Escucho el bramido de la multitud hacerse cada vez más intenso conforme pasan los segundos, cosa que apenas permite que me pueda concentrar y al mismo tiempo poder dar pequeños saltitos sobre las puntas de los pies a causa de la excitación contenida que me recorre todo el cuerpo. Las gradas a mis espaldas están a rebosar de personas que esperan con ansias el comienzo del juego, y con ello, también la entrada de los equipos al campo de americano de Jackson. Nos percatamos que las animadoras de Bellview comienzan a posicionarse en el lado opuesto del campo, eso significa que su equipo ya debe estar en los vestidores y solo es cuestión de minutos para que esto comience.
- ¡Dixon!¡Acércate! - escucho que me llaman.
Dejo mi posición con una enorme sonrisa que rápidamente se convierte en una mueca. El uniforme de las animadoras de Jackson consta de un top de manga larga blanco con una J roja en medio de los pechos y una falda roja con pliegues blancos, y aunque no es del todo mi estilo lo que resulta insoportable es que las lentejuelas rojas de la letra J hacen que tenga una horrible comezón en los senos cada vez que me muevo; camino hacia Charlie y el pequeño grupo de chicas que se reúne a su alrededor, acomodándome el top en el camino.
- ¡Es hora, señoritas! - exclama Charlie con determinación - ¡Quiero ver que muevan esas piernas! ¡Estamos en esto hasta el final!
- ¡Hasta el final!
Me sobresalta el grito agudo que prosigue su pequeño discurso, así que para no quedar como tonta levanto el puño débilmente en el aire y mascullo un "Hurra, Titanes" igual de débil. Por el rabillo del ojo noto que nadie me esta prestando atención por lo que prosigo a encogerme de hombros. Estoy tan ensimismada en mis propios pensamientos que mi cerebro procesa todo lo que sucede a mi alrededor con un retraso de treinta segundos, es por eso que no me sorprendo cuando me encuentro sacudiendo la cabeza al escuchar en la distancia mi nombre.
- ¡Dixon!
- ¿Si? - respondo, concentrándome.
Charlie Calore me fulmina con sus ojos color avellana - ¿En donde estas?¡Te necesitamos presente!¡Will te necesita!¡Nuestros hermanos se van a jugar el futuro de la liga esta noche!
Por primera vez estoy de acuerdo con Charlie.
- Lo siento, lo siento - murmuro, avergonzada -. Estoy aquí, lo prometo.
- ¡No te escucho! - grita Piper, poniendo una mano detrás de su oreja.
Pongo los ojos en blanco.
- No te pases . . .
Las chicas imitan los movimientos coquetos de Piper y me rodean, solo para después dar un pequeño brinco de 180 grados y encarar a la multitud. Es hora.
- ¡No los escuchamos! - vociferan.
Recupero mi sonrisa como por arte de magia, y ladeo la cabeza para ver por el rabillo del ojo porque soy incapaz de perdérmelo: los muchachos entran al campo de football como si de una estampida se tratase, y mi hermano mayor encabeza la marcha como su líder. Mi corazón amenaza con explotar por la felicidad que me produce la escena que se reproduce ante mis ojos: mis personas favoritas haciendo lo que más aman hacer. Permito que toda la energía que he estado reteniendo durante el día abandone mi cuerpo en cuanto los muchachos pasan junto a nosotras, salto tan alto como las piernas me lo permiten y repito las rimas que Charlie hizo que memorizara hace media hora; veo un pantalón blanco por aquí, una casaca roja por allá y un número borroso a lo lejos mientras trato de encontrar a mis muchachos el otro equipo hace su respectiva entrada, pero eso es la última de mis preocupaciones. Verde, azul y blanco son los colores de Bellview, y aunque los reciben con virotes no se compara con la bienvenida de Jackson.
No necesito buscar los números en las espaldas de los jugadores para saber que el muchacho más alto y delgado del campo se trata de Liam, y de qué Adam es el jugador a su derecha con los brazos cruzados por la forma en la que juega con la punta de sus tacos en el césped recién cortado. Will es el que tiene el balón en las manos, Felix el que se ríe sin parar porque Ashton entró al campo con el casco al revés, y Jasper el único que no tiene casco puesto; he pasado demasiado tiempo con ellos para reconocer cada uno de sus movimientos junto al otro. Uno a uno comienzan a seguir la alineación del partido, y pronto están cara a cara con los jugadores del equipo contrario. Todo el mundo, incluyéndome, retiene el aliento en consecuencia a la tensión que se siente en el aire y que fácilmente alguien podría cortar con un cuchillo; es entonces cuando el sonido del silbato logra lo que un cuchillo inexistente no pudo: puso el mundo en marcha. Durante los siguientes noventa minutos que transcurren desde que el balón atravesó el campo por primera vez a nuestro favor no hemos anotado un touchdown, cosa que ahora resulta perjudicial si tenemos en cuenta que el marcador sigue empate desde el tercer cuarto, y que durante el segundo y tercer cuarto hubo dos peleas que sacaron a Jasper y Felix del campo. La alineación del juego cambió drásticamente al sacar a estos dos últimos que permitió a Bellview alcanzarnos en el marchador, pero aún con ocho yardas abajo tenemos la esperanza de que flash pueda cruzar el campo y que Will pueda realizar un pase desde esa distancia.
Quedan veinte segundos en el reloj.
- Vamos, muchachos - murmuro para mis adentros, ansiosa.
Los muchachos se alinean para una última jugada, están en posición para recuperar el balón en cualquier segundo y mi hermano se abre para poder hacer el pase milagroso; el marcador esta estático mientras el balón siga tocando el suelo, y la espera es más prologada de lo esperado. "¡Down!" exclama el número 24 del equipo contrario, poniéndose en cuclillas con el balón entre las piernas; ¡Set! sigue con voz tensa, y mis piernas comienzan a temblar; ¡One! El número 24 voltea a sus costados y, por fin, grita ¡Hike! Lo que sucede a continuación lo hace tan rápido que mi tonto cerebro lo procesa a su tiempo, que obviamente no es suficiente, porque de la nada Adam tiene el balón en las manos; Will corre de espaldas y Liam atraviesa el campo como si la vida se le fuera en ello.
5 segundos en el reloj.
Adam maniobra un pase corto al mariscal de campo y en un parpadeo Will se deshace del pase, que Liam recibe de milagro en la zona de anotación. ¡Touchdown!
- ¡Touchdown!
Miro sobre mi hombro a Gabriel festejar como loco en las gradas, mientras las demás personas desbordan éstas mismas para correr hacia el campo con el fin de felicitar a los ganadores. Hago lo propio lanzándome a los brazos de Jasper, ya que los tres jugadores estrella están rodeados de todo el colegio me reservo el tiempo para felicitar a todos por igual y dejar a los responsables de la victoria para el final (aunque estoy segura de que se trató de trabajo en equipo); Jasper me da vueltas mientras nos reímos a carcajadas, y mis piernas parecen de gelatina cuando tocan el suelo.
- ¡No lo puedo creer! - exclamo entre risas, sosteniendo el rostro de Jasper - ¡Te luciste ahí adentro, viejo!¿El primer Touchdown?¡Fue todo tuyo!
Jasper jadea al recordar ese momento. Claramente está exhausto.
- Demonios, te juro que estaba seguro que se me iba a caer de las manos - confiesa, aliviado.
Lo vuelvo a abrazar con fuerza - Yo estaba segura de que no sería así.
Nos sonreímos al separarnos, y luego nos unimos a pequeños grupos para felicitar a los demás jugadores. Me topo con un par de porristas que aprovechan la charla para decirme que Paolo convocó a una pequeña reunión para los actores de la obra justo después del partido, y que debía estar ahí junto a Liam dentro de media hora; así transcurren cinco minutos en los que trato de perder el tiempo para perderme la reunión de Paolo, pero es hasta que veo a Adam sin compañía por primera vez en toda la noche que recuerdo su logro de esta noche; no me tomo tiempo en pensar cuando me encuentro corriendo en su dirección, y antes de que cualquier de los dos pudiera decir una palabra salto en sus brazos y enredo mis piernas alrededor de su cintura, plantando un beso en su mejilla sudorosa.
- ¡Hola! - exclamo, animada.
Una risa grave se le escapa de los labios y la sorpresa inmunda sus ojos grises, pero no me suelta, al contrario, con un brazo rodea mi cintura para estrecharme contra su cuerpo y que no pueda caer y con otro sostiene su casco. No puedo describir con palabras la felicidad que amenaza con hacer estallar mi pecho en este momento, y al mismo tiempo el cosquilleo que siento en el estómago se extiende hasta lugares que no tenía idea podían tener ese tipo de sensaciones, esto no podría ser mejor.
- ¿Ya no estás furiosa? - pregunta Adam, intentado esconder una sonrisa.
Pongo los ojos en blanco, divertida.
- Adam Zachary Maddox: nunca podría estar molesta contigo más de dos minutos aunque quisiera - confieso rodeando su cuello, es verdad y no vale la pena seguir ocultándolo -. Además, cumpliste tu promesa. Nunca te separaste de mi aunque fui una mala amiga, y te debo una disculpa . . .
Mi mano acaricia su mejilla manchada de n***o, aprovecho para quitar un poco de pintura de su rostro con el pulgar y poner un poco en el mío. Sonrío en forma de disculpa.
- Sabes que te necesito más a ti que tú a mi - me dice haciendo un puchero, y acuno su rostro entre mis manos.
- Prometo nunca dejarte morir de hambre, Adam.
Nos reímos al unísono.
- Y yo prometo ser tu amigo más leal, Riley.
Y en ese momento, juro que éramos las únicas personas en la faz de la tierra . . . O lo fuimos hasta que un carraspeo nos obliga a separarnos de forma tan abrupta que casi me parto el trasero con el suelo, le debo una a mis reflejos porque me he partido la espalda en lograr que mi trasero tenga ese aspecto y no sería bonito para nadie arruinarlo. Me encuentro riendo al trastabillar hacia atrás gracias a la caída así logrando chocar con algo duro y grande, pero dejo de hacerlo cuando me percato de que Adam hace lo contrario de reír. Una fina línea reemplaza la brillante y enorme sonrisa que tenía hace un minuto.
Oh, creo que tengo una idea de quién se trata.
- Oh, Romeo, Romeo - exclamo dramáticamente, y finjo desfallecer en los brazos de Liam, aunque no estoy complemente segura de que sea él - ¿Donde estás que no te veo?
Sonrío para mis adentros cuando los largos brazos de Liam me sostienen con firmeza y puedo ver que sus hombros se agitan con una risita. Aprovecho mi breve estadía en sus brazos para escrutar su rostro desde mi lugar solo para darme cuenta que la sonrisa en sus labios no llega a sus ojos, cosa que me hace fruncir el ceño, ¿qué le sucede? ¿cómo es que no sonríe como loco después de ese touchdown? El cabello rubio le caería sobre los ojos sino tuviera una liga deportiva sosteniendo su empapado cabello rubio, aunque eso no evita que pequeñas perlas de sudor se deslicen por su sien, nuca y mejillas, y gracias a ello puedo apreciar por completo la tormenta en sus enormes ojos azules. Liam acaricia mi mejilla con su pulgar.
- ¡Aquí, Julieta! Junto a esta maceta - me sigue el juego, mientras aprieta los labios -. Oh, amor mío, escapémonos esta noche, lejos bien lejos.
Nos echamos a reír a carcajada limpia.
- Estoy ansioso por ver la obra - comenta Adam, algo incómodo.
Por mi parte, me limpio una lagrima que se desliza por mi pómulo a causa de la risa.
