Me quedo viendo fijamente el cuadro qué hay en la cocina. ¿Esa fotografía aún existe? Hago una mueca de asco debido a mi pobre aspecto de siete años, ¿acaso no conocía lo que era un cepillo? La pequeña versión de mi en aquella fotografía tiene el cabello echo un lío, como si un pájaro hubiera comenzado su nido en mi cabeza y hubiera decidido que era un caso perdido, también tengo la cara llena de suciedad y una enorme sonrisa ridícula con apenas un par de dientes torcidos; a mi lado están Will y Emmie, por su parte Will le sonríe a la camarera con picardía y le muestra un músculo inexistente en un intento francamente ridículo de impresionar a la mujer, mientras Emmie tiene un brazo alrededor de mi cuello y una mano sobre la cabeza de Will. Parece haber sido hace una eternidad. Mis ojos no se apartan de la fotografía hasta que escucho la voz de mamá a través del parlante de mi móvil, áspera.
- ¿Riley, cariño, sigues ahí?
Carraspeo para deshacerme del nudo que tengo atorado en la garganta desde que comenzamos a conversar.
- Si, sigo aquí - respondo, volviendo al mundo real antes de perderme por completo en mis pensamientos - ¿Cómo ha ido la búsqueda?¿Han encontrado algún buen lugar para el nuevo bebé?
Olivia y Garret han estado buscando una casa, no un departamento, ya que no resulta muy práctico tener un lugar tan pequeño cuando al parecer la familia se está expandiendo. La noticia del nuevo bebé me ha pegado tan duro que Gabriel decidió levantarme el castigo once días antes de lo previsto, el hombre tuvo misericordia del giro inesperado que ha dado mi vida, una de las pocas cosas positivas que puedo ver hasta ahora acerca del nuevo integrante. Intento no preocuparme mucho en cómo afectará la llegada de este nuevo ser humano a mi regreso a Boston hasta que tenga que hacerlo de verdad, por lo que evado el tema lo más que puedo, hasta que se trata de mamá. Evadir o negar cualquier asunto que tenga que ver con el bebé es un golpe bajo para mi madre.
- Oh, cariño. ¡Hemos visto lugares preciosos! No tienes idea - comienza a parlotear Olivia, y sonrío con nostalgia al escuchar el timbre de su voz -. Garret se ha esforzado en buscar un buen distrito escolar para el pequeño . . .
- ¿El pequeño?
No responde de inmediato a mi exabrupto.
- Aún no sabemos cual es el sexo del bebé, pero creo firmemente que es un varón.
Lanzo un bufido - Genial, propongo que lo llamemos Will dos para ahorrar tiempo.
- No vamos a llamar Will dos al nuevo bebé, Riley - me reprende severa.
- ¿Ni siquiera lo vas a considerar? - farfullo fingiendo indignación -. Mi propia madre no considera mi participación en su nuevo embarazo. Seguramente querrás reemplazarme con él después de unos meses.
- ¡Riley! Sabes que eso no es cierto - exclama ella.
Pongo los ojos en blanco y pego un pequeño salto.
- Lo sé, es solo que me agarraste con los pantalones abajo con esta - mascullo rápidamente, mi respuesta le arranca una carcajada -, un bebé después de tantos años. Uf, creí que podíamos adoptar una mascota antes de llegar a medidas desesperadas como otro bebé.
- Garrett es alérgico a los perros y lo sabes.
- Podríamos deshacernos de él - sugiero como quien no quiere la cosa -. Max lo superará con el tiempo.
Me rio de mi propia idea.
- Claro, y luego podemos hacer que el bebé se enfrente con el perro para decidir un favorito - ironiza ella ante mis comentarios.
- No suena mal, pero sigo con mi idea, podemos llamar a nuestro nuevo perro Max dos.
- No puedo creer que diré esto, pero extraño tanto tu ingenio perspicaz, cariño - me dice, con el mismo tono meloso de hace rato -. No hay nadie como tú para subirme los ánimos.
- Si fuera tú también me extrañaría, mamá - bromeo para que no se eche a llorar debido a las hormonas.
