18. Cómo deshacerse de una plaga de adolescentes.

4647 Words
El sábado por la mañana, cuando Gabriel me obliga a correr cinco millas después de apenas haber pegado un ojo la noche anterior, me pregunto cómo es que mamá no investigó a este sujeto antes de dejarme bajo su tutela. Digo, ¿quién, en su sano juicio, hace que sus hijos despierten a primera hora de la mañana de un sábado para ir a correr? ¡¿quién?! Tal vez sea la resaca, los efectos de la privación del sueño o el que apenas llega oxígeno a mi cerebro gracias a mi reciente carrera, pero considero que existen mejores maneras de reprender a tus hijos malcriados que esta. Resoplo con fuerza. ¿Cómo es que todavía sigo de pie? Will se mueve a mi lado con total tranquilidad, y no me sorprende nada ver qué rápidamente aumenta el ritmo de sus zancadas para hacerme quedar mal frente a Gabriel, que nos sigue muy de cerca con la Jeep. Me obligo a mi misma a seguir el ritmo de Will a pesar de que me duele el cuerpo entero y que esta mañana he despertado encontrando una decena de hematomas adornando mi cuerpo sin tener idea de cómo llegaron ahí. Me es un martirio terminar las cinco millas y fingir que no me ha costado el mundo, apenas escucho el timbre de mi reloj inteligente marcar la siguiente milla disminuyo la velocidad hasta detenerme y mi corazón comienza a bombear sangre a mi cerebro con tranquilidad, a eso atribuyo que ya no siento que el piso se mueve bajo mis pies. Jadeo un poco con el fin de recuperar el aliento, llevaba años sin sentirme de esta manera y ahora recuerdo lo mucho que lo odio; tengo calambres en las pantorrillas, una presión aguda en el pecho y la cabeza me da vueltas, la resaca apesta. - ¿Cómo va la resaca, hermanita? - me pregunta Will, sonriendo. - No sé a qué te refieres - miento, y oculto las ganas que tengo de darme un tiro en la sien detrás de una sonrisa igual de grande que la suya -: me encuentro genial, estoy como nueva. ¿A qué resaca te refieres? - Es curioso - murmura, cerca de mi oído -. Por la cantidad de cerveza que te vi ingerir anoche me sorprende que hayas podido abrir un ojo. Es verdad. Sino fuera por las mil llamadas que recibí de Piper ni siquiera hubiera movido un músculo, pero el móvil lo tenía en el bolsillo trasero de los pantalones sobre la cómoda y el timbre comenzaba a volverme loca. Estiro los músculos de mis brazos frente a Will mientras me encojo de hombros y me hago la desentendida, mi hermano jamás podrá sacarme de los labios que debí hacerle caso; lo veo de reojo reírse a mandíbula batiente al mismo tiempo que imita mis movimientos, cosa que lejos de hacerme sentir cerca de él me hace desconfiar aun más de él. La imitación es un truco psicológico que aprendes en el jardín de niños. - No es mi culpa ser mejor que tú en todo, William. La risa despreocupada de Will no me toma el pelo, debería tomar las clases de Paolo si quiere convencer a alguien de que eso no tocó una fibra de su frágil masculinidad; por el rabillo de ojo me percato de que tiene tensa la mandíbula, señal de que se ha cabreado, a la vez que se limpia el pecho desnudo bañado de sudor mira hacia otra parte que no sea hacia el suelo donde me encuentro tratando de recuperar el aliento. Me echo a reír. - No seas así, hermano - repongo sonriente, y le doy un puntapié leve desde mi lugar -. Estoy perfectamente, te lo prometo. - No creo que Liam Miller sea una buena influencia para ti, Riley. Te lo digo como tú hermano mayor - comienza a decir, y esas palabras automáticamente me hacen viajar en en el tiempo a hace seis horas -: No te conviene hacer amistad con ese tipo. Creo que tengo derecho a decirte . . . Me pongo de pie de un salto, ceñuda - No, detente ahí mismo. Si crees que tienes derecho a decirme que hacer estas pero muy equivocado, antes . . . - No seas cabezota - interrumpe él, irritado -. Escúchame. No es eso lo que quiero decir - Will me mira con sus grandes ojos verdes enmarcados por unas largas pestañas cobrizas que los hacen parecer más profundos, la intensidad de su mirada me provoca escalofríos -. Sé que eres la persona más fuerte e independiente que conozco, pero no por eso voy a dejar de cuidar de ti. Esta en mi naturaleza proteger a los que amo, Riley; la otra noche te seguí hasta la casa de los Calore sin decir una palabra, y de igual forma te seguiría hasta el infierno, ¿entiendes? Oh. ¿Será la privación del sueño afectando su cerebro o en realidad mi hermano es capaz de decir cosas como esa? Creo que solo me queda averiguarlo. - Awwww, William. Yo también te quiero. Él, por su parte, pone los ojos en blanco y me quita de encima. Ya no importa lo que haga: la sonrisa que tengo en los labios no me la quita nada, aunque todavía no entiendo porque parece querer hacer la situación más seria de lo que en realidad es, cosa que deduzco por la mirada que me dedica desde arriba. Se lleva las manos a la cintura y siento que solo espero por una sentencia pacientemente, aunque considero que no puedo tomar muy en serio a ninguna figura de autoridad masculina desde que no tuve presente a la más importante en mi infancia no hago comentario alguno. - Tampoco te emociones - chista, frunciendo el ceño -. Esto solo es cuando estamos a solas, cuando haya otra alma presente me voy a ver obligado a defender mi autoridad de macho alpha, ¿Capisci? Enarco una ceja al mismo tiempo que él cruza los brazos sobre su pecho: claro está que diferenciamos acerca de quién es el alpha en esta familia. Seguimos estirando en silencio hasta que Gabriel hace sonar el claxon para que nos acerquemos, es difícil identificar el estado de ánimo de nuestro padre cuando todo el tiempo le damos una razón para estar furioso. Nuestra escapada de anoche se suma a la lista interminable de idioteces que hemos realizado este mes, Septiembre está a punto de terminar y estamos a punto de romper un récord entre los Dixon, según los datos de la abuela Reggie. Al acercarnos nos damos cuenta que Gabriel tiene pinta de haber olvidado por cinco minutos el que llegamos siete horas tarde de nuestro toque de queda apestando a vodka caro, está masticando goma de mascar tranquilamente con el asiento reclinado hacia atrás y los brazos cruzados sobre el pecho. Apoyo los antebrazos en la ventanilla del conductor para ver a Gabriel echarme un vistazo sobre las gafas de sol, entonces decide recorrer el asiento para vernos desde una altura en la que nos tengamos que ver hacia abajo. - ¿Necesito repetirles las reglas antes de irme o . . . ? - Gabriel niega con la cabeza, escéptico -. Pero, ¿qué cosas digo? Claro que se los tengo que repetir, me falta poco para contratar un jodido niñero. Will me fulmina con la mirada. - ¡No he dicho nada! - me defiendo. - No necesitas decir nada. Todos aquí sabemos que eres una revoltosa. Mi mano impacta contra su nuca. - ¡No seas violenta, Riley Dixon! Miro a Gabriel, sorprendida, mi mandíbula casi toca el suelo - ¡Pero él ha comenzado! - Suban al auto - masculla con los dientes bien apretados - ¡Ahora! Ni siquiera tenemos tiempo suficiente para pelear por el asiento de enfrente cuando Gabriel gruñe como perro y nos obliga a subir atrás, a ambos. Escuchar a Gabriel decir cada una de las reglas que tenemos que seguir mientras no está en casa significa guardar silencio por aproximadamente media hora, pero poner atención resulta opcional si llevo el móvil escondido entre las cosas de Will. Lo pongo en silencio durante la regla número dos apartado cuatro, y comienzo a responder todos los mensajes que tengo. Comienzo con Piper. Al menos son cien mensajes reclamándome el que haya ido a la fiesta de Charlie sin avisarle, aunque estoy segura de que esa no es la principal razón por la tengo el buzón atestado. Le contesto vagamente que no tuve tiempo, para continuar con Wes para confirmar que nos veremos esta tarde en Micky's para estudiar; entonces noto que tengo un mensaje nuevo de un número desconocido. Mi dedo está a centímetros de abrir el mensaje cuando escucho la regla número ocho y bloqueo la pantalla del móvil. - ¿Cómo que no podemos salir de casa? - inquiero, estupefacta. Esa es nueva. Gabriel sonríe abiertamente - Nadie entra y nadie sale de casa mientras el Gran Jefe no está, señorita. - Pero . . . - replica Will, airado. Gabriel se pone la gorra de béisbol al revés para enfatizar sus palabras con su semblante serio. - Nada de peros, Alexander. No sé qué sucede con ustedes últimamente pero se acaba hoy - sentencia -. La disciplina no será un problema de ahora en adelante en esta familia. Este es mi momento de utilizar mis limitados dotes de actuación. Lo primero que hago es llamar la atención de mi público, es decir, atrapo la mirada de Gabriel a través de retrovisor cómo quien no quiere la cosa. Mis ojos se cristalizan lentamente y fabrico un puchero, luego evito su mirada como si me avergonzara algo. No puedo apuntar a que me deje salir para ir a estudiar, pero puedo intentar que Wes entre a la casa. - Bueno, es solo que . . . - comienzo a decir, fingiendo inocencia e inseguridad - no me ha ido especialmente bien en el colegio, y mi amigo Wes se ofreció a darme tutorías esta tarde. Pero si esas son las reglas, son las reglas. Funciona. Poco a poco la seriedad en su rostro desaparece para hacer paso a una pequeña sonrisa sin enseñar los dientes, Gabriel es un padre bastante comprensivo después de todo, y Paolo un muy buen maestro de actuación. - Oh, cariño. Entonces eso cambia todo. Dile a tu amigo que pueden estudiar en casa, la señora Maddox tiene el fin de semana libre y va a supervisar que todo vaya bien mientras no estoy. A mi lado, Will balbucea atónito. - Esta si que no me la creo - murmura, para si mismo -: mi hermanita nos tiene a todos de las bolas. Sonrío internamente. No me quiero imaginar que va a pasar con la cabeza de Will cuando tenga hijas, ¿que será de su pobre estabilidad mental? Me gustaría poder pasar más tiempo pensando en las futuras maneras en las que una versión más pequeña de Will le hará explotar la cabeza, pero vuelvo al móvil para notificarle el cambio de planes a Wes y encontrarme con más mensajes de Piper. Sin darme cuenta mi mano se vuelve un puño. No niegues que no te habría costado nada enviarme un texto, Riley Pipes xx 7:50 Esta bien, olvídalo. ¿Cómo estuvo? Pipes xx 7:51 Me imagino que fue Felix quien te invito, ¿no? Pipes xx 7:51 Deja de enviarme tantos textos. Apenas tengo tiempo de leer la mitad Me 8:00 Cuando llegue a casa te cuento todo. Ten paciencia Me 8:01 Respiro hondo. ¿Qué está mal con Piper? Sé con toda certeza que le importa un comino el que haya ido a una fiesta donde estuvo medio escuadrón de animadoras sin ella. El problema tiene nombre y apellido, y cuando sepa que anoche me dio un besito en la nariz se va a volver loca. Bebo una botella completa de agua fría antes de ponerme a recapitular los eventos de la noche anterior, no me haría daño tener el cerebro hidratado mientras lo hago, aunque al final no ayuda de mucho. El recuerdo más reciente que tengo de Liam es durante la tercera fase de mi introducción al alcoholismo en la cual poníamos a prueba mis dotes deportivos estando ebria, recuerdo sentirme como Michael Jordan mientras jugábamos baloncesto en la cancha privada de Cash; después de eso todo está borroso. Me paso las manos por la cara, ¿qué fue todo eso? Ni siquiera me llevo bien con el bastardo. Abro el último mensaje que tengo en mi buzón, solo para encontrarme con el centro en el que radican todos mis problemas: Liam. Puede que a veces me haga el tonto, Ricitos, pero a veces pones a prueba mi límite de tolerancia. Cretino xx 8:16 ¿Se puede saber cómo es que conseguiste mi número? Me 8:17 Archivo adjunto* Cretino xx 8:17 La foto que recibo provoca una serie de flashbacks frente a mis ojos. Escribí mi número telefónico en el dorso de la mano de Liam Miller con un plumón indeleble n***o, fue antes de que Will me arrastrara fuera de la cancha de baloncesto. Hago una mueca, eso también se lo tengo que contar a Piper. Duda aclarada. ¿Ahora que hice? Me 8:19 Mejor dicho, ¿que no hiciste? Cretino xx 8:19 Creí que habías arreglado el problema de tu amiga Cretino xx 8:19 ¿Hablas de Piper? Me 8:20 Arréglalo. Cretino xx 8:21 No te haría daño decir por favor y gracias Me 8:21 Por favor, saca a la lunática de tu amiga de mi vida. Te daré las gracias cuando lo hagas. Cretino xx 8:22 Que vergüenza que una chica tenga que solucionar tus problemas por ti Me 8:22 Dejo el móvil en el bolsillo trasero de mis shorts. Tengo cosas más importantes que hacer que pelear con Liam, por ejemplo tomar una ducha, una siesta antes de que llegue Wes, limpiar mi habitación y hacer la comida. El móvil vibra en mi trasero dos segundo después. Que vergüenza tener que ser la genio de una persona que necesita que una niña resuelva sus problemas Cretino xx 8:22 ¿Más vergüenza que haberle dado un beso en la nariz a esa genio? Me 8:23 ¿Hubieras preferido que fuera en otra parte? Cretino xx Nos vemos en clase, baboso Me 8:23 Nos vemos cuando quieras, nena Cretino xx 8:24 Así damos por concluida la conversación. No puedo dejar que Piper sepa de la existencia de esta conversación por ningún motivo, de otra manera, probablemente termine durmiendo con los peces. Hago lo que esta a mi alcance para hacer quedar bien a Piper frente a Liam, pero lo único que él hace es usar lo que ella pueda darle a su favor, en lugar de la manera romántica que buscamos; le he dicho a Piper que no le ponga atención, que la indiferencia puede ser un buen escenario que podemos abordar con Liam pero parece que mandó todo a la mierda cuando le dio la respuesta del desafío y ahora. Me pregunto que habrá echo para hacer enojar a Liam. Dejo todo a un lado para darme una ducha. En cuanto el agua fría hace contacto con mi piel desnuda toda la tensión por la que ha pasado mi cuerpo durante las últimas 24 horas desaparece mágicamente. Considero la idea de quedarme bajo el chorro de agua un rato más, pero no es hasta que comienzo a oler a quemado y unas pequeñas bolutas de humo se cuelan por la ventana de mi cuarto de baño que la tensión vuelve a mis hombros y no hay agua mágica que pueda deshacerse de eso. Envuelvo mi cuerpo en una toalla en medio de gruñidos, es la segunda puta vez en el mes que queman algo, parece que vivo con niños de siete años que necesitan supervisión hasta para usar tijeras; salgo de mi habitación echa una furia, tratando de que el extintor no se me resbale de las manos empapadas. Desde las escaleras distingo una alta y musculosa figura salir de la cocina tosiendo violentamente, por el cabello rubio y corto podría ser cualquiera pero veo a través del humo que se trata de Adam extendiéndome las manos para atrapar el extintor. - Por favor que no hayan quemado el refrigerador, que no hayan quemado el refrigerador . . . - ruego en un murmullo, con los dedos cruzados mientras sostengo la toalla en su lugar. - Quemaron un bote de basura, no te preocupes - masculla una voz ronca de mujer a mis espaldas, sobresaltandome en el proceso. Es Rory. Está echada en el sofá jugando videojuegos con una manta y un bowl de palomitas en el regazo. - ¿Qué haces aquí? Gabriel dijo que no . . . - El rubio me dejo entrar con la condición de que ayudara en las tareas de la casa - responde vaga, concentrada en la pantalla -, aunque sabemos que eso no va a suceder jamás. Lo último que supe es que estabas en la ducha y que tu papá dejó una lasagna en el horno. - ¿Y cómo se quemó el bote de basura? - Inquiero, y trato de entrar a la cocina sin ahogarme con el humo. Dentro se escucha un revuelo de gruñidos, toses y voces masculinas, ¿qué tanto hacen ahí dentro? Escuchamos el sonido del extintor que siguen un montón de gritos agudos. Ella alza los hombros - Ya sabes, cosas que pasan. Mi mano impacta contra mi frente ante su respuesta. No han pasado ni veinte minutos en los que Gabriel dejó la casa y, al menos, hemos roto la mitad de las reglas; me armo de todo el valor que poseo para cruzar la pared de humo y evaluar la cantidad de daños, tal vez podamos hacer como que nada sucedió si pintamos una pared y remplazamos el bote de basura . . . o eso creo hasta que me dejan de arder los ojos y puedo ver la madera quemada de la isla de la cocina, el plástico derretido del bote de basura pegado al suelo y una silla rota que me doy cuenta que no nos vamos a salvar de esta. Adam, Will y Jasper luchan con un pañuelo envuelto en llamas que arrojan de un lado a otro con un palo de escoba, y no le ponen atención al jodido extintor que les tendí hace dos minutos a sus pies. Levanto el extintor del suelo y, sin importarme quien está en el camino, jalo del pestillo para acabar de una vez con el desastre. Las niñitas me miran mal una vez extingo el fuego, están bañados de un polvo blanco y sus semblantes son serios. - No quiero saber de quién ha sido la culpa - mascullo irritada -: limpien todo, los tres. - Yo estoy a cargo, niñata, y digo que . . . - réplica Will, en su papel de adulto responsable. - ¡Limpien eso! Los tres se quejan entre murmullos pero hacen lo que digo. Ventilan el humo, recogen los pedazos de la silla rota del suelo y traen herramientas de la cochera para tratar de arreglar la isla, todo bajo mi estricta supervisión. El cerebro de los hombres tiende a sorprenderme de sobremanera; por mis clases de anatomía tengo entendido que nuestros cerebros son bastante diferentes, el lóbulo frontal de las mujeres es proporcionalmente más grande que el de los hombres, por eso somos capaces de registrar en la memoria momentos con una fuerte carga emocional y podemos relacionar todo porque para nosotras en todas partes hay conexiones. En los hombres es todo lo contrario, para ellos las cosas están separadas unas de las otras y, como su hipocampo es mayor que el de las mujeres, tienden a reaccionar de mejor manera ante el peligro . . . Entonces, ¿Cómo es que estos se pusieron a jugar con un pañuelo en llamas? Medito la idea de marcharme no una, ni dos, tres veces se me ha pasado por la cabeza subir las escaleras porque el estar medio desnuda enfrente de un montón de hombres - uno de ellos familia - realmente me tiene incómoda, pero la primera vez que estuve a punto de irme me detuve a intervenir en una pelea: Jasper contra Adam, luego una pequeña "discusión" entre Will y Adam que empezó porque uno le quiso enseñar al otro cómo barrer y terminó en empujones, y por último otra sesión de empujones entre los más jóvenes: Will, Adam y Jasper, y todo porque Jasper hizo una broma acerca de que puedo modelar mi uniforme de animadora aprovechando que estoy en toalla. - Te los encargo un rato, R - le aviso a Rory, mientras subo las escaleras -. Solo déjalos jugar por turnos para entretenerlos, si los dejas jugar al mismo tiempo se enojan y tienden a romper cosas. Rory alza un pulgar como respuesta y sigue en lo suyo. Con unos shorts, un viejo suéter del alma mater de Gabriel y calcetas me presento a mi reunión con Wes para mis tutorías de Historia. Estamos estudiando la Segunda Guerra Mundial sobre la isla quemada de la cocina teniendo al menos una interrupción cada cinco minutos por alguno de los muchachos buscando algo en el refrigerador, y cada vez tengo que sonreír para Wes en forma de disculpa. En medio de esas incómodas sonrisas mis ojos encuentran una familiaridad extraña en el rostro del susodicho: no tengo idea si se trata de la forma de su nariz, de los lunares que se extienden por su rostro hasta su cuello o la forma en la que se sienta, pero por alguna razón llama mi atención. - ¿Tengo algo en la cara o . . . ? - me pregunta Wes, riendo. Sacudo la cabeza. - No, no. ¿Qué decías? Wes me sostiene la mirada un segundo eterno solo para después subrayar algo en mi libro de texto con un marcador fosforescente. - A veces eres medio rara, Riley - murmura, fingiendo estar asustado. Le doy un puñetazo en el brazo que lo hace reír -. Ya, ya, era broma. Decía que las principales consecuencias políticas de la Segunda Guerra Mundial están en este párrafo, solo apréndete tres para la prueba. - Perdón por todo el cambio de planes - le digo, mientras tomo apuntes en mi cuaderno -. La verdad es que hoy no era el mejor día para que vinieras: la casa está echa un lío. Wes chasquea la lengua - Hablando de eso, llevo media hora queriendo preguntar pero creí que era de mala educación, ¿qué le pasó a la isla de tu cocina? - Es una larga historia, pero creo que te la puedo resumir; papá dejó una lasaña en el horno, los muchachos no se pusieron de acuerdo para sacarla de ahí y se terminó incendiando la cortina, luego las versiones de la historia varían: Adam dice que vio humo salir de la casa y entró para ver