En el 2013.
Rose apenas recogía una lata cada media hora cuando finalmente dejaba de quejarse del calor, la ropa, las personas, los policías, en mundo y la existencia en general. Todos los demás infractores se quejaban de la adinerada mujer puesto que la idea principal era que todos trabajaran de igual manera compartiendo la labor en partes iguales; Dylan decidió amablemente trabajar el doble para que nadie continuara quejándose de la odiada doncella. Pero él lo hacía encantado de la vida, no solo porque se tratara de Rose, sino porque le encantaba ayudar a las personas, era un excelente ser humano con muy bonitos sentimientos y un corazón enorme.
— Es la primera vez que pasas por algo así, ¿no es cierto?— preguntó Dylan.
— La primera vez que me atrapan, si.
— ¿Y como fue que viniste a parar a un lugar tan horrible?
— Creo que yo, accidentalmente, choqué mi automóvil contra una tienda de servicio, si, eso hice. ¡oh! Y luego insulté al policía que me detuvo — dijo sonriendo descaradamente — ¿y tú porqué estás aquí?
— Bueno, mi pasión es la velocidad. Sentir la adrenalina en mi cuerpo cuando la motocicleta alcanza su máxima potencia, y por un segundo puedes ver el mundo como realmente es mientras intentas ganarle a los demás competidores que tratan de demostrar que son más rápidos que tú.
— En pocas palabras... ¿participas en esas carrera callejeras nocturnas?
— Si Rose, esa "carreras callejeras" como le llamas, son mi pasión, lo que realmente me llena y me hace sentir vivo, hace pocos días gané una carrera, estaba tan concentrado celebrando mi victoria, que no escuché la sirena de la policía acercándose, pues, creo que esa es la historia de como terminé aquí.
— Wow, interesante — dijo Rose con sarcasmo abriendo sus ojos más de lo común.
Finalmente había terminado el inmenso suplicio de Rose, dos horas diarias de trabajo comunitario por tantos meses iban a terminar acabando con ella. Quitarse ese horrendo traje naranja después de todo un día bajo el sol fue una experiencia plenamente satisfactoria, recibió las llaves de su auto felizmente porque ya podía abandonar ese desagradable lugar.
— ¡Rose, espera!, por favor espera un minuto — gritaba Dylan corriendo hacia ella con la intención de decirle algo.
— Dime Dylan — dijo Rose con indiferencia antes de subirse a su automóvil.
— ¿Quieres galleta? — preguntó Dylan tiernamente.
— ¿Esto es en serio? — preguntó retóricamente Rose sonriendo con prepotencia — oye no te ofendas, pero, ¿pretendes seducir a la mujer más adinerada de todo el país con una simple galleta? Dylan yo tengo tres lujosos automóviles, vivo en la mansión Trop, tengo un yate con mi nombre, las joyas más costosas solo las podrás encontrar exhibidas en mi cuerpo.
— ¡Genial Rose!, pero, ¿tienes una galleta?
— Eh, no Dylan no tengo una galleta.
— Pues ahora tienes la mitad de la mía, feliz tarde — dijo Dylan partiendo la galleta a la mitad para obsequiarle uno de los trozos a Rose.
Ella lo miraba sorprendida con la mitad de la galleta en su mano mientras él encendía su motocicleta con esa sonrisa tan adorable que lo caracterizaba para irse conduciendo a toda velocidad.
Rose disfrutaba relajándose en el lujoso yacuzzi privado en la recámara que compartía con Alex Trop, ruedas de pepinos en sus ojos ayudaban a regenerar las arrugas que supuestamente ella, habían aparecido en su rostro luego de un día tan estresante como el de hoy, los auriculares en sus oídos reproducían la mejor música, perfecta para relajarse mientras pensaba vagando en sus recuerdos, repasando en modo de flashback todo lo que fue su primera experiencia en los trabajos comunitarios, o al menos como ella lo recordaba. Ella llegaba en su lujoso automóvil provocando la envidia y fascinación de todos los presentes, muchas de las personas que allí estaban le pedían su autógrafo mientras intentaba desesperadamente sacarse una foto con ella, pero hubo un recuerdo en particular que detuvo repentinamente su egocentrismo, la imagen de Dylan ayudándola en el puente, mostrándole esa antigua nota que definitivamente ya había olvidado, y regalándole la mitad de su galleta hacía que comenzara a irse mucho más atrás en su memoria. Hasta los días de su infancia cuando iba junto a sus padres a esa hermosa playa donde conoció a Dylan, ese día espectacular junto a él, ese beso, esa promesa de amor. Rose nunca lo admitiría, pero estaba conmovida por la nostalgia, enormemente agradecida de volver a ver a Dylan después de tantos años.
Su novio Alex Trop la interrumpiría abruptamente quitando uno de los pepinos en sus ojos para llamar su atención. En su cara se notaba claramente que estaba enojado, traía en sus manos su teléfono celular y mostrando una fotografía a Rose donde ella aparecía con ese horrendo traje naranja recolectando basura le dijo:
— ¿Es así como pretendes respetar mi honor y el de mi familia?
— Mi amor, por favor ya no estés enojado conmigo. Es solo algo que tengo que hacer obligatoriamente para cumplir con el trabajo comunitario que me asignaron como castigo luego de esa "pequeña" falla al chocar esa tienda de servicio, e insular a ese policía.
— Es que sinceramente no te entiendo Rose, pareciera que lo haces a propósito, siempre metiéndote en problemas.
— ¡Mi cielo! Ya he tenido bastantes regaños por hoy. ¿porque mejor no entras al yacuzzi? El agua está exquisita — le susurró Rose al oído terminado con lamer su cuello.
— Está bien, pero sigo molesto contigo — dijo Alex Trop quitándose la camisa apresuradamente para luego subirse sobre su novia entrando en el Yacuzzi junto a ella.
Rose gemía intensamente con cada beso, cada roce de su barbilla con sus mejillas, cada vez que sentía su erecto m*****o a través de su mojado pantalón empujar su cuerpo fuertemente contra el fondo de el yacuzzi, estaba extremadamente excitada, lo besaba con lujuria y deseo de sentirlo dentro de ella cabalgando como en muchas otras oportunidades.
— Hazme el amor Alex, hazme el amor como solamente tú puedes hacerlo — dijo Rose preparada para entregarse a su futuro esposo.
— Con todo gusto te haré el amor Rose — dijo Alex cambiando extrañamente la voz.
Rose se detendría automáticamente notando el cambio, al levantar su cuerpo miraría con asombro que no era su novio quién yacía sobre ella besándola con lujuria, era Dylan.
— ¿Rose te pasa algo? — preguntaba su novio mirándola extrañado estando sobre ella — te has detenido repentinamente.
— No, no mi amor, no es nada — respondió Rose quedando anonadada. Al parecer ese regreso de Dylan a su vida la había marcado mucho más de lo que ella suponía.