Tras el ataque de hace ocho años que sufrió la gente de Uulen y que terminó con la vida de todos los habitantes del reino la ciudadela del reino quedó en ruinas, nadie se atrevió a intentar ocupar el lugar de la realeza de Uulen, sin embargo, era constantemente visitada por las familias reales que tenían mejor relación con ellos: Las de Monkoi, Dalai y Dulaan. Que venían con la intención de mostrar su lealtad a los antiguos reyes del reino. Cualquiera que lo visitara no vería más que casas aplastadas por rocas que alguna vez ardieron, muros derribados con escombros a sus pies, las ruinas de un castillo y nada más que lagartos caminando por el lugar.
Hace unos meses atrás, por las desoladas ruinas de Uulen caminaba una persona, la cual tras recorrer un largo trayecto observando sus alrededores finalmente se detuvo frente a las ruinas del castillo. Se trataba de un chico joven, era alto, y con cabello lacio caído, ojos color rojo y vestía con un chaleco n***o y pantalones del mismo color—Hace ocho años, y aun se me hace difícil pensar quien podría hacer tal cosa—dijo el joven y luego alguien detrás dé el habló.
—Me sorprende más que aún no podamos encontrar a los culpables—dijo un hombre de mediana edad, alto y robusto, con cabello corto y una barba corta color marrón vestía con una larga túnica negra con capucha que cubría todo su cuerpo y solo dejaba ver sus botas de cuero n***o—Mejor dicho, que no puedas estar de acuerdo con mis sospechas—dijo dirigiéndose al joven.
—Quería ver el lugar por mí mismo, y ahora estoy menos convencido que antes—dijo colocando sus manos detrás de su cabeza.
—Debes tomar una decisión, debemos actuar cuanto antes—apresuró el hombre al joven.
—Ya la tomé—dijo y se dio la vuelta por donde vino.
El hombre lo miro confundido— ¿Y? —preguntó al sentirse insatisfecho con lo que respondió el joven.
El joven se detuvo y volteó a ver al hombre—Le preguntaré yo mismo—decía muy determinado, se dio nuevamente la vuelta y siguió caminando.
El hombre quedo atónito y luego reaccionó— ¿Qué estás diciendo? ¡No es así de fácil! —reclamó el hombre.
—Si de verdad se trata de Farlan lo será—dijo mientras seguía caminando.
El hombre quedo en duda nuevamente— ¡Oye, espera! —dijo y caminó rápidamente detrás del chico.
En la actualidad un grupo de personas caminaban a través del bosque, un chico rubio con una mirada sin rumbo, dos jóvenes de la realeza, que desbordaban alegría en cada paso. También un hombre y una mujer, que, aunque no tan jóvenes, se veían igual de determinados. Todos iban rumbo al norte, con el fin de llegar al bosque nevado, frontera entre Monkoi y Nyevad, donde según Foresta tomarían un corto entrenamiento.
Mientras caminaban por el bosque el silencio que llenaba el ambiente se rompió cuando un escandaloso grito de emoción se escuchó, se trataba de Sasha quien reaccionó así al ver a lo lejos arboles teñidos de blanco, inmediatamente hecho a correr hacia ellos arrastrando al rubio consigo, detrás de ellos iba Larry igual de entusiasmado.
—Sí que está emocionada, pero que con el chico—decía Foresta al ver la reacción de Larry.
—Así son los jóvenes, déjales divertirse un rato—dijo Samos quien se quedó atrás junto a Foresta—Tal vez una parte de ti los entiende.
—No lo creo, he vivido más tiempo que ellos—añadió Foresta.
—Y has vivido el doble que yo, y eso es mucho decir—replicó Samos—pero, eso no quiere decir que tus vivencias valgan menos que la de ellos, cada uno de esos chicos ha pasado por sus propias situaciones complicadas—dijo Samos cambiando a un tono más serio—Y el peso con el que cargan ahora, es el mismo que el tuyo—dijo a Foresta—Y es el deber de los bendecidos por el cristal el guiarlos en su camino—añadió.
—Como sea—dijo mostrando desinterés—Al menos espero que se tomen el entrenamiento en serio—dijo de brazos cruzados—Por cierto, gracias por acompañarnos Samos—agradeció Foresta.
—No hay problema, el que será su maestro es un viejo amigo mío, además no dejaría a mis dos niñas con ese hombre—dijo sonriendo.
