Su mano junto con la mía era una sensación tan placentera, ignoré la corriente que pasó por mi cuerpo al sentir su contacto.
Su sonrisa terminó de convencerme, se escabulló por la parte trasera del hotel. Pasamos un pasillo algo oscuro llegando así al estacionamiento, soltó mi mano y no sé porque razón una sensación de vacío me embargo. Me sonrió de lado al parecer había sentido lo mismo, sacó unas llaves de su bolsillo y las presionó mostrando su increíble auto en una fila tras de nosotros.
Un increíble y hermoso Lamborghini color n***o, abrí la boca sorprendida.
— ¿ Es... Tuyo?.
— Sí — sonrió con orgullo— lo compré para hacer enojar a mi padre, a él no le gusta que mar gasten el dinero y yo — se encogió de hombros — disfruto haciéndolo enojar.
Caminamos hasta el increíble auto, abrió la puerta del copiloto y entré. Me acomodé disfrutando del hermoso auto, encendió el motor haciéndome sentir jodidamente bien al escucharlo.
Condujo durante varios minutos, ambos en completo silencio por unos segundos me arrepentí de mi decisión, no tenía una remota idea de quién coño era ese bombón y además estaba contradiciendo a Federico y eso, eso no era nada bueno.
— Llegamos — no me había dado cuenta de que el auto se había detenido, lo observé bajar del coche para rodearlo y volver a abrirme la puerta.
Sólo descender del auto y me quede de piedra, la vista era hermosa pues estábamos frente a una hermosa e increíble vista de toda la ciudad.
— Dios, es hermoso— susurré sorprendida, lo sentí acercarse. Su delicioso olor lo delató.
— Cuando era pequeño mi madre solía traerme aquí, cada vez que lloraba, decía que esto me daría la paz que necesitaba.
Giré para ver su rostro, sólo que no sabía que estaba tan cerca. Al hacerlo casi caigo, por suerte sus manos me retuvieron por la cintura dejando nuestros rostros a escasos centímetros.
Su aliento chocaba sobre mi rostro, haciendo que me deleitará con él; humedecí mis labios sintiéndoles secos de momento.
— Mala idea— susurró con voz ronca.
Después de eso todo a mi alrededor desapareció, sus labios estaban sobre los míos. Moviéndose con precisión, abrí más mi boca dándole espacio para que jugara con nuestras lenguas, me sentía mareada de tantos sentimientos a la vez.
El calor de mi cuerpo empezó a subir de forma escandalosa, rodeé su cuello con mis brazos acercándole más. Necesitaba sentirlo cerca, pensar que ese momento nunca acabaría. Por primera vez en toda mi vida sentía las jodidas mariposas en mi estómago, haciendo una revolución dentro de mí.
Nos separamos para que el aire lograra circular en nuestros pulmones, nuestras frentes continuaban unidas, sonrió de lado y volvió a besarme pero de una forma más delicada, más tierna.
— Dios, no puedo creer que hiciera esto— susurré aún poseída por sus besos.
— Ven— dio unos pasos hacia un enorme árbol que hasta ese momento no me había enterado de su existencia, se sentó bajo éste y tendió su mano para que hiciera lo mismo. Me senté a su lado pero sin esperar mi respuesta me haló sentándome entre sus piernas; rodeó sus brazos sobre mí cuerpo logrando que todo dentro de mi se revolviera.
Era la primera vez en toda mi vida que hacía algo tan alocado y con un desconocido, lo peor es que me sentía yo, era como volver a respirar después de tener días sin hacerlo; fue volver a ver lo hermoso de la vida, como si mi cuerpo estuviera acostumbrado a su cercanía.
— ¿ Cómo te llamas? — pregunté con la mirada pérdida en la hermosa vista, su cuerpo tembló levemente a causa de la risa—. ¿ Qué?.
— No te parece un poco tarde para las presentaciones — reí ante su osadía — Alonso, mi nombre es Alonso.
— Alonso— saboree su nombre entre mis labios, joder, hasta eso era hermoso.
— ¿ Y tú, mi hermosa bruja?— suspire, me encantaba ese seudónimo me hacia sentir especial.
— Kyara.
— Es lindo— asentí sin mucho convencimiento, sus manos empezaron a jugar con mi cabello hasta que sentí sus labios sobre mi cuello — pero prefiero llamarte bruja, me has hechizado.
Volteé para encararlo, sentí una ansiedad desbordante de perderme entre sus labios, sentirlos sobre los míos y así lo hice. Uní nuestras bocas, permitiendo que todas esas nuevas sensaciones se liberaran. Su sabor era tan exquisito que me hacia sentir mareada, el calor en mi cuerpo no descendía al contrario sentía pequeñas pulsaciones en mi entrepierna.
El sonido de un móvil nos hizo salir de nuestro momento idílico, un gruñido de desagrado escapo de sus labios, buscó entre sus bolsillos negando con la cabeza.
— No es el mío — asentí, sabía que era el mío. Busqué mi pequeño bolso que se encontraba a unos metros de nosotros.
La sangre abandonó mi cuerpo al ver el nombre en la pantalla, la realidad pegó sobre mi rostro sin piedad. Me levanté decidida a irme pero su mano sobre mi brazo me detuvo.
— ¿ Estás comprometida? — pude sentir el dolor en sus palabras, asentí sin volter a mirarlo— pero no estás enamorada, ¿o me equivocó?.
— No— gire hacia él — no lo estoy pero no siempre estás con quien deseas, a veces las reglas del juego cambian.
Esperaba un asentimiento de su parte o alguna palabra contrario a eso, me acercó para volver a besarme. Un beso bórax, lleno de ferocidad, pasión, nuevos sentimientos y sobre todo deseo.
— Quiero volver a verte — susurró acariciando mis labios con sus dedos.
— No puedo, me encantaría pero mi prometido — cuanto odiaba esa palabra— es un hombre peligroso y no me perdonaría si te pasará algo.
— Te dije que me gustan los retos—. Sonreí, dejé un suave beso sobre sus labios.
— Adiós.
— ¡ Espera, bruja!— detuve mis pasos— te llevaré — negué con la cabeza— no acepto una negativa, ese fue el trato.
Durante todo el camino su mano no soltó la mía, tenía ganas de llorar, gritar, reír, golpear algo o a alguien. El encuentro con Alonso despertó sentimientos nuevos en mí y saber que eso sólo sería un sueño que debía olvidar era desquiciante.
— Dejame aquí — observé como nos acercábamos a la exclusiva urbanización, si tenía suerte quizás Federico no hubiera llegado aún.
— ¿ Aquí?, eres inteligente no quieres que me entere donde vives— tomé mi bolso, junto con mis tacones iba abrir la puerta para salir pero me detuvo.
Su mano rodeó mi cuello acercándome a él, sus labios sobre los míos con pasión desbordada podría pasar una eternidad así y no me cansaría.
— No importa lo que digas, brujita, volveremos a vernos.
Sólo ver desaparecer su auto empecé a correr, la casa no se encontraba muy lejos. Corrí como si mi vida dependiera de ello, traté de recuperar el aire para poder entrar y como si los dioses estuvieran de mi parte la vi.
— ¡Loreen!— la mujer que pasaba frente a la puerta giró hacia todos lados —¡ Lorenn, aquí!.
— ¿ Señorita, Kyara?— la mujer abrió la puerta dejándome pasar.
— ¿ Federico llegó? — negó con la cabeza mientras observaba mi vestimenta — es una larga historia, Lorenn es hora de que me demuestres si puedo confiar en ti...