Corrí hasta mi habitación, cerré la puerta con seguro y cómo sino fuera suficiente me quedé varios minutos parada detrás de ella, no quería que ese animal se le ocurriera regresar a por mí, quizás fuera tonto el quedarme así pero inexplicablemente no podía moverme. Entonces me pregunté ¿ sería capaz de soportar esto durante el resto de mi vida?, ¿ tendré la fuerza necesaria para hacerlo?.
En modo autómata camine hasta el baño, me quité el vestido y entré en la ducha, empecé a estrujar mi cuerpo tratando de que el tacto de sus aquerosas manos desapareciera de mi piel; perdí la cuenta de cuanto tiempo estuve en el baño, supuse que mucho al ver mi piel extremadamente blanca y algo sensible.
Me coloqué la ropa interior y posteriormente un vestido simple, me senté sobre la cama rodeando mis piernas con ambos brazos. Me negaba a llorar porque el drama nunca ha sido mi fuerte, aunque mi realidad no lo parezca. Necesitaba distraer mi mente de los pensamientos intrusivos, en búsqueda de esto recordé un ejercicio que practicaba con papá cada vez que me enfermaba y debían inyectarme, siempre me decía… lleva tus pensamientos a tus momentos felices, concéntrate en ellos y volverás ahí. En ese momento recordé ese noche junto a Alonso, la forma en la que me acurrucó entre sus brazos, lo jodidamente bien que me sentí en ese momento.
Mi cuerpo empezó a reaccionar ante los recuerdos, acaricié mis labios deseando revivir sus besos, mucho de hecho.
Lo necesitaba, necesitaba de él. Así fuera la tentación más pecaminosa, la causa de mi destrucción, a pesar de esto… lo necesitaba.
Mis pies tomaron vida propia, me levanté de la cama descalza y salí de la habitación. Caminé hacia la suya, por suerte la puerta estaba abierta, entré y cerré tras de mi con seguro. Quizás me arrepienta, de hecho estaba segura de que lo haría pero ya era tarde para arrepentirme.
Escuché el sonido del agua desdé la bañera, me senté sobre la cama con las manos temblando.
¿ Qué estaba haciendo?.
Revolví mi cabello en un intento fallido de calmarme, siempre hacía eso cuando estaba nerviosa, el sonido del agua cesó y segundos después él apreció frente a mi con una diminuta toalla alrededor de su cintura. Sentí mi boca secarse al verlo así, sus ojos me observaban con sorpresa, me levanté de la cama y caminé hasta él. Noté como su respiración se aceleró con mi cercanía.
— Te necesito — susurré antes de estampar mis labios contra los suyos.
Durante una milésima de segundos no respondió pero al sentir mi tacto sus labios sucumbieron al toque,sus manos aprisionaron mi cintura pegandome él, nuestros labios se movían con desesperación, ansiosos el uno del otro.
— Me estás matando— susurró mientras tratábamos de recuperar el aire.
Sonreí, era la primera vez durante todo el día que sonreía de verdad. Las otras fueron actuadas.
Sus labios volvieron a atrapar los míos con más delicadeza, saboreando cada parte de mi cavidad bucal.
— Necesitamos hablar — masculló mientras colocaba un mechón rebelde detrás de mi oído, asentí.
Me condujo hasta un pequeño mueble, nos sentamos uno al lado del otro. Su mirada me inspeccionaba de arriba hacia abajo como si estuviera buscando algo en especial.
— ¿ Te lastimó?— preguntó con la mandíbula ligeramente apretada.
— ¿ Qué?— pregunté confundida.
— Vi como luchabas contra él— se explicó — estaba de salida cuando el auto se detuvo— sus manos sostuvieron las mías entre las suyas transmitiéndome confianza —. Sentí que todo se me revolvía al verlos pero cuando miré mejor observé como te defendías...
— Alonso yo...
— No lo amas — declaró y ni siquiera hubo decida de responderle ya que era evidente— la noche en que nos conocimos dijste que el hombre con que estabas comprometida era peligroso, ¿ porqué lo dijiste?.
Su tono de voz era tan serio cuyas palabras entres líneas era “ no puedes mentirme” ,sus manos acariciaban las mías con delicadeza esperando por respuestas.
— Kyara, por favor necesito saber— su voz derrochaba ansiedad, preocupación. Acerqué mi rostro al suyo para besarlo, sus labios me daban esa paz que tanto necesitaba—. Por favor — susurró sobre mis labios.
Suspire profundo tratando de encontrar el valor necesario, después de todo era su padre.
— Él...
—¡Alonso, abre la puerta!.
Nos observamos con los ojos muy abiertos, mi pulso se aceleró por el miedo. Alonso llevo un dedo a su boca en señal de silencio, un segundo golpe en la puerta nos volvió a exaltar.
— ¡ Ya voy! — le respondió a su padre, me condujo hasta el closet— haré que se vaya rápido — susurró antes de cerrar la puerta del enorme closet.
Un pequeño orificio me daba una diminuta vista de él, abrió la puerta y Federico entró a la habitación con el ceño fruncido y la quijada apretada, era obvio que estaba enojado.
— ¿ Qué diablos pasa contigo? — preguntó encarando ha Alonso, mi piel se erizó al sentirme descubierta.
Era mi fin...
— ¿ Puedes ser más específico? — respondió restándole importancia al tono enojado de su padre.
— Eres un imbécil — masculló Federico con asco—. ¡Un maldito Lamborghini!.
Su grito me asustó, tapé mi boca ahogando un grito.
— Ah, eso— Federico lo fulminó con la mirada al escuchar su tono desdeñoso— Es un hermoso auto, me gustó y lo compré, eso es todo.
— No juegues con mi paciencia, Alonso, con tu aparición es más que suficiente.
Una risa amarga salió de la boca de Alonso, mi corazón latía demasiado deprisa. La tensión entre esos dos era demasiado evidente, era como si se contuvieran de pegarse el uno al otro.
— Se me olvidaba quien eres— Susurró Alonzo, y pude notar un deje de dolor en sus palabras.
— Por tu bien es mejor que no lo olvides— sentenció Federico girando sobre sus talones en dirección a la puerta.
Detuvo sus pasos y volvió a hablar.
— Otra cosa ,hijito— masculló arrastrando la última palabra— no vuelvas a interrumpirme mientras éste con mi mujer, te quiero lejos de ella, se tu mismo, comportate como el hijo de puta que eres y mantente lejos.
— No te confundas, Padre— me sorprendí al escuchar el tono despectivo con el que se estaban tratando — tú y yo no somos iguales.
Federico salió de la habitación, Alonso se acercó hasta la puerta y volvió a cerrar con seguro.
Salí del closet algo confundida, la actitud que ambos habían adoptado era tan distinta a la que hacía unos días había visto, parecían enemigos a muerte.
El rostro de Alonso estaba descompuesto, no tenía su hermosa sonrisa coqueta, su boca se encontraba en una línea recta, su mandíbula apretada. Al verme sonrió de lado, se acercó apretujándose en mis brazos, en un cálido y hermoso abrazo.
— No tienes que decirme nada — susurró— lo conozco lo suficiente como para saber la mierda de persona que es, sea lo sea lo arregláremos.
— Estoy asustada— confesé.
— Tranquila, todo estará bien... Me encargaré de que así sea.