—Cállate, viejo—dijo al sentirse avergonzada.
—Como quieras, vieja—replicó Samos y comenzó a reír, al hacer esto Foresta dejo caer su puño sobre la cabeza del anciano. Mientras este se sobaba la cabeza del dolor Foresta se adelantó y al darse cuenta ya estaban en el bosque nevado, en ese momento un frio aire subio por todo su cuerpo lo que la detuvo por un momento. El lugar estaba completamente cubierto de nieve, tanto arboles como el suelo, la diferencia era que aquí los arboles estaban más lejos los uno de los otros a diferencia del bosque de Monkoi por tanto entraba más luz que en el otro bosque, aunque seguía algo oscuro debido a las nubes que cubrían el sol, de las cuales caía la nieve sin fin—Oigan ustedes, no se alejen tanto, desde aquí Samos nos guiara—Llamó la atención a los demás, los cuales vio jugar en la nieve ignorando a Foresta—¿En serio? —dijo al verlos jugar. Ken, quien fue el único que la escuchó, camino hacia ella y Samos.
— ¿Hacia dónde Samos? —preguntó Ken quien parecía ansioso.
—Debemos seguir todo recto hasta llegar al pie de la montaña—dijo Samos señalando hacia al frente. Ken asintió y se adelantó, paso por un lado de Sasha y Larry sin detenerse a verlos.
— ¿Qué le pasa? —dijo Larry al verlo pasar.
—Puede que se deba a lo que paso hace días con Ur—supuso Sasha—Es posible que se sienta traicionado.
—No lo creo—interpuso Samos—Creo que solo hay una cosa en la cabeza de Ken en estos momentos.
— ¿Qué podría ser Samos? —Preguntó Sasha.
—Pronto lo averiguaremos—dijo Samos y echó a caminar, los demás le siguieron el paso—No sé si lo saben, pero hasta hace cien años este bosque era igual al de Monkoi, hasta que de repente un día comenzó a nevar en todo el reino de Nyevad, incluyendo esta parte del bosque, y desde entonces la nevada nunca ha cesado.
— ¿En serio? —se sorprendió Sasha.
—Es verdad, yo solía andar por estos bosques y de repente un día la nieve comenzó a caer—añadió Foresta.
—Entonces debe ser verdad—dijo Larry en voz baja.
— ¿No me creías Larry? —dijo Samos quien lo había escuchado.
— ¡No es eso! —dijo Larry sorprendido—Solo digo, quien mejor para confirmarlo que ella.
—Pues aunque no lo creas, en ese entonces yo tenía quince años—dijo y todos exclamaron sorpresa. Al ver esto Samos hecho a reír—En serio, sé que parezco joven, pero tengo ciento quince años—reveló Samos.
—Increíble…—dijo Larry entre sí.
―Y mírate, aún tienes madera para unos veinte más―decía Sasha con una sincera sonrisa.
Samos también sonrió y luego miró al cielo―Quien sabe…―dijo en voz baja.
Sin darse cuenta habían llegado al pie de la montaña donde Ken ya llevaba algo de tiempo esperando, observando una gran escalera, la cual era la que llevaba a la ciudad del reino de Nyevad ubicada en lo alto de la montaña. Cuando se reunieron todos Ken volteó a verlos― ¿Ahora donde debemos ir? ―preguntó con impaciencia.
―Debemos esperar―dijo sonriente y se sentó a piernas cruzadas sobre la nieve. Los demás hicieron lo mismo, formando un circulo entre ellos. Mientras esperaban Samos les relataba viejas historias de cuando era joven, que, aunque eran irrelevantes lograron distraer a los chicos hasta que calló la tarde. Entre las risas que intercambiaban Larry, Sasha y Samos había dos del grupo que no parecían estar pasándola bien, Larry notó esto y le dirigió la palabra a la chica que reposaba acostada sobre la nieve mirando al cielo.
― ¿Qué hay de ti? ―dijo y Foresta volteó su mirada hacia el― ¿Alguna historia? Seguro alguien como tú ha de tener mucho que contar―dijo intentando animarla a que contara algo.
―No realmente―dijo y volvió a mirar al cielo.
― ¡Vamos, Foresta! ―animaba también Sasha, tras esto Larry volvió a insistir y Samos también se les unió. La chica comenzó a frustrarse de tanto jaleo.
― ¡Ya cálmense ustedes! ―gritó tras levantar la parte superior de su cuerpo y todos se echaron atrás sorprendidos. Foresta se sintió algo avergonzada hasta que Ken se colocó de pie y las miradas se dirigieron a él. El chico se paró y firme y miraba fijamente al frente.
— ¿Qué pasa Ken? —preguntó Larry y siguió la mirada de su amigo, entonces en lo profundo del bosque logró ver la silueta de un hombre. Ken dio unos pasos al frente y los demás se colocaron de pie.
― ¿¡Quién anda allí!?― preguntó Ken, al no recibir respuesta colocó su mano sobre el tomo de su espada.
Unos segundos después pudieron ver con más detalle la persona que se acercaba, era un hombre de tercera edad con un corto cabello y barba blanca, estaba abrigado con una gran túnica color marrón— ¿Un anciano? —dijo Larry al verlo. Samos dio unos pasos al frente de todos.
—Ha pasado mucho tiempo, te veo muy bien—saludó Samos al hombre que al parecer ya conocía.
—Y tú te ves más viejo que la última vez—dijo el hombre que ya estaba frente a Samos con una voz que a todos dio escalofríos. El hombre estrechó su mano hacia Samos y le dio un fuerte apretón—Te noto algo débil—dijo el hombre tras apretar su mano.
—Que te puedo decir, no todos corremos la misma suerte—dijo Samos y notó como el hombre miraba a los chicos, Samos volteó a verlos tambien—Ellos...
—Has traído a tres de ellos—interrumpió el hombre a Samos.
—Veo que aún tienes buen ojo—dijo Samos sonriendo.
—He entrenado protectores toda la vida desde entonces, puedo reconocer esas miradas—dijo y se dio la vuelta.
—Claro, asumamos que es por eso—dijo y volteó a ver a los chicos—Jóvenes, Foresta, este hombre será su maestro, su nombre es Fredo—dijo revelando el nombre del anciano.
— ¿¡Eh!? —Dijo Larry quien parecía más sorprendido que el resto— ¿Fredo, ese Fredo? —preguntó Larry quien parecía conocerlo.
— ¿Sabes quién es? —preguntó Sasha.
—Es posible, según los relatos, cuando las Elementals Swords fueron creadas fueron entregadas a unos jóvenes quienes se encargarían de elegir a un protector. —explicó Larry—Según dicen, el último de ellos vivió hasta hace diez años, falleció tras elegir después de casi noventa años a un protector, su nombre era Fredo—terminó de contar Larry.
—Ya veo…—dijo Sasha al entender todo.
—Veo que sabes mucho, joven—dijo y volvió a darles la cara—Así es, yo soy ese Fredo—reveló el hombre.
—Entonces ¿Es un fantasma? —preguntó Sasha preocupada.
—Así es—dijo Fredo seriamente y Sasha y Larry dieron un brinco del susto.
—Ya veo por qué el ambiente se sentía diferente—añadió Foresta—Entonces nos entrenara un fantasma…—dijo Foresta algo dudosa.
—Así como lo ven, Fredo es el mejor espadachín que ha pisado el suelo de Gneithe—añadió Samos.
—Sí, pero... —dudaba Foresta.
—No te confundas, he entrenado a muchos protectores durante décadas, y la muerte no me detuvo, solo deje atrás mi cuerpo físico pero mi deber como guardián no parece haber finalizado—dijo Fredo y el ambiente se volvió algo más gentil—Pero, si no creen necesitar mi ayuda, entonces está bien—dijo y se dio la vuelta.
—Espere—detuvó Ken al hombre—Claro que necesitamos de su ayuda, necesitamos toda la ayuda posible para detener a la gente de Dulaan—dijo Ken determinadamente—No sé ustedes chicos, pero, Yo tomare su entrenamiento—dijo mirando fijamente al hombre.
El hombre se quedó callado por un momento y luego habló―Bien, tus palabras parecen convencerte, pero puedo ver tu corazón—dijo y el hombre y Ken quedó impresionado—¡Tu, hijo de Tesslak! ¡Debes aclarar tu mente! ¡Sube al santuario de cristal! Te espero allí—ordenó el hombre a Ken. Ken asintió y se dio la vuelta pasando sin mirar a sus compañeros, al verlo mientras subía por las escaleras Fredo lo detuvo—Espera, debes ir por el otro lado de la montaña, ahí veras un camino por el cual subir, suerte—dijo y Ken echó a correr para tomar el camino que Fredo le ordeno.
