Siento como me paralizo de miedo al ver a mi ex esposo mirarme con odio puro, como si quisiera arrancarme la cabeza, pero intento no dejarme dominar por el miedo que sentía y entonces ruedo los ojos, fingiendo disgusto al verlo, cuando lo que sentía iba más allá de eso, me aterraba tenerlo tan cerca. —Déjame en paz, August, o tendré que hacer valer la orden de alejamiento y pedir que te metan preso por acosarme —le advierto y alzo una ceja con altivez. August, fuera de sentirse amenazado, se ríe, como si yo fuera una burla para él. —No te atreverías a hacerlo, te conozco muy bien —espeta. —¿Eso crees? —me río suavemente y luego me pongo de pie, pues no permitiría que él me viera con tal autoridad, como si pudiera hacer conmigo lo que quisiera—. No me conoces, August, pues ahora soy otr

