No salí de la habitación durante el resto de la mañana, tenía pánico a salir y encontrármelo, no quería verlo, no sabría como mirarlo a la cara, es que ni siquiera sabría cómo reaccionar, solo quería quedarme ahí encerrada, alejada de todo mundo en lo que mi cerebro terminaba de asumir el embrollo en el cual me encontraba.
El sonido de mi móvil me hizo moverme, no había cambiado de posición. Seguía pegada a la puerta como un chicle, busqué mi móvil con la mirada hasta encontrarlo en la mesita de noche, caminé hasta ella y lo tomé... Era mi madre.
— Hola— respondí.
— Kyara Smith — su tono de voz era de reprimenda — ¿ porqué no has llegado?.
Miré a todos lados sin comprender, hasta que algo en mi interior se encendió. Era sábado y todos los sábados comíamos en familia puesto que los demás días estábamos ocupados.
— Lo siento mamá pero creo que no podré ir— un grito de su parte hizo que retirara el móvil de mi oído.
— ¡ Estás loca!, te quiero aquí ya, sin excusa. No me hagas contarle a tu novio y que el te obligue a venir— abrí la boca para protestar pero ya había cortado.
Esa era mi madre, una dictadora en cuanto a sus almuerzos de los sábados se trataba.
Fui hasta el baño y me di una pequeña ducha, no quería que mi familia me viera toda llorosa. Me coloqué un vestido de tirantes color rosa pastel bastante cómodo, unos botines, dejé mi pelo igual, coloqué un poco de lapiz labial para no verme tan pálida. Tomé mi bolso y salí de la habitación.
Me paralice al sentir una mano rodear mi cintura y otra taparme la boca, estuve a punto de entrar en pánico pero un olor peculiar, el cual desde la noche anterior mi olfato lo había guardado en lo más recóndito de mis recuerdos me detuvo.
— Necesito hablar contigo, brujita.
Sin poder evitarlo mi cuerpo reaccionó al tenerlo tan cerca, rechacé ese pensamiento, me condujo hacia la que supuse era su habitación quedaba a dos puertas de la mía, ya dentro soltó su agarre dejándome aprisionada contra la puerta . Me observo de una manera indescriptible, era una mezcla de tantas cosas a las cuales no quisiera ponerles un nombre; sentía su proximidad, el espacio personal de ambos no se estaba respetando y la verdad esta mezcla de nervios, miedo y excitación que estaba sintiendo era extrañamente deliciosa para mí.
— ¿ Qué hacés? — pregunté al verlo acercarse peligrosamente, ya no había caso espacio entre ambos, nuestras narices se rozaban. Humedeció sus labios y ese simple gesto hizo que mis piernas temblaran, estaba perdida, definitivamente lo estaba.
— Me quemaré en el infierno por ti, brujita.
Estampó sus labios sobre los míos, durante unos días no logre racionar pero él no se dio por vencido u continuo por lo que sin poner objeción alguna le di paso a mi boca sintiendo su exquisito sabor, mientras sus manos acariciaban mi cintura por encima de la tela, logrando así que sintiera una cascada de humedad en mi zona sensible. Nos separamos por falta de aire.
— Joder—. Susurró sobre mis labios—no sales de mi cabeza. Entonces la realidad me golpeó de lleno.
— Esto esta mal— susurre apartándome como si su tacto me quemara.
— ¿ Creés que no lo sé? — sus ojos recorrieron todo mi cuerpo hasta detenerse en mis labios ahora un tanto hinchados, sin previo aviso volvió a besarme devorando mis labios con ansiedad— desdé que te vi anoche supe que serías peligrosa para mí.— cerré los ojos intentando recuperar un poco la compostura, porque el no me lo estaba poniendo nada fácil.— Fue inexplicable y esto... ¡ Dios!, el hombre con el que estás comprometida es mi padre.
— Lo siento— susurre mientras me separaba nueva vez, me senté sobre la cama sintiendo que en cualquier momento me desmayaría, su efecto en mi era embriagador.
Se acercó hasta mí colocándose en cuclillas, levantó mi rostro con ternura logrando así que me perdiera en sus hermosos ojos grises que ahora eran más claros.
— No es tu culpa— sonrió de forma sexy — quizá ser una bruja sí —. Sonreí— pero lo demás no.
— No soy una bruja— me defendí.
— Lo eres, me has embrujado— acerco su rostro al mío deleitándome con su delicioso aliento— en tan sólo unas horas y ya me tienes a tus pies.
— Alonso, no... — traté de hablar pero sus labios volvieron a impedírmelo y para ser honesta tampoco estaba poniendo mucho empeño en alejarlo, todo lo contrario, posicionó su cuerpo sobre el mío acostándome en la cama.
Sus labios devoraban los míos con ferocidad mientras cada parte de mi cuerpo se sentía sensible, ardiente y necesitada, sus manos empezaron a acariciar mis piernas, sentía mi estómago contrariado haciendo toda una revuelta en su centro; separó sus labios de los míos y casi grito por ello, observé más de lo necesario sus labios notándolos ligeramente hinchados y no pude evitar sonrojarme, sonrió dulcemente mientras me ayudaba a levantarme.