- Es bueno hablar contigo. ¿Haz estado ocupada estos días?
- Como no tienes idea - refunfuño con una risita tensa.
Entonces se me ocurre aprovechar un poco la situación, tal vez ahora que mamá está embarazada Will podría olvidar su rencor y hablar con ella, así que camino hacia la cochera donde el ruido de fondo que tienen los muchachos en la apenas me deja escuchar mis propios pensamientos. Antes de terminar la llamada decido intervenir en su rutina diaria de pesas. Apenas camino unos pasos dentro con móvil en mano, hay más muchachos de los que estoy acostumbrada a ver en un lugar tan pequeño, apenas distingo a Adam y Jasper entre el nuevo juego de pesas que Gabriel les obsequió por la victoria de su tercer juego consecutivo, también alcanzo a divisar la mata castaña de Brandon y me topo con los ojos grisáceos de Ashton en el fondo.
- ¡William! - chillo para llamar su atención, el sonido metálico de las pesas se desvanece en cuestión de segundos - ¡Mamá está en la línea!
- ¿Segura que quieres hacer eso? - me pregunta directamente Adam, persona a la que ignoro desde hace una semana -. No creo que Will quiera . . .
- Will no habla con su mamá, y lo sabes - dice Jasper, exasperado.
- Bueno, está en la línea - le respondo a Jasper, y en el fondo escucho el sonido de indignación de Adam.
- No va a contestar - insiste Adam.
Lo ignoramos.
- ¿Cuanto quieres apostar? - le propongo a Jasper.
Pronto estamos rodeados en círculo donde vuela el dinero para la apuesta. Will está en su habitación buscando unas cintas para las pesas por lo que nos hacemos los tontos una vez regresa. Los chicos hacen una fila frente a mi para darme el dinero - Adam tiene que dárselo a Jasper para que pueda aceptarlo, cosa que ha dejado de ser divertido tanto para él como para Will -, y más de la mitad apuesta que no contestará. Lo hace después de todo. Me guardo el dinero en el fondo de los bolsillos de mis pants y vuelvo a entrar dentro, el sonido metálico y de voces graves regresa y llena de vida nuestra casa.
- ¿Una apuesta, Rosemary? - No detecto ápice de sorpresa en la voz de mi madre, por lo que me encojo de hombros aunque no pueda verme -. Eres increíble.
- La verdad soy bastante guay, mamá.
Me quedo pegada al móvil un rato más. Creo que nuestra relación madre-hija nunca ha ido mejor como ahora que me encuentro a cientos de kilómetros de distancia. La única cosa que me molesta un poco, y que a veces no me deja dormir, es le hecho de que nunca me he encontrado mejor como ahora que estoy alejada de ella, es decir, mi salud mental pendía de un hilo bajo su control obsesivo; ahora, me siento como un pajarito que se ha escapado de su jaula de oro, y lo peor es que el alivio que me embarga cada día al despertar en casa de Gabriel me ahoga de la culpa. Cuando nos marchamos de casa y dejamos nuestra vida atrás nunca comprendí muy bien el por qué o las razones por las cuales ella decidió tomarme específicamente a mi, ¿por qué no Will?¿O Emmie?¿Qué derecho tenía ella para alejarme de la única familia que conocía? Las respuestas no llegaron sino hasta que cumplí catorce años y Gabriel no había venido a buscarnos, pero aún seguía el resentimiento, burbujeando en una parte de mi cabeza a la que no tenía acceso.
Las cosas se volvieron cada vez más fáciles conforme pasó el tiempo. Nuestra relación llegó a un punto medio, un balance perfecto en el que solo éramos madre-hija, y para cuando cumplí dieciséis años los muchachos llegaron a nuestra vida haciendo el proceso un poco más tenso y lento. ¿Es infantil e injusto? Por supuesto, pero aunque la culpa siempre me carcome por dentro soy consciente de que tenía ocho años y solo podía pensar en cómo ella pudo quitármelo todo en menos de 24 horas, a mi padre, a mis hermanos, todo. El punto es que estar lejos me ha servido para despejar todos esos pensamientos negativos, a encontrarlos injustos, las cosas ya están echas. No puedo cambiar las cosas, ni viajar en el tiempo o tratar de entender las decisiones que tomaron mis padres y me trajeron hasta este punto.
Contengo un suspiro tembloroso cuando me despido de ella. ¿Por qué fui tan empollona de niña?
- Te veo en las fiestas, mamá - le digo, colgando el móvil.
Pongo la espalda contra la pared, dejando salir el aire que había estado reteniendo sin darme cuenta. Decidí que, teniendo en cuenta que tengo que comenzar a hacer méritos con Piper para cumplir el segundo "deseo" de Liam, puedo comenzar a hacer méritos con todas las personas con las que me he relacionado y no ha resultado bien; respecto a Piper ya es un caso distinto, porque ¿cuando viajamos en el tiempo y regresamos al jardín de niños? Piper me ha evitado durante días por la cosa más ridícula del mundo entero: un muchacho, y no sólo un muchacho cualquiera, sino Liam Miller. Por favor. Ni en un millón de años me enrollaría con un tipo cómo él, y aún menos sabiendo que una de mis mejores amigas tiene un flechazo por él. Si por mi fuera el tema con Piper quedaría zanjado con su reacción, porque ¿es que no fui una amiga digna de confianza durante nuestra breve amistad? En el momento, no supe cómo manejar la situación, he tratado de hablar con ella en los momentos menos indicados como las prácticas y cuando está en el baño, pero eso tiene que terminar.
Se supone que me tengo que mover para alcanzar las llaves de mi auto de un mueble a pocos metros de mi lugar, pero me quedo ahí paralizada. Mañana es viernes, y en el colegio tenemos organizado un recorrido en el museo natural de Historia para el que necesitamos un permiso firmado por nuestros padres, permiso que aún no tenemos porque Gabriel espera que nos portemos bien. ¿Quién diría que, al final del día, sería tan estricto? Seguro que mamá no, pero volviendo al tema, me estoy arriesgando mucho saliendo sin avisar en mi primer día de libertad.
- Si me concentro, puedo escuchar los engranes moviéndose en tu cabeza - me dice una voz grave y acelerada, haciéndome respingar por la sorpresa.
- ¡Adam!
Me llevo la mano al pecho en un vano intento de disminuir la velocidad de mi corazón, al mismo tiempo en el que fulmino a Adam con la mirada. El mejor amigo de mi hermano me regresa una mirada divertida que provoca un leve temblor en mi barbilla, ¿por qué me tiembla tanto la jodida barbilla? No tengo tiempo de encontrar una respuesta porque mis ojos se trasladan a su pecho bronceado perlado en sudor y se quedan clavados en ese área de su cuerpo, primero me deleito con el marcado six pack por el que se deslizan pequeñas gotas de sudor hasta el dobladillo de sus shorts deportivos negros. Tengo la garganta terriblemente seca cuando intento hablar y tragar saliva me es una tarea imposible, quiero creer que Adam interpreta mi silencio como señal de molestar en lugar de la verdadera razón: que no le puedo quitar los ojos de encima.
Me siento como una total pervertida. Uso de toda mi fuerza de voluntad para despegar los ojos y que el echo de que esté maravillada por la vista no sea causa de mi momentáneo aturdimiento.
- Mis ojos están aquí arriba, Riley - Adam me señala sus ojos grisáceos con dos dedos, soltando una pequeña risita gutural.
Balbuceo un rato antes de replicar - ¡Cállate!
Mis mejillas seguramente se tiñeron escarlatas desde que todo él entró en mi campo de visión. Malditas hormonas.
- ¿En que estabas pensando?
- No es asunto tuyo - mascullo de mala manera, cruzando los brazos sobre el pecho. Hago un mohín al mismo tiempo que ladeo la cabeza para no verlo, pero aún así sigo embelesada con la vista que tengo por el rabillo del ojo -. O puede que si, ¿verdad?¿Estás pensando en ir corriendo a contarle a Gabe?