- Si, yo que tú no estaría tan entusiasmado . . .
- ¿Por qué?
Liam se encoge de hombros - Ricitos y yo aun tenemos cosas que arreglar, ya sabes, fricciones detrás del telón y esas mierdas . . .
- No le hagas caso - pongo los ojos en blanco y empujo a Liam -. Su hermano me ha jugado varías travesuras ahora que soy su niñera y he decidido renunciar. No le ha gustado nada.
- Estoy seguro de que estás exagerando - réplica, exasperado -. Yo no sabía que Kian te iba a traer de chofer, no es mi culpa que seas demasiado ingenua . . .
- ¡Liam!¡Llegue tarde a la práctica por culpa de tu hermano! - estallo, igual de exasperada - ¡Por supuesto que no exagero!
¿Recuerdan al pequeño hermano de Liam, Kian? Bueno, resulta que Liam no exageró con su descripción, porque he comprobado por mi cuenta que puede llegar a ser demasiado creativo cuando se aburre y bastante impaciente para esperar; la historia se cuenta por si misma, el lunes de esta semana las clases terminaron antes porque alguien - Ian, Rory tal vez - vació litros de jabón líquido en los pasillos del ala este del edificio del colegio; fue un total desastre poder salir de ahí con los zapatos intactos, pero para el final de la jornada las prácticas seguían en pie y tuve que quedarme a almorzar en el estacionamiento, antes de recoger a Kian de su práctica. ¿Me creerían si les dijera que todos los Miller son iguales? Tal vez no, pero ese día averigüé dos cosas: 1) Hasta donde sé mi teoría es cierta en dos quintas partes de la ecuación, por qué el bastardo me mintió diciendo que Liam le había dicho a él que iba a llevarlo de compras - cosa que no me sorprendió porque antes me había pedido hacerlo -, pero la cosa no termina ahí. Luego de recoger su equipo de lacrosse, Kian regresó a mi auto para ir por algo de comer; luego tuve que llevarlo hasta un campo al otro lado de la ciudad y esperar a que acabara su práctica para llevarlo de regreso a casa. Y 2) Los Miller son una familia bastante unida; según Kian, Keith es el mayor de los cinco con 25 años; luego sigue Kaleb con 23 años; Kai con 20 años; Liam con 18 años y, por último, Kian con 14 años.
- Di lo que quieras, pero los dos sabemos que . . . - comienza a decir Liam, pero se queda a media frase cuando algo atrapa su atención.
Algo en mi blusa.
- ¡¿Qué haces?!
Cruzo los brazos sobre mi pecho, pero eso parece empeorar las cosas porque traga saliva y noto que le cuesta apartar la mirada.
- Si, ¿Qué mosco te picó, Miller? - chista Adam, despectivo.
Liam evita mirarnos - Tenemos que irnos, Ricitos. Paolo nos espera en el auditorio.
Me paso las manos por mi cabello rizado. Es verdad: mi noche no ha terminado aún. Por el rabillo del ojo pillo a Liam tratando de mirar al cielo pero es muy malo disimulando; frunzo el ceño, que raro esta hoy.
- No sé si pueda quedarme - le digo -. Vinimos en un solo auto hoy . . .
- Yo te llevo a tu casa, sin problemas.
Adam chasquea la lengua, riendo amargamente.
- Debes estar demente si crees que voy a dejar que la lleves a casa a estas horas de la noche - dice -. Yo te voy a esperar.
- ¿Y a ti quién carajo te . . . ? - réplica Liam, por su parte.
- Eh, eh, eh - los interrumpo, irritada -. No empiecen: estábamos pasando el rato el muy bien.
Ninguno dice palabra alguna. Liam opta por pasarse las manos por el cabello húmedo y Adam por refunfuñar por lo bajo; no me molesta que Liam me lleve a casa, durante las últimas dos semanas hemos podido sobrellevar el que prácticamente me está extorsionando y que me estoy vengando de él a sus espaldas con Piper, pero creo estamos en una especie de tregua para que ambos salgamos beneficiados de todo esto. Además, estoy segura que la señora Maddox debe estar esperando a Adam en alguna parte del estacionamiento para volver a casa, y francamente Adam necesita descansar un poco. Me despido con un beso en la mejilla de Adam.
