La fiesta se había alocado mucho más, habíamos llegado al punto donde el alcohol comenzaba a hacer estragos en las personas sacando desde lo más profundo de su interior, ese espíritu salvaje festivo, y era justo el lugar indicado para hacerlo. Las horas pasaron rápidamente mientras los invitados disfrutaban de las piscinas del club arrojándose literalmente desde cualquier superficie en intentos desesperados para realizar el clavado más loco y original de la noche, incluso no faltó quien se lanzara desde el segundo nivel de una de las edificaciones cercanas a las albercas, obviamente hubieron uno que otro lesionado. En la celebración más esperada y alocada del año, la fiesta de cumpleaños de Amanda Key, hubo absolutamente de todo, y por supuesto no podían faltar los desnudos espontáneos de muchas chicas ebrias, además de drogas, alcohol y mucho sexo entre los hermosos arbustos que adornaban el extravagante club.
Rose yacía nuevamente aburrida sentada en un lujoso sofá en el salón VIP, sin más nada que hacer que no fuera mirar a su novio bailar emocionado con la cumpleañera. Él había encontrado la manera de convencerla para que regresara adentro, diciéndole que ella no estaba al nivel de las personas que estaban fuera, que ellos eran puros mediocres, puros perdedores que no tenían el dinero suficiente para estar en el salón VIP, y que ella era muy afortunada de ser su prometida porque de esa manera podía codearse con las personas más importantes y distinguidas de todo el país; las mismas personas que inhalaban cocaína como los drogadictos más acérrimos de todos, además de burlarse cruelmente de los pobres, y más necesitados que no contaban con el dinero que ellos tenían, y eso a Rose ya le había colmado la paciencia, ni todo el dinero, la fama o el reconocimiento del mundo, valía la pena para soportar esa humillación por la que estaba pasando esa noche.
— ¡Se acabó! — dijo Rose repentinamente levantándose del sofá muy molesta — me largo de este lugar.
— Espera un momento por favor Amanda, ya vuelvo — dijo Alex Trop poniendo pausa a ese baile sensual y excitante que su ex novia le ofrecía pegada a sus partes intimas.
— ¡Rose!... ¡Rose! — gritaba Alex Trop una vez fuera del salón VIP corriendo detrás de su prometida hasta finalmente alcanzarla — ¿otra vez me harás quedar en ridículo frente a todos mis amigos?
— ¿Ridículo?, por favor Alex, esas personas ni siquiera han notado que yo estoy en ese lugar. Y mucho menos tu "ex novia", quien está a punto de tener un orgasmo, de tanto frotar sus trasero en tu pene — gritó Rose muy molesta.
— Es la cumpleañera, y entre las personas ricas y poderosas como nosotros, es una costumbre muy antigua hacer lo que desea la persona celebrada, así que si ella desea bailar conmigo, ¿quién soy yo para negarme? — se excusó Alex Trop.
— ¿En serio pretendes que me coma toda esa patraña, Alex? — preguntó Rose muy decepcionada — ¡por Dios!, es obvio que ella aún te desea, y lo peor es que tú también la deseas a ella.
— Ya te dije, solo son costumbres de nosotros las personas ricas y poderosas — insistió Alex Trop colocando su mano derecha sobre el hombro de su prometida — tú no lo puedes entender, porque no eres millonaria.
— ¡Tienes razón! — respondió Rose de manera espontánea quitándose bruscamente de un manotazo la mano de su futuro esposo que yacía sobre su hombro — y como no soy millonaria, no pertenezco a ese salón VIP de zorras, volveré con los mediocres y perdedores, como la mediocre y perdedora que soy. ¡con permiso!
— Rose si te vuelves a ir, te prometo que no te voy a buscar — amenazó Alex Trop gritando a su prometida que se alejaba caminando lentamente.
— ¡Perfecto!, ¡me harías un favor! — gritó Rose sin detenerse ni voltear.
— Te lo advierto Rose, me iré a casa sin tí — insistió Alex.
— Volveré caminando, me sé el camino — respondió volteando a la distancia mientras Alex Trop solamente quedaba allí mirando como su prometida se alejaba cada vez más.
La noche brillaba para Rose quien comenzó a socializar con personas completamente desconocidas bailando, tomando, y brincando en unas camas elásticas donde habían incluso personas desnudas. Rose la estaba pasando muy bien riendo y divirtiéndose como hace muchos años no lo hacía. Pero todo algún día se acaba, y la fiesta de Amanda Key no sería la excepción. Al salir el sol todos los invitados comenzaron a abandonar el inmenso club caminando en una gigantesca procesión que se extendía en kilómetros de personas que avanzaban como zombies luego de una de las noches más épicas de sus vidas, todos hablaban de lo bien que la pasaron en la mejor celebración del mundo, entre esas personas marchaba también Rose quien estaba bastante cansada como para seguir caminado, así qué decidió descansar un poco sentándose en una roca en el camino. Dos chicos que pasaban por allí se detuvieron junto a ella y amablemente le dijeron.
— Pobre chica, debes estar cansada — dijo uno de ellos inclinándose hacia Rose.
— Si chicos, fue una noche muy agitada, estoy verdaderamente exhausta — respondió Rose sonriendo.
— Nuestro automóvil está por acá cerca siguiendo ese camino, si quieres puedes venir con nosotros, y cordialmente te llevaremos a casa — sugirió el otro sujeto.
— ¿En serio harían eso por mí? — respondió Rose emocionada levantándose rápidamente — ¡gracias chicos, son unos amores!
— ¡Siguenos! , es por acá — dijo el primer chico caminando en dirección de un sendero boscoso muy solitario y bastante oscuro.
— Qué raro que dejaron su automóvil en este lugar, si había estacionamiento gratis dentro del club — preguntó Rose luego de un par de minutos caminando.
— Es que no confiamos en las personas — respondió uno de los chicos mirando al otro de forma sospechosa.
— Creo que será mejor que regrese al camino en donde va todas las demás personas — dijo Rose nerviosa dándose cuenta que algo andaba muy mal.
— ¿Porqué tanta prisa mi pelirroja? — preguntó intimidantemente uno de los sujetos colocándose detrás de Rose mientras el otro se colocaba delante.
— Me están asustando chicos, no es gracioso — respondió Rose muerta del miedo.
— Solamente queremos pasarla rico, tú solo relájate — dijo el chico delante de ella acariciando su cabello.
Rose comenzó a lanzar golpes como pudo tratando de defenderse, pero como era obvio esos dos hombres poseían mucha más fuerza que ella así que no les costó mucho someterla, sus húmedas lenguas se deslizaban por su delicado cuello blanco mientras ella gritaba desesperada pidiendo auxilio. Sus latidos estaban al máximo, su respiración no podía agitarse más aunque quisiera, no había escapatoria posible de ese momento tan perturbador. Repentinamente una motocicleta comenzó a escucharse dirigiéndose hacia ellos a toda velocidad, se trataba de Dylan, quien se arrojó de ella valientemente golpeando a uno de esos sujetos fuertemente mientras el otro aprovechaba para huir corriendo cobardemente, pero en el camino se encontraría a Dent parado tranquilamente esperándolo.
— ¿A dónde vas con tanta prisa, cariño? — preguntó Dent sarcásticamente propinando un potente derechazo directamente al mentón de ese abusivo sujeto enviándolo al suelo automáticamente.
Dylan seguía golpeando a ese otro sujeto dándole lo que se merecía, una lluvia de puñetazo de todos los calibres justo en el rostro.
— ¿Estás bien Rose? , ven conmigo — preguntó Penny amablemente ayudándola a levantarse siendo su apoyo.
Dylan y Dent quitaron la ropa a esos sujetos dejándolos completamente desnudos y golpeados, y obligándolos a marcharse de esa forma corriendo como los cobardes que eran para convertirse en el hazmerreír de todas las personas que marchaban de regreso de la celebración. Rose sonreía aliviada mientras miraba con el clásico efecto de cámara lenta a Dylan, ese hombre que se había transformado en su ángel guardián salvándole la vida en par de ocasiones arriesgando la suya propia. Justo en ese momento Rose recordó aquel inocente juego en el faro de aquella paradisiaca playa, aquel "¿qué harías por mí?", que hasta los momento Dylan habia cumplido fielmente con su palabra, ella suspiró profundamente dejando escapar una sutil sonrisa de amor, amor que obviamente, jamás revelaría, pero que al fin y al cabo, vivía muy en su interior creciendo como una semilla, que algún día se convertiría en un enorme árbol imposible de esconder.