🔶19: DESPEDIDA🔶

1716 Words
Diego —Sander, despierta...— estaba tratando de despertarlo desde hacía 5 minutos, Sander solo se volvía o pegaba manotazos por lo que tuve que actuar con el plan b. Lo destape por completo, me levante, caminé hasta los pies de la cama donde agarré su pie y lo arrastre hacia mí, lo tome de la cintura, colocándolo en mi hombro. —Pero ¡que mierda! — chilló exaltado. Lo llevé hasta el baño lo metí a la ducha y prendí la llave de agua helada. —Ahhh! Apágala, apágala— gritó, la apagué solo porque si la dejaba más tiempo probablemente se enfermería— Pero ¿qué te pasa? ¿Y por qué estoy en tu casa? —Qué ¿por qué estás en mi casa? Claramente no recuerdas nada por lo borracho que estabas, nos daremos una ducha y luego hablaremos de lo que sea que está pasando— dije firme, prendiendo la llave del agua caliente. Al terminar de bañarnos nos colocamos batas y volvimos a la habitación. —Creo que voy a empezar a vestirme, hoy es lunes y me toca clases temprano— dijo caminando a la puerta que daba al clóset, pero lo detuve. —Tenemos que hablar, no puedes seguir evitándolo, es temprano todavía, si quieres luego te voy a dejar, pero es importante aclarar esto— dije mirándolo seriamente. —Bien! —¿Entonces por qué ayer te fuiste como si nada? — pregunté. —Porque estaba confundido, necesitaba pensar y no podía contigo en frente— explicó un poco alterado. —¿Pero si podías en un bar lleno de gente que pudo hacerte algo? — pregunté enojado, él ni siquiera estaba preocupándose por él mismo. —Si, exactamente. —¿Al menos pudiste pensar? — pregunté. —Si. Yo... tú... ya no quiero esto —¿Qué? — pregunté confundido. —Que ya no podemos seguir con esto. —¿Por qué? Todo está bien, no lo entiendo, ambos tenemos química, los mismos gustos, queremos las mismas cosas. —Yo estoy... no...— dijo como para sí mismo no entendía, pero quería que lo explicara ya— yo necesito decirte algo. —Pues dilo. —Fue un reto, todo este tiempo— soltó. —No entiendo a qué te prefieres— dije aún más confundido. —En la cafetería muchos chicos y chicas coquetean conmigo, más a menudo de lo que creerías, el día en que entraste a la cafería no cambio nada, tu coqueteaste conmigo, solo eras uno más, no iba a hacerte caso, no lo quería hacer pero mis amigos me retaron, dijeron que no podía lograr salir contigo más de tres semanas, por lo que no tuve opción, con lo que me chantajeo John era muy malo para mí, debía cumplir el reto, al principio no estaba muy entusiasmado, no me iba a acostar contigo ni una sola vez, hasta en un momento estuve dispuesto a rendirme y solo renunciar para que no se cumpliera con lo que me estaban chantajeando, pero luego todo cambio, empezamos a tener sexo y era bueno, aún lo es, muy bueno pero no puedo seguir mintiendo y el reto se cumplió hace dos semanas, juro que lo había olvidado pero hace unos días Martín me lo recordó y todo se puso confuso. Estuve callado todo el tiempo, no dije nada, pero luego lo pensé. ¿Qué mierda? El me engañó, nunca habían jugado tan sucio conmigo, es que nunca nadie se había atrevido a hacer algo así, me sentí utilizado pero buenos con mi orgullo en el suelo, realmente no sabía que me estaba pasando. ¿Cuándo alguien se había atrevido a hacer algo así? Yo era quien jugaba y engañaba no a mí, aunque no lo hacía a menudo porque era feo, esto nunca me pasaba a mí, YO cautivada, YO los dejaba, que mierda, me enojé conmigo mismo y con el también, decidí que esto no podía seguir así, no podía seguir humillando más de lo que estaba. —Bien, al menos ganaste el reto ¿no? — dije calmadamente, aunque realmente no me sentía así, el asintió, en si mirada se veía miedo, creo que todavía esperaba alguna otra reacción— tranquilo que no tengo nada que decir, solo... está bien, no quieres seguir con esto porque era un reto, lo entiendo, de todos modos, en algún momento iba a terminar, creo que es mejor de esta manera— dije antes de darme vuelta, caminé al clóset para sacar ropa con que vestirme, Sander me siguió. —¿No dirás nada más? ¿Esa bien? ¿No te molesta que allá aceptado tener esto solo por un reto? — preguntó un poco shockeado. —Bueno un poco pero no puedo decir nada, tú ya no quieres seguir con lo que tenemos, así que solo quedaremos en lo pactado, creo que deberías empezar a vestirte para ir a la universidad o llegaremos tarde— hablé mientras me vestía. —Bien— dijo sonriendo levemente— esto es mejor de lo que había pensado. Después de eso lo llevé a la universidad, me devolví a la cabaña. Llamada. —¿Hola? —Soy Diego, pásame a Emilia. —Lo siento. —No te preocupes ya me eh