- No te preocupes - le digo -. Te llamaré cuando me deje en casa.
Una sonrisa socarrona tira de las comisuras en los labios de Liam.
- Borra esa sonrisa, Miller.
Aunque estoy segura de que mi decisión no le agrada para nada me da un apretón en el hombro antes de marcharse, no sin antes advertirnos que Will sabrá dónde y con quién estoy. El campo queda en total silencio con la partida de Adam, y como en ocasiones anteriores Liam me deja degustar la tranquilidad de nuestro entorno por un par de segundos; respiro profundo al mismo tiempo que cierro los ojos, la luz blanquecina de las farolas nos iluminan de pies a cabeza mientras el zumbido característico de éstas nos hace compañía. Descubro que Liam me espía de reojo cuando abro los ojos y lo miro: tiene la cabeza echada hacia atrás con el rostro apuntando al cielo, su semblante es una máscara imperturbable que parece estar echa de mármol al igual que la fina línea que se forma en sus labios cuando no sonríe. Ignoro el latido errático de mi corazón y me distraigo viendo cómo cruza los brazos sobre su pecho y cambia el peso de una pierna a otra, pacientemente.
Siempre he sido fiel creyente de que algunas veces lo único que alguien necesita es detenerse y respirar. La vida puede llegar a moverse demasiado rápido. Mi vida se mueve demasiado rápido. Constantemente hay tanto ruido a mi alrededor que me es difícil escuchar mis propios pensamientos, y todo el desastre que es mi cabeza y el lío que son mis sentimientos colapsan entre sí de una manera inexplicable, me volvería loca sino me tomara un tiempo fuera cada tanto. En toda mi vida no había necesitado tanto un tiempo fuera como el día de hoy, solo un momento para mirar a las estrellas e ir a mi lugar feliz con toda la tranquilidad del mundo; con un suspiro tembloroso vuelvo a la realidad.
Es peculiar cómo la situación siempre da vueltas cuando Liam está involucrado en ella, quiero decir, si alguien me diera a elegir a una persona con la que podría pasar cada minuto de cada maldito día seguramente Liam sería la última persona en la que pensaría . . . pero probablemente sería la única persona con la que podría hacerlo.
- ¿Nos vamos? - pregunto, ladeando la cabeza - ¿Sabes? No te he felicitado por ese Touchdown, fue increíble lo que hicieron ahí.
Él asiente, lentamente.
- Gracias, la próxima vez tal vez te deje usar mi número - Liam se muerde el labio al comenzar a caminar a mi lado -. ¿Ya acabaste?¿En que estabas pensando?
- Adivina.
No me mira cuando se ríe - ¿Adam?
- ¿Por qué estaría pensando en él? - Inquiero, extrañada.
No dice nada durante un buen rato. Parece considerar seriamente si debe responder a mi pregunta o no, aunque finalmente se decide por hacerlo.
- Porque estás enamorada de él.
El alma se me cae a los pies en cuanto esas palabras abandonan sus labios. No suena correcto saliendo de su boca, no suena correcto en lo absoluto y punto; toda la calma que pude haber recabado del minuto anterior se desvanece y se me escapa entre los dedos. ¿Acaso fui demasiado obvia? Estuve felicitando a un millón de jugadores antes que a él, apenas hemos cruzado palabra en el colegio la última semana y siempre trato de no pasar desapercibida al mirar en su dirección. ¿En qué momento falle?
Carraspeo ruidosamente - No lo creo.
- Que curioso, - dice él, fingiendo inocencia - no fue eso lo que me dijiste en casa de Cash la semana pasada.
- Pues no, escuchaste mal.
Genial. Era lo único que me faltaba: revelarle mis más oscuros secretos a Satanas; no, sería un insulto para Satanas compararlo con Liam Miller. Comienzo a caminar más rápido hacia el colegio, notando sus pasos pisándome los talones mientras trato de huir desesperadamente de esta situación. ¿Quién más sabe que tengo sentimientos hacia Adam?¿Con quién más hable esa noche?
- ¡Hey, espera!
No me detengo.
- Riley, no se lo voy a contar a nadie - sigue diciendo a mis espaldas -. Te doy mi palabra.
Ahora si lo hago, abruptamente, y lo encaro roja como tomate.
- No estoy enamorada de él - aclaro, haciendo énfasis en la palabra "enamorada" -; sólo tengo sentimientos confusos hacia él.
Liam alza las manos al aire, en señal de paz.
- Desde luego, desde luego - masculla, serio -. Es solo que . . . hoy me di cuenta que ese sentimiento puede llegar a ser mutuo, pero estoy seguro de que jamás funcionará algo entre ustedes dos.
- Lo sé - respondo, y mi voz se torna aguda por un segundo -. No es gran cosa, de verdad.
- Tal vez, pero conozco a tu hermano y se volverá gran cosa si ustedes llegan a seguir ese camino.
Pongo los ojos en blanco - No lo haremos.
- Esta bien, te creo - sonríe, y de nuevo la sonrisa no le llega a los ojos.
Guardamos silencio un rato. Nos dedicamos a caminar hombro con hombro un pequeño tramo hacia el colegio y fracasamos en el intento, Liam vuelve a mirar de reojo mi top como si le costara el mundo no hacerlo.
- ¿Qué demonios te pasa, Miller? - lo cuestiono, divertida - ¿Quieres que te lo preste?
Ahora la sonrisa si le llega a los labios, de echo, se recupera como si el color nunca hubiera abandonado su personalidad. De repente, sus ojos empiezan a destellar, su cabello parece un tono más rubio, la piel le brilla como si estuviera cubierta de diamantes y sus dientes perlados deslumbran con su sonrisa; y de alguna manera se sonroja un poco, como si estuviera avergonzado. Enarco una ceja, desafiante.
- ¿No llevas sostén, verdad? - pregunta, sonriendo de lo lindo.
Ah, era eso. Antes del partido decidí que no podía ponerme sostén con un top tan ajustado como el que llevo puesto, debe ser esa la razón por la que camina taaaaan lento y despidió a Adam tan inesperadamente, es un lindo gesto que no haya querido ponerme en evidencia frente a el mejor amigo de mi hermano.
- Nop, son incómodos e innecesarios - digo - ¿Y por qué razón me estás mirando los pechos?
Parece indignarle la pregunta.
- Literalmente tienes lentejuelas brillantes en el medio, aquí la pregunta es ¿cómo es qué me he resistido todo este tiempo?
- Te pille como tres veces haciéndolo, no seas tonto.
Maldice por lo bajo - Creí que no lo habías notado.
- Repite conmigo: Riley sabe todo lo que hago.
Soy testigo de como aparece una de sus famosas sonrisas de medio lado: es un proceso lento y provocativo, porque me mira mientras lo hace, la comisura de su labio se eleva hacia arriba coquetamente provocando una serie de bonitas arrugas en sus mejillas.
- ¿Acaso no tienes frío? Porque podemos pasar a mi casillero por mi chaqueta, si quieres - ofrece, y noto que intenta con todas sus fuerzas dejar de sonreír.
Me carcajeo un poco - ¿Te ponen nervioso lo pezones, Richie Rich?
- Todo lo contrario: me considero su mayor fan - bromea, subiendo y bajando las cejas. Luego se ríe un poco para añadir en plan serio -; si quieres quedarte así no tengo problema, pero está comenzando a helar y los chicos adentro no son tan considerados como yo.
- Dios mío, que suerte tengo - ironizo, pero asiento con una sonrisa -: Liam Miller me va a prestar su famosa chaqueta de americano. ¿Cuántas chicas pueden decir que han tenido ese honor?
