CAPÍTULO 7: "Alice Jones"

2218 Words
Intento decir algo, pero nada sale de mis labios, pues de pronto, comienzo a sospechar que August me había visto la cara de idiota todos estos años al continuar una relación paralela con su ex novia, Alice Jones. Era obvio, ¿no?. Esa mujer era la amante de mi esposo, por ese motivo iban juntos en el automóvil cuando él había dicho que tenía una reunión de trabajo. —No, ella vive en el extranjero —dice mamá Greta al negar con la cabeza—, y ellos lo dejaron hace muchos años, es imposible… —deja la frase volando en el aire mientras me mira de soslayo, buscando apoyo en mí, pues seguro ella estaba pensando en defender a su hijo de lo que podía pensar aquel doctor, pero yo estaba lejos de poder hacerlo, pues la semilla de la duda ya había crecido en mi interior y mi sexto sentido me indicaba que la señal estaba frente a mí, y que luego de tanto, la verdad estaba saliendo a flote. —Le puedo asegurar que la mujer que se encuentra en riesgo vital, y que venía de copiloto de su hijo, se llama Alice Jones —repite el doctor—, y necesitamos contactar a su familia con urgencia, pues ella debe recibir una transfusión de sangre de inmediato, por lo que necesitamos donantes compatibles. ¿Conoce a algún familiar de ella? —cuestiona el hombre frente a nosotras. —Puedo intentar contactarme con sus padres, pero ellos viven en Alemania, es imposible que puedan venir tan pronto… —musita mamá Greta con preocupación—. ¿Qué más podemos hacer para ayudar a Alice? —pregunta con interés y a mí se me revuelve el estómago, pues estábamos hablando de ayudar a salvarle la vida a la mujer que era muy probable que sea la amante de mi esposo. Me alejo de ellos, volviendo a las sillas de espera, mientras siento un vacío en el estómago y ganas de vomitar, pues de un momento a otro, la venda de mis ojos se había caído, dejándome unir las piezas de este puzzle. Alice vivía en Alemania, según lo que mamá Greta acaba de decir, lo que significaba que todos esos viajes recurrentes que August tenía programados para ese país, de seguro eran para verla a ella, pues la otra noche, él mismo me había gritado en la cara que se sentía amarrado a mí y que si no fuera por el acuerdo matrimonial de nuestras familias, él se hubiera casado con el amor de su vida, quien sin duda, era ella, Alice Jones, la pobre chica que nunca había alcanzado tanto estatus social como el de mi familia, lo que hizo que mamá Greta nunca la aceptara para ser la esposa de su hijo mayor. Tenía pocas dudas al respecto, pues para mí, ella era la amante de mi esposo. —Ema, debemos ir a tomarnos muestras de sangre al laboratorio, pues el banco de sangre no tiene reservas para Alice —dice mi suegra al acercarse a mí. Levanto la mirada sin entender a qué se refería, y cuando veo la vergüenza en su rostro, comprendo. —¿Me está pidiendo comprobar si soy compatible con la amante de August? —cuestiono con la voz quebrada. —¿Amante? —pregunta indignada al cruzarse de brazos—. Ema, me sorprende que pienses de ese modo, pues August es un hombre respetable, que de seguro solo mantiene una amistad con esa mujer, pues después de todo, ellos se quisieron mucho hace años, pero eso no quiere decir que mantengan una relación extramatrimonial, pues te recuerdo que mi hijo está casado contigo. —Por obligación —puntualizo. Mi suegra alza una ceja y deja escapar una risa cargada de ironía, la cual logra molestarme. —Ema, debemos intentar ayudar a esa pobre mujer, ¿o te gustaría que muera? —cuestiona mirándome con cautela. Suspiro con pesadumbre, pues en el fondo, si ella era o no la amante de mi esposo, no podía dejarla morir, y mi suegra lo sabía, sabía que yo no era capaz de permitir eso, no si estaba en mis manos el poder ayudarla. —Está bien, me haré la prueba de sangre —accedo—, pero lo haré solo para poder estar tranquila al saber que no soy una horrible persona. —Ema, creo que… —mi suegra intenta decir algo, pero de inmediato la interrumpo. —No, mamá Greta —niego con la cabeza—. ¿Me explica por qué August tuvo que mentir para salir a verse con esa mujer? —pregunto. Ella no dice nada al respecto, pero se muestra entera, como si de verdad creyera que estoy hablando estupideces. —Esto solo es una confusión, luego August nos explicará qué sucedió realmente —dice. Me pongo de pie y me río de manera sarcástica, pues no podía creer cómo esta mujer se negaba a ver la realidad. —Espero que él tenga algo bueno que decir —espeto con desagrado al cruzarme de brazos. Mi suegra se acerca más a mí y me mira con las cejas juntas y la mandíbula tensa. —No me gusta la actitud que has tenido hoy, Ema —musita entre dientes—. Recuerda quién es el que te da de comer a diario, y muestrate un poco más agradecida con nosotros. Si no fuera por mi familia, estarías en la calle, ¿o es que eso quieres?, pues si te quieres ir me avisas y yo misma voy a tirarte a la calle. Respiro profundo y me trago todo lo que tenía para decir, pues al parecer, ya había mostrado mucha valentía por este día, a tal punto, que había logrado molestar a mi suegra, quien ahora me miraba con odio y repudio, como si realmente estuviera dispuesta a tirarme a la calle, lo que no era bueno para mí, pues si quería salir alguna vez de este infierno, tenía que ser inteligente y tener un plan. —Vamos a tomarnos esa muestra —digo finalmente. —Exacto, eso es lo mejor que podemos hacer ahora, Ema —responde ella con una sonrisa falsa y engancha su brazo con el mío para comenzar a caminar en dirección al laboratorio de exámenes. (...) Me acomodo en aquella incómoda silla de la sala de espera y miro la hora en mi celular, notando que llevábamos cerca de dos horas en ese sitio, lo cual ya estaba comenzando a provocarme dolor de cabeza, pues justo el día de hoy, habían muchos accidentes de tránsito, lo que inevitablemente traía dolorosos recuerdos a mi memoria. —Viene el doctor, Ema —anuncia mamá Greta a mi lado. Miro en la dirección que ella indica y entonces veo la sonrisa que traía el doctor en sus labios—. Doctor, los padres de Alice viajarán en unas horas, me acaban de enviar un mensaje —comunica mi suegra y yo quiero rodar los ojos, pero me aguanto, pues no quería más problemas. —Eso es bueno, pues ella necesitará estar con su familia para poder recuperarse del todo —asiente con la cabeza—. Yo también les traigo buenas noticias —dice al torcer una sonrisa. —Díganos, doctor —indica ella al mirarme de reojo, esperando mayor entusiasmo de mi parte, pero aunque se me daba muy bien, ahora no tenía ganas de fingir nada. —Señorita Ema Miller, su sangre es compatible con la de la señorita Jones —dice al mirarme y yo me quedo de piedra—. Ambas tienen el mismo grupo sanguíneo, por lo que quisiera saber si sigue dispuesta a hacer la donación de sangre, pues de ser así, necesitamos llenar unas formas previamente… Me quedo en silencio, procesando lo que estaba ocurriendo y entonces siento como nuevamente se me ha puesto una responsabilidad que no es mía sobre los hombros, pero aunque por dentro me sentía muy herida por el evidente engaño de August, del cual estaba completamente segura, no podía dejar morir a esa mujer, no si estaba en mis manos poder ayudarla, aunque probablemente ella tuviera muy en claro que se estaba metiendo en la cama de un hombre casado y de lo humillante que sería para mí enterarme de aquello. —Sí, voy a ser la donante de Alice —asiento con la cabeza luego de largos segundos. —Ema es una mujer muy generosa —dice mi suegra a un lado, fingiendo una sonrisa para guardar las apariencias con el doctor. —Claro, es que las amigas de August son mis amigas también —le sigo el juego, pero al parecer mi comentario no le hace nada de gracia, pues arruga las cejas levemente y se ríe con nerviosismo. —Genial, entonces le pediré que me acompañe, por favor —me indica el doctor sin captar nada de lo que estaba ocurriendo entre nosotras. —¿Nos permite un momento, doctor? —pregunta mamá Greta enganchando su brazo al mío e impidiendo de ese modo que yo camine tras el doctor. —Sí, claro —sonríe con educación—. Estaré en el laboratorio, señora Miller, la espero ahí —dice, para luego caminar en la dirección contraria en la que nos encontrábamos. —Ema, solo te voy a pedir una cosa —musita mi suegra al endurecer su agarre en mi brazo, a tal punto que me duele su tacto, pero me las aguanto y la miro fijamente, sin bajarle la mirada—. Compórtate como una mujer con clase, por favor —murmura en voz baja, para no llamar la atención de nadie—. Sé que hace años dejaste de serlo al ententarnos que eres adoptada y te quedaste sin un solo peso, pero al menos finge que algo de cordura te queda, ¿si? —Mamá Greta, ¿en serio cree que esa mujer no es amante de August? —pregunto. Hacer esa pregunta me duele, porque en el fondo, yo era una idiota que siempre había guardado la esperanza de que mi esposo me viera con otros ojos, o que algun momento, me quisiera solo un poco de todo lo que yo lo quería. —Lo que yo crea no importa, Ema —suelta con su usual brusquedad—. ¿Crees que mi difunto esposo nunca me fue infiel? Cariño, te cuento que todos los hombres son infieles por naturaleza, y es cosa de aceptarlo sin llantos, además… —ella ladea su rostro y sonríe con diversión—. No quiero ser mala contigo, Ema, ¿pero te has visto en un espejo? Tal parece que tuvieras cincuenta años… si te vas a quejar, al menos preocúpate de verte femenina y atractiva, pues de otro modo, es obvio que cualquier hombre correría en dirección contraria solo al verte. Mis ojos se cristalizan ante sus palabras tan hirientes, pues aunque dolía, ella en parte tenía razón, y es que hace mucho yo había dejado a un lado mi aspecto físico, pues el duelo de haber perdido a mi padre me había dejado fuera de juego, con una depresión de la cual a penas comenzaba a salir, y eso implicaba muchas cosas, como por ejemplo, que a partir de ese día, August jamás volvió a tocarme. —Voy con el doctor —digo finalmente, sin querer responderle nada a esa mujer, la cual parecía disfrutar de decirme todas esas cosas crueles. Me separo de ella y camino hasta el laboratorio, donde me encuentro con una amable enfermera, que me guía hasta la sala de donación. Me siento en un cómodo sofá individual y le extiendo mi brazo, mientras ella me explica todo el procedimiento. —Solo sentirás un pequeño picor cuando entre la aguja, pero no es nada terrible —me sonríe y yo asiento con la cabeza—. Si se marea, necesito que me lo haga saber. —Gracias —asiento con la cabeza y observo como ella introduce la aguja en mi vena y la sangre comienza a salir, llegando hasta un tubo de muestra, el cual lentamente se llena con mi sangre. Pienso en mil cosas mientras observo aquello, y mi mente no deja de imaginar escenarios ficticios, en donde August me decía que Alice no era su amante, y que solo eran amigos, pero esos escenarios se me hacían irreales, pues mi instinto ya había llegado a la conclusión de que esa mujer era la respuesta a toda la falta de amor que August tenía conmigo, y me dolía aceptar que era muy probable que ellos estuvieran enamorados desde toda una vida, lo que me hacía sentir una intrusa. —Hemos terminado —anuncia la enfermera luego de unos minutos. Me retira la aguja y me pone un parche curita sobre la piel, el cual presiono con fuerza para frenar la salida de la sangre. —¿Sabe cómo está mi esposo? —le pregunto y ella me mira con tristeza. —Solo sé que se ha fracturado el codo derecho, pero nada más. Asiento con la cabeza al entender que él estaba bien, y que entonces, apenas pudiera verlo, lo enfrentaría, exigiendo la verdad sobre esto, pues si él tenía una amante, debía ser suficientemente hombre para reconocerlo frente a mí.
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