a Rory tirar la lasaña al bote de basura; Jasper dice que fue Adam; y Will que fue Jasper. - Wow. Asiento comprensivamente. - Sip, pero no te preocupes. Ya somos expertos en construcción porque cada fin de semana pasa algo así; mejor explícame aquí . . . El libro de texto se me cae de las manos gracias al estrepitoso portazo de la puerta de la cocina. Estoy a punto de caerme del banco por el sobresalto que me provoca la dramática entrada de Piper, y sino fuera porque Will me atrapa en el aire mi culo hubiera sufrido bastante, la verdad es que mi cuerpo tiene suficiente de caídas por ahora. Por otra parte, Piper parece no haber pegado un ojo en toda la noche, aunque tiene el cabello oscuro bien agarrado en una coleta alta y un poco de maquillaje puedo notar las bolsas que trae bajos los ojos y el cansancio reflejados en ellos. Llevo una mano a mi pecho para asegurarme de que siga en su lugar, al mismo tiempo que la fulmino con la mirada. - No me llamaste - dice ella, en forma de justificación. - ¡Por dios, Piper! Te dije que fueras paciente - replico de inmediato, irritada -. No puedes venir a mi casa y entrar así solo porque se te ha saltado un tornillo. Me he pasado, lo admito, pero mi paciencia no es infinita. - ¿Saltado un tornillo? No te atrevas, no te atrevas a decir eso . . . - Piper - la llamo, tajante -. Relájate. Deja de hacer lo que estés haciendo para molestar a Liam, y ve a jugar videojuegos con Rory. Cuando tenga tiempo vamos a ver cómo resolvemos todo esto, pero ahora estoy ocupada. - Pero Riley, lo único que he echo fue llamar a Charlie . . . - comienza a decir, desganada. Pongo los ojos en blanco - Y da la casualidad que el hermano gemelo de Charlie es uno de los mejores amigos de Liam, tarada. Piper hace un puchero con los labios. La quiero mucho pero puede llegar a ser muy cabeza hueca. Me restriego las manos por el rostro, totalmente exhausta, necesito con urgencia varías horas de sueño si quiero sobrevivir a este día. - Ve a con Rory. Estamos a punto de terminar - veo Wes mirarnos a ambas con el ceño fruncido, y algo incómodo -, ¿a qué si, Wes? - Eh, si - responde, clavando los ojos en el libro de texto. - ¿Segura? - inquiere, de camino al salón de estar. Asiento con una sonrisa tensa en los labios. Dos segundos después de que desaparece por el pasillo regresa, avergonzada. - ¿No estás molesta conmigo? - No, pero si llego a suspender por tu culpa voy a estar furiosa . . . Se marcha con una sonrisa, y a mi me cuesta de toda mi fuerza de voluntad mantener los ojos abiertos. El karma es una perra. - ¿Sabes qué no tienes por que resolver los problemas de todo el mundo sino quieres, verdad? - me dice Wes, después de un largo silencio. Cuando levanto la cabeza siento que tengo restos de isla quemada en la frente que me quito con dedos débiles. Es verdad, no tengo que hacer nada que no quiera; hasta ahora lo único de lo que tengo que preocuparme seriamente es por el colegio y el que Liam borre el video con el que me chantajea. El drama amoroso de Piper puede esperar, o en el camino mejor le encuentro otro novio . . . Sería más fácil que convencer a Liam Miller que haga algo que no quiere. - ¿Qué te puedo decir, querido Wes? No me dicen Genio por nada - bromeo. Efectivamente mi broma para romper el hielo funciona por que Wes se echa a reír y recoge el libro de texto para volver a donde nos quedamos, sin borrar la sonrisa. - Nadie te dice Genio, Riley. Si que alguien lo hace, pienso. No digo nada al respecto y me zambullo en libros de texto, líneas de tiempo y mapas conceptuales por las siguientes dos horas y media. Lo único bueno es que al final del día estoy convencida de que no voy a suspender Historia ni por un pelo, lo malo es que todavía me tengo que deshacer de la plaga de adolescentes que tengo en mi sala de estar. Despido a Wes con un beso en la mejilla, cierro la puerta de la cocina para apoyar la espalda y deslizarme hasta el suelo en ella; apenas van a ser las siete de la tarde y no creo ser capaz de levantarme de mi lugar sin ayuda. ¿Cómo me deshago de estos idiotas?
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