acostumbrado a que cuando te acuestas con alguien me conteste el celular. —Si, pero ¿me llamaste por algo no? —Si, voy a volver así que podrías conseguirme un pasaje de avión de vuelta para mañana por favor y claro también dejaré la cabaña. —¿Ah pasado algo? La última vez que hablamos no me dijiste nada. —No solo ya se terminó así que vuelvo a Italia, además tengo bastante trabajo que no eh podido hacer por estar lejos. —Entonces conseguiré el pasaje y también arreglar lo de la casa. —Gracias. —Suerte, te veo pronto. Fin de la llamada. Empecé a empacar las maletas, dejé ropa para mañana y después del baño. ×•×•×•×•×•×•×•×•× La puerta fue tocada en diferentes ocasiones, pero no me había dado cuenta por que estaba demasiado concentrado revisando los balances de dinero, cuando me di cuenta baje mientras miraba la hora en mi reloj ya iban a ser las 7. Caminé hasta la puerta y abrí, para mi sorpresa era Sander. —¿Qué haces aquí? — pregunté sorprendido, no pensé que vendería. —¿No es claro? Vine por sexo, aunque sea la última vez — dijo entrando, cerré la puerta al volverme él ya se estaba desnudando. Sander estaba sacando su camiseta, cuando se desnudó por completo se acercó a mí, alzó sus pies para besarme, lo tomé de la cintura y lo alcé para que se colgara con sus piernas de mi cadera, sus labios estaban suaves y sabían a arándanos y frutilla, él había tomado su batido favorito antes de venir. Caminé hacia mi habitación, lo lancé a la cama, él se vio un poco sorprendido, pero luego sus ojos brillaron de lujuria, abrió lo más que pudo sus piernas para mí, junto sus manos las llevó sobre su cabeza en un acto de sumisión. No lo dude me subí a la cama y gateé hasta él como un León acechando a su presa, tome lubricante del velador y levante una de sus piernas para tener a la vista su entrada, rocíe lubricante en su entrada y mis dedos, tire el envase de lubricante, posicione mis dedos para luego adentrar dos de una sola estocada, los empecé a mover expandiendo por sus paredes el lubricante mientras estás cedían ante mi permitiendo así meter un tercer dedo, su entrada estaba dilatada y mis dedos apretados, sentía cada palpitación apretar mis dedos, al levantar la vista él apretaba las sábanas. Saque mis dedos y busque un condón, lo coloqué rápidamente, embistiéndolo bruscamente, está noche tenía que ser inolvidable. Sus gemidos se escucharon al instante, placer y dolor, una mezcla increíble, mi cabello estaba siendo tiroteado por él, como siempre gemía en mi oído provocando que fuera aún más salvaje, lo volteé colocándolo en cuatro, el sonido de mis caderas chocando con sus nalgas resonaba en el cuarto al igual que nuestros gemidos, estaba transpirando, realmente quería dejarlo saciado, que mañana cuando abriera los ojos hasta los recuerdos le hicieran doler la cadera, agache su cabeza dejando su culo parado, le di dos nalgadas una en cada lado dejándolas rojas. —Dame otra— pidió mientras doblaba su cabeza y me miraba con sus ojos inocentes, tan contradictorio, cuando quería se convertía un Ángel o un diablo. —¡Ah! — gritó cuando le di otra nalgada, fue con más intensidad, solo por haberme provocado. —Te gusta ¿Eh? Veo como lo disfrutas, te chorreas cada vez que te doy una nalgada— lo di vuelta y subí sus piernas a mis hombros, mis caderas chocando cada vez con más intensidad en su interior, su boca abierta, gimiendo a gusto, lo embestí unos minutos de la misma manera y luego lo levante lo coloqué contra la pared, abrí sus piernas, presioné sus manos un poco más arriba de su cabeza con una de las mías y me acerqué a su oído, besé debajo de este, luego abrí sus nalgas con una de mis manos y lo embestí— mírate hecho un desastre, desesperado, jadeante, sin fuerzas, tus piernas queriendo desplomarse en este instante. Ambos estaban por llegar. —Quiero terminar mientras te monto— pidió mirándome a los ojos. Lo llevé de vuelta a la cama y lo subí sobre mi empezó a saltar en mi polla tan rápido como podía, afirmándose del respaldar de la cama mientras yo lo ayudaba tomándolo de las caderas, el subía y bajaba sobre la misma, su cabeza estaba echada hacia atrás, cada vez que bajaba en mi gemía más fuerte, lo admiraba desde abajo tan fascinado, me encantaba que fuera tan descarado, no se avergonzaba ni por un segundo. —Ahhh ¡¡Diego!!— terminó en un fuerte gemido, su blanco semen salpicó en todas partes, minutos después terminé yo, después de calmarnos nos limpiamos y nos acostamos. Esa era la despedida, pero él no lo sabía, no hasta la mañana siguiente.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD