CAPÍTULO 7

1249 Words
En el 2013. Rose seguía algo impresionada por lo que acababa de pasar en ese puente, pero sabía que necesitaba pasar la página y continuar con la vida que no tuvo el valor para terminar, finalmente llegaría al parque acordado para realizar el trabajo comunitario, suspiró profundamente buscando en lo más remoto de su interior las fuerzas para confrontar con lo que para ella era una inmensa humillación, y es que ¿qué dirían las personas cuando la vieran recogiendo basura en la calle?, literalmente prefería morir antes de hacer eso, pero ya lo había intentado fallando rotundamente, así qué debía hacerlo de manera obligatoria terminado de mandar a la mierda el prestigio del apellido Trop de su futuro esposo; bajaba muy lentamente de su lujoso automóvil ante la mirada intrigante de todos los demás infractores reunidos en ese pequeño parque, Rose descendía del vehículo luciendo ese costoso vestido de channel rojo y extravagantes tacones de cinco centímetros de altura que combinaban perfectamente con su decadente personalidad con aires de superioridad inventados por ella, trataba de caminar con la mayor actitud posible imaginando que la grama de ese parque público infantil era una importante pasarela de moda europea mientras que todas las personas presentes la miraban extrañados y preocupados de algún desorden mental que pudiera sufrir esta presumida mujer. Al mismo tiempo también llegaba un motorizado haciendo bastante escándalo con su enorme motocicleta negra haciendo una temeraria pirueta quedando suspendido solamente sobre la rueda delantera para luego caer ligeramente llamando la atención de todos los presentes, en especial de las mujeres, a excepción de Rose quien solamente miraba esperando que toda esa pesadilla terminara rápidamente, al retirarse el casco en una especie de cámara lenta que lo hacia lucir muy bien en dirección hacia Rose quien notaría automáticamente que se trataba de Dylan otra vez lo que provocaría en ella una expresión de asombro, no era posible que estuviera actuando como acosador siguiéndola a todos lados. — ¿Qué haces aquí Dylan?, es decir, entiendo que estés perdidamente enamorado de mí, ¿pero seguirme a todos lados?, ¿no te parece como, demasiado? — decía Rose mientras Dylan solo la ignoraba esquivándole a último momento para dirigirse hasta donde estaba el oficial de policía con la plantilla de asistencia. — Buenos días señor Podman, ¿otra vez llegando tarde? — preguntó el oficial de policía a Dylan entregándole la pluma para que firmara dicha planilla. — Lo siento Phill, tuve que hacer algo de ejercicio en el puente antes de llegar aquí, lo de siempre ya sabes — dijo Dylan mientras firmaba su asistencia para luego voltear a mirar a Rose por un segundo sonriendo amablemente. — Y usted señorita Rose, deberá colocarse este traje — dijo el oficial de policía entregando a Rose el uniforme obligatorio que todos los infractores debían usar a la hora de ejercer el trabajo comunitario que era un castigo disciplinario por sus malas acciones. — ¿Se ha vuelto completamente loco?, yo no me voy a colocar ese apestoso traje, además el naranja me hace ver gorda — respondió Rose volteando su rostro con indiferencia. — Lo siento señorita Browm, pero el uso del uniforme es totalmente obligatorio, si no se lo coloca me veré en la obligación de arrestarla para colocarla nuevamente frente al juez, usted decide — amenazó el oficial de policía. — Haga lo que tenga que hacer, le aseguro que no hay fuerza sobre la tierra que logre que yo, Rose Samantah Browm de Trop, me coloque ese horrible trapo sucio — aseguró concretamente Rose. Al cabo de diez minutos se encontraba Rose con una bolsa de basura en su mano izquierda, una vara con un clavo en la punta en la mano derecha, y vestida con el traje de color naranja mientras recogía basura en una vía pública muy cercana, unas personas al reconocerla comenzaron automáticamente a tomarle fotografías para subirlas a las r************* , al parecer el escándalo de Rose, la rebelde que será esposa de el multimillonario hotelero Alex Trop no había terminado. En 1940. El segundo día de entrenamiento había comenzado aún más fuerte que el día anterior, esta vez no fueron despertados con la tierna diana militar, en esta ocasión el mismo teniente Graham haría el papel de despertador llevando a cabo un excelente plan que se la había ocurrido durante la noche para lograr sembrar de manera definitiva esa actitud de alerta permanente en el cerebro de los nuevos soldados novatos, entraría sutilmente disparando como loco al aire con su pistola nueve milímetros provocando una respuesta mejor y más rápida de parte de los adormecidos voluntarios quienes saltaron aterrorizados de la cama para salir corriendo de la carpa, algunos incluso hasta desnudos. — Despierten miserables sabandijas, esto es una guerra, no es una fiesta de pijamas — gritaba el demente teniente Graham mientras seguía disparando al aire y riendo como placenteramente — ¡arriba! , ¡arriba! , ¡vamos! Todos los nuevos soldados se encontraban temblando mientras trataban de mantenerse firmes a pesar de que muchos se encontraban desnudos bajo la oscuridad de la noche puesto que eran las cuatro de la mañana, aún faltaba dos horas para la hora que habían afirmado que llamarían. — Estamos en una guerra señoritas, no podemos sentarnos a esperar al enemigo, el ataque puede llegar en cualquier momento haciendo que el infierno se desate sin piedad sobre sus cabezas, y deben estar siempre alerta, siempre preparados, saber exactamente como deben actuar, que deben hacer, si los atrapan con los pantalones abajo, ¿qué creen que pasará? — gritaba el teniente Graham frente al pelotón especial parado en una sola fila frente a él. — El entrenamiento de hoy será batalla cuerpo a cuerpo, y para eso dejaré a cargo al sargento Alex Podman, yo iré a mi carpa a seguir durmiendo, buena suerte señoritas — gritó el teniente Graham mientras bostezaba para luego marcharse tranquilamente. Ken Adams respiraba profundamente y hacía sonar su cuello con una expresión de decepción en su rostro pues él sabía lo que estaba a punto de suceder, seguramente el sargento Alex Podman iba a tratar de sabotear todo para hacer miserable su vida. — Bueno muchachos esto será realmente muy fácil, van a luchar uno contra uno por un periodo de treinta segundos, el primero que derribe al otro, gana y tendrá el privilegio de poder ir a dormir dos horas más mientras el verdadero entrenamiento comienza, el que pierda deberá quedarse aquí pasando frío hasta que salga el sol — ordenó el sargento Alex Podman explicando las reglas del juego — Sander y Pinnar, ustedes serán los primeros, ¡comiencen! Los solados Sander y Pinnar lucharon de manera campal y sin miedo tratando mutuamente de arrojarse al piso siendo Pinnar el gran ganador quien enseguida saldría corriendo a la carpa para volver a dormir, escapar del frío, y descansar. Las peleas cuerpo a cuerpo continuaría, uno a uno fueron cayendo perdedores al suelo mientras los ganadores corrían desesperadamente de vuelta a la carpa a seguir durmiendo, finalmente estaba listos, habían catorce ganadores dentro de la carpa, y catorce perdedores congelándose temblorosos en el inclemente frío, solamente faltaba por luchar Ken Adams. — Supongo que hubo un error en sus cálculos sargento, somos veintinueve soldados, es decir que yo quedo sin contrincante para luchar — dijo Ken Adams. — No coma ansias soldado Adams — respondió sonriente el sargento Podman mientras se quitaba la camisa — yo seré su rival.
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