Quería estar con él, lo deseaba con todas mis fuerzas, con todo mi cuerpo pero estar juntos era demasido riesgo, para ambos. Además de que moralmente ( sin importar cuan despota era Federico) eso era incorrecto.
— No podemos seguir con esto— declare con dolor, me sentía tan impotente— es mejor terminarlo antes de que inicie.
Me levanté decidida a irme, ya tenía demasiados problemas en mi vida para agregar otro y no cualquiera sino el peor de todos. Cerré la puerta tras de mí sin voltear a mirarlo, levanté rápidamente el rostro al sentirme observada, casi pego un brinco al ver a Lorenn fuera de la habitación mirándome fijamente.
Me miró algo contrariada, no le dije nada después de todo tampoco es como que tuviera muchos argumentos; es posible que un estuviera equipada pero algo dentro de mí me decía que ella no diría nada, y que intentar que excusarme sólo podría empeorar las cosas por lo que pasé a su lado en silencio.
(***)
— ¡ Kyara! — Sonreí al ver a mi madre,corrí hasta sus brazos urgida de uno de sus abrazos.
Necesitaba tanto de sus brazos, sentirme segura aunque fuera por unos segundos.
—Los he extrañado tanto, mamá.
— Y nosotros a ti— deshizo el abrazo— pero tranquila Federico nos ha explicado lo ocupada que has estado en éstos días.
La observé sin entender.
— ¿ Federico? — pregunté contrariada.
— Sí, amor — levanté la mirada al escuchar su asquerosa voz, estaba detrás de mi madre con una gran sonrisa.
Mi madre se hizo a un lado para darle paso, éste llego hasta mí dejando un beso en mi mejilla. Tomó mis manos entre las suyas, miré a mamá quien nos reparaba con una gran sonrisa. Si tú supieras mamá... si supieras.
— Durante los últimos días Federico ha estado visitándonos— respondió mamá al ver mi mirada— se ha encargado del cambio de médico de tu padre... Y no tengo palabras para agradecertelo querido.
—Tranquila, Miranda— ¿ Miranda?,¿ desdé cuándo tanta confianza? — lo hago con todo el gusto, ahora ustedes también son mi familia.
Mi madre sonrió, después de decir varias palabras más nos condujo hasta el interior de la casa; el almuerzo fue tan extraño para mí, es decir, en todo momento me sentía cohibida, debía medir mis gestos, actuar ante ellos y eso era más difícil de lo que llegué a imaginar y para terminar de arreglar mi desgracia mi familia parecía amar al hombre a mi lado, aunque no podía culparlos o recriminarles algo porque para ello yo era feliz con él, lo amaba y ellos se regocijaban en eso; además de que Federico sabía jugar sus cartas, conocía mi debilidad y se estaba encargando de dejarme bastante claro que tenía control sobre esto, tal parece había estado visitándolos y con ello se había ganado su total afecto, un punto más a su favor.
Escucharlo hablar con mi familia, bromear, inclusive ver a mi madre contarle las anécdotas de su infancia me asustaba, mucho, ya que su estrategia evidentemente estaba funcionando, todos parecían felices con su presencia.
— Tu familia es encantadora — masculló una vez estábamos en el auto de camino a su casa.
— ¿ A qué éstas jugando?— pregunté con la mirada pérdida en la ventanilla, no quería verlo.
— No sé de que hablas— respondió en tono inocente — sólo quiero tener una buena relación con la familia de mi futura esposa.
Volteé a mirarlo, su mirada estaba fija en mis piernas que se encontraban un tanto descubiertas a causa del vestido.
— No te creo— declaré.
— ¿ Y creés que eso me importa?— susurró en tono arrogante, acercó su cuerpo hasta el mio. Llevó su mano hasta mi pierna y empezó a acariciarla.
Me moví incómoda, retirando su escalofriante tacto de mi piel.
— Serás mía, Kyara, te gusté o no— me tomó de los hombros para que lo mirará— te haré el amor las veces que quiera y como yo quiera. Te voy hacer gemir de bajo de mi — sentí mi estómago revolverse, sus palabras me daban náuseas.
Sin esperar reacción de mi parte, estampó sus labios contra los míos. Era tan agresivo que sentía que me lastimaba, su mano llegó hasta mí pierna y empezó a manosearla. Intenté defenderme, soltarme de su agarre pegándole con mis débiles manos pero no parecía funcionar, al contrario parecería que mi reacción le gustaba así como también le excitaba, ya que podía sentir su bulto frotarse contra mí. Las lágrimas picaban en mis ojos, me sentía asqueada e inexplicable sabia que no tenía escapatoria, sin importar cuánto gritara o me resistiera no había salida.
Ni siquiera me había dado cuenta de que el auto se había detenido; sólo quería que se alejara de mi, que sus asquerosas manos no me tocaran.
Un pequeño toque en la ventanilla del auto hizo que el animal que intentaba devorarme se detuviera. Intenté controlarme para que las lágrimas no salieran, lo escuché maldecir. Levanté el rostro para encontrarme a Alonso de espalda a la ventanilla.
Él había tocado, salí del auto como un resorte impulsado. No volteé a mirar, no quería ver su mirada inquisitiva o eso me haría explotar en frente suyo.