12- Dime que no hay química entre nosotros

2202 Words
Frances Las cosas no podrían empeorar. Estoy agotada, pero tengo demasiadas cosas que hacer hoy como para pasar el día durmiendo. Entre mi padre y Aldo, no tendré ni un segundo para pensar en cerrar los ojos. Al abrir la puerta, dejo caer las converse y el bolso que tengo en las manos y me quedo paralizada. Un grito escapa de mis pulmones, el miedo solo se apodera de mi cuerpo por un segundo antes de darme cuenta de quien es. El. Andréi King esta tumbado en medio de mi cama, con sus largas piernas cruzadas a la altura de los tobillos y las manos detrás de la cabeza. Lleva una camisa blanca desabotonada hasta los codos, pantalones de vestir negros y zapatos de cuero. Zapatos de adulto. Casi me río. Pero con zapatos y todo, parece un anuncio de Hugo Boss y odio que mi aspecto sea horrible. —Me alegra que finalmente decidiste volver a casa— me regaña con un tono frío y grosero. Mantengo la puerta abierta y lo miro con el ceño fruncido. —¿Cómo diablos entraste a mi casa? — Se sienta, plantando sus zapatos brillantes en el suelo y se gira para mirarme. —No me digas que olvidaste como solía usar la llave oculta y subir por las escaleras traseras para poder follar? — Mi corazón empieza a latir furiosamente. No, no lo he olvidado. Nunca podré olvidarlo. —Noticia de última hora, Andréi, simplemente no fue tan memorable— miento. Hey, su arrogancia es demasiada. Como si no le hubiera afectado mi comentario sarcástico, se pone de pie y se dirige hacia mí. Su paso es decidido y seguro, y me recuerda que es todo un adulto, todo un hombre. Cuando se detiene, cierra la puerta con la punta de los dedos con naturalidad. —Eso es mentira, Frances, y lo sabes— Me vuelvo para mirarlo. Cruzo los brazos sobre el pecho para ocultar mis pezones protuberantes y luego tuerzo los labios. —Te pediría que te fueras, pero sé que no lo harás, así que, vamos a hacerlo rápido, tengo un día muy ocupado. ¿Qué quieres? — Se acerca lo suficiente para que su pecho roce el mío, lo que provoca que me recorran escalofríos por la columna vertebral. —Sabes lo que quiero. Te dije que te llamaría esta mañana para hablar de ello— —Si, llamar. Esto no es una llamada— El arquea una ceja con aire de complicidad. —No tengo tu número. Esto era lo segundo mejor que podía hacer— Suspiro y digo: —Mi respuesta no ha cambiado. Así que no hay nada más, ¿Qué tal si te vas? — —De hecho, si lo hay. ¿Dónde estuviste toda la noche? — prácticamente gruñe la última parte. Es difícil ignorar la punzada de lujuria que se siento por la posesividad de su tono. —¿Qué tal que no quiero decírtelo? — Se frota la mandíbula, esa barba irresistible, y sonríe mientras lo hace. —¿Te acostaste con alguien anoche y fingiste que era yo, porque sé que no estabas fingiendo que era italianito? — Quise darle una bofetada, pero decido empujarlo. —¡Sal de aquí! — grito. Su ancha espalda choca contra la pared, pero su expresión permanece fría. —Hazlo otra vez. Me gusta duro— Doy un paso atrás y pongo mis manos en mis caderas. —¿Por qué estás aquí, Andréi? — —Ya te dije por que, ahora, ¿Dónde estabas anoche? — dice, su voz calmada, fría y serena. No hay ninguna lógica que explique por qué cedo a sus exigencias y, aún así, todo lo que había sucedido en las últimas doce horas sale a borbotones. —Si quieres saberlo, estuve en la cárcel la mayor parte del tiempo. Arrestaron a mi padre— Es la primera vez que veo preocupación en sus ojos. —¿Por qué? — La risa que suelto no tiene la intención de ser graciosa. —Tomo un hacha, y después de cortar algunas vides de la propiedad de Frank Gable, se dirigió hacia la puerta principal, pero se cayó mientras subía las escaleras— —¿Está todavía en la cárcel? — Se me hace un nudo en la garganta mientras hablo. —No, lo trasladaron