A la mañana siguiente desperté cansada, fue como si las horas de sueño no hubieran surgido ningún efecto sobre mi cuerpo, levanté el rostro y casi salto de la cama al ver a Federico delante de mí con los brazos cruzados en jarras observándome.
- Creí que tendría privacidad - susurré tapandome hasta el cuello con la sabana.
- Y la tienes- caminó hasta la cama sentándose en una esquina de está - aunque la verdad me estoy arrepintiendo-. En un sólo movimiento desprendió la sabana de mí.
-¡¿ Qué te pasa?!- me levanté de inmediato alejándome de él, por suerte la noche anterior me había quedado dormida con la ropa puesta.
- Lo siento - bufé ante sus malditos cambios de actitud.
- Necesito ducharme, por favor sal.
- Está bien- se levantó para caminar hacia la salida, lo miré fijamente al ver que detenía el paso-. Casi lo olvido, ésta noche iremos a una fiesta... Es la inquisición de una nueva empresa, será bastante breve.
- ¿ Porqué debo ir?- pregunté algo cabreada, sabía perfectamente como eran esos eventos y eran todo lo contrario a breve o divertido.
- Porque yo lo digo- giró sobre sus talones, otra vez-. Por cierto, tu padre visitará su nuevo médico hoy.
Cerró la puerta tras de él, antes de ducharme decidí llamar a casa pero nadie respondió. Lo intenté en sus móviles personales y nada.
Una pizca de preocupación paso por mi cabeza pero la deseché al instante, ellos nunca me ocultaban nada si les hubiera sucedio algo. Mejor dicho si a mi padre le hubiera acontecido algo ellos no dudarían en avisarme.
Pase el resto del día encerrada en la habitación, hasta que Lorenn llegó junto con otras empleadas para ayudarme ha arreglar.
Las mujeres eran maquillista y estilista, me sentía tan frívola y vacía con todas esas cosas encima. Como en aquella ocasión Federico había escogido mi vestimenta, esta vez un vestido n***o con leves rasgos de lentejuelas, tenía un hermoso escote en la parte trasera que dejaba la mitad de mi espalda al descubierto.
Nunca me había vestido tan estrafalario, las mujeres hicieron un excelente trabajo conmigo dejándome irreconocible y eso en vez de alegrarme me hacía sentir aún más sucia.
- Está usted hermosa- masculló Lorenn observándome con admiración.
- Gracias - susurré sin muchos ánimos.
La puerta de la habitación fue abierta y Federico entro por ella, pude observar como Lorenn se tensaba a mi lado. Con una mano hizo una seña y Lorenn salió dejándonos solos.
- Eres hermosa- susurró con adoración mientras se acercaba a mí, sus ojos me devoraban sin ningún pudor-. Me tienes loco, Kyara.
Trague saliva tan fuerte que sentí mi garganta doler, su cercanía me asustaba; no lo quería cerca de mí, su contacto, su mirada, sus gestos, todo en él me aterraba.
- ¿ Nos vamos?- inquiri desesperada porque saliéramos de la habitación que ahora me encontraba tan pequeña.
Una sonrisa ladina apareció en su rostro, tendió su brazo para que me sostuviera de él.
(****)
- No quiero que te alejes de mí, ni siquiera para ir al baño.
Asentí con la cabeza, inmediatamente entramos al espacioso salón todas las miradas se posaron sobre nosotros. Algunos sonreían, otros hablaban por lo bajo, y algunos ni notaron mi presencia.
Muchas mujeres ahí presente me fulminaban con la mirada.
Estúpidas, se los regalo con todo y moño.
- ¡ Federico! - un hombre que identifique como uno de los socios del consorcio en donde trabajaba antes de que mi jefe psicópata me sacara de ahí, se acerco hasta nosotros-. ¡ Que sorpresa!, Kyara estás hermosa.
El troglodita a mi lado no me dejó responder ni a ese ni a los múltiples comentarios que transcurrieron durante la noche. No me dejaba un segundo sola, me sentía asqueada, cansada de tanta hipocresía sólo necesitaba un respiro, un segundo sin sentir sus malditas manos aprisionandome y como si Dios por fin escuchara mis súplicas sus nuevos socios se acercaron para dar ciertas respuestas a la prensa.
Dejé salie todo el aire de mis pulmones desdé que lo perdí de vista, caminé fuera del salón. La recepción era en uno de los hoteles más prestigiosos de la ciudad por lo que el abolengo predominaba y eso era aún más asfixiante.
Sin saber como terminé frente a la piscina del hermoso hotel, con mis tacones en las manos, dejé mis píes tocar el agua; suspire al sentir el contacto del agua, era tan relajante.
Imágenes de mi familia llegaron a mi cabeza, sin poder evitarlo dejé que toda la impotencia y el dolor salieran, lágrimas y más lágrimas.
- ¿ Estás bien?. - sentí un susto de muerte al escuchar una voz desconocida tras de mi.
Giré rápidamente quedándome pérdida ante la persona que se encontraba delante de mí, un chico alto, bastante apuesto, muy apuesto, podría jurar que casi de mi edad,con el pelo revuelto, vestido de gala, sus ojos fijos en mí observándome curiosos.
- ¿ Qué quieres? - pregunté enjugandome las lágrimas.
- Nada- revolvió su cabello viéndose extremadamente sexy- es sólo que te he visto y luego te pusiste a llorar y...
- ¿ Me estás siguiendo?.
-! ¿ Qué?!, no, como creés - sonrió de lado- buscaba la entrada y tu pasaste frente a mí con ese hermoso vestido y descalza- me sonroje al escucharlo por suerte era de noche - y nada me embrujaste y sí, te seguí.
- Osea que me seguiste- asintió, sonreí al escucharlo-. ¿ Porqué?.
El chico paso delante de mí dejando su exquisito olor detrás, quitó sus zapatos y se sentó en la orilla de la piscina como lo había estado yo.
- ¿ Porqué? - imité su acción sentándome a su lado-. Verás, hasta donde tengo entendido aquí se está llevando a cabo un evento muy exclusivo - asentí deleitandome con su hermosa voz- por lo mismo es extraño ver a una chica hermosa salir corriendo con los zapatos en las manos, sentarse frente a la piscina y luego verla llorar.
Sonreí él me respondió con otra sonrisa, en ese momento sentí algo dentro de mí activarse. Me perdí en sus hermosos ojos como si los conociera de toda la vida, eran hermosos, arrebatadores y sus labios, Dios eran hermosos. Suspire tratando de controlarme pues estaba empezando a fantasear con un extraño.
- ¿ Y qué me dices tú? - Enarqué las cejas curiosa-¿ porqué las lágrimas?.
- Es complicado...
- Me gustan los retos...
- Te aseguro que éste no...
- ¿ Qué te hace pensar eso?.- mordí mi labio inferior.
- Ahí dentro, no es mi lugar- me limité a decir.
- ¿ Sabés algo?- lo miré- el mio tampoco - se levantó tendiendome la mano, no la tomé - vamos, no soy un ladrón, o un psicópata, pedófilo, algo loco pero nada peligroso.
Una carcajada salió de mi boca.
- Vamos prometo llevarte a tu lo casa-. observé su mano tendida, luego sus ojos aunque ese fue un grab error. Terminé pérdida en ellos, tomé su mano.
Quizás fuera una locura irme con un desconocido, además de las amenazas de él, de que no me alejara pero de igual forma estaba jodida así que me arriesgaría, necesitaba un respiro y pensaba tomarlo.