—Ken…—dijo Sasha preocupada al verlo partir.
—Solo nos queda confiar en él, en cuanto a ustedes dos—dijo refiriéndose a Foresta y Larry, luego juntó sus manos y sopló una ligera ventisca, de pronto dos copias de Fredo aparecieron y los chicos se anonadaron—Vayan con cada una de mis copias—Luego les diré lo que harán—Los chicos asintieron y sin decir ni una palabra hicieron lo que Fredo les ordenó. Cuando ya se habían adentrado más en el bosque Fredo volteó a ver a Sasha la cual se puso nerviosa— ¿Qué hay de ti? —preguntó y Sasha bajo la mirada asustada.
—Ella es la princesa de Monkoi, solo está acompañando a sus amigos—explicó Samos.
—Ya, tu bien sabes que eso está mal Samos—dijo Fredo cruzado de brazos—Buscare que puedo hacer contigo—dijo y Sasha se quedó algo nerviosa.
Al otro lado de la montaña Ken seguía corriendo hasta que vio a lo lejos una figura, cuando estuvo más cerca se dio cuenta de que se trataba de Fredo quien le esperaba impaciente— (¿Fredo? Pero…ah, claro) —pensó al recordar que no se trataba de una persona normal. Ken llegó a donde estaba Fredo y este le recibió.
—Pareces cansado, hijo de Tesslak—dijo al verlo esforzarse por respirar.
—Estoy bien—dijo Ken tras recuperar aliento—Usted… ¿Usted entreno a mi padre? —preguntó Ken.
—Sabes muy bien que no—respondió y Ken se sorprendió—Yo solo termine de formarlo, no fue tan difícil gracias al trabajo de su viejo maestro—reveló que si había ayudado a su padre en algo—No puedo decir lo mismo de ti—añadió.
—Claro, ¿Cómo es que sabe tanto de mí? —preguntó.
—Solo diré que te conozco desde que la espada te reconoció—dijo señalando la Lightning Sword—Si quieres saber más, demuéstrame que mereces respuestas—dijo mirando hacia lo alto, mirando un camino escarpado cuyo final no se alcanzaba a ver. Ken siguió el lugar con su mirada y cuando bajo la mirada nuevamente Fredo ya no estaba, suspiró y comenzó a subir por la montaña.
En una parte despejada del bosque helado llegaban Larry junto a uno de las copias de Fredo—Entonces eres solo un pedazo de hielo con la imagen de Fredo—decía Larry al entender lo que Fredo le venía explicando por todo el camino.
—En parte. —dijo Fredo y se detuvo—Llegamos—dijo y Larry se detuvo detrás de el a observar el lugar, se dio cuenta que estaba en una especie de arena de combate, el lugar formaba un circulo rodeado por arboles altos—Me has fastidiado con tus preguntas todo el camino hasta aquí—dijo juntando sus manos, luego las colocó sobre la nieve y del suelo comenzaron a formarse gigantes golems de hielo—Suerte—dijo y desapareció en una bola de niebla.
—Entiendo—dijo y sacó su espada. Luego la espada comenzó a rodearse de una densa niebla y desapareció apareciendo en su lugar una espada de acero normal— ¿Pero, qué…? —dijo confundido, luego escuchó una voz en el aire que no era otra que la de Fredo. “Confías mucho en el poder de la espada, ¿Entonces qué harías si se te fuera arrebatada?” escuchó y en ese momento un Golem se le venía encima dando un puñetazo, entonces rodó en el suelo esquivando el ataque—De verdad te molesté ¿Eh? —dijo Larry al ver la situación.
Mientras en la parte baja de la montaña estaban Samos, Sasha y Fredo, este último miraba con gran detalle a Sasha mientras giraba alrededor de ella— (¿Qué es lo que quiere?) —decía Sasha entre sí, sintiéndose incomoda, de pronto Fredo se detuvo.
—La princesa del bosque—dijo con un tono muy serio— ¿Por qué te has involucrado con estas personas? —preguntó con una mirada fría.
Sasha tragó saliva mientras buscaba que responder, luego habló—Yo…yo quiero apoyar a los chicos en esto, sé que esta no es mi lucha pero…
—Te equivocas—dijo Fredo interrumpiendo a Sasha y esta le miró perpleja—La lucha que se avecina nos involucra a todos, solo que tú has decidido tener una mayor participación en esta, pero dime, cuando el momento de luchar llegue ¿Cómo esperas ayudar a tus compañeros?—preguntó Fredo.