al hospital de San Fernando. Se rompió la cadera— Andréi se apoya contra la pared contra la que lo había empujado. —Lo siento. ¿paso algo recientemente que lo llevo a atacar a Gable? — Por la forma en que lo dice, juro que sabe algo que yo no sé, pero eso es imposible. —No estoy segura— le digo. —Un derrame cerebral. Una ruptura con la realidad. Demasiado vino. Quien sabe. Los médicos le están haciendo algunas pruebas y debería saber más hoy— Los ojos de Andréi recorren las maletas que hay en mi piso. Las que han estado allí durante más de seis meses. —¿Estabas preocupada por el? ¿Es por eso que te mudaste a Healdsburg? — Me río entre dientes y sacudo la cabeza con un poco de diversión. —Sabes que no debes hacer una pregunta como esa— Se encoge de hombros. —Las cosas cambian, Frances. La gente cambia— Incapaz de soportar mi propia realidad, bajo la mirada hacia donde él me está mirando. —Él no. Apenas hemos hablado en diez años. El verano pasado, recibí una llamada de su secretaria diciéndome que las cosas estaban mal. Después de visitarlo, supe que estaban peor que mal. Así que volví a Vinos Castello. Después tuve que vender mi apartamento en Los Ángeles para que la empresa pudiera permitirse cosechar las uvas. Así que ahí lo tienes: por eso me mudé de nuevo— —No sabía que las cosas habían empeorado tanto— Esta conversación se está volviendo demasiado personal. —¿Por qué lo harías? No es como si te hubieras mantenido en contacto durante los últimos diez años— —No seas infantil, Frances— —¿Desde cuándo la verdad es infantil? Y no necesito tu compasión— —Como sea— espeta, con un tono monótono y sin humor. —Ya te lo dije, no voy a jugar contigo— Después de un momento de silencio, me ofrezco más de lo que debo. —Si, bien, las cosas estan mal. Pero eso ya lo sabes. Incluso tuvimos que despedir personal y ahora tengo que preocuparme por el cuidado de mi padre— Inclina la cabeza para encontrarse con mi mirada. —Supongo que esa es una atención que no te puedes permitir— Frunzo el ceño porque no me gusta la expresión de su rostro. esos ojos gris azulado se ponen helados. —¿Y que? ¿Italianito se niega a ayudarte, así que pasaste la noche con alguien que si lo hará? — Aprieto los puños. Me hizo enfadar muchísimo. —Vete a la mierda Andréi. No tienes idea de mi vida— Sus ojos se mueven lentamente de mi cabeza a mis pies desnudos. —Eso no es verdad y tú lo sabes— Me paso los dedos por el pelo con frustración. —Para que quede claro, Aldo y yo vamos a estar bien— murmuro. —Solo está molesto porque alguien le dijo a su novio que tenía un ojo errante y regreso a Los Ángeles para pasar un tiempo solo— —¿Solo? — pregunta con irritación. —Si, solo. Para pensar y ver las cosas con mas claridad. Una característica de la que podrías beneficiarte— Cierra los ojos de golpe. —Rompe con él, Frances. Nunca serás feliz con un tipo así y lo sabes— —Lo que sé, Andréi, es que es quien puede darme lo que necesito— Abre los ojos y, apoyándose en la pared, da un paso en mi dirección. —Puedo darte lo que necesitas— Riendo, empiezo a caminar hacia atrás. —Florence Cal no podrá permanecer abierta por mucho más tiempo que Vinos Castello, y tú lo sabes— Me sigue como un depredador que acecha a su presa. —No te equivocas, pero permanecemos abiertos más tiempo que tú. Sin embargo, si combinamos recursos, ambos podemos cambiar las cosas— La verdad es que Aldo tiene dudas sobre casarse. El matrimonio propuesto es una farsa para poder estar con Fernando y aún así mantener intacto su fondo fiduciario. Sus padres insisten en la discreción. A cambio de tenerme como tal, pediré a sus padres que inviertan en Vinos Castello. Sin embargo, sin Fernando en su vida, no hay necesidad de que se case. Al menos, no de inmediato. Y no puedo aceptar dinero del si no hay una transacción justa de por medio, lo que deja a Andréi. Pero tampoco puedo hacerle eso a mi corazón. Con Aldo, mi corazón está seguro. Con Andréi, será una masacre. Y que— me burlo. —¿Se supone que debo confiar en que Vinos Castello saldrá ilesa y entera? — Los ojos de Andréi se oscurecen y me mira como si estoy a punto de convertirme en su próxima comida. —Por eso nos casamos. Así nos aseguramos de una relación de igualdad— Respiro profundamente cuando mi espalda choca contra la pared. —Me voy a comprometer, Andréi, y tú lo sabes— Segura. Necesito permanecer en la zona segura. Sus brazos me rodean, enjaulándome. —Entonces, ¿Quién era el tipo con el que estabas haciendo el paseo de la vergüenza esta mañana? — La furia corre por mis venas. ¿paseo de la vergüenza? ¿De verdad piensa que soy una zorra? Que descaro tiene. —No estaba haciendo tal cosa— resoplo. —Pero si quieres saberlo, un amigo me trajo a casa— trago saliva, tratando de calamar la ira que me recorre el cuerpo. Sus ojos grises se entrecerraron con hostilidad impenitente —¿Quién diablos es este amigo? — Lo miro y le digo: —Eso no es asunto tuyo— Pregunta de nuevo: —¿Quién es el? — Estamos tan cerca que la ira se disipa demasiado rápido. suspiro y me rindo. —Era Frenando, el novio de Aldo. Después de que salí del hospital, fui a su casa para intentar convencerlo de que no deje a Aldo— En este momento algo cambia. El aire se vuelve más denso. —¿Y qué pasó? — Me siento exhausta y permanezco en silencio, sin querer admitir la derrota, de que no había tenido éxito. —Supongo que no salió bien— —No, no salió bien— espeto. —Pero a nadie le gustan los infieles— —O una mentirosa— dice entre dientes. Decido ignorar su comentario. Me aparto un mechón de pelo de la cara. —¿Y dónde está tu coche? — —No arrancó, así que me trajo a casa— trago saliva y siento que mi piel se eriza bajo su toque. —Entonces, ¿no te acostaste con nadie anoche? — me gruñe al oído. Niego con la cabeza. —Bien. Porque quiero follarte ahora mismo, Frances. Recordarte lo que te estás perdiendo. Lo que te has estado perdiendo durante diez años. —Deseo a Andréi y odio hacerlo. Un estremecimiento de placer se filtra en mis huesos que no es en absoluto apreciado. La tensión entre nosotros ya es muy densa y quiero que desaparezca. No puedo pensar así. No puedo respirar. No puedo resistirme. Sabiendo exactamente lo que me está haciendo con su boca sucia, presiona su cuerpo duro como una roca contra el mío. —Te reto a que me digas que no quieres esto también, que no me quieres dentro de ti. Y cuando lo digas, más vale que lo digas enserio— Incapaz de soportar la cercanía, el aleteo que siente mi vientre, el calor que nos rodea como un fuego abrasador, levanto mis palmas para alejarlo por última vez. No importa lo atractiva que sea su oferta y lo mucho que Vinos Castello necesita ayuda, su ayuda es algo que no puedo aceptar. Él es algo que no puedo aceptar. Esta vez me agarra la muñeca y sacude la cabeza lentamente. —Dime que no hay química entre nosotros. Que no sientes lo que yo siento. El calor. El infierno. La necesidad salvaje y cruda de follar— Oh, Dios, el está tan sucio y yo tan excitada. —Está bien, hay una vieja chispa de química entre nosotros, pero no significa nada— Como si le divirtiera, sus cejas prácticamente rozan la línea de su cabello. —Mentirosa. Sabes que significa todo— Sacudo la cabeza intentando convencerme de que no es así. Podría ser un chico atractivo en el supermercado y yo sentiría la misma atracción hacia el. ¿verdad? Su diversión no hace más que crecer. —Está bien, entonces dime que no me deseas y me iré, amor— Amor. No bebé, no cariño, no nena. Amor Él siempre me vio. Me entendió. Me conoció. Me quiso. A mí. El verdadero yo. El único que lo hizo.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD