En el 2013.
Rose conducía con rumbo a su primer día de trabajos comunitarios a través de la vía principal de la ciudad, un enorme puente colgante que pendía sobre un gigantesco lago, las fuertes palabras de su futuro esposo retumbaban en su cabeza ocasionando en ella mucha tristeza; sentía ser la peor persona del mundo mientras las lágrimas inundaban sus ojos estando al volante de su lujoso automóvil nuevo, a mitad de camino se detuvo repentinamente, no podía soportar ese horrible sentimiento que la asfixiaba ocasionando un gran nudo en su garganta, orillando el vehículo a un lado de la vía y decidió bajar de él para asomarse al vertiginoso vacío que iba a dar justo al lago "Stager", una caída que superaba los doscientos metros de altura, salió de la carretera saltando la baranda de seguridad parándose en la cornisa a punto de saltar a una muerte más que segura, el viento agitaba violentamente su cabello, su vista se perdía en la abismal distancia que existía desde el puente hasta el agua que yacía debajo, pero aún así Rose estaba decidida a saltar, quería acabar con ese sufrimiento que la embargaba, su vida era un completo desastre, solamente quería paz, y esa era la mejor manera que se le ocurrió para conseguirla, se quitó los zapatos con mucho cuidado de no resbalar antes de tiempo, miraba hacia arriba para evitar acobardarse a última hora, cerró los ojos con resignación sosteniéndose a una viga de acero transversal a sus espaldas esperando tener la valentía suficiente para saltar.
— Llevo media hora aquí esperando a que salte — dijo un extraño detrás de ella ocasionándole un terrible susto que casi hace que salte antes de tiempo.
— No se meta en lo que no le importa — respondió Rose volteando brevemente sosteniéndose con fuerza a esa viga de acero a sus espaldas.
— ¿Quiere que le diga que pienso sinceramente? , usted sólo está armando espectáculo para llamar la atención, no va a saltar, ningún s*****a verdadero se quita los zapatos antes de matarse.
— Si lo haré, lo juro por Dios que lo haré.
— Bueno, en ese caso supongo que yo también tendré que saltar — dijo ese extraño también saltando la baranda de seguridad para pararse en la cornisa a un lado de Rose.
— ¿Se ha vuelto completamente loco? — preguntó Rose asombrada.
— ¿Porqué? , no sabía que solo usted tenía derecho de suicidarse.
— No tiene idea de lo que estoy pasando, vengo de discutir con mi novio y él me insultó muy feo — recriminó Rose.
— Si creeme te entiendo, yo también paso por un mal momento, mi madre se disparó en la cabeza la semana pasada, luego de toda una vida de drogas y alcohol en exceso, finalmente decidió poner fin a su vida, supongo que eso no es tan malo como un regaño de tu novio, pero bueno.
— Lamento mucho su pérdida.
— ¿Sabe qué? , quiero ofrecerle un trato, yo salto en su lugar.
— De verdad no le estoy entendiendo.
— Es fácil, yo doy mi vida saltando por usted, y usted vive mi vida tranquilamente sabiendo que ya existe una deuda saldada con esos demonios internos que la habitan, mi vida no es la gran cosa, no tengo lujos ni dinero, tengo muchos problemas personales que incluyen arrestos, pero aún así, le puedo asegurar que soy plenamente feliz.
— No tiene nada de sentido lo que dice, ¿porqué razón daría usted su vida por mí?
— Porque lo prometí hace muchos años — dijo Dylan dando un paso y dejándose caer al vacío.
En 1940.
Ken Adams ingresaba a la base militar donde sería entrenado para pelear en combate en una batalla que se llevaría a cabo en Dunkerque - Francia, los nazis habían invadido este país aliado con ayuda de la Italia fascista de Benito Mussolini, por ende los demás países necesitaban una contra ofensiva urgente, la preparación de el pelotón especial donde estaría Ken solamente duraría una semana, tiempo bastante corto para aprender todo lo esencial para sobrevivir en un infierno de esa magnitud, pero a situaciones desesperadas, medidas desesperadas; lo primero a lo que sería sometido sería a un radical corte de cabello donde lo dejarían técnicamente calvo, un pequeña fila donde debía entregar todas sus pertenecias para recibir su nuevo uniforme, la ropa que llevaría cada día a partir de ese momento, y luego ser llevado a una carpa donde dormiría junto a veintinueve personas más.
Todo mundo parecía estar de mal humor, nadie saludaba cordialmente o hablaba con Ken de buena forma, ninguno de esos hombres parecía tener educación, solamente tenían mente para pensar en ganar esa guerra a como diera lugar, al entrar en la carpa sosteniendo su uniforme perfectamente doblado con sus dos manos como si se tratase de un exquisito platillo de algún lujoso restaurante, quedaría asombrado al ver esa doble fila de camas juntas una a la otra con soldados alistándose para dormir en ellas, algunos solamente jugaban a los naipes, otros charlaban sobre temas sin importancia, mientras que a el resto solamente pensaba en soledad sobre su cama; la primera vez que Ken Adams vió a Alex Podman le resultó la persona más normal de este planeta, solamente un chico con una ruda expresión de hombre furioso en su rostro sentado sobre una cama leyendo un libro en el silencio de la soledad como cualquier otro ser humano sobre la faz de la tierra, pero con una pequeña diferencia, Alex estaba ocupando la cama que le correspondía a Ken Adams.
— Disculpe soldado, pero creo que se confundió, está ocupando mi cama — dijo Ken amablemente.
—No veo que esta cama tenga algún nombre dibujado novato, vaya a j***r a otra parte — dijo Alex sarcásticamente mirando la cama en varias direcciones.
— Esta es la cama número quince, y me fue asignada a mí, debemos de seguir un orden específico — aseguró Ken mostrando el papel que le entregaron en la taquilla con el número quince.
— A la mierda el orden específico, esta cama tiene la claridad perfecta para leer, si quieres usa la mía que está por allá.
— Eres un pedazo de imbécil, yo quiero mi cama — gritó Ken molesto arrojando el número al piso.
— ¿Quieres pelear por él, novato? — preguntó Alex Podman colocándose de pie para encarar a Ken.
A pesar de ser más joven que Ken Adams, Alex Podman era mucho más musculoso y parecía estar en mejor condición física, llevaba mucho tiempo entrenando para estar en esta guerra, así que se ejercitaba diariamente lo que le hacia gozar de una amplia ventaja sobre Ken, y él lo sabía, en un combate cuerpo a cuerpo saldría gravemente golpeado, sobretodo si tomamos en cuenta el hecho de que Ken jamás había peleado en su vida.
— ¿Sabes qué? , no vale la pena, quédate con esa cama mugrienta — dijo Ken ganándose los abucheos de los demás soldados quienes estaban esperando ver una pelea entre ellos; Ken simplemente caminó al final de la carpa y allí se instaló mientras veía con rabia como Alex Podman se burlaba de él, aún no lo sabía, pero la historia entre ellos dos, apenas estaba comenzando.