yo siempre era la culpable.
En la televisión, Ágatha se había enamorado de Josh, el marido de su mejor amiga, quien a su vez se había enamorado del hermano de Ágatha; pero Jocelyn, la suegra de la esposa de Josh, le amenazó con contárselo a su hijo, sin saber que este también le era infiel.
—¿Lo estás viendo verdad? —Me dijo Penélope, por aquel entonces una buena amiga de Alemania. —¿Como Jocelyn puede ser tan...? —Mi risa se escapaba a través del teléfono por su repentina ira.
—Sí, además, Ágatha tiene que estar con Josh, es su destino. —Marqué yo, mientras ella gritaba en la línea.
—¿Qué tal llevas lo del dinero? —Preguntó en un intento de hablar por fin, seriamente conmigo.
—Nada bien, es mucho dinero. —Suspiré, llevándome otra enorme cucharada a la boca.
—¿Por qué no le pides el dinero a tu madre? Es súper rica. —Ella, sabía muy bien mi respuesta, sin siquiera decirla. Mi madre no era mala persona, solo es que en su ideología no entraba eso. Ella tubo que luchar mucho por su carrera, sin la ayuda financiera de nadie; y eso mismo es lo quería para mí. —Está bien, se que eso es un no rotundo. —Ella rió. —Bien, tengo una idea, abre el portátil.
—¿El portátil? ¿Para que demonios quiero el portátil? —Le pregunté confundida.
—Tú solo hazlo. No es que tengas que correr una maratón. —Casi podía ver su expresión de fastidio a través de la pequeña pantalla.
—Está bien. —Suspiré, cogiendo el portátil del otro lado del sofá. Abriéndolo sobre mis piernas, mientras en la web tecleaba todo aquello que Penélope me decía.
—¿Listo? —Preguntó.
—Listo, pero no lo entiendo muy bien. —Confesé luego de ver la página web en la que Penélope me había metido. —¿Para qué quiero esto? —Pregunté confundida.
—Tú solo lee, investiga, y luego me llamas, ¿vale? —Y tras eso, ella colgó.
Sobre lo comentado en la página comencé a encontrar varias cosas interesantes, vídeos, experiencias variadas, soluciones, hasta había personas con muy buenas críticas hacia esto.
La página, parecía una de citas, normal y corriente. Pero lo que no esperas al entrar es:
¿Qué es un sugar daddy?
Hombres y mujeres exitosos que saben lo que quieren. Están impulsados y disfrutan de una compañía atractiva a su lado. El dinero no es un problema, por lo que son generosos cuando se trata de apoyar a un sugar baby.
¿Qué es un sugar baby?
Gente atractiva que busca las cosas más finas en vida. Ellos aprecian viajes exóticos y regalos. Los bebés del azúcar llegan a experimentar un estilo de vida lujoso, y satisfacen a gente rica sobre una base.
Normas base.
1- Un Sugar Daddy va a considerar una nueva relación para ser un aspecto de su agenda que debe ser considerado y el pensamiento a través hasta la ubicación precisa de su asiento en un restaurante y la hora exacta de sus ruedas ruedan hasta el aparcacoches puerta principal.
2- Sugar Babies son un gasto que debe tenerse en cuenta. Los gastos pueden tomar la forma de unas vacaciones de lujo, salidas de compras, o incluso asignaciones mensuales. Estos términos de relación están cubiertos cuando se habla de un acuerdo.
3- Sugar Daddies son todos acerca de los negocios. Esto implica que no es probable que un trabajo que lleva horas de trabajo locas y un sinnúmero de reuniones. Si él está un poco retrasado en responder a los textos, daddy está tratando de mantener su flujo de caja. Y que todas las obras a favor de su Sugar Baby.
Leí todos y cada uno de los apartados, uno por uno, concentrándome todo lo que pude para comprender lo que estas expresaban. ¿Sería la pareja de alguien, a cambio de dinero? ¿De un hombre mayor, o menor a mi? Pero, realmente había personas, las cuales salían muy contentas de eso.
—¿Lo has leído todo? —Dijo Penélope con curiosidad, luego de haberla llamado.
—Sí, pero Penélope, no entiendo como esto puede ayudarme.
—¿No has visto la sección del dinero? —Suspiró, ella me tenía mucha paciencia. —Mira de nuevo todo, pone que pueden llegar a pagarte mucho dinero, incluso si lo quisieras, la universidad. —Eso me hizo darme cuenta a lo que ella llegaba a referirse.
—No, no y no. Penélope, no pienso prostituirme. —Dije totalmente convencida.
—No exageres, además, no es prostitución, sería como salir con alguien, pero que te paga. Si quieres entrar en la universidad, cualquier suma y forma de conseguir el dinero es aceptable.
—Podría buscar trabajo. —Sugerí en un penoso intento de auto convencerme.
—¿Y tendrías los veinte mil para dentro de unos meses? —Preguntó sarcástica. —Porque amiga, yo creo que no.
Suspiré. Era una idea descabellada, no solo descabellada, ¡era perder totalmente la poca dignidad que me quedaba! ¿Pero como podía siquiera pensar en fallar a mi madre?
—¿Pero y si algo sale mal? ¿Me hará devolverle todo? —Cuestione intranquila.
—Nadie ha comentado nada de eso. No creo que sea necesario. —Dijo ella mientras el sonido de unas teclas se escuchaban a través del altavoz. —No, nadie dice nada de eso en la página.
—No sé... —Volví a suspirar. —Espera, ¿te has inscrito? —Dije sorprendida.
—Que va. —Ella comenzó a reír de forma aguda. —Te he inscrito a ti.
—Penélope García Tolson, ¿qué has hecho qué? —El grito no podía detenerse en mi garganta. Necesitaba gritarle, pero gritarle mucho, aunque eso no sirviera de nada y ella estuviera riéndose desde la otra punta del país. —Te juro que voy y te mato.
—¡Eso espero! ¡Dejas a tu mejor amiga desatendida! —Me reprochó con un toque de sarcasmo.
—Lo siento, ¡pero no me cambies de tema! —Volví al punto del principio, sacudiendo la cabeza. —Dime lo que has puesto, ahora. —Le exigí.
—Puedes verlo tú misma. —Casi pude ver su sonrisa pícara cuando me estaba dando todos los datos.