El semblante le cambia con mi comentario. Frunce tanto el ceño que sus largas y espesas pestañas doradas casi le rozan los pómulos bronceados, sus ojos grisáceos están oscuros y su mandíbula cincelada tiene un pequeñín músculo tensado.
- ¿Quieres dejar de comportarte como una idiota? - me dice malhumorado, y logra sorprenderme bastante. Arqueo una ceja en señal de indignación - ¿Sabes? Me estoy cansando de aguantar toda la mierda que me arrojas.
- ¿Estas de coña?
- Llevas tratándome como si fuera basura desde que te recogí en aquella carretera en la semana pasada. ¿No crees que ha sido suficiente?
Cierro mis manos en puños con tanta fuerza que me duelen los dedos cuando me dan ganas de cruzarle la cara con una bofetada.
- No, la verdad no creo. Caíste muy bajo traicionándome - chisto desdeñosa, y mis ojos evitan los suyos cuando los míos se cristalizan de repente -: Yo nunca te hubiera echo algo así.
- ¡Entiende que no podía dejar que te marcharas!
Hago un puchero con los labios, sin querer, y parpadeo rápido para ahuyentar las lágrimas aunque aún las sienta quemándome las pestañas. Pelear con Adam es una de las cosas más dolorosas que he echo, pues el corazón se me estruja en el pecho cada día en el que no me puedo sentar junto a él en nuestro sofá, cada vez que no me acompaña a clases cuando me mira caminar en el pasillo o cuando no me sonríe a través de nuestra mesa en el almuerzo; ahora el dolor es mil veces peor, siento como si las comisuras de los labios me las jalaran hacia abajo en medio de temblores que no puedo controlar.
- No debiste obligarme a quedar, Adam. - mascullo fríamente - De todas las cosas que pudiste hacer para que me quedara hiciste la más idiota . . .
- Si te lo hubiera pedido, ¿te habrías quedado? - me interrumpe, y sus ojos grises escanean mi rostro con ganas -. Dime la verdad, ¿te habrías quedado?
Si. No necesito pensarlo ni un segundo porque la respuesta salta en mi cabeza en cuanto la pregunta abandona sus labios, pero no digo nada. Ya debería saberlo; es como si fuera mi mejor amigo, ya debería saber que haría lo que fuera que me pidiera. Teniendo en cuenta que Adam es el mejor amigo de mi hermano mayor es extraño admitir el hecho de que en mi cabeza es mi mejor amigo, pero no tengo idea de cómo Will podría tomar esa noticia.
- Eres increíble, Adam - mascullo exasperada, soltando un enorme bufido - ¡Agh! Ni siquiera puedo mirarte a los ojos sin querer darte una bofetada.
Intento darme la vuelta para tomar las llaves del auto, visitar a Piper y poder librarme de Liam por un rato, pero la mano de Adam no me deja moverme ni un centímetro. El tono de su tez bronceada destaca contra mi piel pálida, y su enorme mano con pequeñas venas violáceas sobresaliendo en su piel sosteniendo mi delgado brazo apenas necesita esfuerzo para detenerme.
- Entonces hazlo - sentencia con voz firme, y su mano a duras penas ejerce presión para acercarme a él y que sus ojos puedan taladrarme -, si esa es la única manera en la que puedes perdonarme, hazlo. Sabes que no puedes ocasionarme más daño del que me provocas cuando no me miras.
Una punzada en mi pecho casi me hace flaquear, la sensación de que lo único que me sostiene ya no es la gravedad sino su mano y que en cualquier momento podría saltar en sus brazos me roba la respiración, estoy a punto de hiperventilar.
"Pero si siempre estoy mirándote" Titubeo en mi mente, pensando en cada una de las veces en la que lo vi de reojo caminar en el pasillo hacia su clase.
- Suéltame.
- Riley . . .
Me deshago de su agarre con un jalón violento. Adam imita mi gesto añadiendo confusión a su semblante, y no lo culpo, desde que recuerdo hago lo contrario de lo que me gustaría hacer o decir. Lo veo retroceder un paso vacilante, luego otro y otro más con decisión, pero no quiero que se aleje.
