No me sorprende ni un poco que Liam solo necesita de un solo comentario para ponerme los nervios de punta. Nunca ha necesitado ayuda alguna para ser sincera. Con esos ojos burlones y esa sonrisa maliciosa es más que suficiente, sin contar con su afilada lengua e ingenio. Noto que me mira de reojo mientras caminamos hacia el vestidor para que pueda cambiarse, le he sugerido esperar en el auto pero se ha negado, me ha dicho que no confía en mi cerca de su auto.
Me encojo de hombros y sigo andando a su lado.
- ¿Tú te cambias y qué hay de mi? - me quejo una vez sale del vestidor.
Ha cambiado sus shorts por unos jeans que le cuelgan de las caderas, una camiseta de botones blanca y unas zapatillas casuales. Huele a colonia.
- Estás bien - chista apenas dándome un vistazo.
- Claro, estoy bien para un partido de baloncesto. ¡No para una fiesta!
Se queda en su lugar repasándome con la mirada. Deja escapar un sonoro bufido antes de entrar de nuevo al vestidor, esperando que lo siga, lo hago después de un rato sola en medio del desierto pasillo. En el interior de los vestidores, lo encuentro rebuscando en varios casilleros abiertos de par en par; saca unos pantalones anchos marrones de un casillero con una placa donde se alcanza a vislumbrar un nombre, Freeman, y luego pesca un enorme suéter azul desde el fondo de una mochila deportiva abandonada en los bancos colocados en medio de la hilera de casilleros. Me los arroja de forma distraída. Parpadeo varias veces mirando fijamente las prendas en mis manos, ¿es una broma? Me atrevo a olisquear el pantalón para comprobar con alivio que huele a limpio, aunque no puedo decir lo mismo del suéter, que apesta a colonia barata.
- Listo, eso te irá bien. Debemos llevar un bajo perfil - me dice encogiéndose de hombros ante mi mirada, despreocupado -. No le agradas mucho a Charlie.
- Lo sé, el sentimiento es mutuo.
Liam asiente meditabundo.
- Ustedes las chicas son todo un misterio para mi.
Pongo los ojos en blanco sin poder evitarlo. Que sorpresa, pienso con macabra ironía, nosotras somos el misterio aquí.
- Date la vuelta - lo ordeno -, no quiero que espíes mientras me cambio.
Una oscura sombra de lúgubre diversión cubre sus ojos. Arquea ambas cejas mientras las esferas rocosas de sus pupilas bailan divertidas en mi dirección.
- Debes sobrestimar tus encantos para pensar que quisiera ver condenado espectáculo - masculla él, y su pícaro tono de voz me dice que solo busca meterse conmigo - o subestimar mis habilidades de espionaje para considerar que no tengo una cámara escondida solo para verte otra vez en ropa interior.
Lo quito de mi camino de un empujón en medio de una risita limpia de su parte. No le permito verme con las mejillas encendidas gracias a sus comentarios de doble sentido. Lo último que me falta es que sea consciente de lo mucho que me afecta lo que dice.
- Solo mantén tus manos lejos de tu pantalón.
No obtengo respuesta de su parte además de otra risita macabra que me persigue bajo las parpadeantes luces flotantes de los vestidores. Me escondo en la esquina más alejada de la entrada, donde se encuentra Liam esperando por mi, y rápidamente me quito los shorts para saltar dentro de los pantalones anchos que se me caen por las caderas. En cuanto me las ingenio para mantener en pantalón en su lugar sin dejar mi trasero al aire paso el suéter por mi cabeza echando miradas furtivas en todas direcciones. Con alivio me percato de que mis medidas de precaución no tienen base. Cuando me acerco a Liam arrastrando los dobladillos del pantalón lo encuentro jugando con una pelota de americano, la lanza bien alto en el aire y la atrapa en el último segundo. Deja de hacerlo en el momento en que me pilla doblar la esquina de un muro de casilleros.
- ¡Vaya! - exclama, notablemente sorprendido -. Te ves tonta y ardiente al mismo tiempo, ¿como es eso posible?
Lo fulmino con la mirada. Ahora solo esta diciendo tonterías por molestar.
- ¡Vaya! Eres un imbécil y un cretino al mismo tiempo, ¿como es eso posible?
Mi comentario no le hace tanta gracia como a mi. Levanta las cejas y me indica el camino a seguir con una mano.
Llegamos a casa de los hermanos Calore en cuestión de minutos, media hora aproximadamente. La única cosa positiva del trayecto hacia la enorme casa de los mellizos es que Liam me deja el control de la música. Ultraviolet de McFly está resonando en mis oídos cuando alcanzo a vislumbrar la casa en una colina alta. Seguimos un camino de arbustos hasta un interlocutor al que Liam apenas presta atención por qué teclea unos números en la pantalla apenas viendo por el rabillo del ojo el teclado. Seguimos otro camino de piedra durante un minuto para llegar a la casa principal, así pasando por un gigante jardín con una piscina a lo lejos y, a su lado, una cancha de tenis privada; en la entrada, donde unas pesadas puertas dobles de cristal están abiertas de par en par, la pareja del momento espera por nuestro encuentro. Felix tiene a Emma entre sus largos brazos de jugador de americano, está se mira pequeñísima a su lado, y ambos tienen un vaso de plástico rojo en una mano.
A Liam le cuesta abandonar su preciado auto junto al resto de los demás en la parte trasera de la casa, donde se ubica una cochera cerrada.
- ¿No puedes estacionarlo dentro? - le pregunto respecto a su mueca.
Él frunce los labios, notablemente disgustado.
- Daniel es la única persona que puede abrir y cerrar la cochera - murmura apagando el motor.
Nos quedamos en silencio un oscuro minuto. Asumo que Daniel es el padre de Cash.
- ¿Y crees que alguien va a qué? ¿Robar tu auto?
- Entre otras cosas, si - contesta indignado -. No quiero que un grupo de cabrones ebrios vomite sobre él.
Pongo los ojos en blanco y me dedico a ignorar sus quejas hasta que encuentra un lugar apartado de los demás autos estacionados pobremente en el camino.
De regreso a la casa principal me percato de la caras familiares que encuentro en la entrada de la casa. Hallie, una animadora del escuadrón, acepta el vaso que Emma le ofrece y Ian, el compañero de biología de Rory, saluda efusivamente a alguien en la distancia que no alcanzo a identificar. Entramos todos juntos en tropel hacia el interior. Las luces de colores amenazan con dejarme ciega por un segundo y no me permiten ver a primera vista como es la casa por dentro, pero en cuanto noto el número de personas qué hay dentro de la mansión lo único que impide que me vaya de espaldas es Liam. La casa está llena de personas tanto en el salón principal, como en la cocina, la sala de estar, el patio de atrás y el segundo piso; hay una barra en la sala de estar llena de todo tipo de licores, mesas con vasos para jugar beer pong, un barril de cerveza cada diez metros de distancia y una enorme bola disco sobrepuesta en el segundo piso. Apenas es media tarde, ¿cómo es que todo el mundo está tan ebrio? Un vaso aparece de pronto en mi mano. Liam le da un sorbo al suyo mientras me mira por el rabillo del ojo olisquear la sustancia marrón que me tendió hace apenas un segundo, veo sobre mi hombro a Félix festejar efusivamente con alguien que no conozco y a Brandon jugando beer pong en una mesa cerca de la chimenea, no hay moros en la costa.
- ¿Qué es esto? - inquiero, tiene un olor fuerte y penetrante.
- Confía en mi - me guiña un ojo, y mira cómo titubeante me llevo el vaso a los labios -, pero toma despacio . . . ¡Hey!
Demasiado tarde. El líquido me recorre rápidamente la garganta con un ferviente ardor y un sabor amargo, cuando el líquido llega a mi estómago recuerdo que apenas he probado bocado en el día y tengo una sensación cálida en la boca del estómago. Levanto la mirada para ver qué Liam me mira como si fuera una persona desconocida, pero lentamente la comisura de su labio se alza hacia arriba en una sonrisa torcida. Sus particulares ojos me evalúan con precaución cuando le extiendo mi vaso pidiendo más, los brillos metálicos característicos de él dudan un segundo más sin embargo me da la mitad de lo que sea que se haya servido para él.
- Bien, ¿por donde empezamos? - le grito sobre el sonido de la música.
Liam da una rápida repasada a la casa antes de apuntar hacia la parte trasera del salón principal, donde se encuentra la barra.
- Primero, te voy a enseñar a beber - me dice, sus dedos recorren la parte interna de mi codo hasta mi muñeca, y me arrastra con el de la mano -. Sígueme, y no te apartes de mi. Estas fiestas se ponen raras a veces.
Frunzo el ceño, pero no menciono nada.
- ¿Qué me vas a dar primero, entonces?
Mi compañero se pone detrás de la barra junto a otras dos chicas, les sonríe levemente para hacer un espacio en la barra y éstas tratan de establecer una conversación con él, fracasando olímpicamente en ello. Yo me limito a esperar que Liam haga su magia con los tragos mientras responde las preguntas de las chicas vagamente, aunque resulta buen show de medio tiempo para mi. Es gracioso ver las maniobras de Liam con las botellas mientras las dos chicas se ríen tontamente y me hacen señas, lo único que puedo hacer es reírme con ellas y asentir. Al terminar de servir diez tragos en total, uno para cada uno, Liam comienza a darme claras instrucciones:
- Veras, por lo que tengo entendido eres una principiante en todo esto - comienza a explicar, formalmente. Como un maestro le habla a su estudiante -. Primero que nada, tenemos que identificar cual es la bebida apropiada para comenzar. Me permití hacer una variedad de cócteles para la señorita, y acabo de hacer una apuesta conmigo mismo porque estoy convencido de cual te va a gustar más.
Durante todo su discurso me parto de la risa. No sé si es que el alcohol ya circula por mi torrente sanguíneo o el que me la estoy pasando bastante bien. Veo con curiosidad cada uno de los vasos, y es lo último que recuerdo con claridad de ese momento. Es el principio del fin. Luego de experimentar un rato con las botellas favoritas del señor Calore nos decidimos por hacer paradas en cualquier lugar donde haya un grupo de personas; jugamos beer pong con Cash, bailamos con las porristas, organizamos la carrera de colchones en las escaleras para saber quién llega primero al salón principal, también nos sentamos en un círculo junto a personas que no conocemos de nada en plan "espiritual" y nos pitan la piel expuesta con figuras extrañas. Estamos bastante cerca el uno del otro, tengo la capucha de mi suéter robado sobre la cabeza y una chica de doceavo grado coloca una calcomanía de estrella en mi frente. Ahora todos tenemos estrellas brillantes donde rebotan las luces parpadeantes de la bola de cristal.
- En segundo lugar - me dice al oído, su aliento cálido me acaricia la mejilla mientras nos tambaleamos al ritmo de la música -: vamos a acércanos a tu límite. ¿Cuánto alcohol eres capaz de consumir antes de perder el control?
¿Se refiere al control de mis esfínteres? Porque esos los perdí hace muchísimo tiempo. Es la cuarta vez que lo tengo que hacer llevarme a un baño.
- ¿Control? - Niego con la cabeza, estoy bastante ebria.
Comienzo a balbucear la letra de una canción punk y estoy bastante segura de que la letra no tiene sentido para Liam por qué se carcajea. Canto a todo pulmón. Me siento en la cima del mundo mientras Liam me arrastra hasta la última estación: el vomitron. Se trata de tomar cuatro jarras completas de cerveza, por pareja, antes de que nuestra competencia lo haga. Somos Liam y yo contra dos muchachos de la escuela privada donde asisten los hermanos mayores de Liam y Cash; al principio no me siento capaz de seguir bebiendo, para este punto de la noche no tengo idea de cuánto he bebido. Estoy mareada, siento que mi cerebro es una masa pastosa que pesa demasiado y tengo demasiado calor; pero eso no nos detiene. Entonces, Liam decide apartarme un poco de la multitud para evaluar el registro de daños. Sus manos primero me inmovilizan por el cuello, noto que sus ojos azules buscan algo en mi rostro y que lentamente sus manos suben hasta mis mejillas, ese movimiento me provoca cosquillas en el estómago.
- Hey, nena - llama mi atención, estamos tan cerca que tengo que poner mis manos en su cintura para no caerme -, ¿estás bien?¿crees que puedes hacer esto? Puede que sea hora de llevarte a casa.
Me rio a carcajadas en su cara - No digas tonterías. Dame eso.
Compartimos una última sonrisa y Liam me da un besito en la nariz - Esa es mi chica.
Estamos detrás de una mesa los cuatro juntos. Tenemos a un mar de espectadores en los que identifico a un montón de rostros; Jasper me mira con los ojos muy abiertos mientras lo saludo con una mano efusivamente, Emma grita mi nombre entre los brazos de Felix, Charlie y Cash se encargan de llenar las jarras, e Ian se tambalea de un lugar a otro con una chica en cada costado. Que divertido.
- ¿Lista? 1, 2, 3. ¡Ahora!
Me llevo la jarra a los labios derramando un poco sobre mi ropa. El líquido sumamente frío provoca pequeños escalofríos en mi cuerpo en cuanto hace contacto con mi piel caliente. La primera jarra me toma un santiamén vaciarla, echarle un vistazo a la competencia me quita tiempo valioso pero me percato que estamos en las mismas, cuando me dan la siguiente jarra sé que es ahora o nunca. 15 segundos, todos gritan a mi alrededor. Hemos terminado. Nos vitorean, vasos vuelvan por doquier y Liam me alza en el vuelo. Me carcajeo empapada en líquido con aroma metálico, cosa que prácticamente evita que devuelva el estómago después de tanta cerveza, entre risas me limpio las comisuras de los labios con una manga sucia.
No tengo idea cuanto tiempo ha pasado desde la competencia de beber hasta que me encuentro hurgando con Emma en el gigante refrigerador de los Calore en busca de un aperitivo. La cocina, por primera vez en la noche, está desierta. Las únicas personas somos nosotras, Liam y Félix. El par se encuentra charlando por lo bajo sentados sobre el alféizar de la ventana. Tienen las cabezas muy juntas mientras Félix articula con las manos. Parece que hablan de deportes. Comparto una mirada con Emma solo para terminar alzando los hombros, desinteresada, y encontramos una ensalada de cangrejo que nos sabe a gloria en nuestro ebrio estomago. Luego de la ensalada, unas galletas saladas y una botella entera de sidra de manzana, encuentro un frasco de cerezas que me hace agua la boca. Estoy a punto de levantarla en el aire para compartir con los demás cuando me percato que de nuevo tenemos compañía. Liam se inclina sobre mi con una sonrisa socarrona y se lleva un dedo a los labios, pidiéndome que no diga nada.
Ambos nos escabullimos por la puerta de atrás con el frasco, una botella de vodka y dos copas de cristal. Llegamos a una cancha de baloncesto que no había notado antes. La puerta de malla está cerrada por un enorme candado del que Liam sabe la combinación. Para mi sorpresa solo necesita un intento para deshacerse de él, y noto que no estamos en las mismas condiciones de ebriedad. No le doy importancia, sin embargo no le quito los ojos de encima, dejándome caer en el suelo tablado. Liam se reúne conmigo unos segundos después en el suelo.
- ¿Sabes? Sino fueras tan desagradable - comienzo a decir, arrastrando las palabras - tal vez me gustarías.
Mi confesión no le causa sorpresa.
- ¿De verdad? - se ríe él.
Asiento, y siento la lengua entumecida cuando trato de decir otra cosa así que no lo digo. Ya no recuerdo que quería decir. Pesco una cereza del frasco.
- De verdad - confieso solemne -, pero no como Adam. Con Adam es diferente, me agrada realmente.
Eso si que lo toma de sorpresa. La sonrisa se le borra de los labios.
- Si aceptas consejos de mi parte . . .
Me echo a reír a carcajadas - No lo hago.
Liam pone los ojos en blanco, divertido.
- Si lo hicieras, no te recomiendo que sigas ese camino - murmura desenfadado, arroja una cereza en el aire y la atrapa con su boca -: a Will no le gustará. Será un problema.
Ya no importa lo que diga. Me encuentro demasiado fascinada por su truco para prestar atención a sus palabras.
- Hazlo de nuevo - le pido.
Él frunce el ceño, parpadeando rápido.
- ¿El qué?
Le arrojo una cereza a la cara cuando está distraído viéndome extraño. La cereza le da de lleno en la mejilla y cae sobre su regazo, una expresión decepcionada aparece en mi semblante.
- Ah, eso - cuchichea comenzando a sonreír de nuevo -, déjame el frasco, entonces.
Abrazo el frasco contra mi pecho, desconfiada.
- No puedo hacerlo sin las cerezas - insiste él.
Vuelvo a arrojar una cereza que atrapa milagrosamente. Los dos festejamos alzando los brazos en el aire por lo que el frasco se derrama sobre mis pantalones.
- ¡Maldición! - chisto, y trato de rescatar todas las cerezas que puedo con las manos. Se las entrego a Liam con una sonrisa -. Es mi turno.
Nada convencido de mis habilidades de atrapar cerezas en el aire Liam accede a tratar. Me arroja tres hasta que por suerte, y por qué Liam se acerca más, la cuarta cae en mi boca.
- ¡Eso es! - festeja él.
Nos reímos al unísono.
Una vez nos terminamos nuestro suministro de cerezas y vodka solo nos dejamos recostamos de espaldas sobre el suelo. Estoy mareada, lo suficiente para ignorar el timbre del móvil en mis pantalones o el que pueda pasar un rato con Liam sin arrancar su cabeza. Mi cabeza da vueltas mientras el cielo parcialmente estrellado cae precipitado hacia mi rostro. Levanto las manos para cubrir mi rostro de un impacto que jamás llega. Lo único que siento es una mano que aparta los cabellos rebeldes que caen sobre mis ojos.
- Sino fueras tan desagradable - me dice él, y la luz de las estrellas arranca destellos plateados de su cabello rubio - también me gustarías.
Sonrío divertida ante la idea.
- Podríamos gustarnos el uno al otro en otra realidad - señalo con dificultad, pensar duele -. Podríamos lanzar una moneda al aire y crear dos diferentes líneas del tiempo. Si cae cara, nos odiamos a muerte, si cae cruz nos gustamos.
Mi idea suena tan descabellada que no tengo otra que echarme a reír. Liam por otra parte entrecierra los ojos.
- ¿Eso quiere decir que nos odiaríamos y gustaríamos al mismo tiempo? ¿Solo que en diferentes líneas de tiempo? - aventura él, y una pequeña arruga aparece en su boca mientras piensa.
Lo considero un segundo - Tiene sentido para mi.
- Estás ebria - señala -, todo tiene sentido para ti.
Aunque Liam se encarga de hacer añicos mi teoría termina sacando una moneda de su bolsillo. Niega con la cabeza cuando le lanzo una mirada socarrona.
- Bien, eres demasiado suspicaz - termina de aceptar, picado por la curiosidad -. Cara, seguimos odiándonos como hasta ahora, y Cruz, nos gustamos como nunca. ¿Lista?
Agito la cabeza en una especie de asentimiento torpe. La moneda gira en el aire creando incertidumbre casi palpable en el tenso ambiente. Sigo la moneda con los ojos hasta que cae sobre la palma de Liam. Clavo los ojos expectantes en su puño cerrado, esperando una respuesta, pero no llego a saberlo. Liam ya no me observa a mi o a la moneda. Tiene la mirada puesta en algo más allá de mi cabeza. Echo un vistazo sobre el hombro para ver a Will dirigirse a nuestra reunión en la cancha de baloncesto. Tiene a Jasper y Adam en cada costado. Bufo ruidosamente, tan bien que lo estaba pasando. Con una idea rebotando en mi cerebro palpo mis bolsillos en busca de unos plumones con los que habíamos estado dibujando en nuestros cuerpos hace un rato. Mis sudorosos dedos alcanzan un objeto alargado y liso en mi bolsillo trasero. Es un plumón indeleble n***o. Le quito la tapadera con los dientes y comienzo a escribir mi número en el dorso de la mano de Liam.
- Tienes que decirme todo acerca de la línea del tiempo que creamos - le pido apresuradamente, y sé que hago sin sentido cuando olvido como funciona el mundo real -. Yo me quedo en una y tú en la otra, ¿de acuerdo? Será genial, los científicos no sabrán qué los golpeó.
Liam apenas tiene tiempo de regresarme una sonrisa arrebatadora por que Will me arrastra lejos de él. Lo último que alcanzo a ver es que cruza los brazos sobre su pecho sin quitar la mirada burlona de Adam y Jasper.
Yo solo dejo que me lleven.