En el 2013.
Dylan se había arrojado valientemente al vacío delante de la mirada asombrada de Rose quien estaba temblando de pánico allí aferrada a esa viga de acero a sus espaldas, con sus manos se sostenía fuertemente de la cornisa mientras pendía de ese puente a más de doscientos metros de altura, fue en ese preciso instante cuando ella recordó todo, la tierna caricia de un beso inocente en sus labios, las espigas rozando sutilmente las palmas de sus manos mientras corría libre en ese campo cerca del faro, rayos de sol incomodando alegremente su vista, recordó mucho más que imágenes y momentos, recordó sensaciones, cuando era realmente feliz, llena de una dicha plena que no necesitaba de dinero, joyas o autos costosos, pero sobretodo, recordó a un tierno niño llamado Dylan que sostenía un papel que decía "qué harías por mí?" y en respuesta "daría mi vida"; automáticamente Rose reaccionaría entendiendo la inusual situación.
— ¿Dylan?, ¿realmente eres tú? — preguntó Rose.
— Pensé que no me recordarías, yo te reconocí automáticamente cuando te ví, guapa — respondió él sosteniéndose con sus manos de la orilla del puente.
— ¿Qué haces aquí? , ¿porqué estás haciendo esto? — dijo Rose aterrada.
— Solo estoy cumpliendo con mi promesa, ¿lo recuerdas?
— Dylan, pero eso solo fue un tonto juego infantil, esto es la vida real, verdaderamente morirás si te sueltas en una caída libre tan alta.
— Bueno puedo subir si quieres, pero primero debes subir tú.
— No, no lo entiendes, yo debo saltar, mi vida es un asco, no tengo razones para seguir con esto.
— te entiendo, entonces, ¡como quieras! — dijo Dylan soltándose de una mano quedando apenas colgando de la otra provocando un grito lleno de nervios proveniente de la boca de Rose — Si salto yo primero, entonces ya tú no querrás saltar, y así habré cumplido con mi promesa.
— Está bien, está bien, yo subo a la baranda de seguridad, pero por lo que más quieras no saltes — dijo Rose muerta de pánico subiendo a la baranda de seguridad como prometió.
Dylan subió fácilmente usando sus musculosos brazos para treparse nuevamente al puente subiendo también la baranda de seguridad parándose frente a Rose.
— ¿Viste que no era tan difícil dejar el drama? — dijo Dylan con una sonrisa.
Rose le propinó una fuerte cachetada mientras ella aún temblaba muerta de miedo.
— ¡No vuelvas a asustarme así! — dijo Rose muy molesta señalándolo con su dedo, él solamente sonreía con su rostro levemente volteado — ¡ya te dije que eso era solo un juego.
— ¡Para mí no es un simple juego! — respondió Dylan sacando de su bolsillo un trozo de papel para mostrárselo a Rose, era la misma nota que ella había escrito hace quince años.
"Lo dejaría todo" decía esa nota respondiendo una simple pregunta (¿qué harías por mí?), Rose estaba realmente impresionada, eso era increíblemente asombroso, pero aún así su actitud arrogante y su personalidad rebelde no le permitiría asumir su asombro ni siquiera cuando fuera tan evidente en su rostro.
— ¿Qué dijiste?, guardo este estúpido trozo de papel por quince años y cuando la vuelva a ver caerá rendida a mis pies, ¡despierta Don Juan Tenorio! , estamos en el siglo veintiuno, ya toda esa cursilería murió hace mucho tiempo — dijo Rose tomando la nota muy molesta, arrugándola, y lanzándola contra el pecho de Dylan mientras el solo la miraba sin decir una palabra.
Rose subió a su lujoso automóvil, tomó el volante, pero no pudo evitar que una sutil sonrisa llena de asombro y seducción saliera de sus labios, luego aceleró a toda velocidad y dejó a Dylan allí parado solamente mirando como ella volvía a desaparecer de su vida, él tomó el trozo de papel, volvió a abrirlo con mucho cuidado para evitar romperlo y lo guardó en su bolsillo nuevamente, subió a su motocicleta para también irse de ese lugar feliz de poder haber visto una vez más a ese hermosa pelirroja a quién había estado pensado durante estos últimos quince años.
En 1940.
El día comenzaba muy temprano por la mañana antes de que saliera el sol, la diana sonaba alertando a todos los soldados quienes debían estar listos en cinco minutos para salir al campo de entrenamiento, por la puerta de la carpa hacía su aparición el teniente Frank Graham quien sería el líder de este pelotón especial que viajaría a Dunkerque - Francia para pelear, él era un hombre bastante rudo y estricto, siempre estaba de mal humor, su cabello canoso no tenía nada que ver con su condición atlética, una contextura musculosa que lo hacia ver imponente ante los nuevos soldados voluntarios quienes ni siquiera sabían disparar un rifle.
— ¡Buenos días señorita! — gritó el teniente Graham provocando que todos se pararan firmemente frente a sus camas haciendo el típico saludo militar — sé que muchos están aquí por su voluntad, otros fueron reclutados obligatoriamente, sea cual la situación de cada uno de ustedes me importa un culo señoritas, solo me interesa saber que estoy frente a un montón de incompetentes que no saben nada de guerra, pero es mi deber enseñarles todo lo que pueda en esta única semana que estaremos acá, como ya sabrán, nuestra misión es viajar a Dunkerque para apoyar ofensivamente a los batallones que se encuentran peleando allí para expulsar a las fuerzas nazis que cada vez avanzan más y más a través de Francia; para ayudarme en esta difícil tarea de llenar sus vacías cabezas con una formación militar, me estará ayudando el sargento Alex Podman, él es experto en entrenamiento bélico, y saben que deben obedecer a lo que les pida.
— ¡¡Sí señor!! — gritaron todos al unísono, mientras que el sargento Alex Podman no dejaba de mirar a Ken Adams para que supiera lo que le esperaba.
— Bueno, ahora todos afuera, comienza el entrenamiento.
Todos salieron marchando firmemente, a pesar del miedo que llenaba sus corazones ninguno quería demostrar debilidad, los entrenamientos eran difíciles y agotadores, principalmente debías aprender a disparar un rifle sabiendo las funciones básicas de tu armamento, muchos lo hacía realmente mal, sobretodo el soldado Hannahan, el mas gordo de toda la base militar quien no sabía siquiera halar del gatillo, era increíblemente cobarde con todo lo que se tratara de armas de fuego, pero debido a que fue reclutado debía hacerlo obligatoriamente, Ken Adams sería uno de los mejores aprendiendo rápidamente a cargar su rifle, apuntar, y disparar. También debías saber trepar con sogas haciendo nudos perfectos que pudieran soportar el peso de un hombre adulto, arrastrarse en lodo bajo alambres de púas para evitar que levantaran la cabeza cuando estuvieran en campo de batalla y fueran alcanzados por una bala, fue un día bastante difícil en el cual el sargento Alex Podman aprovechó cada oportunidad para molestar a Ken Adams abusando de su rango sabiendo que Ken no podría responderle, le escondía las balas, rechazaba sus nudos diciendo que no eran buenos, y lo obligaba a repetir la arrastradas en el lodo en solitario asegurando que era el único que lo había hecho mal, parecía que disfrutaba haciéndole todas las tareas mucho más pesadas, pero él siempre demostró tener un temple de acero aguantando todos los atropellos del sargento Podman.