- ¿Te han dicho alguna vez que eres una idiota, Riley?
Los dos nos reímos - ¿Tu también te diste cuenta?
En el casillero de Liam recogemos una pequeña llave para los vestuarios y su chaqueta, que me pone distraídamente sobre los hombros. Huele a perfume y cigarrillos, y las mangas me van enormes como toda la chaqueta en general; el hecho de que vamos cinco minutos tarde no nos hace acelerar el paso hacia los vestidores masculinos. Al principio Liam duda en llevarme con él ya que existe la pequeña posibilidad de que podamos encontrar a un intendente de mantenimiento en el camino hacia el vestidor, y Rivers por fin tendría una excusa para deshacerse de nosotros; declino la idea porque es demasiado tarde para que haya alguien de intendencia en el colegio y me escabullo bajo su brazo para entrar.
- Me voy a quitar la ropa - informa Liam, deshaciéndose de su jersey sucia -: puedes tocar si quieres.
Lo ayudo a rejuntar sus tacos y a poner orden en su casillero.
- Dios me libre - murmuro, con los ojos como platos.
Aunque me pica la curiosidad evito mirar hacia su dirección poco después de que se deshace de su equipo de protección. Una parte de mi se muere por echar un vistazo, mis hormonas prácticamente me ordenan que haga caso omiso de mis pensamientos racionales, pero he aprendido a controlar mis impulsos . . . y logro fallar en los intentos cada vez que me esfuerzo el día de hoy. Trato de pensar en Piper al mismo tiempo que doy una rápida repasada para juntar sus prendas; el cuerpo de Liam es como el de un adonis griego: atlético, con músculos en los lugares apropiados y la espalda ancha. Cuenta con un sin fin de pecas en los hombros desnudos y lunares en la espalda que asemejan un pálido cielo estrellado.
Trago saliva. Él chasquea la lengua ante mi respuesta.
- Ninguna - dice, de la nada.
Cierro su casillero - ¿Ninguna qué?
Liam termina de pasarse un suéter azul claro por la cabeza antes de contestar.
- Ninguna chica había tenido el honor de decir que se ha puesto mi chaqueta, hasta ahora.
¿Es normal que los latidos de mi corazón se hayan alterado por ese comentario? Debe ser, digo, cualquier persona se sentiría especial de saber que es la primera en lograr algo, ¿verdad? No tengo nada que decir respecto a ese comentario, solo me queda sonreír y hacer una nota mental de este momento; tal vez Liam no sea tan malo.
Llegamos al auditorio a la mitad de uno de los clásicos discursos de Paolo, y entramos tratando de no hacer ruido para que nadie note nuestra presencia. Camino de puntillas hacia el asiento más alejado del grupo reunido hasta el frente con Liam pisándome los talones, y nos habríamos salido con la nuestra sino fuera porque el sonido de mi móvil teniendo una llamada entrante hace que todas las cabezas giren en nuestra dirección. Le sonrío a Liam en forma de disculpa.
- Upsi.
Él resopla.
- ¡Por fin! - exclama Paolo, feliz como una lombriz - ¡Aquí están mis Romeo y Julieta!
Todos nos miran.
- Presente - murmuro, incomoda.
Intento encogerme dentro de la chaqueta y desaparecer, me va tan grande que considero la posibilidad pero sólo logro que noten mi nuevo atuendo. Demonios. Piper es la primera en leer el apellido Miller en la espalda y su respectivo número - 12 -, y frunce el ceño; luego todo es un dominó, Karlie se secretea con Charlie, Brandon le da un golpe a Tucker para señalarnos con la barbilla y Piper le dice algo a Rory para despertarla. Oh, ya lo capte.
- ¿Ustedes están saliendo o algo por el estilo? - pregunta Charlie con una sonrisa juguetona, en voz muy alta.
Liam y yo nos miramos el uno al otro con una mueca de asco.
- Ya quisieran - chistamos al mismo tiempo.