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¿Quién sabe?

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Blurb

Ambos tienen una cosa en común; no creen en el destino. Pero... ¿quién sabe? Puede que después de todo algunas cosas estén destinadas a suceder.

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1 [prólogo]
Inhalar. Exhalar. Inhalar. Exhalar. Inhalar. Exhalar. No aguanto más. La presión que siento en mi pecho estallará de un momento a otro. Le odio con todas mis fuerzas. ¿Terminará esto algún día? ¿Por qué no tengo una vida normal? Se escuchan pisadas. Me escondo aún más intentando no hacer ruido. Una sombra entra en la habitación. Puedo olerlo. — ¿Enserio creías qué podías huir de mí? Me ha encontrado. Cierro los ojos fuertemente deseando despertarme. Pero no puedo. Porque esto no es un sueño, es mi realidad. Harper Observo a Marie a dar vueltas por todo el sitio. Siempre he pensado que sería increíble tener una madre como ella. Es una mujer de 55 años, viuda desde los 40 y que siempre me ha tratado como a su propia hija. Estoy sentada en el Suit, uno de los pocos bares de la zona norte. Nuestro pueblo está dividido en dos zonas diferentes. Están los del sur: ricos, creídos y pijos. Son dueños de prácticamente todo el pueblo, pero únicamente se alojan en la parte sur. Provienen de familias muy adineradas y sus viviendas suelen ser mansiones o viviendas lujosas. Les gusta relacionarse entre ellos aunque hay alguna que otra excepción. Y luego estamos nosotros, los del norte. Estamos jodidos. La parte del norte es la zona más pobre del pueblo. Somos la gran mayoría y muchos de nosotros, por no decir todos, trabajamos para los del sur. Por mi parte, soy huérfana desde los 12 años por lo que estoy a cargo de los servicios sociales y vivo actualmente con una familia de acogida. Todas las familias de acogida son de la zona sur, nos acogen en su casa y nos dan de comer a cambio de que trabajemos para ellos, algo asi como sus criados. Mis casas de acogida favoritas son las que prefieren no verme y me dejan libre, excepto los días de controles. Anoche tuve una complicada tarde con la familia Scott, mi familia de acogida, y es por eso que me encuentro aqui ahora. Jess y Hannah están conmigo sentadas en una de las mesas. Jess también es huérfana y hemos sido mejores amigas desde que nos vimos. Cuando llegue al orfanato, hace 6 años, fue la primera en acercarse a mi y nos mantuvimos juntas desde entonces. A Hannah la conocimos hace poco. Su familia y ella hace nada que se mudaron a nuestro pueblo porque les tuvieron que desalojar de su antigua casa para construir nuevos edificios para los de la zona sur. Poco a poco los del sur están apropiándose y ganando más terreno, así que cuanto más ricos son ellos mas pobres somos nosotros. — ¿Sabéis con quien me he encontrado hoy? – dice Jess. – Con Alex. Alex es su ex-novio, lo dejaron hace 3 meses. Él tuvo la idea de que quería una relación abierta y que quería conocer a más gente aparte de Jess. Al parecer, se le debió olvidar el hecho de comentárselo a ella. Debo añadir que Alex es un chico del sur. Siempre que le veía, andaba con ese aire de superioridad mirando por encima del hombro a cualquiera que se le cruzaba. Además, nunca piso la zona norte, siempre obligaba a Jess a ir a la zona sur ya que a él no le interesaba que le vieran por aquí. Jess es una chica muy lista pero tuvo la estupidez de fijarse en Alex. Le advertí sobre Alex y su falta de seriedad en las relaciones pero Jess es una chica a la que le gusta hacer sentir querida a la gente. Puede que sea por la falta de cariño que tuvo ella. No es raro que una chica del norte salga con un chico del sur o viceversa. Alejando las diferencias sociales y los prejuicios ambas partes seguimos siendo adolescentes al fin y al cabo. Ese no fue el caso de Alex, él era simplemente un c*****o. Cuando todo esto sucedió Hannah no se había mudado aún, pero está al tanto de toda la historia y le repugna tanto como a cualquiera de nosotras dos. — ¿ Y qué te dijo? – masculla Hannah. — Eso es lo peor – espeta tristemente – ni si quiera me dirigió la palabra. Siguió hablando con sus amigos y cuando pasé por su lado, se empujaron entre ellos señalándome y riéndose. No me he sentido tan humillada en mi vida. —¿ Te acuerdas de lo que te dije, Jess? – la intento hacer abrir los ojos – Él no te merece, nena. No dejes que un idiota te arruine la vida. Te mereces mucho más que eso, mereces alguien que te valore por encima de todo y quiera tu felicidad por encima del maldito sexo. —Lo sé, Harper, lo sé. El problema es que en el amor me vuelvo imbécil. Me merezco a alguien que esté a las cuatro de la madrugada pensando en mi. —Mejor aún – le guiño un ojo– Que sean las siete de la tarde, esté con sus amigos y no pueda sacarte de la cabeza. Asiente levemente y la miro con compasión. Yo nunca he tenido que preocuparme por que me rompan el corazón, soy lo suficientemente lista como para no enamorarme. Sé lo que quiero y lo único que puedo llegar a buscar en un chico es una noche loca. Siempre dejamos claro nuestras intenciones antes de hacer nada, para luego no encontrarme sorpresas por la mañana. Hannah tiene un novio que la adora por lo que ha tenido muy buena suerte en el amor. — Lo siento chicas, he quedado con Jack – una sonrisa boba aparece en su cara – Me tengo que ir. Ya me diréis la hora para lo del colegio del sur. >. Nos despedimos de ella y de Marie y salimos a la calle. Estamos en septiembre pero es como si fuera diciembre. Hace un frío tremendo y aunque no tenga pinta de llover, el día tiene una pinta horrible. Jess lleva una bufanda que le tapa toda la cara dejándola solamente a la vista un ojo. No puedo evitar reírme de ella con lo que consigo un puñetazo en el hombro. Me vuelvo a reír y ella acaba riéndose conmigo. Noto como poco a poco su encuentro con Alex se le va olvidando y vuelve a ser la Jess espontánea de siempre. — Jess ¿Qué es eso del colegio sur? — ¿No te lo han contado? – me mira extrañada – Ayer llamaron para invitarnos a estudiar al colegio Belmont. Llamaron a tu casa pero no estabas y respondió Mike, dijo que te avisaría. Nos pagaran ellos los libros, las horas de estudio y todo lo necesario. Cuando finalice el mes harán un examen en el que los 2 con mejores calificaciones conseguirán una beca. Esta bastante guay. — ¿Al Belmont? Ese colegio de pijos que asisten algunos niños del sur. Sinceramente...paso. —Harper... – dice ella calmada – Es una oportunidad increíble para nosotros. Piénsalo, nunca hemos tenido buenos estudios y nos están dando la oportunidad de por primera vez tenerlos. Sí, va a ser una mierda compartir espacio con los del sur, pero venga...¿No merece la pena? La miro a la cara y sé que me está suplicando con la mirada que vaya con ella. Al final acabo cediendo y ella me lo agradece con un fuerte abrazo. Seguimos caminando por el pueblo cuando unos gritos y un fuerte empujón casi me tiran al suelo. —¿Pero tú qué eres? ¿Gilipollas? Mira por donde vas. El chico con el que me he chocado sonríe travieso y me guiña un ojo. No me suena de nada por lo que no debe ser del norte. Es decir que es un chico del lado sur y sinceramente en este preciso momento la idea no me agrada. Me fijo mejor en él y me quedo embobada al darme cuenta de lo guapo que es. Tiene el pelo rubio despeinado que le da un aire travieso y unos ojos del color verde más bonito que había visto nunca. Sonríe de lado de la manera mas sexy posible y me sonrojo levemente dándome cuenta del descarado repaso que me acaba de dar. Él da un paso hacia mí y me mira fijamente. Yo hago de todo mi orgullo y no le aparto la mirada con una sonrisa divertida. —¿Qué miras? —A ti, guapa – me dice él, ampliando su sonrisa – ¿Te han dicho alguna vez que eres preciosa? Me río de el. Veo como Jess le está mirando con cara boba y la arrastro lejos del chico sin siquiera despedirme evitando que mi amiga tenga un nuevo enamoramiento. Ella me mira con los ojos brillantes y con una sonrisa pícara. —¿Te has fijado en lo guapo que era? Dios, estaba ligando contigo descaradamente. — Lo sé – me río de su entusiasmo. —Harper – me mira de repente seria - ¿Tú no te quieres enamorar? Quiero decir, sé que tu vida s****l no es para nada inactiva y que no eres virgen, pero... ¿Por qué no quieres entrar en una relación seria? —¿Todo esto es porque no me he quedado hablando con el chico ese? — No, no. Es solo que nunca has intentado mantener una conversación seria con algún tío después de follar, o no has devuelto las llamadas de ninguno. Pienso la respuesta. —No quiero que alguien entre en mi vida porque eso implica que también puede salir.

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