Me bajo del taxi que me había recogido en el aeropuerto y camino hasta la entrada principal de mi nueva casa, con mi maleta a rastras, sintiéndome incluso más confundida de lo que había salido hace dos días atrás cuando tomé la determinación de ir hasta Canadá por respuesta, pero a pesar de tener tantas dudas en mi interior, me sentía tranquila al haber podido hablar con Fiorella y confirmar que ella no era hija biológica de mi padre, pues ahora, como ella me había dicho, solo me quedaba averiguar y confirmar o descartar mis sospechas. Busco las llaves de mi casa dentro de mi bolsa, pero antes de poder encontrarlas, la puerta se abre y me encuentro de frente con Sindy, quien me sonríe con amplitud y luego me abraza con fuerza, tal como lo haría una madre preocupada. —¡Me alegra tanto ve

