Rory se hunde en el asiento.
- Eres la peor mejor amiga del mundo, Riley Dixon - sentencia bufando.
- ¿Sabes? - pregunto, deteniendo el auto muy lejos de la entrada - . Es bueno saberlo.
Deambulamos por los pasillos tratando de evitar al rector Rivers, comiendo algunas golosinas que robamos de la cafetería y charlando de nada y de todo al mismo tiempo.
- Te veo en Biología - me dice mientras se aleja por el pasillo, gruñendo por lo bajo.
De verdad que odia el instituto.
- Nos vemos luego.
En el pasillo, el sonido de las conversaciones me recuerda que tengo clase, aunque lo último que quiera en este momento sea eso mismo. Ahora comprendo a Rory, de hecho es algo que no puedo evitar; la mandíbula tensa, los hombros encorvados y los gruñidos involuntarios, deberas que no nos gusta el instituto. Comienzo la marcha hacia mi casillero con la cabeza en blanco, o eso quiero hacerme creer, porque sin darme cuenta he adoptado una costumbre de mi padre: tararear canciones cuando hago o veo cosas que no me gustan. Tarareo en voz baja We don't have to dance de Andy Black hasta que tengo que pensar en la combinación de mi casillero para meter todos los libros que tuve que llevarme a casa el fin de semana para hacer los deberes.
5-4-9 1-0-9 3-2-8.
El candado se abre con un click. Los dedos me duelen por la cantidad de libros que sostengo en una sola mano, aunque el dolor es momentáneo: Will me sostiene los libros más gruesos antes de que se me resbalen. Le sonrío en señal de agradecimiento; cierro la puerta de mi casillero lo más rápido que puedo, un segundo después escucho como se desploma la pila de libros que formé dentro.
Alzo los hombros - No volveré a abrir ese casillero en un largo rato.
- ¿Crees que papá no notará la falta de libros de texto en tu mochila?
- ¡Es un desastre ahí dentro, William! No pueden obligarme a cargar libros de cien kilos por todas partes.
- ¿Todavía crees que tienes opción? - dice de forma sarcástica -. Pequeña ingenua.
- Herencia familiar - respondo en cambio, chasqueando la lengua.
- Lo he notado. Papá tampoco es una persona muy razonable que digamos . . .
- Te equívocas, William - replico, los pasillos comienzan a vaciarse y vamos a paso de tortuga -, si alguien se parece a papá ese eres tu.
- Cierra lo boca. Tu eres igual de testaruda que él.
Abro la boca y balbuceo un poco, ofendida, y Will responde a mi gesto riéndose a carcajadas. Lo cierto es que me ha dejado perpleja, ¿Yo?¿Testaruda?¿Parecida a papá? Debe ser una broma de mal gusto. Soy la persona más influenciable del mundo entero, es decir, decidí cambiar mi vida entera por un auto lujoso. ¿Acaso eso no es razonar? La afirmación de mi hermano me confirma algo: no me conoce lo suficiente.
- Eres cruel, Will - repongo, sin embargo, con una sonrisa.
Él se encoge de hombros y se aleja hacia su clase.
Todo lo que resta de la jornada escolar se divide entre clases, más deberes y lidiar con la sensación de que estoy lanzando a mi amiga a los leones. Durante el almuerzo nadie quiere sentarse cerca de mi, o de Liam, cosa que disfruto mas de lo que esperaba. En lo que respecta a Liam, no le echo ni un vistazo desde que lo veo entrar a la cafetería con Félix, Cash, Charlie y Emma, y no porque me haya guiñado un ojo nada mas verme o haya intentado sentarse en mi mesa - antes Emma lo agarró de la oreja y se lo llevó lejos, cosa que agradecí interiormente -, sino por Piper. Si realmente soy su amiga lo último que debo hacer es dejar que el chico del que está perdidamente enamorada flirtee conmigo descaradamente. Pensándolo bien puedo usar eso a mi favor, el vinculo que tenemos gracias a mi vandalismo, para acercarla a él.
Intento convencerme a mi misma que no hago lo que hago por razones egoístas lo que resta de la última clase. Es verdad que necesito que Piper haga de Julieta en la obra escolar, pero eso también la beneficiaría a ella, ¿no? Pasados meses con Liam, más tiempo del que podría pasar con él sin mi ayuda, ¿entonces por qué siento que no es correcto?
La encuentro junto a las gradas. El campo de fútbol americano huele a césped recién cortado, pequeños charcos de luz iluminan el comienzo del campo y se extienden hasta la pista de atletismo a 20 metros de distancia del lugar donde las porristas practican sus rimas alzando sus voces agudas y de emoción innecesaria. Las veo hacer volteretas, estirarse y fingir sonrisas tan tiesas como el cabello de Karlie después de la guerra de comida de la semana pasada. Hago una mueca cuando la identifico entre el enredo de pompones y extremidades, el cabello castaño ya no le cae en ondas sobre los hombros, apenas le llega por debajo de la mandíbula. Mientras trato de llegar hacia Piper hago una visera con las manos para ocultar mi rostro, resulta que ya no soy tan popular entre ese círculo de amistades, al contrario de Piper.
Los charcos de luz le iluminan la cara. Su piel ha adquirido el típico tono bronceado/caramelo de los californianos en poco tiempo, lleva la lustrosa cabellera azabache recogida en una coleta alta y gracias a ello puedo ver la perfecta y cincelada línea de su mandíbula.
- ¡Hey!¡Pipes! - la llamo, tratando de ser precavida. Nadie vuelve la vista.
Piper se tapa los ojos del sol y voltea a verme con una sonrisa. Espera a que llegue hasta ella para darme un beso en cada mejilla; pongo los ojos en blanco de manera divertida, hace eso desde que es amiga de las porristas.
- ¿Haz visto lo perfectas que se ven? - me pregunta nada más me pongo a prestar atención también. Arqueo una ceja, y ella dispone a responder -. Mirarlas bien - eso hago -, son elegantes a la hora de hacer todas esas piruetas, también son disciplinadas y meticulosas.
La aterciopelada voz de Liam susurra algo en mi cabeza que me altera. No, no puedo dejar que me arrastre a la obra con él.
Hago una pequeña inspección de sus ropas, después de evaluar por completo el significado de sus palabras. Lleva unos cortos short deportivos negros, una camiseta azul marino y unas zapatillas blancas.
- Entonces son afortunadas de tenerte en el equipo - concuerdo, dándole un ligero empujón. Ella sonríe, cohibida -, porque eres todo lo que has dicho.
- ¿De verdad lo crees?
- No, no lo creo - le respondo -. Estoy completamente segura.
Entonces, veo en los ojos de Piper lo mismo que vi en los de Rory esta mañana en el estacionamiento: una idea. La cara le cambia por completo, una enorme sonrisa le cruza los labios y me enseña una hilera de alineados dientes perlados.
- ¡Deberías entrar al equipo! - chilla, dando saltitos y agarrando mis manos - ¡Conmigo!
No, no, no, no, no.
¿No? Estoy apunto de pedirle algo incluso peor, ¿que debería hacer? Ni siquiera necesito pensarlo demasiado. Trago saliva.
- ¿Cuando empezamos? - y le ofrezco la sonrisa más tiesa que soy capaz de fabricar.
Las mejillas me dan calambres.
- Déjame presentarte con el escuadrón.
Conozco al escuadrón. Me siento con ellas durante el almuerzo. Karlie y Hallie son amigas de los muchachos. También son las secuaces de Charlie Calore, la capitana del escuadrón, y hermana melliza de Cash. Ambos, por alguna razón que desconozco, no me soportan. Es por esa razón que tengo una sonrisa burlona en los labios cuando es hora de reunirme con ella. Charlie es guapa. Es la típica chica californiana: alta, delgada y perfecta. No dejo que eso me intimide. La observo en su lugar con ojo crítico. Lleva unos shorts que se ajustan perfectamente a su trasero, unos zapatos deportivos blancos y una diminuta camiseta azul que deja al descubierto un bonito arete en su ombligo. Sostiene la tabla de posiciones de la entrenadora Silvester contra su costado y tiene el labio atrapado entre sus dientes mientras escribe algo en el margen de la hoja. Me mira a través de sus largas pestañas negras una vez me planto frente a ella. No parece nada feliz de verme. Sus grandes ojos avellana escrutan el campo en busca de algo que le diga que esto es una broma.
- Quieres unirte a mi escuadrón - dice, pero me suena más a pregunta que a otra cosa.
- Claro.
Charlie suspira - ¿Estas segura?
- Por supuesto, es mi sueño - respondo sarcástica -, desde que tengo uso de razón he querido unirme a un culto . . . - carraspeo - escuadrón. Quería decir escuadrón.
- ¿Por qué? No tienes experiencia en gimnasia.
Me encojo de hombros - Puedo saltar muy alto.
- ¿Eso es todo? - masculla indignada, luego se echa a reír - ¿Crees que saltando muy alto vas a lograr unirte a mi escuadrón? Debes tener muchas agallas, mini Dixon.
Observo sobre mi hombro a Piper. Durante un largo segundo considero la idea de echarme para atrás. ¿Realmente vale la pena soportar a Charlie Calore por el bien de nuestro plan? Necesito convencer a Piper de audicionar para el papel de Julieta, y para eso tengo que estar pegada a ella. Ahora todo el día estuvo prácticamente adherida a las demás animadoras; no tuve ni un segundo para exponer mi idea ante ella. Pienso en Liam, y en todo el tiempo que voy a tener que compartir con él si llegamos a participar en la obra juntos, y un escalofrío recorre mi columna. Claro que vale la pena. Me sacudo las malas vibras de encima de mi enemigo mortal.
- ¿Apoco es difícil? - me burlo con una sonrisa socarrona.
Charlie enarca una delgada ceja.
- Tienes que pasar una prueba física.
Suelto una risita. ¿Eso es todo? Puff, no entiendo por qué Piper temía tanto mi reunión con Charlie.
- Diseñada por mi - sonríe, y por fin logro ver el gran parecido con su hermano.
Son los ojos. Cínicos, duros y burlones. El color caramelo derretido de sus ojos amenaza con derramarse de sus cuencas debido a la emoción perversa de someterme a una prueba física exhaustiva. La sonrisa en mis labios se transforma en una mueca.
- Que sorpresa - ironizo.
- Todavía puedes echarte para atrás - dice como quien no quiere la cosa, sostiene la tabla contra su costado y arrastra la punta del pie en el suelo -, no le harás falta al escuadrón, y si los rumores son ciertos estarás bastante ocupada con los perdedores del club de teatro todo el semestre.
Pongo los ojos en blanco.
- No me digas - mascullo sarcástica, fingiendo interés.
- Vas a tener que ahorrarte tus comentarios ingeniosos si planear unirte a mi escuadrón, Dixon - canturrea ella, y anota algo en el margen de su tabla.
- ¿Algo más? - pregunto entre dientes.
Charlie sonríe grande, ese tipo de sonrisa falsa que no le llega a los ojos, puedo ver como desea verme fallar.
- ¿Estas lista?
De echo, no lo estoy, pero asiento. Mi primer error de la noche.
Durante la próxima hora corro alrededor de la pista, salto tan alto que comienzo a sentir calambres en mis pantorrillas y golpeo el suelo tantas veces que tengo raspones en piernas y brazos. Mi pecho duele. Mis pulmones están envueltos en llamas mientras boqueo por un poco de aire fresco. La prueba de Charlie es un completo infierno. Mi cuerpo impacta contra el césped una vez más, el golpe me deja sin aire en los pulmones, y mis costillas protestan debido al esfuerzo. Todo mi costado debe estar cubierto de cardenales de morados gracias a que amortigua cada una de mis caídas. Me retuerzo en el suelo unos segundos, dejando descansar los músculos de mis cuerpos por unos segundos, también me hundo en la autocompasión en lo que le permito a mi cuerpo recuperarse del infierno por el que lo hice pasar. Mis extremidades protestan ante el mínimo movimiento así que me quedo muy quieta en mi lugar. Sola con mis pensamientos.
Esto pudo o no ser un gran error.
Aún no he tenido tiempo de hablar con Piper. Se ha echo tarde, las audiciones son mañana y es mi única oportunidad para convencerla de tomar mi lugar como Julieta mañana. Me cubro los ojos con un brazo bañado de sudor. Liam me va a ser la vida imposible ahora que quiere que sea la niñera de su hermanito. No puedo además soportarlo en los ensayos de una obra que se estrena hasta noviembre, en clase y cada vez que quiera aprovecharse de mi. Hago uso de un último jalón de energía para ponerme de pie a duras penas, no voy a dejar que Liam arruine lo poco que he construido en poco tiempo aquí, tengo que alejarme todo lo que pueda de él y hacer que se olvide de su estúpido plan de hacerme trizas. Termino la prueba cuando ya es entrada la noche. Las luces altas que iluminan el campo derraman luz fluorescente sobre mi cuerpo agarrotado una vez que me reúno de nuevo con Charlie, que no parece muy feliz con mis resultados.
- Felicidades - masculla a duras penas, sin mirarme -, apenas pasaste.
Jadeo ruidosamente.
- Pero no te equivoques, pequeña Dixon, eres una novata aquí, ¿entiendes? No eres nadie. Estas en el fondo de la cadena alimenticia.
Frunzo el ceño, sin dejar de jadear, y protesto entre balbuceos.
- Genial, eso quiere decir que estamos en la misma pagina - Charlie suelta una risita tonta -. Ven conmigo después de la práctica de mañana para tomar tus medidas para tu nuevo uniforme, también tienes estar media hora antes que las demás para comenzar el adiestramiento por qué apestas bailando y haciendo piruetas.
La maldigo entre gruñidos. Respirar resulta doloroso.
- Es bueno saber que estamos de acuerdo. Nos vemos mañana.
Charlie se aleja caminando tranquilamente por la parte lateral del campo de americano. La sigo con la mirada hasta que desaparece por el pasillo que conecta a los vestidores de las chicas. No alcanzo a disipar mis pensamientos tratando de arrojar un auto sobre ella en el momento en que mi mirada conecta con la de Will en el campo. Esta con Jasper y Adam. El trío me observa, quien sabe desde hace cuanto, con un gesto confuso en sus semblante. Los tres chiflados no me quitan la mirada de encima conforme me desplomo en el césped de espaldas. Ahí, el césped provoca pequeños pinchazos de comezón en la piel desnuda de mi nuca, también siento irritada la piel de mis piernas y brazos. Cuando abro los ojos lo único que logro vislumbrar aparte de las luces altas que iluminan el campo es el cielo parcialmente estrellado. Las luces fluorescentes del campo de americano dañan un poco mis ojos así que me cubro con la mano el rostro una vez que unas manchas negras comienzan a bailar en los bordes de mi campo de visión.
Lo he logrado, pienso. Medio aliviada medio irritada.
No termino de saberlo cuando ya no necesito de mi mano para cubrirme de la luz artificial que se derrama sobre mi. Una pared enorme de carne y hueso proyecta una sombra sombra sobre mi de la que se filtran pequeños rayos de luz. Tres cabezas enormes se inclinan sobre mi.
- Dime que no estás haciendo lo que creo qué haces - me pide Jasper, bastante confundido.
- ¿De que hablas? - replico con un hilo de voz.
- La prueba de Charlie - responde Adam por él, severo.
Me estremezco en el suelo de tan solo recordarlo.
- ¿A eso le llamas prueba? Puff.
- ¿Que estás haciendo, Riley? - me pregunta Will, y su tono de voz es reprobatorio.
Mi hermano se pone de cuclillas a mi lado. Adam y Jasper en sus costados.
- Nada, solo vine a hacer la prueba por diversión - miento sin aliento, las manchas negras todavía bailan en mi campo de visión -, eso es todo.
- ¿Entonces no audicionaste para entrar al escuadrón? - aventura Adam con una mueca torcida, alza las cejas impresionado por la idea y chasquea la lengua -. Porque déjame decirte que es la peor idea que se te puede ocurrir.
Ladeo la cabeza, curiosa.
- Es verdad, las animadoras novatas de llevan la peor parte de la experiencia estudiantil - señala Jasper.
- Espera, espera. ¿Y eso por qué?
Will quita unos rizos rebeldes que caen sobre mis ojos.
- Por la temporada de novatadas, tonta. Nosotros hacemos novatadas todo el año, pero las chicas son mucho más crueles que nosotros - Will se estremece de solo pensar en ello -, es parte de la jerarquía. Así se mantiene el orden.
Me echo a reír. Una carcajada limpia.
- ¡Ay, Will! - me quejo entre risas, sosteniendo mis cosquillas adoloridas -. No me hagas reír.
- No era un chiste. Aquí las jerarquías son importantes - insiste consternado por mi reacción -. Yo soy el capitán de mi equipo. Es parte de trabajo hacer que los novatos no se desvíen del camino, y si para eso hacen falta un par de bromas para pasar el rato, que así sea.
Vuelvo a carcajearme en su cara.
- ¡Para!
Escucho las risitas ahogadas de Jasper y Adam en el fondo. Una mano, de la que no logro identificar dueño, me pone de pie de un jalón. Trastabillo unos pasos, debido a mis piernas temblorosas, pero Adam no me deja caer cuando sostiene mi cuerpo contra su costado. El calor que irradia su cuerpo cálido lo siento contra mi mejilla y brazo. Se siente bien.
- Vamos a casa, busca problemas - murmura Adam, y siento sus labios muy cerca de mi oreja.
El gesto me pone la piel de gallina.
Adam no parece notar lo que provoca en mi cuerpo por qué me sonríe desde toda su altura. Aunque Will parece restarle importancia al asunto frunce ligeramente el ceño y Jasper le hace gestos a una animadora desde la distancia para que lo llame. Suspiro divertida. Los muchachos me arrastran hasta mi auto ya que prefiero darme una ducha en casa debido a lo tarde que se ha echo. También por qué quisiera alcanzar a Piper antes de que se vaya a la cama para exponerle mi idea. Si accede a audicionar como Julieta mañana podrá pasar mucho más tiempo con Liam, lograra conquistarlo y todos seremos muy felices. Jasper no parece muy convencido de mi plan cuando se lo cuento en el trayecto a casa, aunque no soy totalmente sincera con él, si le llegara a contar acerca de todos mis problemas con Liam lo más probable es que le diga a Will, y nadie quiere iniciar una guerra con los alborotadores ahora que comienza la temporada de americano. Es por eso que uso los nombres clave que he inventado con Rory hace poco.
Jasper hace el asiento de mi auto hacia atrás. Él conduce ya que no siento mis piernas. El morocho me mira de reojo una vez llego a la parte final de mi plan.
- ¿Entonces Bambi está enamorada de Richie, pero dices que él no recuerda su nombre? - pregunta, dudoso de que siga el hilo de mi historia.
- Si, pero creo que él miente - respondo mordiendo mi labio, pensativa -, solo quiere hacerse el interesante. Es un completo idiota.
- ¿Y este Richie tiene amigos insoportables también? ¿Como dices que se llaman? ¿Copia y . . . ?
- Mick.
Jasper asiente varias veces, pensativo.
- Ustedes son bastante creativas con esos nombres clave - termina diciendo, lanzando un silbido
- ¿Quieres saber si tienes uno? - lo pico con una sonrisa.
- Si, por favor.
- No te lo dire, por qué no tendrá sentido, pero puedo decirte el de Will.
- ¡Agh! Bien, pero espero que mi nombre secreto sea genial - se queja, y me señala con un dedo.
- Will es Forrest Gump.
Jasper lanza una sonora carcajada.
- ¿Qué hay de Adam? - pregunta poco después.
Adam. No puedo pensar en un nombre secreto para él. Es imposible para mi cerebro.
- No me dijiste que piensas de mi plan - replico, tratando de evadir el otro tema.
Lo logro. Jasper desvía la mirada hacia una intersección en nuestro camino y noto que tuerce los labios. Tiene el cabello n***o húmedo echado sobre los ojos, las espesas largas pestañas casi tocan sus pómulos cuando cierra durante un segundo los ojos, pensando.
- Es ingenioso, pero es basura. No funcionará.
Abro la boca en una gran O. Indignada.
- ¿Pero por que? - me quejo.
No contesta de inmediato. Se limita a estacionar el auto en la entrada.
- Por lo que me dices a él no le gusta tanto - se limita a contestar, alzando los hombros -. No lograrás nada uniéndolos a la fuerza.
- ¡Pero el durmió con ella! - insisto convencida.
Jasper trata de ocultar una sonrisa burlona. Ladea la cabeza para que no pueda verlo.
- ¿Cómo te digo esto? - suspira él, y suelta una risita divertida en el medio.
Frunzo el ceño.
- ¿De qué hablas?
- Tal vez durmió con ella por que es linda, no por que le gustara, ¿sabes? Sé que voy a sonar como un completo idiota pero es problema de tu amiga si se enamoró de él después de eso.
- Ella lo quería antes de eso - musito con tono de reprobación y lo miro con los ojos entrecerrados, juzgándolo en silencio.
- Hey, no me juzgues. Estoy tratando de ser completamente honesto contigo.
Termino dejando escapar un gran suspiro.
- Lo sé, Jasper. Gracias.
Él me ofrece las llaves - De nada. Cuando quieras.
- Ni una palabra a Will de esto, ¿entiendes?
Ambos nos bajamos del auto.
- Soy una tumba - contesta solemne.
Compartimos una mirada antes de que se aleje caminando hacia el exterior de la casa.
- Hasta la vista, baby - se despide él, con un saludo militar.
Pongo los ojos en blanco, divertida. ¿Se despide cada vez así y no ha adivinado su nombre clave? Bobo e inocente Jasper, por eso es mi favorito. Cruzo la calle una vez lo veo atravesar el umbral de la puerta, pescó mi móvil desde el fondo de mi mochila deportiva y le envío un mensaje a Piper para verla en el árbol fuera de su casa. Cinco minutos después aparece frente a mi con el cabello castaño húmedo, el rostro cubierto de una mascarilla y descalza. Lleva unos pantalones de pijama, una blusa de tirantes blanca y parece adormilada.
- Perdón por despertarte, Pipes, pero es urgente - le digo nada más la veo bajar los escalones.
Piper trata de fruncir el ceño pero la máscara en su rostro se lo impide. Aunque eso no evita que sus ojos muestren alarma.
- No, no, no es nada taaan terrible. Debí escoger mejor mi elección de palabras - me adelanto a aclarar, nerviosa.
- Gracias a Dios - suspira ella temblorosamente, y coloca su mano sobre su pecho, aliviada -, ¿qué necesitas, Riley?
Balbuceo un poco antes de contestar.
- Mañana son las audiciones para Romeo y Julieta - comienzo a decir, como quien no quiere la cosa -. Estuve pensando que es una gran oportunidad para que, ya sabes, Liam y tú puedan hablar.
Los ojos de Piper, enormes y brillantes, destellan por la idea en la oscuridad de la noche. La idea le interesa.
- Dime más - pide entusiasmada.
- Podrías audicionar para ser Julieta - continúo con voz pícara -, así estarás pegada a él todo el semestre hasta la obra, y podrás poner en tu currículum para la universidad que participaste en una obra de teatro como protagonista.
Aunque al principio Piper parece encantada con la idea pronto pierde el brillo en sus ojos.
- El papel es tuyo, Riles. No servirá de nada hacer la audición sino tengo oportunidad alguna - alega sin ganas.
- Podemos convencer a quien sea que dirija la obra que tú eres Riley Dixon - sonrío grande, haciendo bailar mis cejas.
El rostro de Piper se ilumina por completo. Comienza a bailar en su lugar con tanto ímpetu que me obliga a unirme a ella.
- ¡Es una idea fantástica! - chilla.
Luego se obliga a bajar la voz con temor de despertar a sus tíos. Nos llevamos un dedo a los labios con unas sonrisas cómplices en el rostro. Estamos de acuerdo.
Esa noche me voy a la cama con el cuerpo echo puré, una sonrisa en los labios y la sensación de que Liam no podrá jugar conmigo tan fácilmente a partir de hoy. Es un evento único, es la primera vez que lo hago desde que me mostró ese video en nuestra clase de biología, así que celebro en mi interior hasta que me percato de algo preocupante. Casi pasa desapercibido ante mi adormilado y exhausto cerebro, como si se me escapara entre los dedos, pero estoy al borde de la inconsciencia sin dejar de pensar en él. Sus ojos me persiguen en mis sueños, y me percato de que no he dejado de pensar en él en los últimos días. Despierto pensando en él y voy a la cama haciendo lo mismo.
Y eso no está bien.