—Yo…—dijo y se quedó callada por un momento y bajo la mirada con vergüenza—Yo, no lo sé…—dijo y Fredo le miró con decepción—Pero…—dijo y subió la cara mostrando una cara determinada—¡Usted es un maestro de la espada! ¡Enséñeme, por favor! —pidió a Fredo y este se quedó sorprendido, entonces se acercó a Sasha y tomó sus manos, luego sacudió fuertemente sus brazos y la soltó de las manos.
—Tus manos son muy finas, y tus brazos algo delgados—señaló Fredo—No naciste para sostener una espada—dijo y Sasha se desconsoló—Por suerte, hay otras armas aparte de la espada, Samos—dijo y Samos asintió.
Samos camino hacia un árbol que estaba cerca y Sasha se preguntaba qué era lo que hacía, Samos junto sus manos dando una palmada, entonces volteó a ver a Sasha con una sonrisa—Prepárate mi niña—dijo y separó sus manos y las colocó sobre el árbol—Ahora veras mis raíces—dijo y el árbol que tocó comenzó a deformarse y comenzó a formar una forma fina y curveada con una cuerda atada a ambos extremos.
—Un arco…—dijo Sasha impresionada al ver lo que había hecho Samos—Te vi hacer algo similar antes Fredo—dijo refiriéndose a cuando Fredo juntó sus manos— ¿Cómo es que lo hacen? —dijo curiosa.
—Eso no es tan importante ahora—dijo Samos acercándose para entregarle el arco—El ojo de Fredo es increíble, pudo ver que tienes habilidades de arquera—dijo y dejo ver una pequeña sonrisa mientras recuerdos lejanos venían a su cabeza—Esas clases que teníamos a escondidas de tu padre, te serán de ayuda de aquí en adelante, este es mi forma de decirte que ya estas lista, princesa Sasha—dijo entregando el arco a Sasha. Esta lo miró con detalle y lo acomodó como de forma como si fuera a disparar, comenzó a tirar de la cuerda poco a poco y de repente el arco empezó a emitir una especie de brillo y comenzó a tomar forma en la parte donde debería estar la flecha, Sasha se asustó y soltó un grito, también el brillo se desvaneció completamente. Samos soltó una carcajada al ver lo sorprendida que estaba Sasha—Este no es un arco normal mi pequeña, como vez no tienes flechas para arrojar, así que solo debes halar correctamente de la cuerda en la forma que te enseñe y una flecha de energía se formará, cuando esté lista podrás lanzarla—explicó Samos—Es un arco que solo tú puedes usar, mi pequeña.
Sasha se conmovió y una lagrima corrió por su mejilla, la secó con un dedo y dio un fuerte abrazo a Samos—Muchas gracias, abuelo—dijo a Samos de cariño, luego se separó y preparó el arco, tomó la cuerda, tiró de ella y entre brillos verdes comenzó a vislumbrarse la forma de una flecha, cuando haló la cuerda hasta su punto el arco emitió un destello y Sasha soltó de ella, rápidamente salió disparada una flecha dejando detrás de ella un rastro de luz verde, la flecha atravesó a un árbol a lo lejos y luego desapareció—Increíble…—dijo Sasha anonadada, mientras a sus espaldas Samos y Fredo sonreían con orgullo—Desde chica siempre quise aprender a usar la espada, para poder ayudar a los demás―dijo apretando su puño―Siempre quise ser más fuerte para no dejar que otros se lastimasen por mí, y ahora…ahora, puedo hacerlo—Sasha volteó con una gran sonrisa en su rostro y con lágrimas corriendo por su rostro—¡Muchas gracias! Samos, Fredo—dijo y los ancianos se miraron el uno al otro confundidos.
—Gracias a ti Sasha, entre más personas quieran ayudar en la lucha más oportunidad tendremos de ganar—dijo Fredo sonriendo—habría deseado que hace cien años las personas pensaran igual a ti, entonces no la habríamos tenido tan difícil, ¿Verdad, Samos? —dijo y Samos asintió sonriendo.
Sasha miraba confundida— ¿Qué fue lo que paso con ustedes hace cien años? —preguntó ante la duda y los dos se miraron el uno al otro pensando en si debían responder.