13. La sobrevaloración de los apagones cerebrales de Riley.

4995 Words
Castigada hasta nuevo aviso. ¿Cuando fue la última vez que alguien si quiera se molestó en castigarme? Debió haber sido hace mucho tiempo porque no tengo ni el recuerdo más remoto de un castigo en mi vida, Olivia no creía en castigos gracias al divorcio - estaba convencida de que mis travesuras eran secuelas de su reciente separación, por lo que nunca tuve la necesidad de querer poner una almohada sobre su cabeza durante la noche - cosa que, naturalmente, considero mucho los últimos días. ¿Qué otra cosa puedo hacer?Desde aquella noche he tenido que hablar con todo el mundo a través de la puerta de mi habitación, o con las personas que quieren hablar conmigo, porque Piper no ha mostrado intenciones de querer volver a dirigirme la palabra en mucho tiempo; lo único que puedo hacer se resume en mi día a día en el colegio: clases, práctica con las porristas, ensayo con el club de teatro, y se repite. - Era cuestión de tiempo - me dice Rory, y su voz suena amortiguada por el grosor de la puerta que nos separa -, ya lo veía venir. Bufo. Vaya confianza. - ¿Sabes? No es completamente culpa mía . . . - No te hagas la inocente conmigo - me corta. - Soy inocente hasta probar lo contrario. No tuve un juicio justo - replico casi de inmediato, convencida al cien por cien de mis palabras -. Gabriel solo decidió reternerme aquí en contra de mi voluntad. Prácticamente es secuestro. - ¡Por favor, Riley! No puedes regresar a Boston en tu primer arranque de ira. Pongo los ojos en blanco. - Detesto este lugar, Rory - mascullo por lo bajo, dejando caer la cabeza y golpeando mi frente con la madera cálida de la puerta -. Es horrible ser una persona con amigos, antes solo tenía a Max, suficiente para mi, y entonces era un problema. Ahora, parece que los amigos de mis amigos vienen con el paquete. Rory tarda unos segundos en responder, tantos que considero seriamente la idea de que ha decidido marcharse. No la culparía. He estado insoportable, ¿desde cuando soy este tipo de persona? No solía quejarme de todo, todo el tiempo; la mayoría de las veces prefería no estar involucrada en absolutamente nada de ninguna manera, ni siquiera de lejos. Entre menos supiera, menos involucrada. Ahora las cosas son diferentes, y lo último que quiero hacer es arruinar lo poco que he construido en tan poco tiempo. - ¿Rory? Escucho el sonido de sus nudillos contra la madera. - Puede que haya intervenido un poco en todo lo que ha sucedido, ¿ok? - murmuro. No obtengo respuesta. - Y mi reacción espontánea de querer volver a casa no define la persona que soy hoy - prosigo con una sonrisa de disculpa en los labios que no puede ver. - Esta es tu casa ahora, Riley - masculla en respuesta, cortante -, y tienes que aprender a vivir con ello. - ¡Si, señor! Silencio por unos largos segundos. - ¿Roar E?¿Sigues ahí? - mi voz se torna impaciente - ¡Roar E! - Sigo aquí. Bufo - ¿Y piensas dejarme encerrada aquí toda la noche? - Lo estoy considerando . . . ¿De verdad merezco tanta tortura, dios?¿Que pude haber hecho en mi otra vida, para merecer algo así? Ya no soy consciente del tiempo que he estado encerrada aquí dentro, podrían haber pasado días y yo ni en cuenta, mi estomago parece estar de acuerdo con esa idea. ¿Cuando fue la última vez que probé bocado? Nadie lo sabe. La soledad ha sido mi única amiga los últimos que ¿días?¿semanas?¡¿meses?! De nuevo, nadie lo sabe. He considerado la idea de comenzar a escribir mi autobiografía antes de morir de desnutrición, digo, alguien tiene que saber mi historia, aunque por ahora solo tengo el título y las posibles actrices que me representarán cuando hagan una película. ¿Yo estoy bien, Tu estás mal es demasiado? Tengo más de donde salió esa: ¿Quién escribió esta mierda? No es una de mis favoritas, pero es algo. El cautiverio de una estrella o Cómo apagar una estrella resonó en mi cabeza por días, pero creo que sería darme demasiado crédito denominarme a mi misma como una estrella . . . Un ave fénix me representaría mejor. Woah, woah, woah. Un momento, auch. - ¿Por qué, de las otras tres paredes qué hay en la habitación, justamente tenias que apoyar la espalda en la única que tiene una puerta? Desde el suelo, y después de caer de espaldas, logro visualizar a Rory en toda su altura. Lleva unos shorts de mezclilla, unas zapatillas deportivas y una camisa de cuadros negra. - Aun me es difícil pensar con claridad - mascullo con voz queda, y cierro los ojos con la esperanza de que el dolor que siento en los codos y en el trasero disminuya tan siquiera un poco. - ¿Haz tenido tiempo suficiente para meditar las consecuciones de tus actos o necesitas que te vuelta a meter? - me pregunta, y sé que no puede ocultar el matiz jocoso en su voz. En estos momentos me es muy difícil no odiarla un poco. - ¿Suficiente tiempo? - inquiero, ofendida -. ¡He estado ahí durante días! Se echa a reír. - No seas melodramática - chista divertida. - ¿Melodramática?¿Yo? Me pongo de pie. Aire fresco, por fin. Tomo una gran bocanada de aire, acción que termina por hacer reír a Rory, pero no me importa. El vestidor de las chicas no me había parecido tan brillante y bonito como ahora, después de estar tanto tiempo en la oscuridad todo me parece más bonito, hasta Liam . . . Espera, ¿Liam? - ¿Qué hace este aquí? - me quejo, ceñuda. No había reparado en la presencia de este individuo desde que Piper malinterpretó muchísimas cosas gracias a él. Durante todo el tiempo que he estado aislada de la sociedad lo último que hice fue pensar en Liam Miller y en cómo puede convertirme en su marioneta con sólo un click. - ¿Te has estado portando mal, princesa? - se mofa él, ignorando mi pregunta por completo. Le apunto con un dedo - Ese no es el punto. ¿Qué hace él aquí? - No lo sé, me estuvo siguiendo todo el día porque tenía que hablar contigo . . . - Rory se cruza de brazos -, si que eres fastidioso, Miller. Consíguete una vida. Liam pone los ojos en blanco. Ya se ha puesto la ropa justa para la práctica, esta vez lleva una liga deportiva azul para que el cabello con no le caiga sobre los ojos, cosa que hace resaltar todas sus facciones. Creo que lo peor de odiar a Liam Miller es no poder decir que es feo. - Mira, estoy dispuesto a acceder a las condiciones que quieras, ¿okay? - comienza a decirme Liam, bastante irritado. Pongo una mano en mi cintura, cambio el peso de mi cuerpo a una pierna y arqueo las cejas, demostrando un ligero interés en sus palabras -. Creo que podemos llegar a un punto medio. - ¿Por qué el cambio de opinión? Hace un sonido de frustración y se pasa las manos por la cara. ¿Qué le sucede a este sujeto? - Tu amiga Piper no deja de acosarme - confiesa malhumorado, y el suelo rechina cuando arrastra la punta de los tacos en él, de alguna manera parece avergonzado -, de verdad no encuentro una manera decente de deshacerme de ella. He pesando en hacerlo de mil maneras diferentes, pero Félix dice que deje que tú te ocupes de ella. Oh no. - Después de todo no es tan estúpido cómo creo - murmuro por lo bajo, más para mi misma que para otra persona. - ¿Tienes apagones cerebrales o que, Dixon? Puedo escucharte. - Me importa un carajo si me escuchas, Luis - hago una mueca de fastidio, maldita sea la hora en que me metí con su auto -. Tú sabes que no te tengo en ningún pedestal: Eres la persona más estúpida que conozco. Sus ojos, de un azul casi traslúcido, relampaguean con mi comentario. Es curioso cómo sus ojos lo delatan de esa manera, su rostro permanece impasible durante la tormenta, pero los ojos nunca mienten. - ¿Siempre que te dirija la palabra vas a estar tan a la defensiva? - me pregunta, ladeando la cabeza. Su voz adquiere un tono más grave que con el que había comenzando, y sus ojos un brillo burlón. - ¿Saben que? Ustedes dos son personas muy intensas para mi - nos interrumpe Rory, incomoda. Me dirige una miradita antes de doblar por el pasillo que conduce a la salida del vestuario -. ¡Te espero en el auto, D! Me palmeo los bolsillos de los shorts deportivos en vano, ¿En qué momento tomó las llaves de mis bolsillos? Otro misterio para Scooby Doo. Cruzo los brazos sobre el pecho para regresar a mi discusión anterior con este simio rubio, si queremos estancarnos en cualquier situación debería ser una en la que podamos llegar a una resolución en la que ambos salgamos beneficiados, en la misma proporción, por supuesto. Vuelvo a tomar una profunda bocanada de aire pero ésta ha dejado de ser fresca para volverse cálida y sofocante, también intento dejar atrás mi postura "defensiva" y adoptar una que diga más Soy toda oídos a Me importa una mierda cada palabra que salga de tus labios, o eso intento. Me recargo en uno de los casilleros bajo su atenta mirada, sus ojos siguen cada uno de mis movimientos mientras una sonrisita le tira de las comisuras de los labios, ese tipo de sonrisas que pone nerviosa a cualquier chica. - No me mires de esa manera - le digo, frunciendo el ceño. El susodicho arquea las cejas por la sorpresa. - ¿Mirarte cómo? - responde con una risita, pero ninguno de los dos se concentra demasiado en eso. Vamos a perder el hilo de la conversación si seguimos por ahí - ¿Sabes que? Déjalo así, no importa - Liam toma asiento en la banca frente a los casilleros donde me encuentro, y apoya sus codos en sus rodillas -. No te he visto por ninguna parte los últimos días. Es verdad. La última semana tuvimos ensayo con el club de teatro poniendo como prioridad las escenas con actores secundarios, así dejando a Romeo y Julieta para el final; como solo conseguimos que Rivers nos prestara el auditorio dos veces a la semana Paolo sugirió que ensayáramos por nuestra propia cuenta, cosa a la que ambos nos negamos de inmediato. Tuvimos que procesar la idea por unos segundos, y casi estoy segura de que por su cabeza pasó lo mismo que por la mía: todo lo que podría salir mal en un ensayo independiente saldría mal si nos sumábamos en la ecuación. - Si, ¿Y? - Riley, cariño, ¿Qué hablamos acerca de ponernos a la defensiva? - comienza a decirme con voz melosa. - No pongas a prueba mi paciencia, Liam - cuento hasta diez en mi mente antes de volver a concentrarme en él. - Ok, ok, ¿Vas a hacer algo con respecto a tu amiga o no? Trago saliva. - No sé si pueda hacer algo ahora . . . - respondo vagamente, y me muerdo el labio tratando de desviar la vista a otra parte - hace ocho días pude haber sido de mucha utilidad. - ¿A qué te refieres? - No quiere volver a dirigirme la palabra - me limito a contestar, dejando claro que no quiero hablar del tema. - ¿Por qué? - insiste. Pongo los ojos en blanco. ¿Y dice que la que tiene apagones cerebrales soy yo? Pfff, creo que ahora puedo confirmar mi hipótesis: esa cabezota solo la lleva de adorno. Me rasco la nuca y medito muy bien mis siguientes palabras, ¿debería contarle la verdad? Es decir, ¿hasta que punto perjudicaría aún más mi amistad con Piper, tratando de satisfacer la curiosidad de un muchacho que ni me va ni me viene? Decido ir por lo seguro y no entrar en detalles. - Ya sabes, cosas de chicas. Es algo pasajero, pero hasta que no lo resuelva no puedo hacer mucho - sentencio, y parece que el alma se le cae a los pies. - ¡No me estes jodiendo, Riley! - se queja con un sonoro gruñido. - ¡Oh, vamos! No hagas como si fuera un martirio porque ambos sabemos que no lo es - lo acuso con la mirada, ¿como se atreve? -, ella es la persona más simpática y decente que conozco. Es imposible que no te atraiga ni un poco. - Las morenas no son mi tipo - réplica como excusa, y se encoge de hombros para darle rienda suelta a su típica sonrisa coqueta -. Ya sabes, me van mas las rubias. - ¡No! Deja de hacer cualquier cosa que creas que estás haciendo - le advierto, aunque cuando sube las cejas una y otra vez de forma divertida mis labios están a punto de traicionarme. ¿Qué carajos encuentras divertido en ese gesto, Riley? ¡No es divertido ni de lejos!