Capítulo 9

1666 Words
Pasar el día con Ezra fue diferente de una buena forma, estar en la repostería fue muy agradable, sus empleados eran amables y el ambiente era gentil y familiar, justo como se creería de Ezra. Después de despedirnos de todos, me dijo que lo acompañará a un lugar, aunque no me dijo exactamente a dónde, lo seguí. Pensé que subiríamos al auto, pero no fue así. Caminamos, me tomó de la mano y por un momento vi a todas partes porque creí que las personas nos estaban viendo. Reaccioné, soy tan tonta, aquí nadie me conoce así que no tendrían por qué verme. Me llevó a comer a un pequeño restaurante escondido en una calle tranquila, nada lujoso, nada que gritara poder o dinero. Era sencillo, acogedor, con manteles de cuadros y flores frescas en la mesa. La mesera le sonrió amable y Ezra fue amable. Me sentí incomoda así que metí mi cabeza entre la carpeta del menú. —¿Qué haces? —me preguntó Ezra. —¿Qué? Cuando levanté la mirada, él me estaba sonriendo y la chica ya se había ido. —¿Por qué estás así? ¿Acaso no ves bien? —Por supuesto que veo bien —me sonroje —. Es solo que la chica te estaba hablando a ti. Se movió a mi lado y pasó su brazo sobre mi hombro, me besó la mejilla. —La conozco porque vengo a comer aquí seguido, me gusta este lugar tranquilo y hoy quería traerte a ti aquí —explicó —. ¿Te gusta? No tenía porque explicarme todo eso, pero aún así lo hizo con bastante simpleza, la relación más cercana que había visto era la de mis padres y no era nada sana, mi padre tenía muchas amantes y mi madre simplemente lo ignoraba porque el divorcio significaba perder su dinero, así eso del amor no era en algo que yo creyerá. —Me gusta mucho —respondí —. Nunca me gustaron los restaurantes caros. Siempre me sentí atrapada entre copas brillantes y conversaciones vacías. Ezra me miró en silencio, como si memorizara cada palabra. Eso me animó a seguir. —Mi padre… él siempre creyó que el dinero lo era todo. Siempre me presionó para ser la hija perfecta, el adorno perfecto. —Tragué saliva, sintiendo el nudo en la garganta—. Y cuando decidió pagar su maldita deuda conmigo —apreté mis puños —… confirmé que nunca fui más que eso para él, una pieza que en algún momento podía usar. Ezra apoyó su mano sobre la mía, cálida, firme. —Conmigo no tendrás que volver a sentirte así —me dijo con voz baja, seria—. Quédate conmigo, Cameron. Nadie sabrá dónde estás. Puedo cambiarte el nombre, la imagen, lo que quieras… pero quédate conmigo. Lo miré sorprendida, con el corazón desbocado. —¿De verdad harías todo eso por mí? Él se inclinó un poco, sus ojos fijos en los míos, intensos. —Haría lo que fuera para que nunca regreses a esa vida. —Su sonrisa apareció, sincera, al igual que su mirada —. Y no pienso dejar que nadie más te tenga. No pude resistirme. Ezra me besó con una seguridad que me hizo temblar, como si no existiera nada más allá de sus labios y su promesa. Al principio dudé, pero su insistencia fue dulce, paciente, hasta que dejé de luchar contra lo que sentía y me dejé llevar, tal vez el amor si existía, tal vez era esto, lejos de todo ese dinero y esas cosas superficiales, justo aquí con Ezra. Al regresar al departamento lo dejó claro, ahora era nuestro, eso me hizo sonreír, nunca había compartido algo con otra persona, ni siquiera con mi hermana, ella desde pequeña dejó claro que aunque fuéramos hermanas no teníamos que compartir nada. Lo besé. No sabía si era posible amar a alguien en tan poco tiempo, pero empezaba a sentir que yo ya amaba a Ezra, y es que como no podía hacerlo. Sí, Ezra estaba buenisimo, era alto, guapo y tenía un cuerpo hecho por los mismos dioses, pero aparte de eso era bueno y gentil, me había ayudado cuando más lo necesitaba, así que con él todo era posible… Han pasado tres meses desde entonces, y puedo decir sin miedo que vivir con Ezra es lo mejor que me ha ocurrido en la vida. Nunca pensé que podría ser tan feliz. Él me sorprende todos los días, siempre me trae algo como si dijera “estuve pensando en ti”, algunas veces son flores frescas, chocolates, dulces, una tarjeta o pequeños regalos que aparecen en mi mesa, atenciones que me hacen sentir especial. Ezra, el hombre que me salvó del destino que me habían impuesto, es ahora la razón por la que sonrío. Los primeros días estuve en casa, hasta que él me propuso ir a la repostería, estuve aprendiendo con las chicas y ahora puedo preparar algunos postres, hasta ayudo en el local, me la pasó muy bien y las chicas se convirtieron en mis amigas. Es un lugar gentil y familiar, aunque no sea muy grande, allí me siento tranquila, es como si fuera mi hogar. Tuve que cambiar de imagen, mi cabello n***o ahroa es rubio y por mucho que me dolió lo corté, Ezra me dijo que era algo exagerado, pero era mejor así, también uso algo de maquillaje aunque en cuanto llego a casa me lo quito, nunca me ha interesado demasiado mi aspecto, de todas formas solo me importa como me mira Ezra cuando volvemos juntos a casa. Ezra es bueno, atento, alguien que me cuida y me devuelve las ganas de vivir. Nunca me había sentido tan completa y plena, si esto es un sueño, no quiero despertar jamás. —¿Qué haces, Cam? —me preguntó Clara al verme en el lavado. —Me voy antes, espero que no te importe. —¿Ya vino el jefe por ti? —miró a la entrada. —No, hoy voy sola. —¿Vas sola? —dudó sorprendida —. Pero si él siempre pasa por ti, ¿qué sucedió? —Nada —sonreí —. Solo quiero llegar antes a casa. Clara parecía confundida, pero aún así se despidió tranquila. Decidí salir antes del trabajo y tomar un taxi, cuando llegué al departamento como esperaba, Ezra no había regresado y pensé que sería buena idea prepararle algo de comer, él siempre lo hacía por mí, quería hacer la cena y demostrarle que yo también podía cuidar de él. No soy la mejor cocinera, pero quería esforzarme. Solo había un pequeño problema, no tengo ninguna receta. Él y yo habíamos acordado que, por seguridad, yo no tendría teléfono. Así que lo único que se me ocurrió fue buscar en su computadora. Ezra tenía un estudio al que apenas entraba, “su lugar de trabajo”, como lo llamaba. Dudé un momento frente a la puerta, pero luego pensé que no había nada de malo en usar la computadora para ver una receta. Al abrir la puerta pude sentir su aroma. Ordenado, impecable, como todo lo que hace. Me tomé un minuto para ver lo que había aquí, él siempre me cuenta sus cosas, pero también me gustaría saber cosas de él desde otra perspectiva, desde lo que tiene, lo que dicen sus cosas. Sobre el escritorio había un tablero de ajedrez con una partida a medio jugar, varios libros perfectamente acomodados y algunos papeles sin importancia. No pude evitar sonreír. Ajedrez, libros… Ezra tenía ese aire intelectual que yo adoraba, ese lado misterioso que lo hacía parecer más profundo de lo que mostraba al mundo. Movida por la curiosidad, abrí un cajón. Primero encontré documentos, notas rápidas, cosas normales. Pero cuando bajé al siguiente… mi corazón se detuvo. Un fajo de billetes perfectamente apilados. Y, junto a él, un arma. La cerré de golpe, como si el cajón hubiera quemado mis manos. Me quedé helada, sin aire. —No… —susurré, apretando los ojos con fuerza. Abrí de nuevo, temblando, esperando haberme equivocado, pero ahí seguía el dinero y el arma, tan reales como los recuerdos de mi padre, tan dolorosos como todo lo que siempre odié de él. Ezra… no. Él no podía ser ese tipo de persona. Ezra era dulce, era atento, era bueno conmigo. Mi refugio. ¿Entonces por qué tenía aquello escondido? Me quedé paralizada, sin saber qué hacer, con las manos temblando sobre el cajón. Sentía que el mundo giraba demasiado rápido. De pronto, escuché el sonido de la puerta principal y luego su voz llamándome. —Cameron. El sobresalto me recorrió el cuerpo entero. Cerré todo de prisa, intentando dejarlo como estaba, y salí del estudio con pasos apresurados para entrar a nuestro dormitorio, era mejor que me viera salir de ahí. Ezra apareció en el pasillo, con una sonrisa y ojos brillantes como siempre, su traje estaba impecable, creo que no supe disimular mis gestos porque su sonrisa desapareció al instante que me vio, seguramente se dio cuenta. —¿Qué sucede? —preguntó, acercándose con esa seriedad que rara vez mostraba—. Estás nerviosa. ¿Pasó algo en el trabajo? ¿Por qué viniste antes? Me mordí el labio, intentando sostenerle la mirada, pero por un instante lo vi distinto. Algo en sus ojos… algo frío, agudo, que no había notado antes. Me estremecí, y rápido negué con la cabeza. —Nada, yo… solo quería darte una sorpresa. Pensé en cocinar algo para ti. Quise evitar su mirada, pero él me tomó por la mandíbula y me obligó a verlo, sus dedos eran firmes y me dolió un poco. —Ezra… Me soltó de inmediato, me rodeó con sus brazos y me besó. Un beso seguro, intenso, como si buscara borrar cualquier duda con el calor de sus labios. Y por un instante lo consiguió. Pero la imagen del cajón seguía ahí, clavada en mi mente.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD