Mala jugada

1299 Words
Desperté con una enorme sonrisa en el rostro, todos los recuerdos de la noche anterior llegaron hasta mí; por inercia toqué mis labios tratando de revivir su sabor, su aliento sobre sobre el mío, sonrío al recordarlo pero la sonrisa es tan efímera que se siente como si pensarlo fuera un error. Soñar era hermoso, recordar aún más, sin embargo, debía de enfrentar la realidad, Alonso fue un hermoso sueño que no volvería a repetirse aunque deseara todo lo contrario. Fin de la historia. Un golpe en la puerta hace que toda mi concentración se fije en un nuevo objetivo, la voz tras esta. — Kyara, el señor Federico te espera a bajo — escuché a Loreen. — Bajo en unos minutos— hago una pequeña mueca mientras rebusco en lo más recóndito de mi ser las fuerzas para levantar e irme a duchar. Camino desgarbada hasta el baño y me concentro en higienizar mi cuerpo. Confieso que dejo agradecer a Lorenn, ya que gracia a ella pasé ilesa la noche anterior, se encargó de llevarme hasta mi habitación por la puerta trasera evitando así que los demás empleados me vieran. Para cuando Federico llegó minutos después ya estaba plácidamente dormida o eso fingí. Si, definitivamente le debía una y una bastante grande. Salgo de la ducha, coloco mi ropa interior y decido colocarme unos jeans ajustados junto con una blusa de ceda con mangas largas, buscó una chaqueta simple y me la coloco. Peino mi cabello en una coleta, no aplico nada de maquillaje ya que no me interesa impresionar a nadie y mucho menos destacarme delante de él. Desciendo las escaleras lentamente, odio tener que verlo desde la mañana, era más siemple cundo solo debía soportarlo por minutos pero para mi mala suerte era sábado lo que significaba que no iría a la empresa. Terminó de bajar el último peldaño de la escalera y escucho su voz proveniente del comedor, inhalo profundamente y me prepararé mentalmente para ingresar, continúo mi recorrido hasta verlo con un vaso de lo que parecía whiskey en las manos... ¡ Dios! A esta hora. — Estás hermosa así... Tan natural — voltee los ojos, pareciera que nada me funciona para alejarlo, se levanta de su asiento y camina hasta mi, sin un ápice de cordialidad rodea mi cintura con su brazo, intento zafarme pero me detengo al notar que no estamos solos, de lado al ventanal, ( espaldas a nosotros) hay un hombre, de complexión fuerte y hombros anchos. El hombre observaba el cuadro de una mujer junto a un pequeño y el que a mi parecer era Federico unos años menos, era la primera vez que veía ese cuadro, de hecho era la primera vez que iba a esa parte de la casa. Me había limitado a encerrarme en la habitación, aunque ya conocía parte de la casa por las veces que había tenido que llevarle recados cuando hacía de su secretaria. — Hijo. Mi piel se erizó al escuchar esa palabra, durante el tiempo en la empresa supe de su hijo pero nunca vi fotos, ni siquiera su nombre puesto que él no lo mencionaba. Lo poco que sabía era por los comentarios de pasillo. — Quiero presentarte a mi futura esposa— casi vomito al escuchar esa maldita palabra, no obstante, me he vuelto una experta de la actuación así que muestro mi mejor sonrisa para cuando su hijo volteé a vernos, el hombre gira dándome a conocer su rostro. El disfraz de sonrisa que tenía se disolvió en cuanto su mirada se encuentra con la mía, el tiempo parece detenerse y no soy siquiera consciente de si aún respiro. Por primera vez agradecí el agarre de Federico porque de lo contrario creo que hubiera caído delante de ellos, mis piernas se sienten como si fueran de gelatinas, débiles, frágiles, a punto de dejarme tirada en el piso, puedo notar como Federico incrementa su agarre sobre mí, me observa por unos segundos escéptico y vuelve a concentrar toda su atención sobre su hija. — Alonso, ella es Kyara— nos presenta. Sentí que todo el oxígeno había desaparecido, de todas las malditas jugadas que esperaba del destino ésta era la peor, la más asquerosa y destructiva. ¿ Por qué?, ¿ a caso Dios me odiaba y esa era su forma de castigarme?. — Es un placer... Kyara— su voz se escuchaba tan pastosa, tan distinta a la de hace unas horas. Asentí sin poder musitar palabra, mi garganta estaba demasiada seca como para poder pronunciar oración alguna. — Alonso ha venido a darme una sorpresa — continúo Federico hablando en ese tono tan calmado que asustaba— ¿ puedes creer que está aquí desdé ayer?, realmente me has sorprendido… — Creeme padre, el sorprendido he sido yo— su mirada viajó hasta mi cintura en donde se encontraba la mano de Federico rodeándola, tardó unos segundos observándonos , sus ojos colisionan con los míos nueva vez y puedo descubrir que sus estos eran de un gris intenso, muy intenso. Bajé la mirada avergonzada, en esos momentos no tenía pleno control de mis facultades, me sentía en una especie de shock y no sabía que hacer o decir. Interiormente busqué algo de que aferrarme, no podía estar ahí congelada o Federico sospecharía algo, porque realmente estaba siendo muy notoria, entonces recordé porque estaba ahí y quien había provocado este desastre, jamás en mi vida imaginé odiar a alguien como odiaba a Federico Lordes, no sólo acabó con mi vida sino que también intervenía en la del único hombre que había despertado todas esas sensaciones en mí en tan sólo unas horas. Me sentía tan sucia, joder, me había escapado y posteriormente besado con un desconocido que terminó siendo el hijo de mi verdugo. Deseaba que el piso bajo mis pies se abriera y me tragara, quería desaparecer. Necesitaba salir de ahí, debía hacerlo, el aire estaba empezando a faltarme. — Disculpen…— intente encontrar mi voz, retiré la mano de Federico soltándome de su agarre— no me siento bien — traté de sonreír pero fue un caos. — ¿ Qué pasa?— preguntó Federico observando mi rostro, no sé que cara tenía pero al ver la suya supuse que no era nada bonita— te ves fatal, llamaré al médico. — No es necesario, sólo… me levantado muy deprisa, tengo todo revuelto…— me excusé , sin esperar argumento de su parte tomé la poca fuerza que me restaba y giré sobre mis talones. Subí las escaleras corriendo, necesitaba huir de ahí rápido, cerré la puerta tras de mi y me dejé caer sobre la cama, empecé a golpear mis piernas por la impotencia. Quería morirme, desaparecer, acabar con ese maldito infierno de una jodida vez. — ¿ Porqué? — susurré entre lágrimas — ¿ porqué tenía que ser él?, ¿ cuánto más piensas torturarme, Dios?. Las lágrimas no cesaban y mi dolor tampoco, me sentía frustrada, jodida, la situación me sobrepasaba, me quemaba. Era demasiado para mí, hacía unas horas me había sentido otra, mi cuerpo era otro y ahora, ahora era la mujer más desdichada, valga de redundancia si es que se podía ser más. Alonso Lordes, ¡Dios!, era su hijo. Estuve con su hijo, me besé con su hijo, dejé que me tocara sin conocerlo, dejé que sus labios me embriagarán, que su tacto me enloqueciera, ¿ que pensaría de mí? , ¿ se lo contaría a su padre?, esta y muchas más interrogantes me estaban quemando la cabeza, pero lo peor no era eso, lo peor de todo es no me arrepentía, a pesar de que era imposible pensar en Alonso más allá de ser el hijo de Federico. Definitivamente mi suerte estaba jodida y esta era una muy mala jugada del destino...
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