¡Céntrate! Logro mantener exitosamente mi gesto grave durante unos segundos que me saben a gloria, pero como en todo últimamente el sabor de la victoria no me dura demasiado en la boca, una sonrisa me tira de las comisuras cuando ladea la cabeza, apoya el mentón en su puño y me mira entre esas largas pestañas rubias que protegen sus ojos, su labio inferior sobresale en un puchero y parpadea rápidamente. - ¿Así está mejor? Me rio con fuerza. - ¿Qué quieres de mi, Liam Miller? - le pregunto con una sonrisa, mirándolo desde arriba. Mi pregunta parece tomarlo desprevenido, y aunque juguetea con sus dedos antes de contestar no encuentro ni asomo de vacilación o duda en su voz. - A ti. La sonrisa se me borra de la cara. ¿Va a ser siempre el mismo juego? Tan desanimada como puedo estar después de una respuesta tan inesperada hundo las manos en los bolsillos de mis shorts y vuelvo a mi posición anterior, con la espalda contra los casilleros. Este sujeto es un caso perdido. - Déjate de estupideces. - ¿Nos empezamos a besar entonces? - me corta, muy contento de repente. - Borra esa sonrisa - arrugo la nariz al pensar en la idea -, y esa idea de tu mente. Nunca pasará. Ahora, si me permites, lo que quiero decir es que . . . - ¡Me estás aburriendo terriblemente! Golpeo un casillero con la palma de la mano abierta. ¡Se está comportando como un niño pequeño! Me siento como mamá cuando me comportaba de forma infantil con ella para molestarla, y ahora es como verme frente a un espejo, pero en versión hombre. Tengo los brazos en jarras, el ceño profundamente fruncido y un par de minutos para dejar el tema zanjado, por lo que no me puedo dar el lujo de andar por las ramas y menos con alguien como Liam, con quien últimamente una conversación nos lleva a un millón de otras conversaciones que nos alejan por completo del tema de importancia. Respiro profundo, no puedo perder los nervios, estoy castigada y mis opciones se reducen. Ni siquiera estoy segura de que pueda funcionar de alguna manera, Liam saca la peor versión de mi como nunca lo había visto. - ¿Ese es tu segundo deseo?¿Alejar a Piper? - le pregunto más calmada. Vamos a ver si eso de actuar con la cabeza fría funciona. - Si. - Bueno, me voy a encargar entonces - intento sonreír antes de marcharme, y mientras me cuelgo la correa de la mochila deportiva al hombro lo veo sacudir la cabeza -. Cuando sepas tu siguiente favor sabes dónde buscarme. - Todavía eres la niñera de mi hermano, lo sabes. Pongo los ojos en blanco - No lo he olvidado. - Bien. Lo miro a través de la habitación antes de dar media vuelta. - ¿Riley? - ¿Si? El sonido de sus tacos al caminar en el vasto suelo de mármol produce un eco fantasmagórico, y el hecho de que se mueva con esa gracia y elegancia ocasiona que pequeños escalofríos recorran mi nuca y que se expandan hasta mi columna vertebral y finalicen en las puntas de mis dedos. No sé si se deba a eso que tengo los dedos acalambrados, aunque también puede ser el que tenga apretada la correa con tanta fuerza entre ellos. Lo dejo acercarse. No me muevo ni un centímetro, no me atrevo a parpadear si quiera, no le tengo ni un ápice de miedo. - Esto va a ser divertido - masculla él, y lentamente y sin dejar de verme a los ojos sonríe. Pero no sé a qué tipo de sonrisa me estoy enfrentando esta vez. No sé si me gusta o no, pensar en que tenga una exclusiva para hacerme sufrir, como estoy comenzando a creer. Y lo más importante de todo, no tengo ninguna explicación racional para explicar por qué el corazón se me quiere salir por la garganta. Trago saliva a duras penas gracias a eso. - Estoy segura de que podemos encontrarle el lado positivo a todo esto - declaro irónica, y salimos hombro con hombro del vestidor. Afuera, el colegio está desierto. El único sonido que se alcanza a percibir es el zumbido constante de la lampara que nos baña de luz fluorescente desde arriba. El cielo, por su parte, es un manto infinito de oscuridad bañado con pequeñas estrellas que titilan y que son apenas visibles, por un momento no puedo despegar los ojos del cielo. Extraño las tardes frente a la chimenea en Boston, cuando había nieve afuera y veía los copos de nieve derretirse en el gran ventanal de nuestro salón, envuelta en cobijas con la cabeza de Max sobre mi regazo y una taza de chocolate caliente con malvaviscos entre las manos, de alguna manera, era mi lugar feliz. ¿Quién diría que iba a extrañar tanto la siempre fría y lluviosa Boston? Ahora no tengo un lugar feliz, o no concretamente, tengo personas que me hacen feliz en cualquier lugar en el que estoy; pero la necesidad de volver a la seguridad de aquel plano físico a veces me llena el pecho de tanta impotencia e inseguridad, ¿por qué me resulta tan difícil estar lejos de casa?¿qué no es mil veces mejor mi vida aquí?¿por qué nunca tengo suficiente de algo? Me devano los sesos en busca de una respuesta, ahí plantada frente al campo de fútbol americano, sin tomar en cuenta que Liam no se ha movido ni un centímetro de su lugar a mi lado ni de que Rory está esperando por mi en el auto. Miro las estrellas sin verlas en realidad, mi mente esta tan ocupada y tan llena de información que no noto muchas cosas a mi alrededor, como que Liam me mira por el rabillo del ojo cada cierto tiempo o que el sonido de un claxon se hace cada vez más notorio en mis oídos, ¿qué hace aún aquí? No me molesta tanto su presencia, al contrario, he aprendido a no encontrarla tan abrumadora. Liam ha logrado no desagradarme tanto, aunque a veces tenemos nuestros momentos llevamos una especie de amistad-rivalidad desde que nos dimos cuenta que estamos conectados por demasiadas personas, lo encuentro gracioso hasta ahora. - Ya encuentro divertido todo esto - murmura sonriendo de lado. Despego los ojos del cielo parcialmente estrellado para escrutar su rostro bañado en luz blanquecina. En sus ojos azules encuentro destellos más potentes que los de las mismas estrellas sobre nuestras cabezas, desde que lo conozco siempre han tenido ese efecto tan característico, pero si no hubiera estado viendo hacia arriba pensando en mi vida anterior no me hubiera dado cuenta lo singulares que son. Él ladea la cabeza cuando no le respondo y solo le miro, ¿qué puedo decirle? - Que curioso. Comienzo a caminar hacia el estacionamiento cuando el claxon de mi auto vuelve a volverse loco. Lo cierto es que Rory intercede en el mejor momento, la confusión nubla su semblante ante mi despedida. Liam pica el anzuelo y camina un pasos detrás de mi, hace mucho que las prácticas han llegado a su fin y ambos seguimos con nuestra respectiva ropa deportiva, por lo que se queda atrás para acomodarse las hombreras de su uniforme. Debe tener los hombros agarrotados. - ¿El que es curioso? - pregunta Liam, curioso. - Tenemos diferentes conceptos de lo que es divertido - me limito a contestar, y alzo los hombros como si no fuera gran cosa. Porque no lo es. - ¿Asumes que no soy divertido? Sigo caminando con paso ligero mientras el sonido de sus tacos se hace cada que vez más constante. Alcanzarme no le resulta gran esfuerzo, con esas largas piernas le toma tres segundos llegar hasta mi lugar y atravesarse para impedirme seguir avanzando. - ¿Tan insoportable te resulta mi compañía, ricitos? - se mofa al no obtener respuesta. - No, todo tú me resultas insoportable. Liam hace un puchero lastimero - Me rompes el corazón. - ¿Tienes corazón? - pregunto con sorpresa fingida, y me llevo una mano a la boca para "ocultarla". Al final nos terminamos riendo al unísono. Liam da media vuelta sin contestar a mi pregunta y yo sigo mi camino sin preguntarme cual hubiera sido su respuesta. En el auto encuentro a Rory con el asiento reclinado hacia atrás y una bolsa de papas en el regazo, está desparramada en el asiento cuando por fin dejo mi mochila en la parte trasera y enciendo el auto. Todo el camino hacia su casa se la pasa quejándose de cuánto tiempo tuvo que esperar en el auto, de cómo mi castigo complica todo y de lo tarde que vamos, aunque le doy su mérito en la última parte: vamos tarde. Mientras conduzco tranquilamente por la calle principal de Palm View me lanza una mirada que conozco bastante bien, es la misma mirada con la que me recibió aquella vez que mi padre me castigó por salir tarde con los muchachos sin permiso y traté de huir de casa, inmediatamente dejo de tararear la canción en la radio y carraspeo. Las cosas han estado bastante tensas desde ese día. Para no hacer el cuento más largo la verdad es que creí que podía hacerlo, es decir, estaba convencida que podía tomar mi auto, sacar mis cosas por la ventana y regresar a mi hogar vacío en Boston. Claro, no contaba con que Adam me había a apuñalar por la espalda en la primera oportunidad que le ofreciera, por supuesto, fue a quien llamé una vez me quedé sin gasolina en Torrance. Recuerdo haber esperado junto a la carretera por él, inconscientemente sostengo el volante con fuerza reviviendo ese día en mi memoria otra vez, y también recuerdo la profunda rabia que sentí al verle llegar acompañado de Gabriel y Will. Me rompió un poco el corazón ese día. El resto es historia. No he cruzado palabra con él desde entonces, los cuatro días más largos de mi vida, y no pienso hacerlo en un futuro cercano. Adam traicionó mi confianza ese día, y la verdad es que no es muy fácil volver a recuperarla en lo que a mi respecta, ahora no me resulta tan ridícula la escena de Jasper la noche anterior. Mis ojos se nublan de repente, las lagrimas contenidas en mis pestañas me toman desprevenida, es por eso que tuerzo el gesto ocultado mi rostro de Rory tras una cortina de rizos. Prefiero dejarla pensar que me oculto debido a que quiero evitar su mirada acusadora a que me vea llorar por Adam. - ¿Sabes que solo es una cena? No es para tanto - me dice después de un rato. Suspiro - Lo sé, pero lamento tardarme tanto con Liam. Ahora tengo que seguir siendo la niñera de su hermano por dejar tirado su primer deseo los últimos días. Esto apesta. - ¡Que sorpresa! - chista sarcástica -. Liam Miller aprovechándose de problemas ajenos para ganar algo a cambio. Es guapo, pero no sé qué le dio a Bambi para tenerla babeando tanto. - Agh, ni me lo recuerdes - murmuro entre dientes -, he tratado de hablar con ella en el almuerzo pero me dejó hablando sola cuando la seguí al baño. Está actuando como si estuviéramos en el jodido jardín de niños. Rory hace un gesto con la mano para quitarle importancia. - Déjala, se le pasará - cuchichea con la boca llena de frituras, absorta en su móvil -, si tenemos suerte Liam terminara ahuyentándola como a la última tonta que se fijó en él. Desvío la vista del camino durante un breve segundo para ver de reojo a Rory. - ¿Cómo? - Si, el año pasado hizo que una chica de su curso se fuera del estado - responde tras dejar el móvil de lado, y sigue su relato con total ligereza, podría importarle menos -. Fue toda una noticia en los pasillos. Todos hablaban de eso por qué terminando suspendiendo a Liam toda una semana. - ¿Qué fue lo que hizo? - pregunto anonadada. Rory se encoge de hombros - No lo sé, solo quedó como cotilleo de pasillo. - Carajo - comento en medio de una exhalación, sorprendida por el alcance de la maldad de Liam. Estoy a punto de hacer otra pregunta cuando el móvil de Rory vuelve a sonar -, ¿con quien te mensajeas tanto? Te juro que si es Ian enviándote mi foto babeando en clase de Historia le voy a aplastar las pelotas con mi libro de texto. Dile que deje de propagar mis fotos por el colegio. - No es el idiota de Ian, es mi madre - suspira -. Te dije que no podía llegar tarde. Se pone como loca cuando no estoy cerca para controlar a los gemelos. - Oh, bueno, no la culpo. Tus hermanos son unos diablillos, ¿que hicieron ahora? - Dibujaron bigotes y cuernos sobre las fotografías familiares en el despacho de mi padre. Tuerzo el gesto - No es para tanto. - También dibujaron sobre mi padre cuando tomaba una siesta en el despacho con marcador indeleble - añade irritada, lanza la bolsa de papas fritas al asiento trasero y vuelve a echarse en el asiento como gato que se estira desperezándose -, y tiene una reunión con sus colegas en media hora. - Será mejor que me de prisa - me limito a comentar. Ella asiente, concuerdo. En menos de diez minutos estoy estacionándome frente a la casa de los Thompson. El móvil de Rory amenaza con explotar debido a la cantidad de mensajes que sigue recibiendo por lo que se baja de un salto para socorrer a su madre de cualquier travesura de los gemelos. Por mi parte, me inclino sobre el asiento y grito a sus espaldas. - ¡Voy en un minuto! - ¡Está bien! La veo desaparecer por la puerta principal en el momento en que mi móvil vibra en mi mochila, en el asiento trasero. Me estiro sobre el asiento para alcanzar la mochila y la arrastro de la correa hasta mi regazo, donde pesco el móvil desde el fondo de mi ropa sucia, con una mueca de fastidio veo el rostro de mi hermanastro flotar en la pantalla. No he tenido noticias del hijo de perra desde que le envié cien billetes hace una semana, ¿y me llama de la nada? ¿Qué puede necesitar ahora? Sin querer, pienso en mi intento fallido de escape y no puedo negar que Max nunca me hubiera entregado, hubiera huido conmigo. Decido contestar la llamada en medio de una inhalación. - ¿Ahora qué, troglodita? - Adivina adivinador, ¿quién se ha portado muuuy mal? - dice la voz cantarina de Max a través de la linea, burlón. - Creo que te has equivocado de número, pervertido - le chisto lacónica -. No soy una de tus conquistas. - Vamos, sigue adivinando, hermanita. Tu puedes - me apremia él. Gruño - ¿Qué has echo, Max? - ¿Por qué crees que hablamos de mi? - inquiere riéndose de lo lindo, pero sus palabras me toman desprevenida. Esta muy tranquilo para hablar de él mismo. Oh oh - ¿Qué hice? - Mmm- hm. Tampoco hablamos de ti - escucho voces en el fondo, demasiado agudas para ser la de Malcom y su padre -: la cigüeña ha decidido visitar a nuestra mami. - ¿La cigüeña? - gruño irritada - ¿De qué carajos estas habl . . . ? Cigüeña. Visita. Mami. Dios, tienes que estar jodiendome. ¿Voy a tener otro hermano? Siento la garganta seca de repente. Tengo que terminar la llamada en una ataque de tos que no se me quita hasta que bebo un galón de agua en la cocina de Rory. Mi amiga no me quita los ojos de encima durante todo el rato que estoy en su casa. En la cena tengo que fingir que nada me molesta mientras mi mente está en los mails acumulados en mi bandeja de entrada que no me he molestado en leer esta semana. Un hermano nuevo. ¿Qué le pasa a mi madre? ¿Piensa darme uno nuevo cada cinco años? Esto es un nuevo problema que agregar a mi lista. Malditamente genial.
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