- ¿De verdad crees que trataría de hacerte daño de alguna manera? - inquiero ceñuda, cruzando los brazos sobre mi pecho.
No contesta. Vuelve a imitar mi gesto cruzando sus musculosos brazos sobre su musculoso e hinchado pecho, con un gesto de superioridad.
- Sino quieres contestar no lo hagas - murmuro, y en el fondo siento lo mismo que él sintió cuando no contesté hace un minuto. La incertidumbre me carcome la cabeza, ¿de verdad creía que iba a hacerlo? -, pero no me quites mi tiempo. Tengo cosas que hacer.
Adam suspira. Toda la casa está caliente, el sudor aún sigue deslizándose por la piel caliente de Adam, por mi sien y nuca, el aire huele a metal. Nos vemos el uno al otro por un par de segundos muy tensos en los que no movemos un músculo de nuestros cuerpos.
Arqueo una ceja, desafiante.
- ¿Y bien?
Lo veo apoyar el hombro contra la pared - ¿Qué tienes que hacer?
- No es asunto tuyo - respondo naturalmente, sin alterar el semblante.
- Pues fíjate que es asunto mío - se inclina hacia el frente, y se tiene que bajar la mirada para verme a los ojos - hasta que vuelvas a ser mi mejor amiga. Voy a volverme tu sombra, cada paso que des va a seguir por otro mío, nos vamos a volver una sola persona.
Me rio con ganas.
- Te recomiendo que comiences a contar los minutos con ese reloj con el que te gusta controlar la rotación de la tierra - me acerco un paso hacia él, violando su espacio personal con una sonrisa sarcástica. Lo tomo de la muñeca y le doy unos golpecitos a la superficie del reloj -: porque la fila de personas para joderme un ratito la existencia es larga.
- ¿Siempre usas el sarcasmo como método de autodefensa? - replica él, sin inmutarse.
- ¿Y tú siempre has sido rubio o te teñiste?
Adam se para en toda su altura y la sombra de su cuerpo fornido me deja en la oscuridad mientras me mira desde arriba. Sus ojos se achican cuando me escruta con diversión y una sonrisa le tira de los labios donde se le forman dos arrugas perfectas. Me sostengo sobre la punta de los pies para no caer hacia el frente, como si todo Adam estuviera llamando a mi cuerpo de forma magnética, y respiro profundamente para evitar un ataque de tos gracias a mi garganta seca.
- ¿Quieres comprobarlo? - dice con una risita, pero como la pregunta que me negué a responder antes la respuesta salta en mi cabeza de inmediato.
- Si.
No me quedo a ver su reacción. Le palmeo el pecho cuando paso a su lado en camino hacia las llaves de mi auto con una sonrisa de suficiencia que ni siquiera tener que lidiar con Piper me podría quitar; cuando salgo de la casa, dejando a un muy rígido y aturdido Adam atrás, siento que el aire que entra en mis pulmones es más fresco que esa misma mañana cuando Gabriel me obligó a sacar la basura. Huele a libertad, césped recién cortado y cuero caliente, aunque dentro del auto apenas noto la diferencia de aromas. A veces las cosas se complican con las prácticas, gimnasia y los ensayos con el club de teatro, pero la culpa la tienen Will, Adam y Jasper; después de pasar prácticamente cada minuto de mi día en el que no estoy ocupada con el colegio apenas puedo distinguir entre su olor a sudor por la práctica y sus casacas sucias, y mi mochila llena de ropa sucia en el asiento trasero.
El camino hacia el colegio es corto. Piper se encuentra en una reunión con el círculo interno de animadoras, es por eso que las demás tenemos la tarde libre antes del partido de mañana. Decido darle otra oportunidad al nuevo disco de Maroon 5 mientras conduzco para distraerme un poco, cosa que funciona bastante bien, porque cuando menos lo espero me encuentro pasando de largo. Me quedo sentada frente al volante un par de minutos, en parte escuchando música y en parte pensando en Adam. Desde que supe que iba a regresar a casa lo primero que se me vino a la cabeza fue que iba a volver a verle, que no podía dejar que mis sentimientos de sexto grado florecieran como por arte de magia y que necesariamente tenía que olvidar por completo que alguna vez me gustó, y funcionó durante los primeros días. Pero luego lo tenía sentado junto a mi a diario, guardaba un asiento para mi junto al suyo en el almuerzo y siempre me hacía reír, todo es fácil y natural cuando se trata de Adam. No tengo que fingir nada, y eso hace que se lo agradezca con cada latido de mi corazón.
"Mejor amiga" Casi lo pienso con amargura. No, no casi, lo hago. Me hierve la sangre tan solo en pensar que solo me mira de esa manera, como si no fuera suficiente el que tenga un flechazo por él desde que tengo memoria el único movimiento que pude hacer fue volverme su mejor amiga. ¡Me gusta Adam! Siempre me ha gustado, todo el que tenga dos dedos de frente lo sabe y no tengo la minima esperanza de poder hacer algo al respecto. Grito por la rabia.
- ¡No es justo! - golpeo el volante con el puño.
Ignoro el dolor que me recorre la muñeca para abrir la puerta y salir del auto. Levanto y encorvo los hombros para relajarme, necesito enfocarme en mis prioridades, no puedo perder la compostura en algo que me puede costar tanto como mi amistad con Piper. Dejo de lado mi pequeño ataque de nervios dentro del auto, donde pertenece, y emprendo mi camino hacia el desierto edificio. No me molesto en buscar en otra parte que no sea el gimnasio, ahí la entrenadora Silverstone tiene una oficina que Charlie usa a su antojo, y no me equivoco en mi decisión. Cuando llego a las puertas dobles del gimnasio Piper se está marchando. No encuentro señal de otra animadora cerca por lo que suspiro agradecida. Después de los comentarios de Charlie no necesito la ayuda de otra animadora para hacerme ver mal enfrente de Piper. Inhalo y exhalo dos veces para darme ánimos antes de enfrascarme en una posible discusión con una de mis mejores amigas.
Piper me mira con los ojos abiertos como platos una vez decido acercarme a ella. No lleva un gramo de maquillaje en el rostro lo que la hace parecer un poco mayor de lo que en realidad es, o es que las ojeras alrededor de sus ojos y su aspecto adormilado la traicionan. Levanto la mano para saludarle con los dedos, con una sonrisa tiesa e incómoda en los labios.
- ¿Qué haces aquí, Riley? - pregunta Piper cuando sale de su estupor, avergonzada -. La reunión se ha terminado y Charlie dijo que . . .
- Me tiene sin cuidado lo que diga Charlie Calore - respondo con decisión -. Tenemos que hablar.
- Por supuesto, solo deja . . . - Piper mira sobre su hombro a la oficina de la entrenadora, donde la luz está encendida y alcanzo a vislumbrar varias personas. Parpadeo rápido por el desconcierto pero no me muevo de mi lugar, en este instante solo pienso que el que va a terminar debiéndole un favor a alguien es Liam -. Dame un minuto, Riley.
Alguien me cierra la puerta en las narices. Retrocedo un paso por el impacto que, unos centímetros de diferencia, pudo haberme roto la nariz; un minuto después Piper hace un hueco al abrir la puerta para que su cuerpo pueda pasar a través de él y con el mismo cuidado cierra la puerta rápidamente. Frunzo el ceño.
- ¿Qué se te ofrece? - me pregunta con una sonrisa amable, pero no es la sonrisa agradable de Piper.
- Haz estado evitándome como si tuviera una enfermedad contagiosa - la acuso desdeñosa, y balanceo mi peso entre las puntas de mis pies y los talones -. Estas molestas y no entiendo por qué.
Piper cruza los brazos sobre su pecho. El gesto llama la atención de mis ojos momentáneamente, recuerdo que la tía Lexie una vez mencionó que cuando las personas cruzan los brazos sobre el pecho es porque quieren crear una barrera entre ellos y la persona con la que tratan. Ella no quiere hablar conmigo.
- No estoy molesta - miente.
- Antes de aquel día parecías ser una de mis mejores amigas, sino estás molesta ¿por qué me evitas? - mascullo a la defensiva. Ofendida.
- Una de tus mejores amigas - repite con amargura, y el sentimiento me es familiar -. ¿Sabes? No es justo. He sido más que fantástica como tu amiga, he sido la mejor, y aun así Rory es tu mejor amiga. ¿Me he quejado por eso? ¡No! Lo único que pedía a cambio era que fueras una buena amiga. Pero no lo fuiste, me ocultaste que veías a Liam después de clases, y sabes lo mal que la estoy pasando por que apenas me voltea a ver. Es malditamente horrible darte cuenta que no eres suficiente, Riley. Que las personas que quieres no te valoran.
Me quedo sin palabras. Intento no reflejar la lástima y culpa que me carcome por dentro en mi mirada.
- Oh, Piper - le digo con los labios apretados, decidida a darle un cambio a mi plan -, no tenía idea de qué te sentías de esa manera. ¿Por qué no me dijiste nada?
- ¿Qué iba a decirte? - masculla, y su voz destila amargura - ¿Qué soy una perra envidiosa? ¿Que me siento insegura, fea y gorda por qué Liam apenas repara en mi existencia? Es patético.
- No es cierto - salto de inmediato, ceñuda -, eso te hace humana. Todos nos sentimos así en algún punto de nuestras vidas. La estas pasando fatal y no deberías estar sola, Piper, nadie debería estar solo sintiéndose así. Eres increíble, y no eres nada de eso. No eres patética, eres maravillosa.
Piper se detiene en medio del pasillo. Tiene el rostro enrojecido, los ojos cristalizados y se muerde el interior de la mejilla nerviosamente.
- Lamento tanto haberte evitado estos días, Riles - murmura con un puchero en los labios -, es que de verdad me gusta mucho.
Ante mis ojos Piper se desmorona como una pequeña y frágil niña a la que le han dicho que Papá Noel no es real, los ojos lentamente se le llenan de lágrimas y se encorva sobre si misma, dándome una oportunidad de rodearla con mis brazos en un fuerte abrazo. Su pequeño cuerpo se estremece entre sollozos y gemidos mientras le paso una mano por el cabello recogido, susurro palabras de aliento en su oído. Pasan unos minutos cuando por fin puede controlar los sollozos y las lágrimas, su nariz y ojos rojos no pueden ocultar que estuvo llorando como magdalena así que no dudo en limpiarle las lágrimas de las mejillas y sincronizar mi respiración con la suya para lograr que el efecto se vaya lo antes posible.
- ¿Te encuentras mejor?
Ella asiente con la vista clavada en el suelo. Se pasa las manos por el rostro hasta la nuca y se ríe sin dejar de temblar, en ese momento me siento como una intrusa.
- Debes pensar que estoy demente - chista avergonzada, apoyando la cabeza en su propio hombro, aún sin mirarme -. Estuve evitando casi todo una semana porque soy una perra envidiosa que no puede manejar sus propias emociones, y aquí estás. Ya veo lo que él ve en ti.
Bufo por lo bajo - No digas idioteces. Estas pasando por mucho, tal vez ignorarme no fue la mejor manera de trasmitir tus inseguridades, pero tal vez fue el único camino que viste en ese momento; yo no te culpo. Por mi parte todo está bien.
- ¡No estuvo bien!
- Eres una de mis mejores amigas, Pipes, y eres humana. Déjalo ir.
Y así lo hace.
Yo por otra parte, no tanto. El plan ha cambiado, otra vez, tengo que hacer creer a Liam que estoy alejando a Piper de él cuando, en su lugar, voy a convencerlo a él de que ella es su chica ideal. Aquel plan da vueltas en mi cabeza durante todo el trayecto de regreso a casa, hay cien cosas que podrían salir mal en el desarrollo de esto y una bien, por lo que tengo que ir con cuidado. No le puedo cortar las alas a Piper, no después de todo lo que me contado, no cuando en mis manos esta la posibilidad de cambiar las cartas para ella.
Pero puedo hacer que Liam abra los ojos.