—¿Estás segura de ir sola? —cuestiona Jaede al negar con la cabeza mientras suspira—. Puedo acompañarte, Ema. Sabes que conozco perfecto Canadá y puedo ayudarte a encontrar a esa estafadora. —Estaré bien, amiga —sonrío hacia ella y tomo una de sus manos para darle un suave apretón—. Solo te pediré que cuides de Sindy, pues sé que estaba muy nerviosa con este viaje. —Está bien, ve tranquila, que estaré pendiente de todo —asiente con la cabeza y luego me da un corto abrazo, el cual me hace sentir bien y en confianza, pues haberme encontrado nuevamente con Jaede era lo mejor que me había pasado en mucho tiempo. Ambas nos despedimos y entonces camino por el aeropuerto hasta llegar a la sala de embarque, pues ya faltaba poco para que mi vuelo saliera con destino a Canadá, en donde esperaba

